Caminar con los ojos la riqueza del desprejuicio

Llega un punto en la vida en que sólo transitamos; los pensamientos y preocupaciones nos encierran en nuestro propio mundo, anulando el exterior. Pero, ¿qué pasaría si con tan sólo un lápiz en el bolsillo y un papel logramos conectarnos con nosotros mismos y los mundos que queremos; qué el primer punto de la tinta marque el inicio de nuestras fantasías, los trazos nuestra pasión y probablemente los planos vayan más allá del ensimismamiento de la rutina?. Quizás la respuesta sea más inesperada de lo que uno pudiese llegar a pensar y el dibujo como disciplina nos aleccione sin quererlo de forma feliz.

La sencillez de lo necesario para poder dibujar

Quizás todo comienza con el estar dispuesto a hacer un registro que vaya más allá de lo ocular, ya que todos tenemos aquella vocación de descubrir a partir de lo observado, y es esa capacidad la que ayuda a articular dicho registro. Ahora, una pregunta podría golpearnos de improviso. ¿Y qué voy a dibujar? Pues bien, toda tesis necesita una hipótesis y ésta debiera ser develada a través del acto del dibujo.

Creo que hay muchas maneras de salir a dibujar (en lo a que disposición se refiere), pero pondremos arriba del papel una que en lo personal pongo en práctica.

El desprejuicio

Esta tiene que ver con el no esperar nada, por lo tanto la frustación será una invitada a quien le costará entrar a una casa donde nadie la ha invitado. Si no espero nada de lo que podría llegar a registrar, es más fácil que me sorprenda, así que el recorrido en este caso no estará del todo planificado.

Caminemos sin rumbo específico, pero eso sí con las ganas de querer ir descubriendo cosas que nos vayan sorprendiendo a través de nuestro caminar. Recuerdo claramente y con una bella certeza aquello que pude incorporar después de haber estudiado Diseño, y es que uno debiera siempre mirar hacia arriba mientras se camina en espera de la sorpresa (sin tropezarse claro está) ya que muchas veces lo que se esconde tiene la vocación de ser descrito a través del dibujo.

El Museo de Bellas Artes se muestra al que quiera revelarlo entre el resto de los elementos.

Pueden pasar entonces muchos minutos antes que algo nos llame la atención, y si nada lo ha hecho, entonces quizás es un buen momento de detenerse y comenzar a dibujar por el simple hecho de hacerlo, sin ninguna espera específica. El trazo será por cierto la mayoría de las veces inseguro y tieso, denotando sólamente un hecho; y es que el músculo de los ojos está intrínsecamente conectado con los músculos del brazo y de la mano, debiéndose ejercitarse al igual que en una carrera, debiendo precalentar nuestra percepción de las cosas y por tanto el registro de estas. ¡Que aparezcan esas primeras líneas, que se tracen esos primeros intentos fallidos! Qué mas da, a quien diablos le importa, si el dibujo es una herramienta que se calibra quizás tan solo con un poco de pasión y práctica. Sentado, ubicado frente a una situación banal y común puede aparecer algo que estaba cubierto por el velo del prejuicio. "...¿Que puede haber de interesante en esta esquina?..." El dibujo es el que nos empieza a dar una lección de que es él el que limpia nuestro pre-juicio de una situación espacial por ejemplo.

La extensión del Forestal invita a introducirse en un recorrido natural

Pondré como ejemplo al escenario que es el Parque Forestal, muy cerca del Museo de Bellas Artes de Santiago de Chile, el espacio que me permite estar cómodo es una sencilla banca. Se abre la croquera mostrándose altanera en blanco, casi burlándose de tí como si te estuviera diciendo sarcásticamente "atrévete a ver si te resulta algo". Es bueno entonces no dibujar por un momento y simplemente disfrutar del lugar, de la temperatura, de los sonidos, del tipo de luz que hay y de la gran cantidad de árboles que se contienen en un breve espacio de tierra cultivada en la ciudad, ya que el dibujo es una disciplina que traduce lo que uno piensa y describe lo que uno analiza. Al mirar por un espacio de tiempo lo que se nos muestra en el Parque Forestal pongo especial atención en las sombras, ya que me doy cuenta que al ir dibujándolas varían constantemente por el cambio de la luz respecto de los objetos proyectados.

el dibujo es una disciplina que traduce lo que uno piensa y describe lo que uno analiza

Todos damos por sentado que la luz proyecta sombras si un objeto se interpone ante ella, pero empresa diferente es tratar de dibujar ese "cliché", porque cada dibujo hace que esa situación sea distinta, y por lo cual cada dibujo será también único porque es la propia interpretación que descubre el velo de lo único; Pero no habíamos contado con la invitada de piedra, la que viene a aguar la fiesta, la Srta. Frustración, quien nos inseguriza al irse desplegando las primeras líneas ya que no nos gustan del todo o porque nos equivocamos y trazamos una línea que no es de nuestro completo agrado. ¿Mi consejo por experiencia propia? Corregir sobre el mismo dibujo ya que el "error" se sigue mostrando pero de manera más tímida al haberlo hecho desaparecer con el resto del dibujo con el cual nos dimos cuenta de lo que había que mejorar. Es quizás una analogía de lo que vivimos. Es necesario recordar en que nos equivocamos para poder proyectar algo mejor.

El ojo discrimina y tiende a centrarse en ciertos aspectos solamente, quedando el papel en blanco donde la intención se pierde.
El dibujo resalta y enmarca lo que se pone en valor, diluyéndose tanto el trazo como lo intencionado hacia los bordes.

La líneas se multiplican, los primeros contornos aparecen, los recorridos del parque se muestran en la hoja y las sombras que te habían llamado la atención en un comienzo son más claras a tus ojos en el papel. El estilo del dibujo da lo mismo, si es muy simple en cantidad de líneas o completamente saturado, o si es "bonito" a los ojos de los demás. Lo esencial es que declare lo que había llamado la atención en un comienzo.

Las sombras nos regalan lugares de reposo y recorridos que no cesan de mutar

Y qué satisfactorio es el nombrar con el lápiz lo que ha sido positivamente discriminado con los ojos y el raciocinio, acompañado de buena música para ensalzar las sensaciones de ese momento, que gratificante es estimados el poder practicar a diario y el ir aprendiendo de lo que a uno le ha costado, ya que no creo en el "gen" del dibujo, quizás tan sólo hay una predisposición a que te interese más unos temas que otros, y lo mío es equivocarme dibujando a diario.

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