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nitya-lila RECURSOS PARA LA CUARENTENA

Edición - A. Gutiérrez

Estamos a la espera de que la normalidad vuelva. Aún no se ha logrado detener la pandemia porque ella tiene sus propios ritmos. Sin embargo algunos de nosotros, los recluidos, ya hemos alcanzado algunos beneficios colaterales. Uno de ellos, el haber tenido la oportunidad de hacer un profundo examen de nuestro presente en todos sus planos y con esta referencia aventurarnos a diseñar nuestra vida futura, nuestros quereres y objetivos para ese avenir en el que todo el mundo dice que las cosas no van a ser iguales a como eran, nueva normalidad lo llaman. Por otra parte, nos llegó el hartazgo y la apatía por la información exageradamente vasta y confusa, nos decimos que ahora queremos actuar en la vida que bulle, de hecho lo gritamos. Solo queda que estas hojas de ruta que nos hemos trazado en el nivel mental, en el buddhi inferior, tengan fundamento y que lo que suceda por fuera de nuestro control nos lo posibilite. También está el hecho de que hayamos acertado con los planes, eso el tiempo lo dirá. Desgraciadamente tenemos mucho coronavirus aún por delante. Como siempre recurriendo a la palabra de los Maestros, nos dicen que si este diseño de vida postcorona que nos hemos trazado no está basado en privilegiar el espíritu, nuestros bocetos serán un fracaso, una ilusión, un espejismo que nos conducirá a la próxima caída en el abismo que, sin haber terminado la presente, se anuncia ya como una amenaza inevitable.

Entretanto tenemos muchos textos para instruirnos en la batalla que se viene. Quién mejor que Krishna, en el Bhagavad Gita para darnos consejos. El daño que hemos hecho a la Naturaleza está en boca de todos y el camino para enmendarlo también sale de las palabras de los Maestros. Ya tiempo atrás algunos escritores proféticos hablaban de estos tiempos, como Dickens en su Historia de Dos Ciudades por citar a uno de ellos, o ¿será que todas las historias se repiten cíclicamente una y otra vez y la única opción es esperar a que pase la tormenta? El mensaje es agatocacológico y anacrónico por la distancia temporal que nos separa de los tiempos de Dickens, pero chocante por el tufo que tiene a lo ahora vivido.

«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en línea recta al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo».

MUERTE, SILENCIO, ESPACIO
Swami Tyagananda

Muerte, Silencio, Espacio.

Cuando una guerra está en marcha o durante una calamidad natural o una pandemia, los informes de los medios de comunicación se llenan de noticias de destrucción, enfermedad y muerte. Al principio estamos conmocionados, la mente está perturbada pero, a medida que la sombría situación continúa día tras día, comenzamos a acostumbrarnos a la terrible realidad. La conmoción original desaparece y aceptamos la nueva normalidad. Algo así nos está sucediendo ahora. Es conocido como desensibilización, un proceso sutil y gradual que disminuye nuestra respuesta emocional a lo que está sucediendo a nuestro alrededor.

La actual danza de destrucción de varios niveles, coreografiada por el nuevo coronavirus, es un ejemplo de ello. La mayoría de nosotros estamos tan ocupados tratando de no infectarnos y preocupándonos por cómo la crisis está afectando a nuestra familia y nuestro trabajo, que los informes de los medios de comunicación sobre las personas infectadas, hospitalizadas y muertas pasan a ser en nuestras mentes tan sólo un conjunto de números.

En el momento de escribir este informe, más de 2,8 millones están infectados por el virus en todo el mundo y ha habido 197.523 muertes. El más afectado, en términos de números, ha sido Estados Unidos con 938.590 casos y 48.310 muertes. El desastre de la salud pública también se ha convertido en una pesadilla para los empleos y las pequeñas empresas. La friolera de 26 millones de estadounidenses han solicitado beneficios de desempleo. El número de desempleados en otros países es aún mayor.

Estas son personas reales, no sólo números. Cada caso de contagio, hospitalización o muerte afecta a una familia, a menudo de forma devastadora. Cada trabajo que se pierde y cada negocio que se cierra está cambiando vidas, a menudo inalterablemente. Es esencial recordarnos esto cada vez que nos perdemos en la red de datos estadísticos. ¿Cómo podemos mantener nuestra sensibilidad incluso en el caso de que no afecte negativamente a alguien a quien conocemos personalmente?

El Gītā 6.32 proporciona una respuesta:

आत्मौपम्येन सर्वत्र समं पश्यति योऽर्जुन । सुखं वा यदि दु:खं स योगी परमो मत: ॥

ātmaupamyena sarvatra samaṁ paśyati yo'rjuna,sukhaṁ vā yadi vā duḥkhaṁ sa yogī paramo mataḥ. sukhaṁ vā yadi vā duḥkhaṁ sa yogī paramo mataḥ.

¡Oh Aryuna!, el mejor yogui es aquel que considera al placer y al dolor de todos los seres como si fueran suyos!.

Nos identificamos con nuestra propia experiencia de placer o dolor con facilidad. Cuando nos identificamos con el placer o el dolor de otra persona exactamente de la misma manera, estamos en camino de convertirnos en yogīs. Eso es la empatía. Eso es lo que significa ver el propio ser en los demás y ver a los demás en el propio ser.

No basta con entender lo que el fallecimiento de un ser querido le hace a una persona o a una familia. También debemos sentirlo en lo más profundo de nuestro ser. Para sentirlo intensamente, puede servirnos de ayuda el recordar la propia experiencia de perder a un ser querido. Cuando intenté hacer eso, recordé a mi propio padre y específicamente el momento hace más de 20 años, cuando recibí una llamada a altas horas de la noche informandome del tranquilo fallecimiento de mi padre casi exactamente un año después de que yo llegara a Boston. Recuerdo ese momento vívidamente, como si hubiera ocurrido esta mañana. Tan pronto como escuché la noticia, experimenté un vacío repentino, un silencio ensordecedor dentro de mí y duró varias horas. Fue muy vívido, muy real, imposible de olvidar.

Según recuerdo, cuando escuché la noticia, cesaron todos los sonidos. Hubo un silencio total. Y hubo un gran vacío, un gran espacio vacío lleno de nada. ¿Dónde se esfumó todo el sonido? ¿De dónde emergió de repente este gran espacio llenando toda mi mente? Tan solo años más tarde pude objetivar esa experiencia y pensar en ella como si le hubiera ocurrido a otra persona.

La forma en que reaccioné a la noticia fue en sí misma una sorpresa, aunque por supuesto en aquel momento no pensé en ello de esa manera. Después de todo, en aquel momento, había dejado mi casa siendo adolescente hacía más de 23 años. Aunque los lazos familiares nunca desaparecen realmente, pensé que al menos se habrían debilitado lo suficiente. Y sin embargo, mientras recibía la noticia con admirable calma externa, dentro de mí hubo un silencio repentino y un enorme espacio vacío.

No tengo ninguna explicación para el silencio y el espacio. Lo que sí sé es que en los momentos críticos de la vida y la muerte de un ser querido es ciertamente un momento crítico, la vida se detiene. Todo el ruido alrededor se vuelve irrelevante (aunque sea temporalmente) y todos los seres vivos y objetos inertes se vuelven también irrelevantes (aunque sea temporalmente). En ausencia de sonido, el silencio es todo lo que queda. En ausencia de formas, el espacio es todo lo que queda. Hay algo sagrado en este silencio y este espacio.

Es en este silencio y espacio interior donde la mente es capaz de centrarse por completo en lo que ha desencadenado el momento crítico. En mi caso, todo lo que permaneció en mi mente fue mi padre. No su forma física, ni su voz, sólo él, lo que sea que eso signifique. Ni siquiera sé si lo que digo tiene sentido. Pero fue en ese estado en el que fui capaz de llorar, sabiendo que nunca más lo vería y nunca más escucharía su voz llamándome. Una parte muy real de mi vida había sido cortada para siempre, para no volver jamás.

Pero no era sólo el dolor. También pude regocijarme, incluso reirme, recordando los momentos de alegría que mi padre y yo habíamos compartido juntos. Mi corazón rebosaba de gratitud por todo lo que había aprendido de él, la mayor parte de lo cual era por haber sido testigo de su vida a través de los ojos de un hijo, ya que no era su naturaleza ofrecer muchos consejos. El silencio y el espacio me curaron. Cuando regresé al ruidoso y abarrotado mundo que me rodeaba, estaba en paz.

Todavía extraño a mi padre, pero ahora soy lo suficientemente maduro para tomar su ausencia con serenidad. También soy lo suficientemente mayor para reconocer que todo pasa. Todas las formas cambian. Como Vivekananda señaló,: "Todo lo que es mutable es un compuesto, y todo lo que es compuesto debe sufrir ese cambio que se llama destrucción" (CW 1.7). El cuerpo es mutable, está compuesto de muchas partículas y por lo tanto debe descomponerse.

Mi verdadero yo, el ātman, es inmutable: no está compuesto de nada y por lo tanto no sufre descomposición. El ātman simplemente es. Es uno con la existencia. Simplemente no puede dejar de existir. La muerte es conquistada a través de la experiencia permanente de ser el ātman, ser yo mismo como realmente soy. Mientras piense que soy un ser humano, todavía tengo por delante mucho que aprender. Cuando me experimento a mí mismo como infinito e inmortal, puro y perfecto, es entonces cuando me convierto en mi verdadero yo.

No necesitamos esperar pasivamente un momento crítico para experimentar el silencio y el espacio interior. Podemos hacer algo al respecto por nuestra propia cuenta. Un momento crítico se puede desatar cuando nos identificamos intensamente con la pena y el sufrimiento de los demás o con la muerte y la destrucción a nuestro alrededor. Sólo viendo el placer y el dolor de los demás "con el mismo criterio que lo hacemos con nosotros mismos" podemos no sólo sentir por los demás sino también hacer algo útil por ellos.

También hay otra forma de crear proactivamente un momento crítico. Aquellos que se toman en serio su práctica espiritual saben que entrar en un estado de meditación es un momento crítico, es el momento de transición de lo humano a lo divino, del mundo de los nombres y las formas al mundo más allá de los nombres y las formas. La meditación es una especie de muerte, morir al mundo para empezar a vivir en Dios. Sólo cuando estamos en la presencia de Dios vemos a Dios. Por lo tanto, la meditación es más que sentarse en silencio y tratar de pensar en Dios.

Pensar en Dios no es meditación. Eso es sólo pensar, incluso si la mente está llena de ideas, imágenes e historias relacionadas con Dios; lo cual es bueno, pero aún así no es meditación. Meditar significa ver a Dios, no sólo pensar en Dios. Cuando queremos meditar, cerramos los ojos y no vemos nada. Si no vemos a Dios, lo mejor que podemos hacer es al menos pensar en Dios. En algún momento, cuando la mente se vuelve tan enfocada, tan libre de todo lo demás y llena hasta el borde de amor y devoción, es que todo se disuelve. El pensar se detiene y el ver comienza. Nadie sabe cuándo o cómo sucede esto. Lo que sí sabemos es que sucede.

Es entonces cuando llega el momento crítico. Hay silencio y hay espacio. En los textos del Vedanta, a menudo se les conoce como el "espacio en el corazón" (hṛdākāśa). Todo lo que permanece en ese santo silencio es el sonido del mantra o la oración. Todo lo que permanece en ese espacio sagrado es la presencia de lo divino, la propia forma favorita de ver a Dios (Iṣṭa). Estando en la presencia de Dios, no hay nada más que hacer. Es hora de simplemente estar. Tampoco hay "tiempo" allí. Así que simplemente dejarse ser.

EL MENSAJE ETERNO DEL GITA -Buddhi Yoga -II
Swami Siddheswarananda

El Mensaje Eterno del Gita -Buddhi Yoga -II

El estudio de los tres estados permite obtener la comprensión de lo manifestado y lo no manifestado. Se notará, sin embargo, que el mismo impulso que nos lleva a emprender este estudio y a llevarlo a su conclusión, es un regalo que se nos otorga. Normalmente no está dentro de las posibilidades humanas obtener la visión cósmica. En el Gita Sri Krishna dice que la visión solo puede ser obtenida por la gracia de Dios, mientras que San Juan de la Cruz habla de una contemplación "infusa”. De hecho, es un don divino, una experiencia mística.

La experiencia por sí misma, sin embargo, no bastaría si el buddhi no interviniera para interpretar los datos. En el capítulo onceavo vemos a Arjuna recibiendo el don más elevado que es la visión cósmica, pero él es incapaz de soportar la intensidad de la misma, es incapaz de interpretar esta visión correctamente. Y aunque Dios parece haberle dado todo, Arjuna se encuentra así impotente a la hora de resolver el más agudo y esencial de los problemas: el de su propia liberación. Esto se debe a que la relación entre el hombre y Dios, ya sea esta relación dulce o estricta, siempre se mantiene en un nivel personal. El Dios personal aparece bajo dos aspectos: por un lado está el Dios histórico, Krishna, el hijo de Yashoda, al que Arjuna apela aterrorizado por la visión cósmica (11. 46): ésta es la encarnación divina (avatara). El otro aspecto del Dios personal es el que Arjuna contempló en su propia visión cósmica y que constituye el Saguna Brahman. En el pensamiento indio no hay conflicto entre las nociones de avatara (encarnación divina), Saguna Brahman (Brahman con cualidades) y Nirguna Brahman (Brahman sin cualidades). La comprensión final sólo puede ser alcanzada por la realización del Dios impersonal, el Nirguna Brahman.

Según Shankara una experiencia no tiene valor, a menos que sea explicada por el buddhi. Se necesita una investigación (vichara) para determinar la naturaleza de las experiencias que tenemos, experiencias del estado manifestado (sueños, visiones auténticas o alucinatorias) y experiencias de lo no manifestado (sueño profundo, pérdida de la conciencia), todas ellas asumen su significado sólo después de haber sido interpretadas por el buddhi. De hecho, si Krishna hubiese considerado que la visión cósmica concedida a Arjuna era suficiente y definitiva, el Gita habría terminado con el capítulo 11. Pero Sri Krishna pensó que era necesario dedicar siete discursos más a la instrucción de su discípulo y es sólo con el último capítulo que Arjuna dirá: "Mi ilusión, mi error se han ido; he recuperado mi memoria" (18.73). Esta desaparición de la ilusión, esta restauración de la memoria, es el trabajo del buddhi superior. Muchos buscadores en el camino espiritual albergan en ellos un gran deseo de experiencias religiosas y luego, al igual que Arjuna, se encuentran desconcertados y con una confusión tal que será tanto más grande cuanto la experiencia (como las visiones, etc.) haya sido más extraordinaria. Tal confusión puede llevar a la destrucción del buda (buddhinasha) y "cuando esta destrucción ocurre, el hombre perece" (2.63). Sólo un dhira buddhi, un hombre de inteligencia superior (en contraposición a un manda buddhi, una inteligencia inferior) puede interpretar correctamente todo lo que le sucede. Si buscamos experiencias sin examinar su verdadera naturaleza, nuestra ansiedad no hará más que aumentar.

Cuando Sri Krishna mostró a Arjuna que el Señor era todo (XI, 13-40), Arjuna permaneció fuera de este "todo". Si con la ayuda del buddhi hubiera sido capaz de integrarse en ese 'todo', habría obtenido paz mental. Lo que Krishna le había dicho en el décimo capítulo: "Entre los Pandavas yo soy Arjuna", no lo comprendió hasta que "recuperó su memoria (capítulo 18)", hasta que el buddhi superior se despertó en él.

El objetivo de la disciplina vedántica es recordarnos continuamente el papel primordial que este buddhi debe jugar en nuestras vidas. Mientras una realidad o un concepto permanezca fuera del buddhi que intenta asimilar lo que le parece extraño, permanecemos en el plano de la dualidad: en ese caso sólo estamos tratando con un ejercicio del buddhi inferior. Pero el conocimiento que el buddhi superior produce es inmediato, sin ningún tipo de procesamiento intelectual. De hecho, este buddhi abarca todas las cosas, sólo existe. Esta es la razón por la que las Escrituras nos dicen que el conocedor de Brahman "se convierte realmente en Brahman" (el Gita,13. 30; Mundaka Upanishad, 111.2. 9). Los términos buddhi, Brahman y Absoluto son por lo tanto intercambiables.

BHAGAVAD GITA, XIII-28
SWAMI VIVEKANANDA CITANDO EL BHAGAVAD GITA
Si hay algo en el Gita que me gusta, son estos dos versos, que surgen con fuerza como el meollo, la esencia misma, de la enseñanza de Krishna - "Aquel que ve al Señor Supremo morando por igual en todos los seres, al Imperecedero en las cosas que perecen, en verdad lo ve. Porque al ver al Señor mismo, en todas partes presente, no hiere a Sí mismo con el sí mismo, y así alcanza la meta más alta".
TRADUCCIÓN DE LOS VERSOS AL ESPAÑOL POR SWAMI VIJOYANANDA
"Quien reconoce como idénticos al Dios existente en sí mismo y al Dios que late en todo lo creado, no hiere a otros porque en ellos se ve a sí mismo y de este modo, con seguridad alcanza la Meta Suprema."
UNA SITUACIÓN AGATOCOLÓGICA
Swami Mahamedhananda

Una Situación Agatocacológica (Editorial V.K).

¿Cómo describir la extraña situación que estamos experimentando ahora? Podríamos decir que es una situación agatocacológica.¿Nunca has oído esa palabra? Bueno, acabo de desenterrar esta palabra arcaica que significa "compuesto de ambos, el bien y el mal". Sin embargo, mientras se habla sobre esta pandemia de Covid, dentro de décadas la gente probablemente citará a Charles Dickens y dirá: "Fue...los mejores tiempos, fueron los peores tiempos".

La gente está muriendo, la gente está de luto, la gente está sin trabajo, la gente tiene hambre, la gente está mentalmente perturbada, la gente tiene miedo, la gente está enfadada, la gente está aburrida, .... ¡Qué terrible! Pero la naturaleza está reviviendo, la naturaleza se regocija, la naturaleza está ocupada en el trabajo de limpieza ella misma, todas sus especies no humanas están en paz, los pájaros y los animales vagan felices alrededor, el agua y el aire son más limpios;... ¡Maravilloso!

Estas experiencias contradictorias, son de nuevo puestas en duda en las heridas de las tres brujas de Shakespeare en Macbeth que declaran: "Lo justo es lo sucio, y lo sucio es lo justo". Todo lo que las brujas disfrutan es malo para los demás y todo lo que los demás disfrutan es malo para las brujas. Tal es nuestra relación ahora con la naturaleza. Lo que vemos como bueno para nosotros es asqueroso para la Naturaleza y lo que la Naturaleza considera bueno (purgar una especie floreciente, imprudente y egoísta) es asqueroso para nosotros. Nos hemos convertido en las brujas modernas impulsadas por el PIB que se empeñan en dañar a la Naturaleza.

Esta desconexión con la Naturaleza es el resultado de nuestros insaciables deseos antinaturales. Como dice Swami Vivekananda: "Nos hemos vuelto tan trastornados y antinaturales que nada natural nos satisface. Siempre estamos agarrados a cosas morbosas, debemos tener una excitación antinatural: comida, bebida, entorno y la vida." Una de las principales consecuencias de esta vida antinatural es el miedo, en cuya raíz está el miedo a la muerte.

El virus Covid perturba nuestro vientre, eleva nuestra temperatura corporal, aprieta nuestros pulmones y mata nuestra vida. ¿No es esto similar a lo que la sociedad humana le hace a la naturaleza? Extraemos imprudentemente el vientre de la Tierra, la estrangulamos con humos tóxicos, calentamos su atmósfera hasta niveles peligrosos y matamos sin pensar a innumerables especies para nuestro placer. Esto plantea la pregunta: ¿quién es la verdadera amenaza epidémica, el virus Covid de rápida propagación que está matando a la humanidad, o la especie humana que se multiplica más rápidamente que el virus y destruye la naturaleza?

¿Cuál es la salida? Como una cita atribuida a Einstein afirma: "Ningún problema puede ser resuelto desde el mismo nivel de conciencia que lo creó". Nuestra esperanza reside en el despertar a una conciencia superior. Sri Ramakrishna nos recuerda que "Dios es el contenedor del universo y también lo que contiene". Y en su creación, Dios envía, como escribe Swami Vivekananda, "la muerte y la vida, la plaga y las epidemias, y todo. ...Él es el bien; Él es el mal; Él es el bello; Él es el terrible; Él es la vida; y Él es la muerte." Verdaderamente Dios, la naturaleza y nosotros somos uno. Ya sea que estemos sentados a salvo en casa, o luchando contra el virus Covid, o enfermos en un pabellón de aislamiento, recordemos con cada respiración nuestra verdadera naturaleza como el Atman. Y centrémonos en conectar con los demás seres vivos y la naturaleza y restaurar el equilibrio en la creación.

Que la divina madre Maariamma, también conocida como Shitala Devi, nos libere pronto de este doloroso karmaphala colectivo de nuestra generación. Mientras tanto, que nuestros labios oren y nuestras manos se levanten en servicio. लोकाः समस्ताः सुख िनो भवन्तु , 'Que el mundo entero sea feliz'.

SWAMI VIVEKANANDA: CITAS INSPIRADAS
REFERENCIAS

Traducciones del Volúmen:

  1. Muerte, Silencio, Espacio - Swami Tyagananda - Blog Vedanta Society Boston - Abril 2020.
  2. El Mensaje Eterno del Gita- Buddhi Yoga - II - Swami Siddheswarananda - Vedanta Kesari - Septiembre 2003
  3. Una Situación Agatocológica (Editorial) - Swami Mahamedhananda - Vedanta Kesari - Mayo 2020.

Autores:

Swami Tyagananda se unió a la Orden de Ramakrishna como monje en 1976, después de graduarse en la Universidad de Bombay, India. Actualmente es el director de la Sociedad Vedanta Ramakrishna en Boston. Es también el capellán hindú del MIT y de Harvard. Ha presentado trabajos en congresos académicos, da conferencias y clases en la Sociedad Vedanta, el MIT, Harvard y otros colegios en y alrededor de Boston. Swami Tyagananda fue el editor de la revista en inglés Vedanta Kesari con sede en Chennai, India, durante once años. Ha traducido y editado diez libros, entre otros, "Monasticismo": Ideales y Tradiciones, Valores: La clave para una vida con sentido y la esencia del Gita.

Swami Siddheswarananda (1897-1957). Antes de ingresar en la Orden Ramakrisha, Kottilil Gopal Marar de Thrissur, príncipe de la Casa de Cochin, Kerala . Fue iniciado por Swami Brahmananda y conocido como Gopal Maharaj. Fue Presidente del Ramakrishna Math de Mysore y el de Madrás. Tenía un gran respeto por Sri Ramana Maharshi y muy próximo a Puttapa el gran poeta Kuvempu. Fundó el Ashrama Ramakrishna en Gretz (Centre Vedantique Ramakrichna), en las afueras de París, Francia, en 1947 y difundió el mensaje del Vedanta en lengua francesa, llegando a ser muy conocido en Francia como autor y conferencista. Algunos de sus escritos son: El Yoga de San Juan de la Cruz : pensamiento indio y mística carmelita, Algunos Aspectos de la Filosofía Vedanta ( Conferencias dadas en la Universidad de Toulouse en 1942), Meditación según el Yoga-Vedanta, Intuición metafísica: Ver a Dios con los ojos abiertos,  Comentarios sobre el Bhagavad Gita.

Swami Mahamedhananda es un monje de la Orden Ramakrishna. Actual editor del Vedanta Kesari. Maharaj dirige seminarios a lo largo de la India. Conduce conferencias en inglés semanalmente y meditación guiada en el Monasterio de la Orden en Chennai.

Sobre los textos:

El texto de Swami Tyagananda, Muerte, Silencio, Espacio, es un artículo publicado en el blog del sitio web de la Sociedad Vedanta de Boston.

El texto de Swami Mahamedhananda, Una Situación Agatocacológica, es el editorial del Vedanta Kesari del mes de mayo 2020.

Nota: En todos los artículos tratamos de respetar el formato, en lo referente al comillado, itálica, negrita, etc.. utilizado por la publicación de la que son extraídos. Así como forma en que es transliterado el sánskrito del devenagari, también es observado el de los autores y publicaciones, es por ello que en una misma gaceta se pueden encontrar dichos términos con grafías que varían sensiblemente.

om asato maa sadgamaya tamaso maa jyotirgamaya mrtyormaa'mrtam gamaya om shaantih shaantih shaantih

Condúcenos de lo irreal a lo real. Guíanos de la oscuridad a la luz. Llévanos de la muerte a la inmortalidad. Om paz, paz, paz.

Credits:

BAIERA COLECIÓN