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actualización octubre-noviembre-diciembre - cuadro de tapa: En el polvo frío-Jeuroz'20

Jacobo Fijman, el derecho de crear.

por Daniel Calméls

“Fui un desaparecido, el más ausente” Jacobo Fijman

Dibujos inéditos de Jacobo Fijman

Los dibujos obra inédita de Jacobo Fijman fueron cedidos generosamente por Daniel Calméls

Después de veintiocho años de internación, en el mes de diciembre de 1970, un enfermero del Hospital Borda, anuda en el dedo de un pie, el rutinario epitafio de la muerte en el hospicio. Todo cabe en un cartel pequeño: “Jacobo Fijman, 72 años, muerto de edema pulmonar agudo”.

Sabía que la muerte lo encontraría en el hospicio, unos años antes le había dicho a Vicente Zito Lema: “Lo terrible es que nos traen para que uno no se muera por la calle. Y luego todos nos morimos aquí... Y sin embargo, existe la muerte. Ella también se corporiza. Pero aquí, en el hospicio, sus apariencias son las más terribles. ¿Acaso imaginan el velorio de un loco...?” En 1921 es detenido por la policía y enviado al Hospicio de las Mercedes durante más de seis meses. En 1942 lo vuelven a internar en el mismo lugar, y esta vez definitivamente. Hacia 1950 es trasladado a la Colonia de Alienados Open Door, de donde es rescatado por Osvaldo Dondo y el Dr. Jorge Sauri, llevándolo nuevamente al Borda, en el cual Sauri dirigía una sala. Allí, en condiciones menos desfavorables, retoma su escritura y plasma su obra plástica más importante, aún desconocida.

Entre el año 1942, año de su internación definitiva en el neuropsiquiátrico Borda, hasta su muerte el 30 de diciembre de 1970, Jacobo Fijman realizó una intensa producción poética y plástica. Las pinturas presentes en este escrito, fueron realizadas durante su estancia en el Borda. En ella se da a ver la infinita soledad, la tristeza, la desesperanza y a un mismo tiempo una profunda religiosidad que se expresa en figuras con cierta gravedad y en sus firmas en las cuales incorpora una cruz.

El contrapunto entre la mancha y la letra, entre la pintura y el poema es significativo, pues a diferencia de su niñez encontrará una forma de purificación con otro fuego, el de la pasión mística.

La relación de Fijman con el arte fue inalterable, no dejó de escribir, aun en las condiciones menos favorables. Su otro lenguaje, desarrollado con su obra plástica, fue encarado con el mismo impulso. Pasión a dos vías: poesía y plástica. Dijo antes de su muerte: "Sin embargo, he hecho tal cantidad de dibujos que convendría reposar un poco. Y esto no es ambiente para la poesía. Hasta ella se espanta en este sitio. Sí. Estoy aquí de paso. Veintiocho años que estoy de paso".1

Junto con Antonio Vallejo y Lysandro Galtier, formó parte de la generación joven de la revista Martín Fierro. Si bien es conocida su obra literaria, su obra plástica sigue siendo inédita e ignorada. Sí se conocen bocetos y dibujos de una época quizás opaca de su creación plástica.

Los orígenes de su producción creativa, así como su primer grupo de pertenencia, esta signado por su vínculo con la pintura y los pintores.

Fijman concebía su obra plástica hermanada a su obra poética, decía: “Entre mi pintura y mi poesía hay una misma mano. Las mismas concepciones”2, coincidiendo con la idea de Alejandra Pizarnik, quien decía “un dibujo es un poema callado”.

El lenguaje plástico fue el primero, en los años de su niñez:

“He pintado, desde niño lo hacía; me pregunté cuales eran los principios del dibujo y los hallé en los de la geometría; con respecto al color, que es el objeto propio de la vista, pretendí las audiciones coloreadas, el sonido del color, pero me arrepentí al comprender que se trataba de una vía satánica”. (Revista Gente, Buenos Aires, 1969)

Su obra plástica estuvo tensionada por predicciones alentadoras que Fijman consideraba amenazantes. Su misma práctica pictórica fue abortado por un pronóstico que más que halagarlo lo llevó a tomar una decisión trascendente: “De niño me dijeron que sería un gran pintor. Y entonces quemé todo”. En edades tempranas el fuego purificador, reduce a la nada sus primeras producciones plásticas. Escribe Jorge Boccanera: “De bruces, de cruces, el ambulante/ se dibuja a sí mismo con carbonillas rotas./ Clavado en el pecho de un dios indiferente, arrasa/ lo que pinta, come de esos despojos./ Vive de lo que quema. No hay respiro, solo/ palacios de ceniza que recupera su caligrafía./ Príncipe en desamparo abomina del cuerpo./ Arguye que Dios pesa, ¿destruye sus pinturas?3 “El Violinista Jacobo Fijman entra al bosque”, fragmento.

Llegó a la Argentina a la edad de 4 años, había nacido en 1898, en la Besarabia Rusia.

1. Zito Lema Vicente, El Pensamiento de Jacobo Fijman o El Viaje Hacia La Otra Realidad, Rodolfo Alonso Editor, Buenos Aires, 1970.

2. Fernandez Ruth, Fijman el poeta celestial y su obra, Buenos Aires Tekne, 1985.

3.  Boccanera Jorge, “XXXI El Violinista Jacobo Fijman entra al bosque”, dedicado a Daniel Calmels, en Palma Real, Madrid, Visor Libros, 2008. (p. 42)

Credits:

Fuegos del Sur, psicoanálisis en movimiento