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Curiosidad Radical. En la órbita de Buckminster Fuller Claves para navegar por la exposición

Considerado por muchos como el Leonardo da Vinci del siglo XX, en 1917, a los veintidós años de edad, Buckminster Fuller decide iniciar un experimento que duraría hasta su muerte, en 1983. Consiste en crear el archivo más detallado posible de la vida de una persona que, nacida a finales del siglo XIX, contempla la transformación del mundo a lo largo del nuevo siglo. Formado por más de 140.000 documentos entre cartas, notas, planos, folletos, billetes de avión y tren, etc. el archivo pretendía, en palabras de Fuller, registrar de manera exhaustiva la vida de un individuo común determinado a mejorar el mundo.

Instalación Chronofile ©Curiosidad radical. En la órbita de Buckminster Fuller. Espacio Fundación Telefónica, 2020.

A lo largo de toda su vida, Fuller se propuso “hacer que el mundo funcione para el 100% de la humanidad, en el menor tiempo posible, a través de la cooperación espontánea, sin ofensas ecológicas o la desventaja de nadie”. En su faceta como inventor, llegó a registrar hasta 25 patentes que suponen el culmen de sus investigaciones en torno a la geometría, con las famosas estructuras Tensegrity y las cúpulas geodésicas, y de sus aportaciones al campo de la vivienda y el transporte, con sus Dymaxion House y Dymaxion Car. En 1981 reunió algunas de sus invenciones más importantes bajo el título Inventions: Twelve Around One, un dispositivo en el que cada patente era presentada con su correspondiente ilustración y datos técnicos superpuestos en un vinilo transparente, metodología que utilizó después para comunicar sus ideas en diversas ocasiones, como, por ejemplo, en los talleres realizados en el contexto de su proyecto World Game.

Dymaxion Car nº3, 1934 (2010), cortesía Norman Foster Foundation ©Curiosidad radical. En la órbita de Buckminster Fuller. Espacio Fundación Telefónica, 2020.

En 1933 Fuller presentó el coche Dymaxion, su primera gran propuesta destinada a mejorar la manera en que las personas se trasladan de un lugar a otro. Se trata de un coche de tres ruedas con un diseño aerodinámico inspirado en la forma y movilidad de los peces, que le permitía alcanzar velocidades de más de 140 km/h con un consumo mínimo (podía recorrer 48 km con menos de cuatro litros de combustible). Esto hizo del Dymaxion Car un diseño coherente y revolucionario que nacía de su profundo interés por la naturaleza y en el que convergían dos piedras angulares de su filosofía: la efemerización (hacer más con menos) y la sostenibilidad.

En la actualidad, el artista holandés Joris Laarman combina ciencia y diseño para la realización de objetos cotidianos, aplicando el llamado biomimetismo (biomimicry), una práctica que aprende e imita los patrones de las formas de la naturaleza. Así, vemos como la premisa de Fuller de diseñar «desde» la naturaleza —como él mismo hizo para crear el coche Dymaxion—, ha evolucionado a diseñar «con» la naturaleza. Un ejemplo de las piezas más icónicas de Laarman es esta silla presente en la exposición que imita el crecimiento biológico de los huesos y que fue realizada mediante un software de optimización tridimensional usando la menor cantidad de material posible, siguiendo así el concepto fulleriano de efemerización.

Foto: Joris Laarman. Bone Armchair, 2007 ©Curiosidad radical. En la órbita de Buckminster Fuller. Espacio Fundación Telefónica, 2020.

Buckminster Fuller. Comparación de la Lightful Tower y la casa tradicional, 1927. Cortesía Department of Special Collections, Stanford University Libraries.

Desde una etapa temprana y ante la rápida transformación de la sociedad, Fuller se centró en ofrecer soluciones a la problemática de la vivienda. En este caso, nos encontramos con uno de los bocetos de su primer proyecto arquitectónico, la Lightful Tower (1927), que aparece comparada con la casa tradicional para destacar así su innvador diseño y ligereza. Ya en estas propuestas iniciales, Fuller adelantó un novedoso concepto de vivienda basada en la sostenibilidad y eficiencia energética, y formada por módulos prefabricados que facilitasen su montaje y permitiesen su trasformación de acuerdo a las necesidades de sus ocupantes. Asimismo, se aventuró a incluir sistemas de automatización destinados a terminar con las tediosas tareas domésticas para dejar así a sus habitantes más tiempo para el ocio y el desarrollo personal.

En 1928 Fuller presentó su primera gran contribución a la vivienda: la 4D House, una casa construida alrededor de un mástil y elevada sobre el suelo. Con la Segunda Guerra Mundial y la posterior escasez de vivienda en Estados Unidos, se embarcó en un nuevo proyecto arquitectónico que culminó en la Dymaxion Dwelling Machine (1946). En Wichita (Kansas), en pleno corazón de la industria aeronáutica americana, Fuller ideó una vivienda de bajo coste, capaz de producirse en masa a partir del acero y aluminio de los remanentes de la guerra, que destacara por su ligereza y facilidad en el transporte y montaje. De esta prometedora idea tan solo se produjeron dos prototipos, que han recibido el nombre de Casa Wichita. En los años siguientes, continuó desarrollando sus ideas sobre la vivienda, barajando propuestas aún más radicales al oponerse a las convencionales ataduras del suelo sobre el que se edifica —para Fuller la propiedad del suelo era "algo tan vacío de significado como la propiedad del mar lo es para un barco”— y perfilando proyectos tan utópicos como Triton City, una ciudad flotante en medio del mar.

Foto: The Abandoned Dymaxion Dwelling Machine, 1990 © Robert Duchesnay, artista documental.

Nuestras camas están vacías 2/3 del tiempo, nuestros salones están vacíos 7/8 del tiempo, nuestras oficinas están vacías la mitad del tiempo. Ha llegado el tiempo de pensar en ello. Buckminster Fuller
Abeer Seikaly. Weaving a Home, 2020 ©Curiosidad radical. En la órbita de Buckminster Fuller. Espacio Fundación Telefónica, 2020.

Uno de los problemas más graves del siglo XXI es la falta de vivienda ante el creciente número de personas que se ven obligadas a desplazarse debido a los conflictos políticos, las catástrofes naturales o la falta de recursos. La arquitecta jordana Abeer Seikaly propone como solución Weaving a Home (2020), un modelo de vivienda inspirado en las formas de la naturaleza y en las tradicionales tiendas de campaña de los nómadas, que consiste en cúpulas geométricas compuestas por una estructura ligera y plegable, capaz de soportar hasta las condiciones climáticas más hostiles. Su innovador diseño permite además la recogida de agua y la ventilación controlada, aprovechando así la energía renovable disponible e independizando la vivienda del suministro energético.

En el plano teórico, Fuller dedicó gran parte de su trayectoria a investigar sobre la sinergia, concepto por el que entendía que para llegar a una verdadera comprensión del universo «tenemos que dejar de empezar por las partes y, en su lugar, debemos trabajar a partir del todo hasta llegar a los detalles». Este conocimiento global sobre la realidad que hunde sus raíces en el estudio de la naturaleza permitía detectar problemas y aportar soluciones. De esta manera, partiendo de sus estudios en la sinergia, Fuller concibió las esferas geodésicas, cuya estrecha relación plasma en este boceto. En 1975, Fuller junto a E. J. Applewhite, uno de sus más estrechos colaboradores, publicaron Synergetics: Explorations in the Geometry of Thinking, dos volúmenes que recogen la conversación entre ambos sobre el tema y que constituyen el mayor compendio sobre la sinergética.

Foto: Buckminster Fuller. Three Frequency Geodesic Sphere, fecha desconocida. Cortesía Department of Special Collections, Stanford University Libraries. Fotografía de Ben Blackwell.

Buckminster Fuller. Duo Tet Star Polyhedra, 1980, cortesía Carl Solway Gallery, Cincinnati ©Curiosidad radical. En la órbita de Buckminster Fuller. Espacio Fundación Telefónica, 2020.

Otro de los conceptos ideados por Fuller fue el de tensegridad, un neologismo surgido de la unión de «tensión» e «integridad» con el cual hace referencia a sistemas basados en el equilibrio de fuerzas opuestas en tensión y compresión. Ampliamente aplicado en el mundo de la arquitectura, este concepto permite crear estructuras ligeras y a bajo coste, ya que no se se necesitan una gran cantidad de materiales para su configuración. Los experimentos de Fuller con la tensegridad dieron lugar a múltiples maquetas como esta, cuyos elementos constructivos materializan la cuarta dimensión, esto es, espacio y tiempo.

Siguiendo la estela de Fuller, el inventor y diseñador Chuck Hoberman experimenta con el diseño transformable mediante objetos, estructuras y espacios que pueden cambiar de forma y tamaño gracias a su capacidad de plegarse. Diseño e ingeniería convergen así en esta esfera expansiva y mecanizada que parte de los principios constructivos de la cúpula geodésica de Fuller y lleva al culmen la idea de efemerización —hacer lo máximo con el mínimo material posible—, pudiendo adaptarse a múltiples usos, desde juguetes a edificios.

Foto: Chuck Hoberman. Expanding Fabric Dome, 1997 ©Curiosidad radical. En la órbita de Buckminster Fuller. Espacio Fundación Telefónica, 2020.

La cúpula geodésica fue el diseño más exitoso e icónico de Buckminster Fuller. En ella, convergen y se materializan sus investigaciones en torno a los conceptos de sinergia [enlace al término del glosario] y tensegridad [enlace al término del glosario]. Además, supone la culminación de la idea de efemerización al permitir cubrir una superficie empleando la menor cantidad de material posible. En 1948, durante el curso de verano que impartió en Black Mountain College, intentó levantar la primera cúpula geodésica sin éxito. No obstante, sus experimentos continuaron, haciendo de las geodésicas la más tangible de sus invenciones, símbolo de la contracultura hippie por su afinidad con la ecología, la autosuficiencia y la sostenibilidad, e icono que ha representado durante décadas la idea de futuro. En esta imagen se aprecia la maqueta de la cúpula geodésica más famosa de todas, la del pabellón de Estados Unidos para la Exposición Universal de Montreal en 1967, y que actualmente alberga la Biosfera, un museo dedicado al agua y el medio ambiente.

Foto: Buckminster Fuller (recreación, Institute for Advanced Architecture of Catalonia). Radome, década de 1950 (2020) ©Curiosidad radical. En la órbita de Buckminster Fuller. Espacio Fundación Telefónica, 2020.

Buckminster Fuller. Dymaxion Map, fecha desconocida. Cortesía The Estate of R. Buckminster Fuller.

Con el objetivo de representar el planeta con la mayor precisión posible, en 1946 Fuller propone una nueva proyección cartográfica: el Dymaxion Map. Esta representación alternativa de la Tierra sobre un icosaedro (20 caras triangulares) trata de salvar los grandes sesgos de otras proyecciones utilizadas habitualmente, como la de Mercator, en la que se distorsiona el tamaño de las superficies y donde Europa y América del Norte aparecen en el centro, relegando a África y Latinoamérica a un papel secundario. Además, acorde con las creencias de Fuller, para quien la noción norte-sur, este-oeste, no tenía sentido, el mapa Dymaxion carece de una orientación correcta y permite que la proyección del planeta pueda desplegarse de diferentes maneras.

Fuller creía firmemente que si el ser humano pudiese contar con la suficiente información para entender cómo se distribuyen los recursos del mundo, podría encontrar una solución para los grandes desafíos globales y hacerlo de una manera satisfactoria para todos. En consecuencia, Fuller propuso ya en la década de 1930 crear archivos de datos masivos que se pudieran analizar gracias a las nuevas capacidades de los ordenadores para procesar grandes cantidades de información, anticipándose así varias décadas al Big Data y la visualización de datos. Para alcanzar este objetivo, Fuller creó un inventario de recursos mundiales e infraestructuras estratégicas; una nueva cartografía —el mapa Dymaxion— para representar esta información de la manera más precisa posible; y el Geoscope, una gran esfera sobre la sede de Naciones Unidas en Nueva York, donde se pudiera volcar toda la información disponible destinada a reconocer patrones hasta entonces invisibles.

Foto: Winslow Wedin. Ubicación de Mini Earth en el edificio de las Naciones Unidas, Nueva York, 1956. Cortesía Department of Special Collections, Stanford University Libraries.

Si quieres enseñarle a la gente una nueva forma de pensar, no te molestes en enseñar. Mejor dale una herramienta cuyo uso le sirva para dar con nuevas formas de pensar. Buckminster Fuller
Cedric Price. Potteries Thinkbelt: mapa de las vías de servicio, las rutas y las estaciones existentes con usos sugeridos, 1965 ©Curiosidad radical. En la órbita de Buckminster Fuller. Espacio Fundación Telefónica, 2020.

Como discípulo de Fuller, el arquitecto británico Cedric Price orientó los principios de la arquitectura transformable, eficiente y sostenible al servicio de una nueva educación que potenciase la curiosidad y la experimentación de los alumnos. De esta manera, frente al sistema universitario tradicional, Price propone convertir una infraestructura industrial obsoleta de Inglaterra en un hub para investigadores en tecnologías avanzadas. Se trata de un modelo innovador articulado en forma de red, en el que, a diferencia de los tradicionales campus centralizados, las diversas instalaciones se extienden infinitamente con el objetivo de crear una comunidad de aprendizaje en constante crecimiento. El espacio giraría en torno a una antigua red ferroviaria en desuso, cuyos vagones no solo trasladarían a los alumnos de su alojamiento a las aulas sino que también se convertirían en unidades móviles para la enseñanza, con la ventaja de poder combinarlas y transferirlas a otras zonas según se necesiten.

Andrés Jaque. Reggio School. El Encinar de los Reyes, 2019 ©Curiosidad radical. En la órbita de Buckminster Fuller. Espacio Fundación Telefónica, 2020.

De forma paralela a los pensamientos de Fuller respecto a la arquitectura y la educación, nos encontramos con la filosofía de Reggio Emilia, denominada así por la localidad italiana donde se originó y fue desarrollada por el pedagogo Loris Malaguzzi tras la Segunda Guerra Mundial, cuando las mujeres a las que el conflicto había dejado viudas buscaban un lugar en el que dejar a sus hijos durante el día, mientras ellas trabajaban fuera de casa. Malaguzzi defendía el aprendizaje por medio de la observación y consideraba que la arquitectura y el espacio donde este se producía eran fundamentales para estimular a los niños. Partiendo de estas ideas, el arquitecto español Andrés Jaque concibe una escuela innovadora a modo de ecosistema, en el que el entorno arquitectónico promueva que los estudiantes dirijan su propia educación a través de un proceso de experimentación colectiva y autónoma.

Andrés Jaque. Reggio School. El Encinar de los Reyes, 2019 ©Curiosidad radical. En la órbita de Buckminster Fuller. Espacio Fundación Telefónica, 2020.

Esperamos que te haya gustado esta selección de imágenes de la exposición. Por si quieres saber más, aquí te dejamos algunos recursos para seguir explorando Curiosidad Radical. En la Órbita de Buckminster Fuller.