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Vivir con cáncer en Cochabamba "Si no tienes dinero, te mueres"

“Si no tienes dinero, te mueres”, es la sentencia de una madre desesperada que perdió a su hijo. Las cifras no mienten: en Cochabamba, 12 niños de 44 pacientes menores con cáncer fallecieron en 2017, es decir el 27 por ciento; y el 20 por ciento de los pequeños que sobrevivieron fueron abandonados por sus familiares en el hospital.

Y eso no es todo. El 40 por ciento de las personas adultas que sufren la enfermedad abandona el tratamiento por problemas económicos. Según un testimonio, una familia cochabambina gastó 95 mil dólares en el tratamiento de su ser querido, una cifra que solo pudo ser cubierta con préstamos y venta de bienes.

Gran parte de las personas que tienen cáncer desisten del tratamiento porque los costos de los medicamentos, exámenes y médicos son imposibles de cumplir.

Ante esta cruda realidad, ¿qué hace el Estado? El gobierno nacional, el departamental y municipal hacen poco o casi nada para ayudar a las personas que tienen cáncer en Cochabamba y el país.

Lágrimas por una madre

Las luces están apagadas y las cortinas están cerradas. No es un teatro, es un hospital, varias personas, que rodean una cama con una mujer en ella, se agarran las manos y en un acto de desesperación, suplican por la vida y claman piedad a una enfermedad, el cáncer.

Mientras la mayoría ruega a Dios, el llanto de una adolescente, su hija, retumba el ambiente y muestra otro mundo, hasta ahora inexistente para ellos. Las lágrimas no dejan de caer y todas las respuestas son insuficientes, pero el reloj del futuro, como en todas las condenas a muerte, tiene las manecillas apuntando el día y la hora de la ejecución.

La detección del cáncer puso a esta mujer en el mundo de los enfermos terminales, para algunos, el puente que separa la vida de la muerte, para otros, solo el destino.

Para Lucy, la madre soltera y comerciante con tres hijos, no solo fue tarde la detección de la mortal enfermedad, tampoco tenía recursos económicos suficientes para cubrir el agónico tratamiento para prolongar unos días más de su vida.

MADRES Y FAMILIARES DE PERSONAS CON CÁNCER SE MOVILIZAN EN COCHABAMBA, EXIGIENDO A LAS AUTORIDADES QUE SE ATIENDAN SUS NECESIDADES EN TODO EL PAÍS.

Lucy, nombre ficticio de la mujer, era paciente de la pieza 212 de la unidad de oncología del hospital Viedma, en Cochabamba en 2017. Hoy, es parte de las estadísticas de las personas fallecidas por el cáncer en Cochabamba, Bolivia.

La vida de Lucy, que no tenía precio para sus hijos, es un caso más que desnuda un sistema improvisado de salud pública en Bolivia, que no contempla, a diferencia de cualquier país en Sudamérica, la posibilidad de convivir con el cáncer.

“Si no tienes dinero, te mueres”, sentencia un familiar de Lucy, que vio morir lentamente a su hermana en una cama del hospital Viedma. Así es vivir con cáncer en Cochabamba.

Un milagro que duró nueve años

Cuando Matilde A. subía las gradas de su casa, el mundo empezó a girar y una hemorragia aguda la postró de manera inexplicable en el piso con la boca abajo.

Su nieta fue testigo del suceso, ayudándola hasta que una ambulancia privada la trasladó a emergencias del policlínico 32 de la Caja Nacional de Salud (CNS) del kilómetro 4 de la avenida Blanco Galindo. Allí, entre esas frías paredes, le confirmaron que un cáncer, en su última estación, la estaba condenando a morir.

El grupo de médicos, después de varias pruebas, confirmó el cáncer teminal y desahució a Matilde, y pidió a los familiares esperar el fallecimiento con “resignación”.

Sin embargo, la familia no se rindió y renunció al servicio de la CNS para llevarla a una clínica privada.

Para la CNS la muerte era inevitable porque la enfermedad fue detectada en la última fase.

Sin embargo, en la clínica los médicos logran controlar la hemorragia masiva y cauterizar los vasos sanguíneos para estabilizar a la paciente.

Posteriormente, los oncólogos del hospital privado iniciaron un agresivo tratamiento de quimioterapia y la mortal enfermedad cedió terreno. Parecía casi un milagro.

Para la familia, que no escatimó en realizar esfuerzos económicos, ver recuperada a la abuela, a la mamá, al pilar de la casa, provocó una felicidad única.

Después de varios meses, la familia ya respiraba y Matilde incluso volvió al trabajo.

La paciente nunca se enteró que tenía cáncer terminal, porque los médicos temían efectos psicológicos irreversibles.

Sin embargo, la guerra contra la mortal enfermedad solo estaba comenzando. Ocho años después, las células cancerígenas mutaron, convirtiéndose en un linfoma más agresivo.

Matilde comenzó a perder la sensibilidad motora de la extremidad inferior y superior izquierda y una silla de ruedas empezó a ser su nuevo medio de transporte.

Una resonancia magnética desnudó lo peor: un nuevo tumor, ubicado en la base del cráneo.

La carrera contra el tiempo comenzó con nuevo tratamiento que contemplaba una complicada cirugía de neuronavegación.

Tras una intervención aparentemente exitosa, el nuevo tratamiento de quimioterapia aplicado a Matilde no rindió los frutos esperados y la balanza de la guerra contra el cáncer se inclina a favor de la mortal enfermedad.

La familia vendió su casa, pero los $us 70 mil que les pagaron fueron insuficientes para cubrir todos los costos. Como la paciente renunció al servicio médico de la CNS, donde la desahuciaron hace ocho años, se tuvo que cubrir todos los gastos económicos.

Hace algunos días, Matilde estaba postrada en una cama con respiración artificial esperando otro milagro. La familia tampoco quiso rendirse, pero los pronósticos no dejaban dormir a nadie y las esperanzas se diluían… con el “maldito cáncer”.

Su hijo escribió hace poco en su cuenta de Facebook: “La Mati ya no está con nosotros... Hace nueve años comenzó la batalla contra el cáncer, esa tenaz y desigual pelea terminó hoy... La Mati fue ejemplo de resistencia y ese legado se queda con nosotros... al pie de su tumba”.

Sobrevivir al cáncer puede costar hasta $us 40 mil

La falta de dinero es una de las principales causas de por qué en Cochabamba muchos pacientes con cáncer -por ejemplo, entre el 40 y 50 por ciento las mujeres con cáncer de mama diagnosticadas en el Viedma-, abandonan o ni siquiera inician el tratamiento. No son ellos los que firman su sentencia de muerte, sino un sistema público de salud que apoya en nada a los enfermos con este terrible mal.

Así lo comprobó OPINIÓN digital recopilando testimonios de pacientes sin recursos y de otros que se endeudaron o vendieron sus bienes para intentar curarse. También recurrió a especialistas que, con los pocos recursos que tienen, aportan a la sobrevivencia del cáncer.

El oncólogo del Hospital Viedma Jherson Mejía conoce de primera mano esta dura realidad. Indica que, según las estadísticas del complejo, que es de referencia del departamento de Cochabamba, cada año este centro atiende a 2.700 pacientes con sospechas de patologías malignas o diagnósticos confirmados.

Aunque a nivel Bolivia el cáncer de cérvix es la principal neoplasia o tipo de cáncer, en el Viedma la mayor incidencia es del cáncer de mama, seguido por el cáncer de cérvix, los linfomas y el cáncer de próstata.

Si bien el Viedma tiene los medios para hacer el diagnóstico, en muchos casos de estadios iniciales, la cantidad de pacientes que desisten de continuar con el tratamiento es elevado.

De acuerdo con Mejía, por ejemplo, en el periodo 2016-2017 el servicio de Oncología del Hospital Viedma detectó 120 casos nuevos casos de cáncer de mama, de ese total actualmente están en tratamiento 55 mujeres, es decir que menos del 50 por ciento se sometió a cirugía, terapia hormonal, biológica, quimioterapia o radioterapia.

El especialista apunta a que son varios los factores que hacen que los pacientes diagnosticados positivamente con cáncer decidan no tratarse, pero admite que el económico es el más relevante.

Más de $us 40 mil para vivir

Aunque en niveles iniciales de la enfermedad, el costo del tratamiento es mucho menor, igual es caro para personas con ingresos medios y mucho más para aquellas que tienen pocos recursos o son pobres.

El oncólogo del Viedma, en el caso específico del cáncer de mama, explica que el precio que hay que pagar por el tratamiento varía según el estadio de la enfermedad, pero puede llegar hasta más de 40 mil dólares por el ciclo completo.

Por ejemplo, una paciente que requiere una quimioterapia estándar por un cáncer de mama sin complicaciones y detectado en etapa inicial gastará aproximadamente unos 2.500 bolivianos por cuatro ciclos a los que debe someterse cada 21 días durante seis meses. Es decir, que una persona enferma de cáncer de mama con gran expectativa de sobrevivencia debe pagar en total por su tratamiento más de Bs 20 mil, unos 3.000 dólares.

¿Qué pasa con una paciente con un caso de cáncer de mama medianamente complicado? Mejía dice que sólo por ocho sesiones de quimioterapia requerirá 24 mil bolivianos, unos 3.500 dólares.

En el caso del cáncer de mama más complicado, que hasta hace algunos años era considerado “catastrófico”, ya existe tratamiento, quimioterapia con terapia biológica, que permite un alto índice de sobrevivencia. Sin embargo, el costo ya es casi imposible para el común de la gente en Bolivia.

La ampolla de la terapia biológica más básica cuesta 2.200 dólares cada una. La paciente de recibirla cada 21 días hasta completar un año. Estamos hablando de más o menos unos 25 mil a 30 mil dólares sólo para ese medicamento. A esto le agregamos la quimioterapia que vale unos 200 dólares aproximadamente por cada uno de ocho ciclos.

(…) señala que además ya existe un nuevo medicamento para casos graves de cáncer de mama que permite duplicar el beneficio del tratamiento. El problema es que la paciente debe gastar 50 mil bolivianos cada 21 días, algo probablemente inalcanzable, casi 43 mil dólares por todo el ciclo.

Y estos tratamientos son los disponibles en Bolivia. Las últimas investigaciones de inmunoterapia ya dan frutos con fármacos de última generación. Lamentablemente éstos, además de no haber llegado aún al país, sólo pueden ser adquiridos con un costo de 15 mil dólares por mes para tratamientos de al menos seis meses, lo que exigiría desembolsar más de 90 mil dólares.

Las consecuencias de desistir

El ausentismo en los tratamientos de cáncer ya sea por el dinero o por simple desconocimiento de la enfermedad acarrea graves consecuencias para el paciente, incluso si la patología fue detectada en su nivel inicial.

Un paciente con cáncer, indica el oncólogo del Vierma, que no reciba un tratamiento oncológico como cualquier patología puede derivar en el fallecimiento más pronto de lo previsto.

Por ejemplo, una mujer con cáncer de mama que tenga un tumor pequeño que puede ser operado y tratado con quimioterapia básica, pero que no se trate, si decide retornar en unos meses al hospital para acceder a tratamiento, será considerada ya no una paciente con alta expectativa de vida. Ya estará sufriendo enfermedad metastásica y su historia natural habrá cambiado para pasar de ser una paciente potencialmente curable a una paciente incurable.

La desventaja en Cochabamba y Bolivia, indica el especialista, es que además se suma que la mayoría de los pacientes con cáncer recibió el diagnóstico en un estadio clínico ya avanzado.

“Penosamente eso no es solo en Cochabamba sino a nivel Latinoamérica, se observa la mayor incidencia en estadios clínicos 2, 3 y 4. No es lo habitual diagnosticar con estadios clínicos precoces por la falta de cocimiento de las personas que no participan de campañas de prevención o no se enteran de ellas”, agrega.

De esta manera, es potencialmente mortal la combinación de diagnóstico avanzado de cáncer y dejar o no optar por el tratamiento.

El cáncer no es una enfermedad en la que haces un tratamiento de seis meses y el paciente se olvida el resto de su vida del mal que padeció. El riesgo o la probabilidad de reincidir siempre estará presente especialmente en pacientes diagnosticados en estadios avanzados.

Para que un oncólogo dé el alta a su paciente, dice Mejía, tienen que pasar 10 años sin evidencia de la enfermedad.

Gran brecha con países vecinos

La migración de pacientes con cáncer es cada vez más común. La causa es que en países vecinos la atención es totalmente opuesta que en Bolivia.

Mejía, que hizo especialidad en Perú y Argentina, cuenta las diferencias. En Perú, explica, se aplicó el Plan Esperanza que destinó un gran porcentaje del presupuesto nacional en el diagnóstico, prevención y tratamiento del cáncer.

“Formaron institutos de cáncer y aparte centros de referencia de cáncer que si no pueden resolver los casos los envían a los institutos. En el instituto en el que me formé contábamos con 19 quirófanos, 500 camas de hospitalización, se tenía resonador, tomógrafo, biología molecular y el acceso a todos los medicamentos”, relata.

En este tipo de institutos del cáncer, si un paciente ingresa temprano de emergencia con linfoma, un cáncer grave de testículo, o en crisis visceral, luchando por su vida, la atención es muy rápida y hasta el mediodía ya tendrá un diagnóstico para empezar con el tratamiento en la tarde del mismo día, incluso si se requiere una cirugía.

En Argentina, señala Mejía, la política contra el cáncer se ha centrado en la prevención y los tumores son diagnosticados en estadios iniciales. El tratamiento es gratuito totalmente, es decir, el Estado los financia, incluso los medicamentos de alto costo.

La clave sigue siendo prevenir

El oncólogo del Viedma apunta que la prevención es fundamental para hacer frente al cáncer. Es por ejemplo clave en el cáncer de cuello uterino, el segundo de mayor prevalencia en Cochabamba. La paciente que es diagnosticada antes o con lesiones premalignas se va a curar, pero la que llega ya con cáncer de cuello uterino desarrollado sufrirá en el tratamiento.

En este cáncer, la vacunación contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) es fundamental y todas las niñas y adolescentes deben acceder al biológico sin tabúes ni mitos.

Para el cáncer de mama hay gran cantidad de campañas de prevención. El Hospital Viedma hace consultas gratuitas. En la campaña de 2017, por ejemplo, se realizó la evaluación de 427 pacientes, de las cuales el 50 por ciento fue simplemente por realizarse el control.

Factores de riesgo

El especialista hace también énfasis en los hábitos. Cualquier persona tiene que tener claro que hay factores de protección contra al cáncer, como la actividad física de 30 a 60 minutos al día que ayuda contra el cáncer de colon, mama y vejiga.

No fumar baja el riesgo de contraer cáncer de próstata, endometrio, útero, de mama, de ano, de piel, melanoma, y hasta unos 20 tipos de cáncer. No exponerse a la biomasa o humo de leña elimina un factor de riesgo fuerte del cáncer de pulmón, así como cuidarse del sol protege del cáncer de piel.

Una dieta saludable baja en carbohidratos, grasas y carnes ahumadas, procesadas o preparadas en aceites quemados también reduce el riesgo de cáncer.

Cumpliendo estas normas de prevención uno puede reducir el riesgo, sin embargo, apunta Mejía, del 100 por ciento de casos de cáncer un 20 por ciento es hereditario o genético. Para estos casos, señala, ya se puede acceder en Cochabamba a los estudios para detectar alteraciones moleculares en el ADN que generan predisposición a distintos tipos de cáncer.

Pacientes que ha sido diagnosticadas, por ejemplo, con cáncer de mama y tienen menos de 45 años de edad deben hacerse el análisis de herencia oncológica o heredograma ante el riesgo de que puedan sufrir la enfermedad posteriormente en otras partes del cuerpo.

Según el resultado se puede optar por una cirugía profiláctica para evitar el desarrollo de otros tumores. Se puede decidir una mastectomía profiláctica de la mama o una histerectomía o ooforectomía para reducir los factores de riesgo de desarrollar cáncer.

Claudia Calle Choque, mamá de una niña con cáncer: “Lo peor es que no tenemos mucha ayuda”

Mi niña era una niña normal, tranquila, juguetona, como todos los niños. Tiene 10 años.

Me enteré en agosto de este año de su enfermedad. En julio, en vacaciones invernales, empezó a decaer, no quería comer, le dolía el estómago, le dolía al orinar. Ya me alarmé y le llevé al hospital, le llevé al Harry Williams porque en Tiquipaya no ven bien. Vivo por el Cruce Taquiña.

Le llevé al Harry Williams porque es el más barato. La doctora le revisó, le tocó el estómago y me dijo que tenía una masa, que por qué no me he dado cuenta, hace cuánto me di cuenta y yo le dije que pasó un mes y ella me dijo que no, que esa masa que tenía era de años, posiblemente desde que nació.

Me hizo sacar los análisis, la radiografía, ecografía, le llamó al cirujano que indicó que ya a la vista, al palparle, me dijo que es un teratoma, de ahí me mandaron a ecografía y de ahí el doctor me dijo que era un teratoma y que tienen que sacarle una tomografía de emergencia. Me costó 2.400 la tomografía, saqué de donde sea para que me lo hagan, me lo hicieron, al día siguiente me entregaron el resultado y confirmó que era un teratoma, un tumor que medía 16 por 10 centímetros.

Esto pasó el 1 de agosto de este año. Vieron los resultados de la tomografía y el doctor dijo que necesitaba una operación de emergencia, vine aquí al Viedma, me trasladaron porque Harry Williams no tenía un cirujano pediatra. Del hospital Viedma me mandaron a oncología para que la operen y ha sido un trámite todo eso.

Yo trabajo en una casa de reposo la Colonia, es un asilo, y ahí trabajo con doctores. Le pregunté a la doctora, le comenté, y su esposo es cirujano y él me hizo conocer con otro cirujano pediatra. No le operaron aquí (el Viedma), le operaron en otro lugar y la operación tenía que ser ya porque estaba oprimiendo la boca del estómago, la vejiga y le iba a afectar uno de los riñones y había que operarle rápido.

Salió de la operación, llevamos a patología y salió que era maligno el tumor que ella tenía, me contactaron con la doctora Salas y ahora está con tratamiento de quimioterapia.

Lo peor es que no tenemos mucha ayuda. Los papás de mi esposo están en otro lado y mi familia también, somos mi esposo, mis hijas y yo. Mi niña se llama Diana, tiene una hermana de tres años.

Ahora está haciendo un tratamiento de quimioterapia, la doctora me dijo que el tratamiento que iba a recibir es agresivo porque lo denominó como de cuarta etapa y que el tratamiento no se sabe cuánto va a durar. En la tercera sesión de quimioterapia vamos a hacer estudios de tomografías y todo lo que me pidieron al empezar y que ahí va a haber la doctora si está logrando detenerse el tumor o no.

Aquí (en el Viedma) nos dan medicamentos del Gobierno y nos ayuda el voluntariado con algunos insumos y lo demás tengo que conseguirlo yo. Las tomografías y análisis que tengo que hacer, lo hago yo.

Hay 4 tipos de cáncer que más afectan a los bolivianos

El cáncer de cérvix, de mama, próstata y estómago son los más frecuentes entre la población boliviana.

Del total de pacientes diagnosticados con algún tipo de cáncer en el país, el 24 por ciento padece de cérvix y el 17 por ciento de mama; en el caso de los hombres, el 17 por ciento sufre de próstata y el 8 por ciento de estómago.

En menor número, también se presentan casos de cáncer en vesícula, ovario, pulmón y finalmente, linfomas.

“Es importante la prevención, hasta el momento son cuatro los tipos de cáncer más recurrentes en la población femenina y masculina”, informó recientemente la responsable del programa de Lucha Contra el Cáncer del Ministerio de Salud, Silvia Paz, al momento de inaugurar la feria de salud “Juntos todo es Posible” en Cochabamba.

De acuerdo con datos del Registro Nacional de Cáncer, cada año en Bolivia se diagnostican a 7.276 mujeres y 3.918 hombres con esta patología.

“Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, cada día entre cuatro a cinco mujeres bolivianas mueren por cáncer de cuello uterino”, indicó Paz.

Cada día hay 14 casos nuevos

Cada día se registran 14 casos nuevos de algún cáncer que afecta a mujeres y hombres, de acuerdo con cifras oficiales.

La Agencia de Noticias Fides (ANF) citó un informe del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), sobre la situación de las personas con cáncer, con datos del Ministerio de Salud, que indica que entre 2011 y 2016 se registraron alrededor de 93 mil casos de cáncer en Bolivia, un promedio de 18.600 por año, es decir que la enfermedad fue detectada en 14 personas por día, entre hombres y mujeres.

El investigador del CEDLA, Bruno Rojas, explicó a ANF que, además, en el Hospital de Clínicas de La Paz, siete de cada 10 personas que llegan en busca de atención son mujeres.

"Esto refleja en términos generales que el 65 por ciento de la población afectada con cáncer corresponde a la mujer. Esa situación lleva a indicar que las féminas padecen más cáncer cervicouterino y de mama que son las principales causas de muerte", afirmó Rojas.

La crisis de salud en el país ahonda el calvario de los pacientes con cáncer

Para el investigador del CEDLA, Bruno Rojas, según ANF, el problema del cáncer en el territorio nacional y el drama que viven miles de bolivianos afectados por esta "enfermedad del siglo XXI" tienen que ver con la profunda crisis del sistema de salud, particularmente en salud pública, y a causa de la ausencia de una política nacional de salud integral que debería ser asumida como principal estrategia de Estado.

"La ausencia de políticas públicas impide, lamentablemente, que estas personas no puedan tratarse y curarse de esta enfermedad que además tiene un alto costo", dijo el especialista a ANF.

Para seguir un tratamiento, los pacientes con cáncer necesitan entre 45.000 y 65.000 bolivianos para costear sus sesiones de quimioterapia, radioterapia o braquiterapia, según el informe del CEDLA que también entrevistó a diferentes enfermos del Hospital de Clínicas de la urbe paceña.

Algunas veces, indica ANF, las personas deben deshacerse de todos sus bienes para pagar el tratamiento con la esperanza de curarse y calmar sus dolores, pero en el proceso muchas veces son abandonados o aisladas por su familia, como es el caso de Juan (59), paciente del nosocomio miraflorino en La Paz y oriundo del municipio de Sorata. Hace cinco años fue diagnosticado con cáncer en el ojo y en su afán de curarse tuvo que vender sus propiedades, terrenos y herramientas de trabajo. Ahora vive junto a su esposa en la casa de un familiar.

Esa situación lo deprime porque tuvo que abandonar a dos de sus tres hijas en Sorata con otro pariente.

"Todo he vendido para curarme, pero por más que hice he perdido mi ojo y nos hemos quedado en la calle, a veces no tenemos ni para comer. Mis hijas se han quedado con sus tías, pero es difícil ir a visitarlas porque ni tu familia te quiere apoyar, cuando me ven piensan que les puedo contagiar mi enfermedad, me ven mal", contó.

El hombre se enteró hace poco que su esposa y compañera de vida también tiene cáncer de cuello uterino. Esa noticia le causa frustración porque dice que ya no tienen dinero para dar batalla.

"Mi señora también tiene cáncer, en dos semanas se va saber si es maligno o no. Ella (su esposa) me ha dicho que si es maligno se va ir al campo a morir porque ya no tenemos plata, mi hijita menor me da pena tiene 15 años, con quién se va a quedar", explicó.

Rojas del CEDLA lamentó que, si bien el Plan Nacional de Prevención y Control del Cáncer fue anunciado por el Gobierno a principios de 2017, hasta ahora no se ha concretado ni trabajado en su implementación y por esa situación, los enfermos se ven obligados a afrontar su situación sin apoyo o buscando en fundaciones.

La situación es más dramática para los pacientes de escasos recursos y del área rural. La representante de los enfermos con cáncer de La Paz, Rosario Calle, dijo a ANF que hay varios enfermos que llegan del área rural que venden su ganado para costear su tratamiento, pero cuando no lo logran deciden abandonar sus curaciones y se resignan a "esperar la muerte".

La crisis de la radioterapia, lo que destapó la grave situación del cáncer

El tema del cáncer y el calvario de los pacientes en Bolivia se destapó en 2017 por la suspensión, en La Paz, de un tratamiento vital para los enfermos, la radioterapia.

Los pacientes no solo tuvieron que afrontar sus dolores y falta de dinero para costear su tratamiento, sino que por falta de especialistas y fallas en los equipos, la Unidad de Radioterapia del Hospital de Clínicas de la sede de Gobierno dejó de atenderlos.

Esa situación se prolongó hasta hace algunas semanas, tiempo en que los pacientes no recibieron el tratamiento. Las autoridades se comprometieron a firmar un acuerdo con una clínica privada de El Alto, pero no fue suficiente para todos los enfermos, algunos no podían conseguir el dinero o simplemente ya era tarde para otros porque ya había avanzado el cáncer durante el tiempo que no recibieron las sesiones.

Marchas, huelgas de hambre y bloqueos tuvieron que protagonizar los enfermos para ser escuchados por el Gobierno que recientemente anunció que pagará los tratamientos de radioterapia durante un año.

Sin embargo, informó ANF, hasta octubre al menos 22 enfermos murieron este año por falta de atención oportuna. Los pacientes piden que el Ministerio de Salud cumpla sus promesas y construya el nuevo centro oncológico en el nosocomio miraflorino que debía haber iniciado en agosto pasado.

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Opinión Digital
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