De noche, el Centro es otro cuento Aunque la Alcaldía dice que son constantes los operativos en esta zona, la prostitución se toma los alrededores de la Gobernación. Comidas, venta de dulces y hasta un partido de fútbol, lo visto en un recorrido. Mirada.

Un perro ladra, pero se entretiene con una botella plástica. El olor a bazuco se apodera del Parque Los Fundadores en Manizales. Esto ocurre un día posterior a la quincena.

Son las 10:05 de la noche. La mayoría de establecimientos comerciales están cerrados, pero aún pasan carros, motos y bicicletas. Pocas personas corren para llegar a sus casas y otras solo caminan, sin afán. La noche es joven aún.

El principal temor por este lado de la carrera 23 es ser víctima de robo o ataque sin tener a quién pedirle ayuda. Los que a esa hora trabajan, recomiendan "no dar papaya". El ambiente se torna pesado.

¿Vigilante?

Al llegar a la Plaza de Bolívar, en el antiguo edificio de La Licorera con carrera 21, se acerca un sujeto de unos 30 años. Viste pantalón verde oliva, botas negras, chaqueta, bufanda y una gorra. Pegado a la cintura un bolillo. Dice ser vigilante. Dos policías pasan en su moto de patrullaje, miran, pero no se detienen.

El hombre comenta que hace dos semanas le intentaron dar una puñalada, aunque solo le rompieron su vestimenta. "Aquí hay que estar muy alerta. Los ladrones se alborotan después de las 11:00 de la noche, en las esquinas hay personajes que se parquean en moto a vender vicio".

Explica que hace parte de la Cooperativa Vigilancia Comunitaria, que se gana $720 mil mensuales y su turno va desde las 10:30 de la noche hasta las 6:00 de la mañana. "Tengo un radio conectado con el SIS -Sistema Integrado de Seguridad- para informar cualquier novedad".

Mientras se aleja por la mitad de la Plaza, hacia la Catedral, un taxista se detiene y grita: "¡Ustedes están haciendo negocios con esa rata, ese man es un ladrón!". El supuesto vigilante le recrimina: "No me caliente, no me haga espectáculos por 20 mil". Se enfrascan en un cruce de palabras, que no se alcanzan a entender, situación que no tarda más de 2 minutos, y se alejan.

El primer aviso de la Policía llega a las 10:59 de la noche, después de haber visto que el supuesto vigilante estaba en la zona. "Mucho cuidado con ese muchacho, tenemos quejas de robo contra él, pero no lo hemos cogido en flagrancia, entonces no lo podemos capturar. Tiene mucho verbo y enreda a las personas", dice uno de los dos uniformados que patrullan el sector. "Pongan mucho cuidado, a esta hora ya todo está muy solo", segunda recomendación. Se van.

Deporte y malabares

Superadas las indicaciones de la Policía y tras dar otras tres vueltas, ya son las 11:32 de la noche. En la Plaza Alfonso López, carrera 18 con calle 21, ocho jóvenes entre 18 y 25 años gritan y corren detrás de un balón desgastado y desinflado. No dan testimonio para conocer cada cuánto se reúnen, ni de dónde vienen. Delegan a Pirry, un hombre de unos 24 que está sentado y que con su dedo índice señala que no. El grupo sigue en un picadito de fútbol.

De nuevo, otra recomendación policial. Esta vez de la patrulla del CAI de la Alfonso López. "Estén atentos a las calles, por aquí es muy inseguro".

En otro punto, semáforo de la calle 32 con carrera 21, está parado Luis Carlos Dávila. Le dicen Chiqui, tiene 20 años y reside en el barrio Galán. En los semáforos de los alrededores hace malabares con tres naranjas, aprovechando el rojo que detiene a los vehículos. Dice que a los taxistas no les da muestras de su arte porque son groseros, pero los conductores de los particulares son amables. "El 31 de diciembre uno me dio $20 mil, es la propina más alta que he recibido".

Para comer o picar

En varias esquinas del Centro se observan vendedores informales y ambulantes ofreciendo comidas, dulces, cigarrillos. Albeiro Lancheros pasa sus noches bebiendo chirrinchi, según él para el frío. Se consume una botella en su horario laboral, desde las 5:00 de la tarde hasta la 1:00 de la mañana. La peor noche le deja unos $20 mil y la mejor supera los $60 mil. "Es suficiente para pagar los $7 mil de la residencia y tener la comida diaria. Vivo solo".

Las ventas de comida abundan, y al indagar por el Centro, muchos hablan de la Olla de Aurelio, cerca al Parque del Agua, y otros, de la Olla de la calle 22 con carrera 22, vecina de la Calle del Tango.

El vigilante de esa cuadra, Jhon Jairo Zamora, asegura que de los 53 años que tiene, 53 ha vigilado. "No me nació la vocación, me la sembraron mis papás. Además de vigilar y estar atento para que no roben, conozco la historia de la ciudad, me gusta mucho leer", agrega.

En la cafetería Di Patty, esquina de la calle 32 con carrera 22, frente al Liceo Isabel La Católica, 11 taxis, dos busetas y una camioneta de estacas están parqueadas. Entre las 12:11 y 1:00 de la mañana, las cerca de 14 sillas del negocio se mantienen ocupadas. El propietario es Rubiel Gómez, trabajan las 24 horas y tienen tres turnos en el local. "Es muy tranquilo, nunca nos han robado y tenemos muchos clientes. Los días más flojos son los lunes y martes, pero se compensan con los del fin de semana". Entre 120 y 150 tintos vende Rubiel a estas horas. También vende tortas de carne, buñuelos, empanadas, tortas de chócolo y gaseosa.

Chao mi amor

Trabajadoras sexuales, desde niñas hasta adultas; transexuales y gais se concentran por los alrededores de la Gobernación, por las esquinas, esperando clientes. Una mujer dice que estaba "dando una vueltica" por el lugar, y otra, una morena de unos 22 años, de contextura gruesa, y de unos 1,55 metros de altura, responde que estaba trabajando. "Mi amor, la entrevista vale. Así como un rato en el chongo o con un cliente", reclama ella, ante la negativa para pagar por su testimonio. "Chao mi amor. En otra ocasión será", comenta la morena mientras desciende por la carrera 21.

A la 1:37 de la mañana, en el Parque de Caldas se reúnen 6 policías de 3 patrullas. Uno pregunta por qué la señal de internet está caída para solicitar antecedentes, y otro responde que a él le funciona. Hablan con cuatro hombres que consumen aguardiente sentados en una banca. Les explican que no lo pueden hacer, según el nuevo Código de Policía, y ellos, caminando en zig zag, se marchan. Dos de ellos, adultos con vestidos de pantalón y saco, salen cargando en la espalda lo que parecen ser guitarras en sus estuches. Los acompañan dos jóvenes en blue yean.

Es la 1:49 de la mañana. La estación Fundadores del cable aéreo está cerrada. Por las carreras 20, 21, 22, 23 y 24 también la soledad juega con la neblina, que se torna más densa y una lluvia pertinaz se va volviendo fuerte.

El Centro de Manizales no duerme. Aunque sus calles aparentan soledad, por sus recodos se mueven la prostitución, la inseguridad, las ventas de alucinógenos y uno que otro borracho tirado en un andén.

Jhon Heberth Zamora López, secretario de Gobierno de Manizales, indicó que los fines de semanas realizan operativos de seguridad con la Policía Metropolitana, con el fin de prevenir el delito y evitar que los menores de edad caigan en el consumo de alucinógenos o la comisión de delitos por el porte de armas. También verifican que los menores de edad de la ciudad no estén en las calles después de las 11:00 de la noche. "También tenemos programas, como Pégate al parche y Cambia tu mente, construye paz, enfocados en la prevención. Se brinda capacitación a extrabajadoras sexuales de la ciudad, en los que se capacitan y luego de terminar los cursos se les entrega capital semilla para que puedan emprender su negocio.

Créditos: Richard Aguirre, Fredy Arango y Johnny Gutiérrez

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