Crece el consumo de fármacos estupefacientes debido al alto estrés ocasionado por el rendimiento laboral Las tareas de la casa, los malestares familiares, las obligaciones del trabajo, son solo algunos de tantos muchos factores que conllevan a un sujeto a sentirse cansado y no poder sobrellevar con total rendimiento el día a día que les toca vivir.

Por Facundo Galiano.

En la Argentina, la sociedad vive constantemente ocupada. Las causas de esto pueden ser muchas pero está claro que el ciudadano promedio vive en su cotidianeidad bajo un constante peso de obligaciones y requerimientos que le genera estrés.

Esa es la causa primordial de todo malestar físico y mental: El estrés. Sin ir más lejos esta condición se puede definir simplemente como un estado de cansancio mental provocado por la exigencia de un rendimiento muy superior al normal, el cual suele provocar diversos trastornos físicos y mentales.

Pero el problema persiste, y eso es debido a que muchas personas optan por un medio diferente para tratar de relajarse en vistas de toda esta situación que les genera un descontento general. En su mayoría esa relajación es por parte de la automedicación, método muy popular entre los argentinos que, en un nivel de inconciencia o desconocimiento, realizan frecuentemente ante situaciones incomodas.

La automedicación en la Argentina constituye riesgos que la población media desconoce, siendo los psicofármacos la primera opción ante cualquier situación de estrés.

Se debe entrar en un terreno más medicinal para lograr entender cuál es el origen del problema, y es que los psicofármacos son sustancias químicas que ejercen cierta influencia en los procesos de la mente. Para fines prácticos actúan como placebos y permiten aminorar cualquier situación que genera malestar o inconformidad a nivel físico o mental. Sin embargo esto conlleva un problema ya que estos agentes inciden en el sistema nervioso central y pueden modificar desde la conciencia hasta la conducta, pasando por la percepción. Debido a sus características, éstos son usados como medicamentos ya que están en condiciones de cambiar el ánimo de un paciente o mitigar el dolor que le provoca una enfermedad, un trastorno o algún tipo de padecimiento de similar características.

Es muy importante saber que los psicofármacos se pueden clasificar en cuatro grandes grupos: 1) Antidepresivos. Tal como su nombre indica, se usan fundamentalmente para tratar la depresión, aunque también se suele usar para abordar de manera terapéutica otra serie de situaciones tales como los trastornos adictivos.

2) Sedantes. Son los empleados para inducir el sueño.

3) Tranquilizantes mayores. Son aquellos que se utilizan en los casos de pacientes que sufren psicosis de importante gravedad, ya que actúan sobre las alucinaciones de los mismos.

4) Tranquilizantes menores. A estos también se los conoce como ansiolíticos y se emplean para relajar los músculos de quienes los toman para ayudarlos a estar más calmados y que así puedan conciliar el sueño.

Es importante destacar que en algunos casos el uso indebido de los psicofármacos puede provocar una adicción. La razón más conocida es cuando el sujeto emplea un psicotrópico de forma recreativa, generando una dependencia del mismo al no poder evitar consumirlo por la necesidad que la sustancia crea en su organismo. En el momento en que eso ocurra, el individuo se habrá convertido en un sujeto dependiente de la droga en cuestión.

Y es que la automedicación es un problema habitual e incorrecto que se ve en los ciudadanos que, para mantener el ritmo de sus actividades, toman pastillas las cuales provocan un cierto estado de solución momentánea que les permite seguir. Quizás el problema más serio no sea la automedicación sino más bien la regularidad de la misma, ya que las dosis varían y de igual manera la separación de tiempo que debe haber entre una ingesta y otra. Se necesitan alrededor de ocho a doce horas (en algunos casos, veinticuatro según prescripción médica) para eliminar los rastros de la droga del organismo. De esta manera se permite al cuerpo descansar de un agente externo que lo modifica, sin embargo si se rompe esta indicación de tiempo se altera el organismo ya que realiza una acumulación en vez de una expulsión y lo asimila como la nueva cantidad que necesitara de ahora en más, enviándole esa señal al cerebro y exigiéndole duplicar la cantidad para poder realizar el mismo efecto que hasta ahora se había conseguido con una sola dosis.

Es en ese punto donde comienza el proceso de dependencia en el cual el sujeto incorpora innecesariamente una cantidad superior de monodroga a la cual requiere únicamente para poder, por ejemplo, satisfacer su rendimiento laboral o bien descansar del mismo.

Existen métodos alternativos y a la vez nada nocivos, sí no más bien todo lo contrario, que suplantarían a los medicamentos en el objetivo de conseguir la relajación causada por el estrés. Los profesionales médicos recomiendan altamente realizar actividad física al menos dos veces por semana ya que el desgaste físico contribuye al agotamiento natural de los músculos y a la liberación de endorfinas. Estas últimas son péptidos opioides, lo que significa que en su liberación actúan como un analgésico derivado del opio, o dicho de otra manera, con efecto similar a la morfina. Es recomendada cualquier actividad física, desde la ejercitación de fuerza como ir al gimnasio o la de resistencia como correr o hacer yoga, para lograr casi los mismos resultados que se consiguen con los ansiolíticos, sin embargo es en este punto donde radica otro problema. En la apurada rutina, en el requerimiento de cumplir a tiempo las obligaciones se pierden de vista estas circunstancias, o más bien se invierten ya que es mayormente la falta de tiempo la razón por la cual no se considera la alternativa deportiva y se busca un método más rápido e igual de eficiente, incurriendo así a los medicamentos que pasan a ser la primera elección por los individuos de mediana edad pese a los riesgos que éstos puedan traer.

Habiendo sintetizado las ventajas así como también desventajas de la automedicación de psicofármacos es necesario aclarar que afortunadamente dichas medicinas no son de venta libre, todo lo contrario. Existen normas y formatos que permiten regular la venta como medida de seguridad para poder evitar de esa manera a clientes que abusan de las mismas para fines recreativos, o simplemente para llevar el control de un paciente con tratamiento específico. Así mismo existe de igual manera cuatro listas diferentes de psicotrópicos y estupefacientes permitidos por ley, para las cuales en los psicotrópicos la lista número uno y en los estupefacientes la lista número cuatro son monodrogas de fabricación, expendio y uso prohibido debido a su potente efecto adictivo y nocivo. La ley nacional que regula los psicotrópicos es la 19.303 y la de estupefacientes 17.818, ambas reguladas enteramente por el Estado Nacional en convenio con el Círculo de Médicos respectivamente.

En cuanto a la compra particular de dichas drogas en farmacias, es requerimiento obligatorio presentar una receta con duplicado, con el nombre del producto o derivado del mismo, fecha actual, firma del médico tratante y sello con matricula que avale el nombre del profesional.

(Ejemplo de como se ve una legitima receta particular con duplicado)

De esa burocrática manera se evita por lo general expender una cantidad excesiva a las personas. Según Fany Ronchi, jefa del Círculo de Farmacéuticos de la ciudad de Rosario matricula número 2.343, clasifica a la actual sociedad como una “generación muy consumista”, hasta puntos críticos en los cuales se informan robos de recetas, sellos y talonarios de estupefacientes. “Cuando me doy cuenta que la receta no es válida digo que no tengo el medicamente. No hay que vender psicotrópicos y estupefacientes sin receta”, declara Fany, puntualizando que la franja que más consume esta entre los treinta a cuarenta años de edad. “El problema del extravío de sellos es que si no han sido denunciados no se le puede rechazar la receta”, admite la jefa administrativa mientras explica su total desacuerdo con la venta de droga en general. Si bien es cierto que dichos productos que son comprados en locales de farmacias debieran ser para uso medicinal, lamentablemente existen casos que son impulsados por la necesidad de apaciguar un vicio ajeno que se ha vuelto incontrolable o, según criterio del paciente: “necesario”.

Y es que pelear contra una adicción que ya está establecida debido a una primera negligencia es muy difícil. Pero no todos los casos cuentan como incorrectos dado que del otro lado del mostrador también se hallan personas cuya prescripción es fiable y de igual modo su consumo. En su mayoría se trata de gente mayor, por encima de los sesenta años que han sido aprobados según el criterio de su propio médico de cabecera para el consumo de dichas sustancias. Estos individuos pertenecientes a la tercera edad encuentran únicamente inconveniente en la burocracia del sistema de recetas, las cuales a menudo no pueden conseguir por razones tales como la ausencia del doctor o el simple despiste del paciente mismo. Ocurre en esos casos excepcionales que el enfermo, si es cliente regular, adquiere el concentrado sin receta únicamente bajo la promesa de que la traerá apenas la consiga. Esta práctica es realizada solo si existe cierta confianza entre el profesional farmacéutico y el cliente, el cual debe ser (en el mejor de los casos) alguien que visite con regularidad el establecimiento.

(Ejemplo de receta con descuento de farmacia mínimo sin duplicado, cliente regular)

Se debe hacer una aclaración con respecto a las recetas necesarias para comercializar monodrogas de tipo ansiolítica: Si se tratase de una receta provista por alguna obra social determinada, sea PAMI, IAPOS, Aca Salud, por nombrar solo algunos ejemplos, solo haría falta un único duplicado ya que la receta que otorga el descuento actuaría como la prescripción básica. Para cualquier otra composición que fuese particular (no incluyese descuento) entonces sería necesario una receta escrita a mano del doctor prescriptor con su respectivo duplicado, ambas firmadas y selladas.

(Ejemplo de receta de obra social con descuento sin duplicado)

En este punto se vuelve necesario entender la perspectiva profesional de aquellos que son responsables de la salud, después de todo es importante saber cómo se diagnostica la necesidad de consumir en base al estrés. La doctora Josefina Seggiaro, matrícula número 18.892 explica que los primeros síntomas con los cuales se comienza a trabajar son la dificultad para descansar, la cual se aprecia más en personas con puestos jerárquicos, con una situación laboral que demanda mucho estrés. “Hasta un diez o cinco por ciento de mis pacientes totales consumen psicofármacos”, declara Seggiaro con una preocupación al comentar que las drogas más populares que consumen son el Clonazepam, lorazepam y la sertralina, siendo esta última una “de moda”.

Según la profesional de la salud, el estrés que genera el uso de las drogas “no es de sobrecarga física sino intelectual”, dando puntualmente el caso de uno de sus pacientes el cual posee sesenta años y desde hace diez que consume clonazepam para poder conciliar el descanso. Así mismo contempla que la mayoría del porcentaje de pacientes los cuales están bajo un tratamiento similar, consumen la mínima dosis (0.5 miligramos) ya que no les es necesario una cantidad mayor para lograr el mismo efecto ya que no generan resistencia, sino más bien una dependencia tolerable.

Previamente a comenzar un régimen de consumo llevadero, se debe saber si el paciente es apto para tal, lo cual se realiza filtrándolos a través de un interrogatorio, que suele diferenciar a aquellos que lo necesitan de aquellos que simplemente lo quieren. Refiriéndose a los cuales lo necesitan, la doctora Seggiaro declara: “Generalmente son pacientes que también tienen algún tipo de riesgo cardiovascular, hipertensión, síndrome metabólico, obesidad o sedentarismo y llega un punto en que toda la medicación que vos puedas dar a lo mejor no es suficiente y se agregan estos psicofármacos”. Por supuesto que, el paciente en cuestión que presenta cualquiera de los síntomas mencionados anteriormente, es previamente filtrado por otros medicamentos para bajar la presión o el colesterol y a su vez se les indica una rutina de actividad física. Cuando todo lo demás falla, se aplica este tratamiento completo con el objetivo de darle bienestar a ese paciente.

Se pueden encontrar de otra manera, casos más complejos y de mayor necesidad como lo son los pacientes que sufren de algún tipo de esquizofrenia o psicosis. Estos son individuos más complicados de tratar dado que el diagnostico que poseen no es realmente una enfermedad de base sino, desgraciadamente, un estilo de vida con el cual cargan (en algunos casos es hereditario) y el cual no es nada fácil de curar o modificar. De esta manera lo explica la doctora tratante cuando menciona que “la medicación hace disminuir los efectos, pero no los elimina”. Los pacientes con este cuadro clínico suelen tener miedo constante o actitudes impredecibles dado que, en su percepción de la existencia, oyen voces o ven cosas que realmente no están ahí sino que son un producto de una perdida de contacto con la realidad que les afecta en todos los niveles, tanto psíquicos y físicos, como sociales y sensoriales. “En el caso de una persona que es esquizofrénica yo sé que le doy un antipsicótico y al paciente lo estabilizo”, declara Josefina Seggiaro quien desde la experiencia ha descubierto que en estos casos puntuales el paciente no genera una dependencia sino un miedo a no tomar la medicación y regresar a su comprometido estado mental.

Quizás el dato más alarmante que puede ofrecer la doctora Seggiaro sobre sus pacientes es el porcentaje dentro del porcentaje al declarar que “en un volumen de doce personas (incluidas dentro del cinco por ciento que trata con psicofármacos), uno solo es por indicación de un cuadro psiquiátrico. Los otros once podrían encajar en ese prototipo de paciente estresado que encuentra en esta droga una especie de tranquilizante para poder dormir”.

A criterio de algunos médicos no siempre son necesarios los duplicados para la compra en farmacias, lo cual flexibiliza el proceso administrativo, aunque en la mayoría de los casos esta idea entra en conflicto con la del vendedor de establecimiento, el cual requiere de estos papeles para llevar su debido control de venta.

Sin embargo el número de ventas escala de manera alarmante según las cifras que comenta Constanza Martinez, empleada de Marketing Farm, una farmacia ubicada en calle Córdoba 4101: “Pueden ser ventas de cincuenta por semana o diez por día. También psicotrópicos con receta verde (lista tres) nos llegaron tres ésta sola semana, esos están bajo llave porque son más, digamos, peligrosos”, declara la vendedora haciendo hincapié en que son clientes específicos los que las requieren, con tratamientos prolongados. De igual manera la empleada confirma lo que la doctora Seggiaro comenta al respecto de la popularidad de algunas monogrodas al dejar en claro que son el clonazepam, alprazolam y lorazepam los que más se venden en el establecimiento donde trabaja.

La venta de estos fármacos de acción ansiolítica se realiza todos los días según Martinez quien afirma que dichos individuos “si los necesitan” debido a que a la par de adquirir esos medicamentos también suelen llevar otros para la presión y problemas de corazón. “Obviamente también pasa que vienen de diecisiete años o veinte pico con una receta sin duplicado, sin membrete y bueno en esas ocasiones nosotros le explicamos que no se la podemos aceptar”, ratifica la muchacha dando más peso a las declaraciones de la Jefa del Circulo de Farmacéuticos Fany Ronchi.

Lo que a simple vista se ve en una farmacia de una zona con mayor movimiento laboral, la cual vende estupefacientes todos los días, llegando a la cantidad promedio de ocho ventas diarias logrando diferenciarse de una farmacia de barrio que alcanza apenas cuatro ventas semanales en promedio, según el registro realizado por Farmacia Caruso, ubicada en calle Pellegrini 5939, denota al factor determinante de consumo: El estrés generado por el trabajo.

Previamente a consumir cualquier tipo de drogas es necesaria una consulta con un profesional médico que sepa instruir al paciente sobre los correctos usos de las mismas y que pueda aceptar ser derivado a un analista tal como un psicólogo o en una medida más importante, un psiquiatra. El trabajo de estos dos últimos especialistas consistirá en dialogar con el individuo con el fin de lograr entender si el paciente padece de alguna patología previa o algo que genere el mismo en base a sus actuales condiciones. De esa manera se trata de filtrar a aquellos que aún pueden optar por un método alternativo y menos nocivo. La terapia también tratara de buscar la fuente del problema mediante sucesivas convocatorias en pos de lograr el bienestar del paciente y ayudarlo a recuperarse de su estado anímico para poder dejar de depender, de una manera progresiva, de la medicación. Es muy importante que este proceso sea gradual ya que ocurre en casi todos los casos que a aquellos pacientes a los cuales se les despoja en su totalidad de su medicación, tienen una denominada recaída, por la cual sienten nuevamente la necesidad de incorporar las sustancias placebos al cuerpo.

Los diagnósticos más comunes que se suelen ver, y que justifican la prescripción, son la depresión, el insomnio, la ansiedad, el miedo, el nerviosismo y la neurosis. Exceptuando a la última y a los casos esquizofrénicos y psicóticos, todos los mencionados anteriormente son patologías desarrolladas por individuos bajo situaciones de estrés. Malestar provocado por la frustración, presión grupal y el fallo de las relaciones sociales o los objetivos personales así como situaciones que fuerzan el procesamiento cerebral, todos factores a su vez del desempeño laboral de un gran número de personas de mediana edad en la Argentina.

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