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Breve recorrido por el acervo fotográfico del Museo Franz Mayer EXPOSICIÓN VIRTUAL

Introducción

Desde principios de los años veinte, además del gusto por el coleccionismo de artes decorativas, Franz Mayer tuvo un profundo interés en la fotografía. Adquirió fotografías elaboradas con procesos que hoy pueden ser considerados como históricos y dedicó meses y horas a la creación de fotos con técnicas del siglo XIX y XX.

Con la finalidad de acercar al público a la colección fotográfica del Museo Franz Mayer, así como a algunos procesos fotográficos desarrollados a lo largo de la historia, esta exposición presenta un recorrido por los principales objetos e imágenes que conforman un acervo de 15,413 ejemplares e incluye tanto las fotografías que Mayer coleccionó, como las que produjo en su actividad como fotógrafo aficionado.

Su colección fotográfica incluye 141 imágenes de cámara - hoy en día considerado uno de los acervos de daguerrotipos y ambrotipos más destacados en México- y 816 impresiones en papel de la autoría de fotógrafos como Hugo Brehme, W. Melchert, Antonio Garduño, entre otros fotógrafos anónimos y de estudio.

Mayer produjo 14,194 imágenes en múltiples formatos y técnicas. Su acervo incluye negativos en distintos formatos, placas secas de gelatina (linternas mágicas, negativos y vistas estereoscópicas), fotograbados e impresiones en papel con diversas características visuales y materiales. Además de algunas fotos de sus viajes por el mundo, la mayor parte del acervo contiene imágenes de los paisajes, habitantes, costumbres y arquitectura de los alrededores de la Ciudad de México y los estados de México, Puebla, Yucatán, Michoacán, Oaxaca, Hidalgo y Morelos.

¿Qué es una fotografía?

Las fotografías son resultado de un procedimiento de fijación la luz sobre un soporte preparado para tal fin, requieren de al menos dos elementos: un soporte y una imagen. A lo largo de la historia se han utilizado para su toma y reproducción, distintos tipos de dispositivos, soportes (metal, vidrio, papel, plástico, cerámica, entre otros), aglutinantes (albumina, colodión, gelatina) e imágenes finales (plata, mercurio y plata, sales de hierro, platino o paladio, tintes y pigmentos). Esta variedad, permite hacerse una idea de la inmensa cantidad de imágenes que conforman todo un sistema que ha ido modelando una serie de maneras de crear, atesorar, difundir y mirar imágenes.

Daguerrotipos y ambrotipos

Acostumbrados a un mundo en el que diariamente se producen y comparten millones de imágenes, pocas veces nos preguntamos acerca de cuáles son los procesos y artefactos que, desde la invención de la fotografía han permitido producir imágenes de manera más rápida, de mayor calidad óptica y con toda una gama de posibilidades para su ampliación y reproducción en los más diversos soportes, formatos y medios.

Fox Talbot en 1835 obtuvó el primer negativo en papel con una cámara oscura que consistía en una caja de madera con un cañón de latón y un lente. En 1839, se patentó el daguerrotipo, gracias a una serie de experimentos que realizaron varios años antes Nicéphore Niepce y Louis Daguerre.

El daguerrotipo es considerado el primer proceso fotográfico que logró fijar una imagen duradera. Enmarcado en la tradición dominada por la pintura de retrato, este novedoso proceso logró desplazar a los retratos pintados en miniatura y propició una amplia producción de retratos fotográficos que fueron almacenados en sofisticados y bellos estuches que, además de cumplir la función de preservar la imagen, permitían conocer el gusto y posición social de sus propietarios.

Años más tarde, en 1851 el inglés Scott Archer desarrolló el proceso de colodión y con él aparecieron los ambrotipos. Almacenados en estuches similares a los que se utilizaban para los daguerrotipos, pero sobre un soporte de vidrio, con un método más barato y unos tiempos de exposición mucho menores, este invento permitió a otros sectores sociales acercarse a un género que hasta entonces había sido exclusivo del sector económicamente más acomodado.

Dependiendo del fotógrafo y el cliente, los ambrotipos y los daguerrotipos, también llamadas imágenes de cámara porque producen una imagen positiva directa y única, fueron presentados en los más variados estuches. Mayer Traumann consciente del valor que este tipo de ejemplares podía tener para su colección de arte y su afición fotográfica, adquirió 72 daguerrotipos y 69 ambrotipos. La mayoría de estos retratos fueron elaborados entre 1844 y 1900, es probable que muchos de ellos los haya adquirido en México, o en los viajes que realizó fuera del país.

A través de François Arago, un científico que era miembro de la legislatura francesa, en 1839 Daguerre recibió del gobierno francés una pensión vitalicia a cambió de un invento que pronto se extendió por todo el mundo.

Antes del invento, el retrato había sido un género pictórico que implicaba un trabajo de días y meses. En comparación con la pintura de retrato, el daguerrotipo resultó ser más rápido y barato.

Para su factura, los fotógrafos usaban una placa de cobre que recubrían con plata pura, la pulían y sensibilizaban con vapores de yoduro de plata. Una vez preparada y sin ser expuesta a la luz, la placa se introducía en la cámara fotográfica y se exponía durante unos 15 a 30 minutos, según las condiciones de iluminación.

Estuche | Ca. 1844-1860 | Daguerrotipo

Para hacer aparecer la imagen, la placa era expuesta a vapores de mercurio. Para detener la reacción, se sumergía en una solución de agua con tiosulfato de sodio o potasio.

Después de un tiempo de secado, la imagen podía ser cubierta con cloruro de oro. Esta capa permitía a los fotógrafos aplicar color sobre los rostros, vestimenta, accesorios y otros elementos de los retratados.

Retrato de madre e hijo | Ca. 1844-1860 | Daguerrotipo

En los daguerrotipos la imagen está invertida y aparece positiva sólo bajo ciertas condiciones de luz y ángulos de visión.

En comparación con los cámaras de hoy, los dispositivos que se utilizaban eran bastante grandes. Daguerre uso placas de 6 ½ x 8 ½ pulgadas en una cámara de aproximadamente 31 x 36.8 centímetros.

Además de la placa completa, los formatos podían ser media placa, un cuarto de placa, un sexto de placa, un noveno o un dieciseisavo de placa. Sin embargo, pueden existir variaciones. Por ejemplo, el dieciseisavo de placa sólo se usó en Europa, mientras que en México predominó el uso del sexto de placa (2 ¾ x 3 ¼ ”).

Estuche | Ca. 1844-1860 | Daguerrotipo

La mayoría de los daguerrotipos de la Colección Franz Mayer son de un sexto y un octavo de placa. Lo cual nos indica que la mayoría de ellos fueron producidos en América.

Como ya se mencionó atrás, con la finalidad de proteger y presentar de una forma más artística la imagen, la placa se cubría con un cristal y se introducía en un estuche, conocido como Minature Case.

Los materiales y elementos decorativos de los escuches, cojines interiores y preservers o protectores de estos artefactos, variaron según los gustos de sus clientes. Sin embargo, es importante señalar que los primeros daguerrotipos fueron más ornamentados que los posteriores.

Retrato de hombre | Ca. 1844-1860 | Daguerrotipo

Sentarse completamente quieto frente a la cámara, podía llegar a ser un desafío, por ello en algunas ocasiones los fotógrafos utilizaron diversos artefactos para mantener a las personas erguidas y sin moverse.

Estuche | Ca. 1844-1860 | Daguerrotipo coloreado

Ante esta necesidad de hacer menos largos los tiempos de exposición, alrededor de 1855 se logró aumentar la sensibilidad de las placas (alternando el uso de vapores de bromo y de yodo), se mejoró la sensibilidad de los objetivos de las cámaras y los estudios cada vez tuvieron mejores condiciones de iluminación que permitieron la creación de retratos portátiles en los más variados y ornamentados estuches.

Retrato de soldado | Ca. 1844-1860 | Daguerrotipo coloreado
Emile Mangel Du Mesnil | Retrato | 1852 | Daguerrotipo Michoacán, México

A mediados del siglo XIX, gracias a Scott Acher aparecieron las fotografías al colodión húmedo sobre placas de vidrio. Este tipo de imágenes, llamados ambrotipos o “positivos al colodión”, se colocaban en estuches como los de los daguerrotipos y debido a que su factura resultó ser mucho más económica que la de sus antecesores, fueron también conocidos como “daguerrotipos de los pobres”

Gracias a esta innovación, la visita al estudio fotográfico se convirtió en una práctica común entre todas las clases sociales. Los estudios -decorados al gusto y posibilidades de cada fotógrafo- generalmente contaban con un recibidor en el que exhibían ejemplos de su trabajo y catálogos de poses para que los clientes eligieran.

De acuerdo con Olivier Debroise, para 1856 en México había al menos siete estudios fotográficos. Uno de los más conocidos y de los mejores de década de los sesenta fue La Fama de los Retratos, un estudio ubicado del lado opuesto del zócalo.

Retrato de niñas | Siglo | XX Ambrotipo

Para la elaboración de los ambrotipos la placa de vidrio se cubría con una solución de colodión preparada con iodo y bromo. Antes de secarse era sumergida en un baño de nitrato de plata y estando húmeda, se exponía en la cámara fotográfica.

Inmediatamente después de la exposición, la placa se revelaba en una solución de sulfato ferroso y se fijaba con tiosulfato de sodio.

Como resultado se obtenía una imagen con los tonos invertidos. Con la finalidad de que la imagen pareciera positiva al reverso del vidrio se colocaba laca, betún de judea, terciopelo, papel o barniz negro. Algunas veces se aplicaba color en detalles y la placa se montaba en su estuche.

Vale la pena aquí resaltar que el colodión es considerado el primer método práctico para producir transparencias y negativos claros y detallados. Estas cualidades permitieron que el proceso siguiera siendo el sistema dominante durante al menos 30 años.

Uno de los mayores inconvenientes del proceso era que si el colodión se secaba, perdía sensibilidad y era necesario repetir el proceso. Como solución, los fotógrafos utilizaron cuartos oscuros móviles que les permitían sensibilizar y procesar placas en el campo. Los fabricantes también comercializaron kits con las placas y los químicos necesarios para producir las placas de colodión.

Retrato de monja profesa | Ca. 1845 | Ambrotipo

Imágenes sobre vidrio

A finales del siglo XIX se introdujeron nuevas técnicas para obtener fotografías a base de sales plata, lo que significó una revolución para el mundo de la fotografía en blanco y negro. Y aunque los fotógrafos desarrollaron métodos de colodión seco que facilitaban un poco más el trabajo, las placas de colodión fueron superadas comercialmente por el proceso de placa seca de gelatina y eliminaron por completo la necesidad de un cuarto oscuro portátil.

El proceso de placa seca de gelatina consiste en una placa de vidrio (previamente tratada para asegurar una buena adherencia) que se recubría con una emulsión compuesta por sales de bromuro de plata y gelatina. Los tiempos de exposición de este tipo de placas en las cámaras era de un segundo o menos.

Se utilizó para producir tanto negativos como diapositivas de linterna, conocidas popularmente como “linternas mágicas”. Para emulsionar las placas secas, el proceso se realizó industrialmente de tal forma que la gelatina líquida caliente se vertía en una capa fina y uniforme por medio de una máquina con una cinta móvil que transportaba el vidrio debajo del aparato de recubrimiento.

Las placas fueron vendidas a los fotógrafos profesionales y aficionados. En el caso de éstos últimos, hay que resaltar que, desde la década de los veinte, en los clubes de fotografía se acostumbró a experimentar y emular procesos fotográficos para los que se requería de equipo y de los conocimientos técnicos apropiados para lograr buenos resultados. Gracias a los libros y manuales que Mayer adquirió podemos afirmar que la creación de diapositivas de linterna fue un tema que estuvo presente en los clubes de la época, pues quien podía trabajarlas también estaba probando su maestría como aficionado.

Durante el siglo XIX el término “linterna mágica” se utilizó para denominar al proyector de diapositivas elaboradas sobre vidrio. Este aparato óptico, considerado el precursor de los proyectores actuales, consistía en: una cámara oscura con un juego de lentes y un soporte en el cual se colocaban las diapositivas. A su vez, éstas se iluminaban con una lámpara de aceite y se proyectaban sobre una pantalla.

Con el paso del tiempo, el uso del dispositivo se popularizó y su nombre también se empleó para denominar a las diapositivas de linterna.

Franz Mayer | Popocatépetl | Ca. 1927 | Diapositiva de linterna

Se popularizaron sobre todos en la década de 1880 y fueron utilizadas para propósitos educativos, de entretenimiento y en los clubes de cámara como una forma de difundir y compartir imágenes del mundo.

En la colección del museo encontramos 63 diapositivas que fueron elaboradas en placas secas de 8 x 10 centímetros. Y aunque se trata de un proceso que predominó a finales del siglo XIX, debido al interés que Franz Mayer mostró en aprender y emular algunos procesos fotográficos históricos, estos ejemplares fueron producidos por él mismo, aproximadamente a finales de la década de los veinte.

Para su factura utilizó los negativos de una serie de fotografías que tomó desde 1927 en un conjunto de viajes que realizó por la Ciudad de México, los estados de México, Puebla, Hidalgo y Yucatán principalmente.

Franz Mayer | Huexotla | Ca. 1927 | Diapositiva de linterna

Las diapositivas de linterna son imágenes conformadas por: dos vidrios del mismo tamaño, unidos entre sí por una cinta engomada. Sobre uno de estos vidrios se encuentra la imagen (previamente expuesta a la luz y procesada), mientras que el segundo vidrio funciona como un protector.

Entre las características notables de las diapositivas creadas por Mayer, destaca su colorido. Muchas de ellas fueron intervenidas con diversas tintas y colores, lo que hoy nos permite apreciar imágenes con tonalidades que van desde el blanco y negro, hasta el sepia, amarillo, verde, azul o el resultado de la mezcla entre dos o más de dichos colores.

Y aunque no tenemos certeza de si organizó o no alguna vez una proyección para deleitar a sus amigos con estos ejemplares, por la cantidad de bibliografía y tiempo que dedicó a mejorar su técnica fotográfica -en un cuarto oscuro que mantuvo en funcionamiento hasta la década de los cincuenta- podemos afirmar que se preocupó por rescatar un objeto que para entonces ya era poco usado, y no estaba muy lejos de ser reemplazado por las diapositivas en soportes plásticos.

Franz Mayer | Xochimilco | Ca. 1927 | Diapositiva de linterna

Vistas estereoscópicas

La fotografía estereoscópica fue un fenómeno que revolucionó el concepto dominante de percepción y visión en el siglo XIX y comienzos del XX. La visión estereoscópica en fotografía consistía en crear imágenes que permitían apreciar el volumen y la distancia entre los objetos, dos aspectos claves en la visión binocular humana.

Para producir este tipo de fotos se solía utilizar una cámara con dos objetivos separados entre sí por la misma distancia que hay entre nuestras pupilas (en promedio 63mm). Aunque aparentemente las dos imágenes son iguales, debían estar ligeramente desplazadas para que ambos ojos pudieran realizar la integración de las imágenes producidas en las retinas. Y pese que cualquiera pensaría que la percepción de profundidad se logra en los ojos, en realidad es un fenómeno que ocurre en el cerebro.

Para poder observar este tipo de fotos es necesario utilizar un visor -denominado estereoscópico- compuesto por dos lentes. Una vez montada la fotografía en el visor, el ojo izquierdo percibe la imagen tomada desde el punto de vista izquierdo y el derecho la que fue tomada desde la derecha. Luego el cerebro combina las imágenes provenientes de ambos ojos y surge así una imagen en tercera dimensión.

Elaboradas sobre una placa seca de gelatina, las vistas estereoscópicas del acervo fueron producidas por Franz Mayer entre 1920 y 1940. En su mayoría muestran imágenes de México y de Sudamérica, los tópicos recurrentes son los paisajes rurales, arquitectura colonial y de sitios arqueológicos. Las dimensiones de cada pieza son de 4.5 x 10 cm, e incluyen tanto negativos, como positivos.

Estas características conectan con una época en la que la industria fotográfica ya sabía que el verdadero mercado no era el de los fotógrafos profesionales, sino el de los aficionados, y que debían crear instrumentos que les fueran atractivos y útiles.

Franz Mayer | Sin titulo | Ca. 1927 | Vista estereoscópica elaborada en placa seca de gelatina

Por ello, en la década de 1920 había una gran cantidad de individuos que documentaban sus viajes y reuniones. Los formatos estereoscópicos, como el 18 x 9 cm -característicos de las placas de colodión- fueron sustituidos por formatos más pequeños, como el 4.5 x 10.7 cm, que no facilitó el transporte de las cámaras y la observación de las imágenes producidas.

Incluso para ese momento circulaban en el mercado una gran cantidad de artículos ópticos diseñados más de un par estereoscópico. Tal es el caso del taxiscopio, un aparato que permitía ver hasta veinte pares a la vez.

Franz Mayer | Convento de La Merced | Ca. 1927 | Vista estereoscópica elaborada en placa seca de gelatina

Los pares estereoscópicos de Mayer, aportan elementos fundamentales no sólo para extraer lo que se veía y decía en la época, a través de los propios dispositivos para su producción, sino también de las distintas estéticas gráficas y fotográficas, que inundaban el mercado y que actuaron como referentes para muchos fotógrafos aficionados, entre ellos Franz Mayer.

Por ello, las fotografías de su acervo no sólo nos muestran la forma en que Mayer aprendió y practicó algunas de las técnicas y estilos artísticos dominantes en su época, sino también nos permiten profundizar en la percepción que tenía y deseaba preservar de algunos de los rostros y rincones de México.

Franz Mayer | Sin titulo | Ca. 1927 | Vista estereoscópica elaborada en placa seca de gelatina

Impresiones en papel

A finales del siglo XIX y principios del XX, México abrió sus puertas a diversos artistas extranjeros atraídos por las costumbres y tradiciones del país. Los fotógrafos captaron con cierta curiosidad y exotismo los pueblos y sus oficios, sus fiestas y otras escenas de la vida cotidiana.

El fenómeno se acompañó de un momento en el que los soportes de vidrio fueron sustituidos por las impresiones papel emulsionado con gelatina y sales plata. Gracias a la alta reactividad de las sales de plata y debido a la complejidad del proceso, este tipo de papeles fueron facturados de forma industrial. Con el tiempo, la industria fabricó papeles con distintos materiales, sensibilidades a la luz, velocidades y rangos tonales. También se facturaron papeles con una variedad de brillos superficiales, texturas, grosores y tintes de papel. En el acervo fotográfico podemos encontrar al menos dos tipos, por un lado, varias postales e impresiones que fueron comercializados por los propios fotógrafos y estudios de principios del siglo XX y que fueron elaboradas a partir de la acción de la luz UV y del contacto directo entre la placa negativa y el papel. Por el otro, contamos con fotografías en papeles plata gelatina de revelado, también conocidos por sus siglas en inglés como Developing out paper, estos papeles -que hicieron su primera aparición a mediados de la década de 1880- reemplazaron a inicios de la década de 1920 a los antiguos soportes y gracias a los avances tecnológicos, se creó toda una industria especializada en ofrecer papeles que permitían tener imágenes con acabados artísticos o que recordaban a los procesos fotográficos de un siglo antes.

En el ambiente posrevolucionario de los años veinte y ante la fascinación despertó México en Mayer, la tarea de recorrer el país con su cámara se vio sin duda influenciada por las imágenes que otros fotógrafos extranjeros había o estaban realizando en el país.

Tal es el caso de Hugo Brehme, un fotógrafo alemán que llegó a México en 1906 y que realizó con sus cámaras de fuelle de formato 5 x7 pulgadas, negativos en soporte de vidrio y algunos en película de nitrocelulosa.

Y aunque Mayer no pudo adquirir negativos de tan afamado fotógrafo, compró varias impresiones en papel y un ejemplar de México Pintoresco. Uno de los primeros foto libros y en cual Brehme presentó una selección de 197 vistas, de las cuales la mitad corresponde a vistas de la Ciudad de México y sus alrededores, el resto al norte de la república y de Yucatán.

Hugo Brehme | Retrato de Tehuanas | Siglo XX | Impresión plata gelatina

Estas fotografías -que forman parte de la Colección Franz Mayer y que influyeron estética y temáticamente el desarrollo de Mayer como fotógrafo- son impresiones que, en su mayoría fueron realizadas a partir de placas negativas de colodión expuestas a luz por contacto sobre papeles sensibilizados con bromuro de plata y gelatina.

Este tipo de papeles permitían obtener imágenes con un tono neutro en negro y blanco, o bien con otros tonos y contrastes a partir del uso de técnicas como la tonificación.

Para la fabricación de los papeles se requería de una solución de nitrato de plata, ácido cítrico y agua destilada con una solución de gelatina dura, cloruro de sodio, citrato de potasio y agua. Después, se añadía alcohol y alumbre, que funcionaba como un endurecedor, y se cubría el papel con barita. La impresión se realizaba en contacto bajo luz UV, después de ser lavada, solía matizarse con una solución de cloruro de oro y fijarse con tiosulfato de sodio.

Hugo Brehme | Llanos de Salazar | 1915 | Impresión plata gelatina

Algunas de las impresiones que Mayer adquirió, fueron colocadas en un álbum personal en el que rescató imágenes con escenas de la Decena Trágica, de la Revolución Mexicana y la Tragedia de Tacubaya. El resto fueron colocadas junto a sus demás colecciones.

Además de las fotos creadas y comercializadas por Brehme, y gracias a que los sucesos fueron registrados por numerosos fotógrafos anónimos o poco conocidos, el coleccionista también adquirió algunas fotos de los Hermanos Escobar, Antonio Garduño y Fotografía Daguerre.

Hugo Brehme | Retrato | Ca. 1920 | Impresión plata gelatina
Hugo Brehme | Camino rural | Siglo XX | Impresión plata gelatina

Debido a los cambios sociales que vivía el país, estas fotos se conjugan con algunas de paisaje y retratos. Y aunque seguramente a Mayer le interesaron por su valor para la historia del país, las imágenes que mayor eco tuvieron en su producción fotográfica fueron las que Brehme hizo de los paisajes, habitantes y monumentos mexicanos.

Dentro del acervo fotográfico que el mismo produjo encontramos muchos de estos registros visuales en forma de impresiones en papel, así como a manera de fotograbados hechos postales o tarjetas de felicitación que él mismo solía imprimir para enviar y compartir con sus amigos y familiares.

Llegamos finalmente a la parte del acervo que incluye desde las pruebas de impresión que Mayer hizo, hasta sus fotografías finales. Y aunque se trata de papeles plata gelatina que se vendían en el mercado, el manejo y cuidado de cada impresión era fundamental para obtener buenos resultados.

A partir de negativos flexibles en distintos formatos, estas fotografías fueron creadas mediante ampliación entre 1930 y 1950 en un cuarto oscuro que montó en su residencia y que acabó por desmantelar para poder albergar su abundante colección de arte decorativo.

Incluso podía optar por tonificar las impresiones para alterar el color de la imagen y aumentar su estabilidad.

Franz Mayer | Vista del Iztaccíhuatl | Ca. 1933-1945 | Impresión plata gelatina

La ampliación es un proceso que involucra colocar en negativo en un aparato que por acción de la luz y de un lente, permite obtener una imagen de mayor tamaño que la del negativo. Durante la exposición a la luz, se forma en el papel una imagen latente.

Luego el papel es revelado y gracias a una reacción de oxidación-reducción aparece la imagen. Después de un baño de paro que detiene el revelado, se fijaba la imagen, generalmente con tiosulfato de sodio. Finalmente, la impresión se lavaba para eliminar los químicos residuales.

Debido a la gran cantidad y variedad de papeles que surgieron durante la época en que Franz Mayer facturó sus imágenes, los fotógrafos podían elegir trabajarlos y presentarlos de muy distintas formas.

Franz Mayer | Amecameca Ca. | 1927 | Impresión plata gelatina

La alta reactividad de los haluros de plata en estos papeles permitió a Mayer desarrollar procedimientos de impresión como el entonado, que consistía en aplicar una sustancia antes de sumergir la impresión en un líquido que fijaba la imagen.

El entonador, es una sal metálica (selenio, oro, cobre, entre otros) que, al reaccionar con las sales de plata, produce un cambio de coloración en la imagen. A menor tiempo de reacción, los tonos resultan más cálidos y a mayor tiempo, más fríos.

Aunque en general predominan las imágenes contrastantes en blanco y negro, sobre soportes blancos o en tonos aperlados, entre los tonos de imagen que más utilizó Mayer están el sepia y los que tienden hacia el rojo. No obstante, sus linternas mágicas y sus fotograbados nos dejan ver que también gustó de probar con otros procesos que le permitieron obtener imágenes que nos arrojan una gama tonal mayor.

Franz Mayer | Antiguo Convento de San Luis, Huexotla, Estado de México | 1927 | Impresión plata gelatina

Fotograbados

Con la idea de compartir su práctica y de probar con un proceso que involucraba nuevos retos, para la producción de postales que envió a sus amigos, Mayer decidió crear imágenes a través de un proceso fotomecánico que combina la impresión calcográfica y fotográfica, específicamente aguatinta y coloides dicromatados. Y aunque las impresiones en fotograbado son elaboradas con tinta, debido a que son obtenidas a partir de un negativo fotográfico, poseen detalles finos y gradaciones tonales comparables a las que se encuentran en otros procesos fotográficos.

El fotograbado consiste en recubrir una placa de cobre con una sustancia fotosensible que es puesta en contacto directo con un papel que contiene una imagen fotográfica negativa, preparado con gelatina y dicromato de potasio.

Posteriormente, ambos son cubiertos con una emulsión de sales de cromo, el papel se desprende y queda únicamente la gelatina sobre la placa.

Franz Mayer | Tarjeta de felicitación | Antiguo Convento de San Pedro, Tláhuac, ciudad de México | Ca. 1932 | Fotograbado
Placa de cobre para realizar fotograbados

Franz Mayer experimento con esta técnica, realizando una gran cantidad de fotograbados en colores (azul, rojo, negro, sepia) a partir de sus negativos.

Actualmente el Museo no sólo resguarda estas piezas en las que Franz desea a sus amigos un feliz año nuevo, sino también conserva algunas de las placas de impresión, lo que nos acerca tanto a los procedimientos que Mayer conoció y dominó, como a las imágenes que consideró significativas de ser compartidas en la intimidad de la correspondencia.

Tarjeta de felicitación | Pirámide del Sol De la serie Zona Arqueológica de Teotihuacán, Estado de México | 1934 | Fotograbado
Placas de cobre para realizar fotograbados

Mayer Traumann, como todo buen coleccionista, gozó de una conciencia histórica arraigada. Se podría decir incluso que, desde que llegó a México e inició su colección de arte, fue un hombre que conoció e indagó en los procesos de factura y los contextos de uso que guardaba cada objeto que adquirió. Algo similar sucedió con su gusto por la fotografía, sólo que esta afición o hobbie (como el mismo la llamaba) tomó un lugar mucho más íntimo en su vida como viajero y coleccionista.

Los artefactos fotográficos que aquí presentamos expresan algunas de las inquietudes que Franz Mayer tuvo en torno a este arte. Cada foto comprende e involucra procesos y motivos fotográficos que permitieron a sus autores reflejar la cultura e historias retratadas. Y si bien es cierto que el acervo es atribuible a un sujeto que produjo y acumuló una serie de imágenes fotográficas, también se vuelve preciso señalar que no se trata sólo de un individuo, sino de una serie de variables más amplias, ya que el gusto fotográfico y estético que Mayer desarrolló dependió también de una época en la que resuenan no sólo las historias de la fotografía, sino también una serie de técnicas, temas y formas de representación que dominaron tanto el panorama de la fotografía profesional, como la de aficionado.