Lo que le piden al papa Francisco visita a villavicencio 08/09/2017

Víctimas del conflicto armado en Colombia, feligreses y un sacerdote de Villavicencio cuentan sus anhelos y peticiones con la visita del sumo pontífice en el contexto de reconciliación que se vive en el país.

Esta ciudad es escenario de un acto que congregará a Francisco con cerca de 5.000 víctimas en torno a este tema.

"El país no está preparado para enfrentar víctimas con victimarios o para verlos en la calle, por eso pediría que mi Dios nos ayude a sanar esas heridas y a perdonarnos como colombianos. Pido que podamos hacer ese acto de reconciliación en la sociedad"

A los 6 años, Alberto fue desplazado de Caloto (Cauca), una zona donde el conflicto con las Farc y la fuerza pública dejó como grandes víctimas a las familias de ese territorio que decidieron dejarlo todo por el temor a caer en una de esas confrontaciones.

Era el 2002, un año después de su primer desplazamiento, las Farc entró de nuevo en su territorio, allí asesinaron a un tío y un primo. Esos momentos inspiraron a Alberto, de 21 años, a trabajar por su pueblo y a intentar cicatrizar las heridas causadas por sus victimarios, como lo hizo perdonando a 'Timochenko', jefe de las Farc, con quien habló hace unos meses.

Cuando el 'No' ganó en el plebiscito, lo primero que hizo fue orar para pedir sabiduría para actuar, su confianza estaba en Dios. "Cuando él pone una prueba es porque mejores cosas vendrán", dice, luego de mencionar que gracias a la fe, finalmente, se renegociaron los acuerdos.

En Caloto pensaron que estaban condenados a una guerra eterna, donde eran quienes iban a seguir poniendo los muertos. Ahora, dice que ver al Papa lo alegra y más cuando fue una persona que brindó apoyo al proceso de paz.

"La población indígena víctima, respetando nuestra cosmovisión, ve la llegada del Papa como una oportunidad de mostrarle que estos pueblos también han sufrido el conflicto y han sido desalojados de sus territorios. El paso que queremos dar, como víctimas indígenas, es aportar al proceso de paz del país"

Rosario Arpushana lleva una vida de resiliencia y resistencia. El despojo de tierras que vivió junto a su comunidad Wayú, en la Guajira, no la logró derribar, sino que la convirtió en una defensora de los derechos de su población.

“Nuestras raíces no se puede perder”, dice de forma enfática mientras posa con orgullo para las fotos junto a la mochila y los collares echos a mano con tejidos autóctonos que reflejan el talento evidente de las mujeres de su comunidad.

Además de ser la delegada ante la mesa de participación por las comunidades indígenas víctimas de la violencia, Rosario es una abanderada de la defensa de la riqueza cultural de los pueblos indígenas.

Ella y otras víctimas del conflicto decidieron emprender “un largo viaje que quedará para la historia”, en su caso, con el único propósito de acercarse a la poderosa figura del papa Francisco para “mostrarle que en Colombia existen pueblos indígenas que han sufrido el conflicto armado al ser desalojados de sus tierra e ir a las ciudades”.

Por eso, usando su lengua Wayuunaiki, hace un llamado para que se elabore rápidamente un protocolo especial para las comunidades indígenas víctimas del conflicto y que la reparación individual y colectiva sea hecha de acuerdo con las costumbres de cada uno.

"Le doy gracias a Dios de que a mi edad me dé la oportunidad de ver al Papa, su enviado en la Tierra. Pido que haya paz en mi país y ruego a mi Dios que ese mensaje que dará de reconciliación llegue al corazón de los que tiene que llegar, a esas personas que insisten en estar en un país violento"

"Soy negra y desplazada", así se define Marina Camargo, de 64 años, una mujer que huyó de la violencia que la azotaba en la Costa Atlántico. En sus espaldas tiene el dolor de las amenazas, que la han tenido saltando de ciudad en ciudad para conservar su vida.

La mujer es líder afrocolombiana y dice que esta oportunidad de ver al Papa es única, motivo por el que espera que ese mensaje de reconciliación sirva para poder disfrutar del país y vivir en tranquilidad.

Marina cree que el Papa va a dejar una estela de amor y con ello el país entrará en una nueva etapa, que será positiva y el complemento para alcanzar la paz. "Era el empujón que necesitaban los colombianos, es un momento para abrazarnos todos", afirma.

"La petición que hago a través del Papa es que nos colaboren a las comunidades indígenas a recuperar nuestras culturas y cosmovisiones. El pueblo Pijao fue azotado por el conflicto y perdimos hasta los idiomas, queremos recuperar nuestro mundo perdido"

Para Luz Marina Melo, lo que vivió el 1 de noviembre de 1998, en la toma de Mitú, partió su vida en dos, pero también se convirtió en el motivo por el cual decidió enfrentarse a la vida con lo “poquito que sabía” y pelear no solamente por sus derechos sino por los de sus compañeros indígenas de todos los departamentos.

“Dejé todo votado para poder estar acá”, admite y acto seguido recuerda que el largo recorrido hasta Villavicencio fue inspirado por su deseo de pedirle al Papa que intermedie por las víctimas.

Según esta líder indígena, algunos han sido doblemente “victimizados por el mismo Gobierno”. Además, pide al Papa que no solo venga de visita sino que se dé cuenta cómo sufren los indígenas.

"Que se logre que el conflicto tenga el final que todos queremos, con paz y reconciliación. Mi petición personal es por la salud de mi familia y que Dios bendiga mi hogar"

Zuleima, fiel feligrés de la iglesia católica, es parte del equipo de voluntarios en Villavicencio en la visita del Papa.

Nació en Montería y desde hace varios años reside en la capital del Meta, donde labora como administradora de empresas.

Durante meses ha ayudado en los preparativos de la visita del Papa y espera tener la bendición de Francisco, a quien le pedirá por el futuro de los niños de Colombia.

"Quiero darle gracias a Dios por tener la presencia del Papa. Pido que la aplicabilidad a la ley de víctimas sea efectiva y quiero darle un mensaje para que sean restablecidos todos los derechos de quienes fueron abusadas sexualmente. No queremos ser instrumento de guerra o que nuestros cuerpos vuelvan a ser usados en el conflicto"

Es líder de las víctimas de abuso sexual en el conflicto en Tolima. Hace más de una década salió huyendo del Magdalena Medio por el temor que infundían las grupos guerrilleros en esa zona.

Ahora, Sandra lucha por los derechos de las mujeres y por acabar con la estigmatización de las víctimas. Su anhelo es que se deje de decir "por algo la habrán violado", relata.

Levantarse de los momentos duros que ha vivido por el conflicto se lo atribuye a la voluntad, la fuerza y la sabiduría que le dio Dios para renacer de las cenizas. "Ser víctima me ha hecho conocer el verdadero valor del ser humano, algo que no se compra con dinero sino con respeto y comprender al otro", dice.

Sandra comenta que de ver al Papa enfatizará en que él haga una incidencia para entender que la paz nace del corazón de cada quien, cuando uno se perdona a si mismo y se inicia una transformación en la vida.

"Le pido a Dios que Francisco nos traiga una esperanza de reconciliación, de perdón y de paz. Que luchemos todos unidos por este gran país. Es la oportunidad de decir que todos somos hermanos unidos y merecemos ser felices"

El sacerdote Gustavo Botero lleva cinco meses organizando el acto en el que Francisco conocerá a unos 700 niños y a colectivos indígenas en el parque Los Fundadores.

Sus feligreses le han ayudado a ultimar detalles y, como muchos, espera que el acto que se llevará allí de reconciliación llegue a los corazones de los colombianos.

El sacerdote explica que en el punto que ha estado organizando, el sumo pontífice se arrodillará para rezar y brindar un minuto de silencio a las víctimas. Además, Francisco sembrará un árbol como símbolo de vida.

"La petición que tenemos es que en este momento tan importante con la venida del Papa se propicie una paz sincera y no de fachada. Queremos que todos los que están participando en la paz lo hagan de corazón por nuestros niños, que son la semilla para dar frutos de abundancia en el futuro"

Mónica Páez es una apasionada por la niñez y por eso a través de ‘Semillitas de Emaùs’ trabaja junto con varias mujeres para despertar la fe de los más pequeños.

Para Mónica, es necesario pedir por una paz verdadera que lleva a unos evidentes cambios de corazón de los colombianos y para que las próximas generaciones puedan ver cambios drásticos enfocados al tema reconciliación en el país.

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