Comunicación un campo (inter)disciplinario

Erick R. Torrico Villanueva

Aunque la comunicación como hecho social se desarrolló al unísono con la especie humana lo que fácilmente puede remontarla, de acuerdo con estimaciones antropológicas, a alrededor de un millón de años de existencia-, y pese a que las primeras reflexiones ordenadas sobre el particular son hallables ya en el siglo v antes de la era actual entre los filósofos de la Grecia, su configuración como espacio para el conocimiento científico es, de manera hasta paradójica, bastante tardía.

La comunicación, por lo tanto, es aún una recién llegada al escenario del saber metódico y la producción teórica. Esto es tan evidente que no solo que incluso hoy los estudios universitarios de área no acaban de estar suficientemente definidos y establecidos, además de estar puestos en cuestión, sino que, al propio tiempo las disciplinas sociales no reconocen a la comunicación en su peculiaridad e incluso varias de ellas la consideran un mero apéndice suyo

Esa falta de enraizamiento y delimitación que distingue a la comunicación, es más bien percibida como una ventaja en el marco de la posdiciplinariedad, que apuesta por la superación de las fronteras existentes entre las disciplinas, por el abandono de afán de disciplinarizar su estudio.

En la actualidad está colocando a este todavía novedoso campo en el centro tanto de las preocupaciones intelectuales e investigativas como de la economía, la política y la vida social en general.

De todas formas, y este es un asunto fundamental, la antigüedad del fenómeno, su carácter socialmente basal ni su prestigio e incidencia en aumento han permitido que se estructure una conceptualización universal de la comunicación.

La comunicación comparte la característica de la coexistencia de abordajes y enfoques diversos y/o enfrentados para su estudio que define a aquel. La comunicación es inherente social, puesto que implica una relación entre siquiera dos sujetos que exteriorizan. La comunicación no puede ser sino social, lo que la convierte no solamente en un producto de la misma convivencia o coexistencia humana sino, además, en uno de sus fundamentos.

Es por esto que es dable afirmar que la comunicación es un elemento estructural de la sociedad. Este factum puede ser traducido axiomáticamente en el aserto de que no hay sociedad sin comunicación y no hay comunicación sin sociedad.

La comunicación de masas sugiere que solo es “social” un determinado tipo de comunicación, la mass-mediada.

Un objeto multidimensional es una larga y no resuelta discusión atravesó las aproximadamente ocho décadas que tiene de vida la elaboración teórica acerca de la comunicación: la concerniente a cuál es el objeto de estudio de que ella debe ocuparse.

Esa trayectoria predominante hizo que la fragmentación del proceso comunicacional se convirtiera en una constante de las investigaciones y teorizaciones consecuentes, al igual que condujo a que disciplinas como la psicología, la sociología, la política, la lingüística, la semiología, la economía política o últimamente la antropología cultural fuesen erigidas como las más indicadas de cada etapa para emprender la comprensión y el estudio científicos de dicho fenómeno.

El objeto de estudio de la comunicación es el proceso social de producción, circulación mediada, intercambio desigual, intelección y uso de significaciones y sentidos culturalmente situados y mediados o no por tecnologías.

La sola vía válida para estudiar el objeto de la comunicación no puede ser otra, por ende, que una capaz de dar cuenta la forma más completa y compleja posible. La multidimensionalidad del objeto de estudio comunicacional no es algo factible de ser puesto en discusión, como tampoco lo es su integralidad.

Sin entrar en especificaciones se puede señalar cinco grandes tendencias intelectuales que han marcado, hasta ahora, las teorizaciones sobre la comunicación: el tecnologismo, el pan-comunismo, el catastrofismo, el mecanismo y el moralismo.

El tecnologismo, inspirado en las ideas evolucionistas del progreso, va desde la teoría matemática de la información, pasa por las ideas maclunianas de que las tecnologías modelan al mundo y llega hasta las vertientes posmodernistas respecto de la “sociedad de la información”.

El pan-comunicacionismo, paradójicamente, es fruto tanto de la concepción cibernética sobre que la vida se define por la administración de relaciones complejas de intercambio de información y de la del interaccionismo que sustenta la “imposibilidad de no comunicarse” como la búsqueda humanista de alternativas al informacionismo inaugurado por las reflexiones técnicas de Claude Shannon y Warren weaver y la consiguiente necesidad de abrir los horizontes “más allá de los medios”.

El catastrofismo nació tanto con los sociólogos conservadores de la cultura (Dwight McDonald y Edward, sobre todo) como con los renovadores marxianos frankfurtianos (Theodor adorno y Herbert Marcuse especialmente). El objeto indirecto, en esta óptica, son los medios y sus efectos.

El mecanicismo para Karl Marx parece haber usado a veces para hablar de la estructuración de las relaciones sociales por la economía, la pareja infraestructura económica, superestructura ideológica. El objeto de la comunicación en esta perspectiva es sustituido, o cuando menos bloqueado, por uno de la economía política (la expropiación del excedente) u otro de la política (la lucha interclasista).

El moralismo, por último, proviene de dos corrientes: una propia de cierto voluntarismo empresarial privado que considera que el desempeño de los medios masivos debe regirse por criterios de “responsabilidad social”, esto es , de autocontrol frente a la dina mica del libre mercado y ante las demandas de los públicos, y otra correspondiente a las reflexiones alentadas desde el vaticano, que convocan a los medios y sus operadores a inscribir su labor en los propósitos del bien común”. Entonces la focalización de los intereses es clara: el objeto está representado por los medios.

Un espacio de conocimiento complejo es la realidad social, como objeto global de conocimiento, es un constructo histórico-social y pluridimensional. Esto significa, por una parte, que el “ser” de lo que para su estudio es definido como real social es también social, pues además de tener lugar en una determinada convergencia espacio-temporal, proviene de una acción humana de índole colectiva. No se debe olvidar que la comunicación es un hecho cuya sustancia es antropo-sociocentrica, esto es, que está dada por su condición y finalidades humanas y sociales. La relación social de la producción e intercambio simbólicos y de las disputas por el “sentido valido” que tal relación genera.

La comunicación, en consiguiente, es un campo en la aceptación de Bourdieu, es decir, un espacio social estructurado de posiciones en un conjunto de fuerzas pugnan, estrategias y reglas mediante, por el control del capital concreto que allí está en juego, y su carácter autónomo resulta de su condición de creadora de una sinergia entre disciplinas varias también sugerida por miege y adecuada para dar intelectualmente cuenta de ese capital y sus dinamismos.

Para terminar la comunicación desde el principio en que el hombre existió la comunicación también para que este vaya formando civilizaciones, grupos con los cuales se comunicaba y a pesar de que otras ciencias la recriminan por no tener un objeto de estudio pues si la tiene y es el la de cómo se comunica el hombre y los medios que invento para comunicarse, hasta cuando otras ciencias desaparezcan en el futuro esta seguirá hasta cuando el hombre ya no exista y será la ciencia principal para cuando el hombre intente comunicarse con otras especies de otros mundos.

LA COMUNICACIÓN DEL FUTURO
EL HOMBRE SE COMUNICARA CON OTROS SERES

fin

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