Jorge Luis Borges y el Internet

Estamos metiendo toda la realidad en la red porque no hay tiempo ni espacio suficientes en el universo de lo tangible.

En su célebre cuento El Aleph, Jorge Luis Borges imaginó una esfera en la que se pueden ver todas las cosas de la Tierra al mismo tiempo, una maravilla que permitía acudir al movimiento de la sangre dentro de las venas de una persona y a la vez al de todos los mares. Ese artilugio se salió del relato hace 25 años exactos y todos lo llamamos Internet.

En un ensayo sobre Abraham, Voltaire se burlaba de la posibilidad de que los egipcios pudieran haber alcanzado un nivel tan alto de desarrollo tecnológico apenas 400 años después del diluvio universal. ¿Qué diría al ver todo lo que ocurrió en el siglo XX y cómo Internet cambió tanto las vidas de las personas en los últimos 25 años?

Internet ha cambiado hábitos de consumo y procesos comerciales, ha recortado distancias y mutado el sentido del tiempo, ha puesto a disposición de las personas casi todo el conocimiento existente, y parece que todo eso es solo el principio.

Lo que ocurre ahora tiene que ver con otro cuento de Borges: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. En él, un mundo creado por el hombre avanza de forma paralela al real hasta reducirlo casi por completo. Poco a poco todos los seres humanos abandonan el inglés, el francés, el chino y el español para hablar en las lenguas de Tlön; poco a poco la gente se olvida de la historia de la humanidad para adoptar una nueva y más atractiva.

Aunque ahora no estamos borrando lo existente para dar paso al contenido de ese mundo que es Internet, sí estamos metiendo toda la realidad en la red porque no hay tiempo ni espacio suficientes en el universo de lo tangible.

La que nos impacta de esas mudanzas es la que protagonizan las pequeñas y medianas empresas del mundo, pues son sus atrevimientos e innovaciones las que harán que el grueso de la población también dé sus pasos tecnológicos.

Todos esos procesos se están acelerando porque la competencia es férrea en las economías de mercados, y porque quienes solo venden ocho horas en una tienda física no pueden estar a la altura de quienes simultáneamente venden 24/7 con sus tiendas virtuales.

El salto hacia el universo digital comienza, en todo caso, con el marketing digital local, el marketing de contenidos, el desarrollo de una web de calidad y una buena gestión de redes sociales. Lo demás serán esas innovaciones que marcarán el futuro de todos los ciudadanos de la aldea global en lo inmediato.

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