Vivir nuestra misión personal nos lleva a una mayor plenitud

¿Y por qué canta el pájaro?, respondió el Maestro.
El pájaro no canta porque tenga una afirmación que hacer. Canta porque tiene un canto que expresar.

Anthony de Mello, El canto del pájaro

Si preguntáramos a numerosas personas acerca de la existencia de su misión personal seguramente oiríamos respuestas como éstas: ¿Una misión personal? No sabía que existiera eso... Creo que me estás confundiendo con alguien… ¿Acaso tengo cara de cura misionero?... ¿Hablas en serio?... ¿Una misión personal? Eso es basura...

La inmensa mayoría de las personas desconocemos que tenemos la maravillosa oportunidad de vivir nuestra misión personal y, a través de ello, darle una profundidad y una plenitud enormes a nuestras vidas. Sin embargo, a lo largo del tiempo son muchos los pensadores que han hablado acerca de la necesidad de dar respuesta a nuestra misión. Martin Buber, por ejemplo, expresaba que la principal tarea de cada hombre es realizar a plenitud sus potencialidades únicas; Víktor Frankl afirmaba que cada persona posee una misión específica en la vida que es única e irremplazable, ya que sólo la persona puede cumplirla. Por su parte, Carl Gustav Jung hablaba de un destino que había que cumplir, de una llamada a la cual dar respuesta. Y podríamos enumerar muchos más.

Pero ¿qué es la misión personal? Existen muchas y muy variadas definiciones de ella. En lo personal, me gusta referirme a ella como esa necesidad profunda que siente cada persona de realizarse, haciendo algo que verdaderamente le apasiona, que le hace vibrar interiormente, y que al hacerlo, se siente fluir, se siente pleno, al tiempo que contribuye con los demás.

Normalmente, la misión personal se expresa como un enunciado breve que tiene como centro un verbo, al que me gusta llamar “el verbo de tu vida”, el cual responde a la pregunta ¿Qué hago profundamente?, y que se completa con un ¿Para qué lo hago? Es una acción que cuando la realizamos, todos nuestros talentos, habilidades y competencias se alinean y por ello sentimos que es para eso para lo que nacimos. Lo que hacemos toma un nuevo nivel, una nueva perspectiva.

Para poder ilustrar este concepto imaginemos un profesor dando su clase. Si nos preguntáramos qué hace, desde el punto de vista más superficial podríamos decir que el profesor está buscando transmitir diversos conceptos a sus alumnos a través del

intercambio de ideas. Sin embargo, si el profesor se siente realmente apasionado con aquello que hace y está consciente de la trascendencia de su acción, entonces podría pensar que lo que en realidad está haciendo es compartir la luz con sus alumnos para transformar sus vidas. ¿Son iguales una perspectiva y otra? Definitivamente no. Acceder a ese nivel de significación hace que la vida del profesor tome una dimensión profundamente humana, que es a lo que estamos llamados.

Hay dos momentos cruciales en la vida de un ser humano: cuando nace y cuando descubre para qué nace. Vale la pena descubrir nuestra misión personal.

Escrito por José Antonio Rivera Espinosa

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