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Pedro Rosales: un excombatiente que le apostó a la esperanza Por: David García - Fotos: Hansel Vásquez

Agosto 17-2021

No todo es como parece. Él nunca llevó el fusil debajo del brazo, pues su única arma era su pensamiento y sus cartuchos las palabras. Después de tantos años su “lucha por un bien común” continúa, ahora en proceso de reincorporación.

Esta es la historia de Pedro Juan Rosales Rosales, de 75 años, un excombatiente de las extintas Farc-Ep que hoy, luego de iniciar su proceso de reincorporación, se convirtió en un microempresario de la ciudad de Barranquilla.

Su emprendimiento nació formalmente en 2017 y se basa en la creación de accesorios como juguetes y vasos de helado hechos con planchas de aluminio recicladas, pero esta práctica ya hacía parte de las raíces de su familia hace más de medio siglo.

Fue al iniciar su tránsito en el proceso, teniendo 72 años, cuando el hombre oriundo de Sitionuevo, Magdalena, junto a su esposa, Zully Gaviria Rosales convirtió el ejercicio de la metalúrgica en una pequeña actividad que generaba algunos ingresos. Pedro jamás, a su edad, dimensionó que entre sus manos tenía una oportunidad laboral que se convertiría en el sustento de 16 integrantes de su familia.

El comienzo

Su relato de vida en la guerrilla comenzó desde “pelado” en su pueblo natal. Él había durado un tiempo en la zona rural de ese municipio militando, pero a sus 30 años decidió irse a vivir a la capital del Atlántico en donde comenzó a hacer parte del área política y social de esa guerrilla, pues ese era su fuerte.

Cuando llegué a Barranquilla me propuse terminar mi bachillerato. También íbamos a las instituciones educativas y a las universidades para hablar con la gente sobre la ideología de las Farc”, dijo Rosales.

Él con sus compañeros impartían un mensaje de lucha “por la igualdad, porque todos recibieran salud y educación con calidad y aún es lo que queremos”, agregó. Estando en ‘La Arenosa’ se casó con Zully, con quien tuvo cuatro hijos, tres hombres y una mujer.

Pedro contó que duró más de 30 años subsistiendo del rebusque: “Si me decían que condujera, que pintara o que hiciera otra cosa, lo hacía. Todo ese tiempo trabajé en el día a día”, relató el hombre quien aseguró que sus esperanzas en todo ese tiempo estaban colocadas en la posibilidad de que “el bien común se expandiera”.

Sin embargo, en la familia de su esposa siempre se había trabajado con el aluminio. “Anteriormente los familiares de mi señora empleaban estas prácticas, pero dejaron de hacerlo. Yo vi que eso era rentable y lo hice para no comenzar con otro negocio que no conocíamos”, dijo Rosales.

Uno de sus hijos, quien trabaja en la empresa familiar y que además lleva el mismo nombre que su padre, aseguró que él ha trabajado con dicho metal desde que tenía seis años. “Cuando era un niño cogía las tijeras y cortaba las láminas y todo”, contó Pedro Rosales hijo, de 41 años.

Mi padre era el que hacía esto. Yo me inventé una maquinita y ahora mismo tenemos tres en donde trabajamos. Yo les compraba los vasos a mis hermanos para venderlos después”, recordó Zully Gaviria, quien además agregó que “si no trabajo en esto me muero”.

Una alternativa fiable

Hace cuatro años, en pleno proceso de paz, Pedro decidió exponer la herencia de la familia de su esposa, como el emprendimiento por el que recibiría un apoyo económico del ARN (Agencia para la Reincorporación y Normalización).

De esta forma, como parte de su proyecto productivo individual, Rosales recibió ocho millones, con los cuales vio cómo comenzaba a materializarse el sueño de su negocio familiar.

Con los recursos otorgados por el Gobierno nacional compró la maquinaria necesaria para trabajar en fabricación de vasos de helado, moldes para hornear tortas y pizzas, juguetes de cocina, entre otros productos. Él hace parte de las 68 personas del Atlántico que adelantan su proceso de reincorporación con el acompañamiento de la ARN.

Si estas oportunidades no la concebimos, ¿A dónde vamos a llegar?, todos tenemos que reconciliarnos con todo aquel que se creía enemigo de nosotros y los que nosotros creíamos nuestros enemigos, y así con todo el mundo. Si no hubiera sido por esta ayuda no sé qué sería de mí y de mis familiares.”, señaló el hombre.

Para convertir el aluminio en productos, inicialmente, compran el material y lo lavan para eliminar las tintas de las láminas.

Se seca al aire.

Se delinea.

Y se corta para los moldes.

Luego se ablanda en estufa de cocina y se lleva a las maquinarias para hacer los productos.

La Política de Paz con Legalidad del Gobierno es con hechos, y en la medida en que cada proyecto productivo, individual o colectivo se va ejecutando, ayuda a fortalecer el arraigo de quienes con sus familias miran hacia adelante en el único propósito de avanzar en sus proyectos de vida”, expresó Stapper.

Actualmente, Pedro sostuvo que, aunque la comercialización de sus productos se vio algo afectada por la pandemia del covid-19, continúa trabajando con la dedicación acostumbrada y espera seguir sacando adelante su proyecto y también ayudar a los jóvenes de su barrio, en el área metropolitana de Barranquilla, a través de la generación de empleo.

Un llamado a la paz

“Hemos estado haciendo pedagogía e impartiendo varios cursos. Lo que nosotros queremos es la igualdad. Inicialmente éramos mi esposa y yo y después se fueron integrando mis hijos y demás familiares porque aprendieron”. Así como su familia se integró a la compañía, Pedro espera que muchos jóvenes también lo hagan, pues su mensaje se encamina a “una verdadera paz”.

“Lo que queremos es la paz verdadera y por eso estamos dando pedagogía. Hacemos cursos para la comunidad. Sinceramente yo no estaba como estoy ahora”, detalló Pedro, una persona en proceso de reincorporación que le apostó al perdón y a un emprendimiento para cambiar su estilo de vida.

Credits:

Redacción: David García Roa - Fotos: Hansel Vásquez