Rosario, ¿ciudad inclusiva?

Por Florencia Tenenbaum

El centro de Rosario presenta muchas dificultades para que personas con discapacidad visual puedan hacer uso de sus derechos como ciudadanos sin inconvenientes. Si bien existe un discurso inclusivo por parte de la Municipalidad y hay aprobadas muchas leyes que lo amparan, la realidad muestra que esas leyes sin el debido control de su cumplimiento terminan siendo ineficaces. A la vez que hace falta un profundo trabajo de concientización sobre la sociedad para crear una postura de ciudad más inclusiva en la que se piense en el derecho de todos y no solamente en el bienestar de uno mismo.

Hoy en día las barreras arquitectónicas con las que se enfrenta una persona con discapacidad visual en la ciudad de Rosario son muchas. Desde veredas rotas, objetos que no respetan la línea de edificación, sean aires acondicionados o carteles, vehículos estacionados en las veredas, mesas correspondientes a bares ubicadas en lugares no permitidos, representan un gran obstáculo que impide circular. Es un problema para todos, pero más aún para quienes no pueden prever que esas cuestiones están sucediendo en la calle.

En el 2005, la Municipalidad confeccionó el manual de “Pautas y Exigencias para un Proyecto Arquitectónico de Inclusión”. En el mismo deja constancia que en la vía pública se deberá prever un volumen de riesgo para ciegos, el cual tendrá 1.20 metros de ancho por 2.00 metros de alto. Éste no podrá estar invadido por ningún elemento, ya sea horizontal o vertical, como pueden ser semáforos, postes de iluminación, estructuras de verdulerías, puestos de ventas de diarios, etc.

En cuanto a las obras que se realicen en la vía pública detalla que deberá estar protegida y señalizada por un vallado de obra de no menos de 2.50 metros de alto. Tendrá que ser continuo, libre de resaltos que puedan producir accidentes a discapacitados visuales. El vallado de obra deberá dejar un metro hasta la línea de arbolado o hasta el cordón, en caso que sea necesario utilizar toda la vereda, se construirá un sendero peatonal de 0.90 metros, previendo el área de ingreso y salida de la misma para una persona en silla de ruedas o con movilidad reducida.

Existe también el Decreto N°914/97 de la Ley Nacional N°22431 y su modificatoria N°24314, donde establecen los requisitos necesarios para lograr una correcta accesibilidad y circulación de las personas con disminución motriz o visual en la vía pública y en los medios de transporte públicos. En la misma, en el Anexo I del artículo 20 acerca de los elementos de urbanización, senderos y veredas, detalla que deberán contemplar un ancho mínimo de todo su recorrido de 1.50 metros que permita el paso de dos personas, una de ellas en silla de ruedas. Los solados deberán ser antideslizantes, sin resaltos ni aberturas o rejas cuyas separaciones superen los 0.02 metros.

Sobre los vados y rebajes de cordón, indica que los vados llevarán en la zona central una superficie texturada en relieve de espina de pez de 0.60 metros de ancho, inmediatamente después del rebaje del cordón. Toda la superficie del vado, incluida la texturada para prevención de los ciegos, se pintará de amarillo para que ofrezca suficiente contraste con el del solado de la acera para los disminuidos visuales.

Es evidente que la ciudad de Rosario cuenta con diversas Ordenanzas que establecen pautas y requisitos para cumplir respecto a la inclusión de personas con discapacidad. Sin embargo muchas veces los ciudadanos las desconocen y al no haber un control sobre la conducta, las Ordenanzas terminan quedando en simples palabras.

Por cada una de estas medidas hay diferentes opiniones y pensamientos al respecto por parte de personas con discapacidad visual. Muchas de estas tienen que ver con la manera en que cada uno afrontó su caso particular y la rehabilitación correspondiente. La forma en que cada persona opta por encarar la vida y las situaciones que se le presenten incide estrictamente en el carácter a la hora de reclamar y juzgar determinados aspectos. Están quienes no quieren sentirse diferentes y por ende ante una dificultad ocasionada en la calle deciden no darle la importancia que amerita y ante la posibilidad de hacerse escuchar deciden dejarlo pasar, como también está quién ejerce sus derechos como ciudadano y presenta los reclamos correspondientes. Más de una vez no se magnifica lo que puede resultar un desperfecto en la vía pública para quien no puede ver.

En la calle España 528 funciona el Centro de Rehabilitación N° 2014 “Luis Braille”, para personas con discapacidad visual. Es una institución pública y gratuita dependiente del Ministerio de Educación de la Provincia de Santa Fe, y dirigida a personas de 15 años en adelante. El objetivo del centro es el logro de la máxima independencia posible de la persona, respetando la diversidad y apuntando a una participación social plena y digna. Desde la institución remarcan que la falta total o parcial de visión no es un impedimento para que una persona pueda desarrollar con independencia sus actividades cotidianas, sólo deberá adquirir técnicas y herramientas tendientes a facilitar que pueda valerse por sus propios medios. Ésta es la única institución en el sur de la Provincia de Santa Fe que está dedicada a la rehabilitación de las personas con discapacidad visual.

Pablo Colombo, tiene 42 años, es discapacitado visual y es el psicólogo del Centro de Rehabilitación “Luis Braille”. De manera predispuesta y sincera, explicó la forma en la que se desarrolla el instituto: “Cuando la persona ingresa al centro le hacemos una evaluación, ahí sale lo que haya que trabajar principalmente y los intereses de la persona. A partir de ahí se hace un proyecto individual al que después se le van agregando cosas. La gente con baja visual lo primero que hace es una evaluación de lo que ve, cómo ve y la manera en que lo usa. Lo máximo que asisten al lugar son dos días, dependiendo de las necesidades. Lo que se busca acá es que se rehabilite la persona”.

Colombo hizo énfasis principalmente en una cuestión que seguramente muchas personas están acostumbradas a realizar y no han llegado a pensar lo que provoca. Lo primero que invocó fueron los autos estacionados en las veredas, y recalcó el escaso control que tienen. “He visto autos que cubren toda la vereda, incluso hasta dos motos juntas, ¿Cómo puedo pasar?”, manifestó.

“A cualquiera que se le ocurre poner algo en la calle va y lo pone, que después vos tengas habilidades para esquivarlo está todo bien, pero las calles no son cómodas para nadie. Desde mi lugar yo tengo la adaptación que si me mandas a cruzar por entremedio de las piedras, voy y las cruzo, porque yo ya me adapté, pero no todos. Creo que las calles no están bien ni para mí ni para ninguno. Yo soy de la idea que si viviría quejándome de eso me vuelvo loco, obviamente habría que meditarlo y trabajar sobre eso”, confesó Pablo Colombo.

“El otro día venía caminando por la calle y pasé por una obra en construcción donde había un pozo, maderas, también había un árbol, y tuve suerte que pasó un hombre y me ayudó, sino me caía, alguna vez ´te la das´. Caerte te podes re caer, creo que nosotros estamos bastante adaptados, por ejemplo el pie te lo doblás mil veces en las calles, no te lo rompés porque es como que los músculos ya se acostumbran”, contó Colombo.

Ante ésto, el psicólogo dejó entrever su pensamiento a la hora de presentar una queja asegurando que defiende el reclamo colectivo y organizado con un efecto “más cierto” en lugar de manifestarse en soledad cada vez que le ocurre una situación similar. “Sino estamos haciendo siempre la pelea del que para el auto en la línea amarilla”, agregó Pablo Colombo. A su vez también reveló que han hecho reclamos colectivos y se han reunido con concejales, pero muchas veces los proyectos son “muy ruidosos” y después “nadie hace nada”.

En el año 2014 se instaló en la esquina de calle España y Urquiza, precisamente donde queda el Centro de Rehabilitación “Luis Braille”, un semáforo sonoro, perteneciente a un proyecto presentado por la actual presidente del Concejo, Daniela León, que luego iba a estar acompañado por la colocación de 140 semáforos adaptados más. Sin embargo, se había dejado de utilizar debido a una queja presentada por los vecinos de la institución por la contaminación acústica que causaba. Por eso se determinó que los semáforos cuenten con una botonera, que al presionarla emite señales acústicas que indican si está o no habilitado el paso.

“Yo no confío en apretar el semáforo y cruzar, porque para mí las personas cruzan el semáforo en rojo, entonces yo prefiero confiar en la gente para cruzar, que es la mejor manera. Estaría bueno que funcionen porque es una estrategia más, cuando hay poca gente y pocos autos cruzás con el semáforo. Igualmente creo que siempre hay que cruzar acompañado”, expresó Pablo Colombo.

En Rosario existen dos organizaciones esenciales que trabajan y luchan para la inclusión de personas con discapacidad visual. Son las principales referentes a la hora de efectuar una consulta por parte de la Municipalidad. Logran reunir las voces necesarias para hacerse escuchar y que sus reclamos tengan efecto alguno. Una de ellas es el Movimiento de Unidad para Ciegos y Ambliopes de Rosario (MUCAR), ubicado en calle Buenos Aires 1626, y la otra es la Asociación Rosarina del Deporte para Ciegos (ARDEC), que desarrolla actividades en distintos puntos de la ciudad.

MUCAR nace en 1981, sus miembros se autodefinen como personas con discapacidad visual que creen en la equiparación de oportunidades y la inclusión, convencidos que la militancia y la participación son el camino para lograrlo. En su nueva sede se llevan a cabo tanto eventos sociales, como cursos y capacitaciones.

El movimiento nace como una lucha gremial cuando se crea la carrera de Maestros Especiales para Ciegos en el 1981. En ese entonces van a inscribirse algunas personas ciegas que habían terminado la secundaria. Los dejaban cursar pero no les iban a dar el título. Esto se planteó como una cuestión de discriminación, porque no solamente no se garantizaba la igualdad a estudiar sino además al ejercicio profesional de tener un título habilitante. Por entonces existía el Centro de Rehabilitación “Luis Braille”, donde había maestros ciegos que eran hábiles pero sin título habilitante. A quienes estaban ahí les gustaba que la gente ciega estudie profesorado por dos razones: por lo laboral y por lo que implica para alguien que llega con una discapacidad, tener el referente de un par actúa como un estímulo. En el marco de esa lucha se armó un grupo que compartía el mismo espacio laboral y generacional. Toda gente muy inquieta, que no se queda esperando que el otro le dé sino que trazan su camino. Así fue el inicio.

Después de empezar a existir como organización, lo segundo que se planteó MUCAR fue proveer algunos materiales que no estaban en la ciudad o eran muy caros, como por ejemplo la venta de papel y pizarras para la escritura Braille o el bastón, que antes había que comprarlo en Buenos Aires.

Carlos Colere es abogado, fue Presidente de MUCAR, y es el actual tesorero de la organización. Él también es no vidente. Sobre las condiciones en las que se encuentra la ciudad para que ellos puedan circular, confesó: “La ciudad no está preparada para personas con discapacidad en general. Es una sociedad que cada día se está haciendo más violenta en su relación con el otro, es irrespetuosa, con un estado municipal que es permisivo a esa falta de respeto. Es una ciudad que evidencia qué miramos, y a quiénes miramos. Cuál es el orden de prioridad que se tiene sobre la mirada del vecino, la del conciudadano. Estamos en una sociedad y en un estado municipal que insta a que no se mire todo. En ese contexto salen funcionarios de una sociedad que vive para mirar de una sola manera”.

“Cada día para nosotros se vuelve más complejo, si no es la rotura de las veredas son los autos que se estacionan, las bicicletas, los puestitos de diario, macetas en los comercios, etc. Llega un momento que ya no es una cosa. Yo pienso que tiene que ver con el concepto de lo público, creemos que lo público es un lugar de nadie, es un lugar a apropiar y a no cuidar. Pero en lo público empieza mi casa y termina donde empieza la puerta del vecino. En Argentina no existe eso, tengo la percepción que lo público es un lugar a despedazar, si me puedo quedar con algo de eso mejor. El serio problema es que sigue fallando el poder del Estado en su rol de policía. Pero no tiene sólo que ver con la policía o con la prevención de daños. En una vereda que este mal yo me caigo o cualquiera, y es un problema, podes tener una lesión que puede ser incapacitante o no. Es una limitación al ejercicio de libertad. El mismo ´tipo´ que se queja de que lo agarró un piquete y no puede pasar es el que después pone algo en la vereda”, argumentó Colere.

El tesorero confesó que estuvieron reunidos varias veces con personas de la Municipalidad. “En el 2006 renovaron los mosaicos de la peatonal Córdoba, desde el área de discapacidad nos dijeron que querían poner una marcación para que podamos guiarnos, lo que nos pareció perfecto. Cuando les dijimos que tenía que ser una textura distinta, dijeron que no, querían todo igual por el lenguaje de la obra. Si ves la peatonal Córdoba, al costado de donde está el desagüe están colocados pórfidos más chiquitos como para que generen un vainillado, y no sirven porque se planteó que sea de una manera y después fue otra cosa, nadie tenía en claro lo que tenía que generar. La obra se encareció, entonces después te reprochan que encima no funciona. No estamos en la agenda. Vos te reunís y todos te lo toman, pero a la hora de los hechos eso no se traduce. En lo único que se ha avanzado en estos años, es que ya en la obra pública en general los pozos los tapan con alguna madera, chapón, o los cercan. Pero frente a eso, la vía pública está deteriorada, a nadie le importa”.

Por el lado de ARDEC, su Presidente, Norberto Catalano, la define como una organización en la que su misión es usar al deporte como una herramienta física, psíquica y social. Buscan lograr la independencia y la inserción social por medio del deporte.

“Donde yo encuentro dificultades en el microcentro, y ahí es responsabilidad de la Municipalidad y de los inspectores porque no cumplen su función, es con las obras privadas. Los cerramientos de las obras no siempre cumplen con las normas. Cuando hablé con el Ente de la Movilidad sobre corregir algunas conductas, les pregunté por qué no aplican multas, porque si las aplicaran el constructor lo va a hacer bien al cerramiento. Con esa debilidad para colocar multas no se corrigen las conductas. Y los inspectores, algunos no cumplen bien con su función. Me he chocado con toldos, porque los ponen en alturas que no corresponden, y ese es un trabajo que debería ver el inspector. Yo creo que no trabajan”, expresó Catalano.

“De todas las calles de la ciudad yo prefiero caminar por cualquiera menos por la peatonal, que debería ser la más segura para nosotros, porque las personas van caminando y mirando para cualquier lado menos para ver si viene un ciego, y suelo chocarme. Pero además, un lugar lógico para nosotros es el caminito de los agujeritos de las baldosas, y por lo general hay mesas de bares. Con un poquitito, la Municipalidad podría hacer mucho mejor el tránsito nuestro”, agregó Norberto Catalano.

El presidente de ARDEC, confesó: “Las personas ciegas tenemos que aprender a pedir, a agradecer y a vivir en sociedad. Cuando cruzamos las calles, yo tengo una pregunta automática: ´ ¿Vos vas para allá?, Caminemos juntos´. No es difícil pedir y las personas nos ayudan”.

En el marco del Día Mundial del Bastón Blanco, el 15 de octubre, la concejal del Frente para la Victoria, Norma López, presentó una ordenanza que fue aprobada por el Concejo, llamada “Programa Bastón Blanco”. El objetivo es la concientización y sensibilización de la población en general sobre la normativa vigente en materia de movilidad e inclusión de personas con discapacidad visual, mediante campañas comunicacionales y cursos de capacitación.

La concejal aceptó que hay algunas cuestiones de accesibilidad en la ciudad pero que no alcanzan, que los disminuidos visuales se encuentran con muchas complejidades, por lo tanto hay que modificarlas y reforzarlas.

“Creo que hay que volver a poner el tema en la agenda pública. Las organizaciones de personas con discapacidad hacen un gran trabajo y son las que efectivamente ponen el tema en la agenda pública. Son organizaciones absolutamente participativas, que se mueven mucho y trabajan con todos los niveles del Estado. El gobierno tiene que profundizar sobre lo que está obligado, y por el otro lado el Estado tiene que cumplir realmente con los derechos de las personas con discapacidad”, aseguró López.

Todavía queda mucho por hacer en Rosario para lograr que sea una ciudad más inclusiva, con una sociedad que también lo comparta. Pero es cuestión de planteárselo y volverlo a ubicar entre uno de sus objetivos, nunca es tarde a la hora de pensar en el bienestar del otro.

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