Ciencia Amazónica La lucha invisible entre la ciencia y el extractivismo

La ciencia puede encontrar maravillas en lugares como la Amazonía, dice Hugo Romero, biólogo ecuatoriano. Lograr que la gente entienda que la belleza de la naturaleza está en todo, también tiene que ver con que acepte la investigación científica. La ciencia nos enseña la belleza de la naturaleza en su estado más simple. Hace falta ver sólo unas imágenes estereoscópicas del pasto para entender su verdadera belleza y esto es parte de la ciencia también...

Mucho de lo que lleva a un científico a la Amazonía es la belleza de sus paisajes, diversidad y funcionamiento ecosistémico. "Es hermoso ir a la Amazonia y ver cómo las mañanas en su gigante sábana verde suben pequeñas gotas de agua, transpiradas y acumuladas por las hojas”, son las palabras con las que Paúl Arellano, Geólogo Ecuatoriano, intenta detallar las imágenes que vivó en la Amazonía del Ecuador, un ejemplo de esta belleza a ojos científicos y humanos. Arellano juntó un equipo de investigación y exploró las formas de medir y cuantificar los servicios de este ecosistema.

Paúl estuvo cinco meses en la Amazonía ecuatoriana usando varios instrumentos en árboles y plantas de la zona. Dos de esos meses estuvo interno en el Parque Nacional Yasuní, haciendo investigación del área. Para eso, solicitó la ayuda de pobladores Huaorani, guerreros conocedores del bosque. Cuenta que en este bosque es muy fácil perderse, a él sólo le toma cinco minutos de caminata. Vivió junto a los Huaos en el bosque, aunque no le tenían mucha paciencia, caminaban significativamente más rápido y, a pesar de que todos cargaban equipo, su desempeño en el bosque era, naturalmente, superior. Finalmente, encontró la forma de no separarse de ellos, a quienes tiene un respeto enorme por su conocimiento del bosque amazónico. También pasó por áreas en las que existe intervención humana. Recogían muestras de todas áreas.

La ciencia para la Amazonía

Algunos recursos son muy fáciles de cuantificar, como el agua. En una zona que genera agua, por ejemplo el páramo, se puede cuantificar la producción y poner un costo al recurso para revertir la inversión en el área y garantizar que continúe brindándonos este servicio. Agua es el ejemplo sencillo, el problema es que la naturaleza tiene tantos servicios ambientales, que es muy difícil cuantificar su aporte a la sociedad. Un ejemplo es el bosque, su primera fase es madera, lo que es cuantificable aunque no recomendable porque no es sustentable. Sin embargo hay otros servicios ambientales que provee un bosque a los que no se les puede colocar un precio monetario y por tanto son muy complejos de cuantificar: oxígeno, secuestro de carbono, agua, suelos, vida silvestre, insectos.

Existen métodos que se han diseñado para cuantificar los servicios de los bosques. Sin embargo, hasta hoy sólo se enfocan en ciertos tipos de especies de bosques: la Amazonia no se puede aplicar a estos modelos debido a su alta biodiversidad. Con algunas ecuaciones y con los datos recolectados a partir de la cantidad de luz que entra y sale de cada hoja es posible analizar la cantidad de agua, clorofila y la actividad fotosintética de cada planta en un bosque. Al medir la fotosíntesis, es posible tener un estimado de producción de los recursos vitales que estos ecosistemas nos proporcionan. El problema es cómo cuantificar servicios en un espacio tan diverso: “Debemos ir árbol por árbol”, dice Paúl, quien inició un estudio en campo para adaptar los modelos preexistentes de cálculo, a la biodiversidad amazónica.

¿Por qué es importante?

Las necesidades económicas tienen su consecuencia en la actividad que se realiza sobre bosques amazónicos. En esto de la ecología, desde una perspectiva científica, existe argumentación sobre si la actividad humana incide o no en el cambio ambiental. Tenemos casos obvios, como la contaminación de un área, que evidentemente va a tener consecuencias ambientales. Pero hay cosas más difusas, la actividad humana, en general, cuánto incide, cuánto puede incidir y qué consecuencias trae. ¿Trae consecuencias?. El cambio climático es un gran ejemplo de eso, en la actualidad existen diferentes perspectivas de esto: los escépticos, como Richard Lindzen (MIT), y los que apoyan, como Bill Nye. En el caso del extractivismo pasa lo mismo, algunos científicos tratan de argumentar que aún podemos estirar mucho nuestro uso de los recursos, mientras que otros tratan de argumentar que ya no deberíamos hacerlo.

Pero no sólo la ciencia tiene una posición en estas perspectivas. Rasa Bihari, quien pertenece a algunos colectivos de defensa de los animales y la naturaleza, enfocados en temas de derechos, busca articular el trato de los derechos de la naturaleza con el de los derechos de los seres humanos ya que considera que existe una relación fundamental entre ambos. Asegura que la falta de conexión entre la urbe y el campo tiene una corta influencia también en la falta de respeto a los derechos de la naturaleza. Bihari está contento con el trabajo que se ha realizado hasta hoy en estos aspectos, pero reconoce que aún queda mucho que hacer y lamenta que haya sido algo que se tenga que realizar a través de acciones legales en lugar de iniciativas populares que se realicen sin acciones verticales.

LA AMAZONÍA PARA LA CIENCIA

Paúl Arellano concentró su estudio en la fotosíntesis a nivel de masa boscosa amazónica, que comprende gran parte de la diversidad de árboles y plantas. Para esto, contrastó distintos métodos y, finalmente, seleccionó dos: los más prometedores. Después de pasar varios meses en la selva amazónica, con todas las muestras y datos que recolectó, contrastó todos los métodos existentes para comprobar los más adecuados para la Amazonía. Fueron dos: el primero es el SPAD-502 Chlorophyll Meter, una especie de “pistola” que mide la cantidad de clorofila dentro de las hojas para, a través de una serie de modelos matemáticos, “cuantificar” la fotosíntesis. Estas medidas son la que se realizan de forma horizontal.

El segundo método que utiliza es, al contrario, vertical: Un satélite se encarga de hacer un contraste entre la luz que pasa la atmósfera, la que regresa al satélite y la que llega al suelo. Todo el resto se queda en las hojas, y así se puede saber la cantidad de fotosíntesis que hacen.

A la larga, se dieron cuenta de que para este tipo de ambientes, bosque amazónico, donde es muy difícil entrar (áreas muy remotas donde no se puede llevar mucho equipo y a la que no se pueden hacer expediciones muy seguidas, por el costo y los recursos necesarios) estos dos métodos son los más viables para señalar, en sitios específicos, cuánta agua, cuánto oxígeno, cuánto carbono se recogería por km2 o m2. La combinación del uso del satélite y de la medición de clorofila arroja los datos necesarios. Se puede sugerir qué áreas no deben ser tocadas, y saber qué actividades humanas reducen la capacidad de producción de servicios en los ecosistemas. La realidad es que estos datos siguen siendo necesarios para que se valore la existencia de espacios vírgenes de bosque, sea en la selva Amazónica o en cualquier otro ecosistema de este tipo.

lo que nos queda

Hugo, Paúl y Rasa comparten algo importante: un objetivo intrínseco que se alcanza desde distintas perspectivas. La ciencia puede ser algo rígida para quien no mira de fondo, pero Hugo y Paúl nos demuestran lo contrario. Rasa, por el otro lado, nos muestra la otra cara de la moneda y nos ayuda a acentuar un poco lo que la ciencia debe demostrar: el valor social y económico de mantener selva prístina para el país y para todo el mundo. A pesar de conocer las opiniones de los escépticos, es necesario atender a los espacios con menor argumentación, en ambos lados de la moneda. La realidad es que si la sociedad demanda pruebas, es el deber de la ciencia y del activismo proporcionar estas pruebas y abrir el diálogo. Un par de consejos de uno de los mejores escritores de ciencia, Michael Shermer, pueden ayudar. Pensar que lo obvio es considerar que los efectos del ser humano en la naturaleza son negativos, también responde a una falta de criticidad, de acuerdo con un estudio publicado en la sub-revista Nature Climate Change. Es necesario pensar que la ciencia se basa en el escepticismo.

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