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Ya nadie publica eso Derecho a la verdad, violencia contra la prensa y afectaciones a comunidades y colegas

Es sabido que México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo, que hay más de cien periodistas que han sido asesinadxs o que han sido desaparecidxs en los últimos años. Resuenan los nombres de unxs cuantxs de ellxs y sus casos: Regina Martínez, Rubén Espinosa Becerril, Javier Valdez Cárdenas, Miroslava Breach. Se busca mantener su memoria, conocer la verdad sobre lo que ocurrió, obtener justicia.

Sin embargo, casi la totalidad de los casos permanecen impunes y sigue habiendo poca claridad sobre lo que ocurrió. A ello se agrega que en muchas ocasiones dejamos de conocer los temas que estaban investigando, qué historias dejaron de ser contados a raíz de haber sido asesinadxs o desaparecidxs y, algo que suele pasar desapercibido, qué comunidades dejaron de tener voz a raíz del delito.

Leodegario

Desaparecido desde 2004

Leodegario Aguilera nació y creció en Guerrero, en una familia con muchas carencias. Fue maestro normalista y después encontró su vocación: el periodismo. Ejerció el oficio durante 30 años, perfilándose como una voz cada vez más crítica. Dirigió la revista Mundo Político, que cuestionaba a gobernantes por malversación de fondos y documentaba las voces de grupos perseguidos, olvidados y silenciados. Publicaba sobre despojos, represión, desaparecidos. Firmaba sus textos. El 22 de mayo de 2004 se lo llevaron de su casa en Pie de la Cuesta; está desparecido desde entonces.

Mundo Político tenía sus oficinas en el centro de la capital, en la calle Brasil número 22. Leodegario vivía entre Acapulco y el DF, reporteando y escribiendo en ambas partes. Cuando estaba en Guerrero hacía entrevistas, cubría protestas y luchas para luego publicar las notas desde la capital. Eran los años noventa, la política nacional convulsionaba y aparecían movimientos sociales civiles y armados. En Guerrero eran tiempos de represión y Leodegario lo documentaba.

La revista era un constante contrapunto entre el mundo de la política nacional, las internas del PRI que entonces era el partido de Estado, y los reclamos de grupos indígenas, campesinos y movimientos sociales. Una publicación donde convivían diversas realidades cuando la sola presencia de las voces disonantes era una arriesgada toma de postura.

Él estuvo ahí dándonos cobertura. A Leodegario Aguilera lo conocimos muy bien porque él siempre estuvo al pendiente, atento a las movilizaciones de la OCSS. Lo conocimos como un periodista muy comprometido con su profesión. Los periodistas siempre han sido nuestros aliados en darnos voz pero eran pocos los que daban cobertura real a las actividades de la organización. Hubo otros medios que nos criminalizaban, que daban voz al gobierno, a la fiscalía, a la procuraduría, y decían que éramos un brazo guerrillero, que éramos secuestradores. Había periodistas oficialistas que daban voz a las autoridades y eran pocos los que daban voz al pueblo y a las organizaciones nacientes.

Norma Mesino

María Esther

desaparecida desde 2009

Es la primera mujer periodista desaparecida en el marco de la militarización de tareas de seguridad, la “guerra contra el narco”. Como muchos reporteros, trabajaba en varios medios a la vez para llevar el sustento a su familia. Empezó a reportear a los 18 años, escribía y tomaba fotos. Cubría notas policiales cuando la violencia empezaba a multiplicarse y publicó información importante en su región. Después de que ella fue desaparecida, los periódicos locales dejaron de firmar la “nota roja” y ya nadie investiga esos temas.

Desde 1992 a 2019, 27 años de periodismo están guardados en el altillo del periódico Cambio de Michoacán. Ahí se instaló el archivo y sólo el director tiene llaves, él permite el acceso.

Están los periódicos de octubre de 2009, los días anteriores a la desaparición de María Esther. Entre sus últimos reportes como corresponsal en Zamora hay dos historias que, dicen sus colegas, pueden haber acabado con su secuestro y desaparición.

Nadie tiene certezas acerca de la desaparición, de sus posibles razones ni de los responsables concretos. Ante la falta de una investigación oficial confiable, tratan de atar cabos. Amigo cree que esa serie de notas puso a María Esther en la mira del crimen organizado porque publicó detalles e imágenes de los objetos y artículos de lujo decomisados en el narco-rancho. Porque exhibió a los detenidos publicando sus rostros, sus datos personales y, además, uno de ellos era hijo de un exalcalde.

Cree que la afrenta fue mayor al publicar tanto en Zamora como en la edición de Cambio, al llevar la información al plano estatal.

Creo que los periodistas le importamos poco a la sociedad y también al gobierno. Nosotros a veces nos sentimos como los perros guardianes de la democracia y le entramos con todo, pero muchas veces no hay esa retribución ni respaldo de la sociedad, mucho menos del gobierno. El gobierno estaría a todo dar sin periodistas. Y el gremio está muy disgregado, no hay colaboración entre nosotros.

Juan Ignacio Salazar, jefe de redacción

Moisés

asesinado en 2015

Con el dinero que lograba ahorrar en su trabajo como taxista, Moisés Sánchez editaba el periódico La Unión, una publicación de espíritu ciudadano que durante 25 años reportó los problemas del municipio de Medellín, una zona popular en la periferia de Veracruz. Pedía explicaciones a las autoridades y amplificaba las denuncias de sus vecinos. Intentaron sobornarlo; varias veces lo amenazaron. En enero de 2015 fue desaparecido por un grupo de hombres armados. Su cadáver fue encontrado semanas después e identificado por la familia.

Ineficacia del Estado, falta de obras y deficientes servicios públicos fueron los temas centrales del periódico que realizaba Moisés. Hasta que la violencia empezó a consumir a su municipio y él decidió no ser indiferente. Comenzaron a ocurrir hechos de una violencia inusual, como el asesinato de una mujer y su bebé a machetazos en el interior de una vivienda. Moisés lo publicó. Nítido recuerdan ese día Iván Sánchez Sánchez y Ana Alicia Osorio, periodistas independientes del puerto de Veracruz.

Moi nos avisó porque le pareció una situación importante de contar. Abordaba la nota roja como temática social, buscando mostrar cómo la inseguridad afectaba a su comunidad. Se metió en broncas con el alcalde y, es cierto, lo trataba fuerte. En muchos municipios de Veracruz lo que dice el alcalde es la ley. Moi sabía que el asalto en el que asesinaron al niño no era una situación aislada. Era molesto para las autoridades locales porque ponía el foco en los problemas.

Después llegó otra nota que inquietó aún más. A finales de 2014, Moisés Sánchez publicó un texto y un video sobre el surgimiento del “Grupo de Vecinos Vigilantes”, un grupo de autodefensa en el municipio de Medellín. Mostró a ciudadanos tomando las armas para defenderse, con lo cual exhibió la inoperancia de las autoridades locales. Además, su publicación atrajo la atención de la prensa estatal y nacional, y la zona enseguida se pobló de reporteros, fotógrafos y camarógrafos que llegaron a documentar el fracaso del Estado. Esa nota, dicen sus colegas, no se la perdonaron.

Rafael

Soñó que su pueblo tendría una radio comunitaria y no descansó hasta lograrlo. Convenció a un puñado de amigos; fundaron Radiokashana. Transmitieron desde sus hogares, después montaron un pequeño estudio y, en 2016, consiguieron una licencia oficial de Ifetel. Dieron a su pueblo, Santa Rosalía, y a su estado, Baja California Sur, la primera radio comunitaria de la historia: una emisora con agenda social, voz crítica y apertura a las inquietudes de sus oyentes. Sin embargo, en circunstancias que todavía no son claras, Rafael Murúa fue asesinado en 2019. Desde entonces no hay noticiero en Santa Rosalía.

Radiokashana … tu radio de verdad, dice una voz de hombre; una voz grave, serena, y después se escucha música. Suenan canciones de los años setenta, otras folklóricas, algunos ritmos regionales y de repente algo de jazz. Es la radio comunitaria de Santa Rosalía, la primera que ha existido en la historia de la ciudad y del estado. Y aunque algunos meses atrás tenía varios programas, ahora apenas emite dos y llena el resto del tiempo con mucha música. Hay menos información y se acabaron las noticias. En la zona ya no hay noticiero desde que asesinaron al periodista Rafael Murúa Manríquez.

La gente se manifestaba en redes, nos felicitaba, y empezó a crecer un público de personas de aquí que vivían en otros lados. Aquí hubo una vez una radio, la 1320 de AM, y dejó de funcionar. Luego hubo una repetidora comercial y ahora Radiokashana. Yo me sumé al trabajo que Rafael empezó. La radio era todo para él, era su vida, su tiempo completo. Estaba muy comprometido, no se detenía, le importaba mucho y era su pasión. Rafael siempre tuvo el propósito de ayudar, de aportar algo a la sociedad, y más a su pueblo. Sus objetivos eran contribuir a su comunidad y superarse, que creciera el pueblo en ese sentido.

Juan Pablo Suárez, amigo de Rafael

La radio surge por la necesidad de contar con un medio de expresión ciudadana, un medio de expresión autónomo que pudiera ofrecerle a la gente de Santa Rosalía la voz y el espacio que tanto hacía falta. Nunca antes hubo una radio comunitaria. Nuestro sueño era que Santa Rosalía contara con ese proyecto para que pudiera ser usado por la comunidad. Por la zona geográfica donde estamos, si no fuese por internet de poco se enteraría uno. La radio viene a darle un peso a la expresión social, a otorgarle ese espacio, a darle voz a las personas que no la tienen porque carecen de otro lugar para expresarse. Nunca hemos censurado, abrimos el espacio hasta a quien quiere hacer un programa de música ranchera. Lo que sí cuidamos es no poner música que denigre a la mujer, narcocorridos. Tenemos cinco ejes temáticos que nos rigen: derechos humanos, equidad de género, salud sexual y reproductiva, medio ambiente y cultura.

Alfredo Murillo, amigo de Rafael

Investigación y redacción: Paula Mónaco Felipe

Fotografías: Miguel Tovar y Jorge Muñoz Fita

Diseño editorial: Sarai Pozo De Villa

Corrección de estilo: Claudia Cabrera Espinosa

Credits:

Esta publicación se realizó con el apoyo y patrocinio de Open Society Foundations y de William and Flora Hewlett Foundation. La información, opiniones y conclusiones de este informe no reflejan los criterios o visiones institucionales de estas. Licencia Creative Commons Atribución Licenciamiento Recíproco 2.5 México.