Cuando la vida es levantarse Y caminar

Hubo un tiempo en que el objeto de mi vida era subir el cerro que estaba detrás de mi casa, no llegaba a la cima, sino a un punto intermedio, señalado por una torre de alta tensión. Aún así, disfrutaba bastante la ascensión, durante muchas noches soñaba con lo que había detrás de esos cerros, en algunos casos aparecía una playa inmensa, desconocida por los cajoninos, por lo cual yo me convertía en su descubridor; en otros se develaba un pueblo pintoresco, poblado por gente muy acogedora y atravesado por esteros.

Con el tiempo fui superando las distintas cumbres que rodeaban san Alfonso, pero sólo aparecían más cerros. Perdí la esperanza. El tiempo siguió su curso. Hoy, después de 30 años, he cruzado la cordillera y ha aparecido aquel pueblo pintoresco, después de vadear ríos, ascender cumbres de más de 4.000 metros, sortear ventiscas inclementes y caminar todo el día por valles solitarios, acompañado por huidizos guanacos.

He compartido con aquella gente amable, que adoptó la forma de gauchos, militares o aventureros como yo, quienes asimismo buscaban reflotar un sueño, forjado en la única patria verdadera: la infancia.

Made with Adobe Slate

Make your words and images move.

Get Slate

Report Abuse

If you feel that this video content violates the Adobe Terms of Use, you may report this content by filling out this quick form.

To report a Copyright Violation, please follow Section 17 in the Terms of Use.