Un viaje a Cancun Erick montes

Nunca olvidaré la primera vez que pude contemplar la blanca arena y el claro azul del mar de Cancún, México. Todo comenzó el 1 de julio del 2006, cuando nos encaminamos hacia esta hermosa ciudad. Recién llegaba, junto con mis padres y mis dos hermanas cuando comenzaba a sentir los estragos del largo viaje de aproximadamente 22 horas en automóvil desde mi ciudad natal del puerto de Veracruz. El plan era encontrar a la hermana de mi mamá quien reside en la ciudad. Recuerdo haber sentido una enorme intriga por volver a ver a mi tía después de 10 años, realmente no guardaba ninguna imagen mental propia sobre su apariencia o su personalidad, esto debido principalmente a mi corta edad cuando ella decidió mudarse, solo tenía ciertas imágenes construidas con base en fotografías y relatos contados por mis padres. Dicha intriga tuvo fin tan pronto nos encontramos con ella, puesto que todo el ambiente se mezcló con un sentimiento de familiaridad, bromas viejas y sobretodo de recuerdos compartidos entre las dos hermanas; los cuales, alcanzarían para mantenerme ocupada durante toda la tarde.

La misma noche de mi llegada, experimenté por primera vez la vida nocturna de Cancún. Es extraordinaria la sensación de estar en un espacio completamente desconocido y tan diferente. La noche estaba alumbrada por las múltiples luces de las plazas, de los majestuosos hoteles, bares y extravagantes discos. Pude contemplar que una gran parte de las personas que transitaban las calles y avenidas del lugar eran extranjeras, variedad de acentos e idiomas se escuchaban por doquier. Confirmé entonces lo que siempre había escuchado sobre las ciudades con una vida nocturna agitada, gracias al viaje que apenas comenzaba a la ciudad de Cancún en donde todo ocurre rápidamente y no solo en un idioma, rompiendo numerosas fronteras al mismo tiempo. Ahora evoco esas imágenes y las comparo con el actual Veracruz, y sé que está en un proceso de transformación que en un futuro igualará a la vida en Cancún.

Después de dos semanas recorriendo las espectaculares zonas turísticas y playas de Cancún, llegó el día de tan inevitable partida. Intentando prolongar lo más posible la despedida, tuvimos que emprender el regreso, no sin cierta melancolía por dejar atrás a las personas unidas a nosotros por el fuerte lazo de la sangre y a tan bello lugar. De este modo recorrimos de nuevo el camino que nos trajo, pero ahora en la dirección opuesta, hacia mi tradicional Veracruz.

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