Despertar del sueño americano Millones de deportaciones, millones de historias

Millones de deportaciones, millones de historias

Tan viejo es el fenómeno de la migración como el de las deportaciones de ciudadanos mexicanos, centroamericanos y sudamericanos desde Estados Unidos. La historia empezó -o se intensificó- en 1986 con el presidente republicano Ronald Reagan, quien avivió el debate sobre la legalidad o ilegalidad de los migrantes; el tiempo ha demostrado que esta discusión no sólo incluye una lucha política entre dos partidos con ideales opuestos, sino que es un escenario donde chocan extranjeros y estadounidenses. Ya este mismo ring lo han compartido los "blancos" y los "negros" para combatir por el anhelado trofeo: el estado de derecho; el derecho de la igualdad, por un lado, y el derecho de ser más que otro en contraparte.

Protesta en apoyo a los migrantes después de la victoria electoral de Donald Trump. //Foto: Miriam Torres.

El mismo trofeo persiguen latinos y estadounidenses. En medio de esta pelea millones de indocumentados son enviados a su país de origen, donde en muchas ocasiones las atenciones que reciben se limitan a su recepción y distribución. Según datos del Consejo Nacional de Población, publicados en su estudio "Situación Demográfica de México 2015", tan solo el año pasado llegaron a México 207, 273 connacionales desde Estados Unidos en calidad de deportados.

La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), la Secretaría de Gobernación (SEGOB) y el Instituto Nacional de Migración (INM) son las principales dependencias que a nivel nacional atienden asuntos migratorios. Durante el presente año las dos primeras instituciones firmaron en conjunto el acuerdo "Somos Mexicanos. Aquí tienes las puertas abiertas", con el que se trata de impulsar los programas ya existentes que abogan por los derechos de los migrantes, pero con una adición: procurar a los deportados en su fase de reinsersión a la sociedad mexicana.

Dentro del “Presupuesto de Egresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2017” aparecen otros programas dirigidos a la comunidad migrante –sin que esto considere necesariamente a los deportados–: Atención a Migrantes, de la SRE y al cual se asignaron 75 pesos; Atención a Migrantes de la Secretaría de Desarrollo Social, con 156.5 pesos; y por último el Programa 3x1 para Migrantes, al que se le otorgaron 137, 826,857 pesos, aunque éste no atiende a los deportados, sino a un selecto grupo de comunidades elegidas por los mismos mexicanos que residen en Estados Unidos.

En contraparte, la solcitud de información realizada por un ciudadano -folio 0411100087616- que pregunta al INM el presupuesto ejercido para asistencia a deportados, además de la inversión en regresos asistidos por vía terretre y aerea durante el periodo de 2001 a 2015, demuestra que la suma de dinero invertido en los deportados se concentra principalmente en las atenciones que reciben en su ingreso a México. El gasto en el traslado de personas, en este caso, es el más alto.

Al momento de la entrega de este trabajo no se recibió respuesta de la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Relaciones Exteriores para la realización de una entrevista respecto al tema.

El rostro de la deportación

Cada mexicano deportado desde Estados Unidos es una historia distinta. Más de doscientas mil desde el 2015, según el CONAPO, son las que se cuentan en voz de quienes forman parte de la lista más larga de deportados desde hace 30 años. El gobierno del demócrata Barack Obama ha sido reconocido por periodistas y analistas como el que más expulsiones de indocumentados ha realizado en comparación con las cuatro gubernaturas que le anteceden.

Está, por ejemplo, Ana Laura: dos intentos después de haber querido cruzar la frontera México-Estados Unidos sin éxito, Ana Laura sólo piensa en dosificar el aire que cabe dentro de una cajuela de un automóvil; calcula que han pasado 40 minutos y no se imagina más allá de la caseta que divide a Tijuana del sueño americano. Contorsionada en menos de un metro cuadrado, su entrada al país vecino fue tan exótica como turbia su expulsión de Chicago.

La historia de Ana Laura es la misma de los miles de connacionales que abandonan México para migrar a Estados Unidos: la búsqueda de mayores oportunidades salariales, laborales, educativas, de vivienda y de salud. Ella residió 15 años en el estado de Illinois hasta que el octubre pasado, en un aeropuerto, un grupo de policías no identificados como de inmigración la devolvieron a la capital mexicana.

“Ese día iba a regresar a México yo misma, pero ha arreglar mi situación migratoria. Me detuvieron en el aeropuerto, los policías entregaron mi pasaporte a una azafata e incluso aprovecharon que yo ya tenía mi boleto para regresarme al país. Yo pagué mi deportación”, acusa Ana Laura sobre el procedimiento con el que se le expulsó de Estados Unidos y contra el que, con ayuda de familiares, ya inició una queja en espera de que se apruebe una audiencia justa que evalúe su condición legal.

Según las leyes estadounidenses, toda persona que enfrente un proceso de deportación debe ser puesta a disposición de un juez especial que dictamine su estatus después de tener en consideración elementos como antecedentes criminales o tiempo de residencia (legal o ilegal). Ana Laura se apega a la "Ley de diez años", misma que defiende a un indocumentado de no ser deportado siempre y cuando cubra los requirementos ya mencionados, además de haber vivido una década continua en Estados Unidos, o más.

Ana Laura, mexicana deportada de manera irregular desde Illinois, Chicago.// Foto: Miriam Torres

“Imagina que llegas a un lugar donde no existes. No conoces a nadie porque llevas quince años afuera y ya nada es igual: los edificios no son los mismos; las calles cambiaron; tu familia -mis hijos en mi caso- ya son todos adultos y, aunque tuve contacto con ellos todo el tiempo que estuve en el extranjero, regresar a verlos es un gran impacto”, resume Ana Laura de su vuelta a México, además de agregar las complicaciones de insertarse en el campo laboral y la actividad económica nacional: "Busqué trabajo por un mes y me di cuenta de que en México después de los 40 años no sirves para nada; no se te califica por tus capacidades, sino por tu edad y eso bloquea muchas oportunidades”.

Mientras estuvo en Chicago, Ana Laura se convirtió en activista por los derechos de los inmigrantes latinos que residen en Estados Unidos. Algunas de sus ideas coinciden con las de especialistas consutados para esta investigación en cuanto a los retos que debe afrontar México ante el aumento creciente de las deportaciones en EE.UU: generar políticas públicas que atiendan a los deportados; aumentar el presupuesto a los programas existentes que se ocupan de la migración de retorno; además de generar mayores oportunidades de empleo, educación, salarios competitivos, acceso a servicios de salud y vivienda, motivos que obligan a los ciudadanos mexicanos a abandonar el país. "La mejor cura para la migración, es la prevención".

Sin dudar y con amplio conocimiento del asunto, Ana Laura desglosa las características del DACA y DAPA, el primero un programa que defiende los derechos de los niños llegados a Estados Unidos a temprana edad y el segundo en apoyo a los padres de los nacidos en EE.UU; no cree además que quien sea que esté en la Casa Blanca durante próximo mandato haga un cambio drástico a las leyes en favor de los migrantes.

La influencia de los mexicanos en Estados Unidos no sólo es política, sino que en el área económica las remesas especialmente tiene una presencia fuerte tanto para México como para Estados Unidos. Según el Banco Nacional de México en los meses de julio, agosto y septiembre del presente año la cantidad dinero que los mexicanos enviaron desde Estados Unidos a nuestro país asciende a más de siete mil millones de dólares.

Sin embargo, no todo el dinero enviado en remesas llega a las arcas de México, pues en el país vecinos existe una tasa de impuesto por estos envíos que en 2015 dejó a Estados Unidos más de 11 mil millones de dólares, según datos del Instituto de la Fiscalización y Políticas Públicas (ITEP, por sus siglas en inglés).

“Cuando estás en Estados Unidos los que nacieron ahí te discriminan por ser extranjero. De igual forma ese país tiene las condiciones para que, si eres inmigrante, seas mano de obra e incluso tengas acceso a comprar bienes, pero no son las mismas facilidades cuando se trata de hacer un trámite para obtener una identificación. Puedes comprar un carro, pero no tener tu tarjeta de circulación.

“En México son distintos problemas. Llegas y no sabes a dónde debes dirigirte, en especial si es un caso irregular de deportación por el que no pasas por ninguna institución. El acceso a servicios por ser mexicano es muy tardado, lo mismo que cuando quieres obtener un trabajo. Ni en México a los mexicanos deportados, ni en Estados Unidos a los extranjeros, se nos reconoce las contribuciones que hemos hecho.”

Ana Laura Tiene dibujada a su familia en la muñeca. De la raíz de un árbol se desprenden seis tallos que no dejan de multiplicarse: “Estos tallos que sobran son para cuando tenga nietos”, explica Ana Laura con una sonrisa en el rostro, Palacio Nacional y la bandera mexicana en la plancha del Zócalo de fondo. “De mis hijos que viven en Estados Unidos no me gustaría que vengan a México, allá están en mejores condiciones, y mis hijos aquí… quisiera tenerlos allá también”.

Datos oficiales de la SEGOB colocan a los estados del norte como los principales centros de recpción de deportados durante el 2016. La Ciudad de México destaca como una de las regiones que recibe a más personas deportadas después de los estados norteños. La capital del país forma parte de un acuerdo bilateral con Estados Unidos, mediante el cual se envía a los inmigrantes por vía aérea a la Ciudad con el fin de salvaguardar su seguridad y así evitar el cruce de zonas hostiles dominadas por el narcotráfico y asoladas por el tráfico de personas.

"Es imposible frenar las deportaciones. En los próximos años Donald Trump no podrá expulsar de Estados Unidos a todas las personas que él prometió, pero sin duda habrá deportaciones. Lo importante es la existencia de acuerdos bilaterales México-Estados Unidos para procurar a esas personas deportada, pero para eso se necesita la voluntad de Estados Unidos y esa no la tenemos", explicó en entrevista el doctor Jorge Bustamante, especialista en migración nacional e internacional y fundador del Colegio de México de la Frontera Norte.

El catedrático en la Universidad de Notre Dame, en Indiana, Estados Unidos, señaló que la integración a la sociedad mexicana por parte los deportados nacionales varía según la manera en que vuelven al país. Para las personas que forman parte de la "migración de retorno", consideró que su incorpación al sistema económico es uno de los más importantes.

Frente a la amenaza de que las tasas de deportaciones de mexicanos sigan creciendo en Estados Unidos, Jorge Bustamante dijo que "no existe un indicador que nos diga que México está preparado para recibir a más deportados en los siguientes años", en referencia a la existencia de programas públcos que atiendan a las personas con esta condición; la base económica que soporte la llegada de los más de 2 millones de mexicanos que se vieron amen zados en las últimas elecciones estadounidenses y las oportunidades laborales necesarias para que los inmigrantes expulsados tengan capacidad de desarrollo personal.

"El gobierno mexicano debería implementar programas que validen los derechos humanos de quienes regresan al país y para eso debería entervenir la CNDH, aunque no se ha realizado. El hecho de que sean personas deportadas no significa que no puedan acceder a lo que por ley merecen", concluyó el sociólogo Jorge Bustamante, que desde la Universidad de Notre Dame apuntó que la migración de retorno debe ser igual de valorada que los emigrantes que llegan del exterior hacia México ya sea para quedarse o para igresar a los Estados Unidos.

Llegar a México, empezar de cero

Ana Laura llegó a Chicago hace 15 años. Se trata de uno de los destinos más frecuentados por los emigrantes que viajan al país vecino en busca de mayores oportunidades. El Centro de Estudios Sociales y de Opinión Públia, así como el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), colocan a Ilinoys entre 2013 y 2014 como uno de los cinco estados donde residen la mayor cantidad de mexicanos que viven en Estados Unidos.

Gráfica del estudio "Migración, remesas, migrantes y deportaciones", del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública.
Estadística recuperada del estudio "Estadística a propósito del día internacional del migrante", del INEGI

Con su arribo a la Ciudad de México, Ana Laura acudió a la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades (SEDEREC) después de ser orientada por diversas organizaciones civiles en Chicago y la capital del país.

Desde el 2010, la SEDEREC incluyó como beneficiarios del seguro de desempleo a los deportados. Ana Laura, que tuvo acceso a este programa, recibirá poco más de dos mil pesos durante los primeros seis meses que resida en la Ciudad de México. A quienes llegan con su misma calidad jurídica, también se les ofrece 25 mil pesos para iniciar un negocio propio y así reinsertarse en la actividad económica mexicana.

Una de las principales probelmáticas que especialistas como Jorge Bustamante y activistas por los derechos de los migrantes encuentran en el regreso de los connacionales a México, es la poca difusión de los programas sociales enfocados al apoyo de los deportados.

La Organización Binacional Migrante Aztlán, encabezada por María García, colaboró con el gobierno local de Marcelo Ebrard en la Ciudad de México para que se aceptara a los deportados en el seguro de desempleo. Esta misma organización, que colabora conjuntamente con otras que residen en Chicago, también condujo a Ana Laura a la SEDEREC.

"La situación de cada deportado es diferente porque son regresados a México de distintas maneras y por diferentes causas; entonces hay una manera distinta de apoyarlos. Sin embargo, lo principal casi siempre es buscar la manera en que se agilicen los trámites legales para que quien es deportado rehaga su vida, eso incluye acceder a los derechos que el solo ser mexicano le concede”, explicó María García.

La activista dedicada a la defensoría de los derechos de los migrantes, asegura que las mayores complicaciones que una persona deportada enfrenta son, primero, la adaptación social incluso con su familia; y en segundo lugar el acceso al campo laboral y de salud, muchas veces bloqueados por los trámites de documentos oficiales como la credencial de elector, que pueden tardar semanas o meses.

Sin afirmar que la de Ana Laura es la historia generalizada de los deportados mexicanos, María García asegura que muchos de los connacionales devueltos al país prefieren regresar a sus estados de origen, donde esperan que su núcleo familiar y amistades los apoyen en su reinserción no sólo laboral y económica, sino social y cultural; estos últimos considerados por la activista los más complicados, pues después de años de vivir lejos de México las personas deportadas han adquirido otras costumbres y deben iniciar, por tercera ocasión, su vida desde cero.

Mientras, Ana Laura trata de acostumbrarse a su nueva vida. La zona centro de la Ciudad de México, con sus viejos edificios barrocos y el espectáculo que vive en sus calles, es el lugar en el que Ana Laura quiere reconocerse como mexicana una vez más. Sin embargo, no abandona la esperanza de volver a Estados Unidos.

Uno de los motivos por los que quiere regresar es su lucha por los derechos de los migrantes, fenómeno que considera con pocos avances en el país vecino, “y en México deberíamos también empezar a movilizarnos no sólo por nosotros, los deportados, sino por los mismos migrantes que llegan desde otras regiones y sufren discriminación desde las instituciones hasta los ciudadanos. México, como EE.UU., aunque en menor medida, es racista”.

Termina: “Sí, en México están todas esas deficiencias que en su momento hicieron que me fuera, y hoy todavía están presentes. Pero no sólo es eso, quiero pelear para regresar a Estados Unidos por el solo hecho de que ya me acostumbré a mi antigua vida. No quiero empezar de cero de nuevo”.

Continúa leyendo información complementaria de este trabajo.

[Este trabajo fue realizado por Alexis Ortiz y Otoniel Pavón, estudiantes de la carrera Ciencias de la Comunicación (periodismo) en la Univesidad Nacional Autónoma de México. Fotografía: Miriam Torres, estudiante de la misma carrera y Universidad.]

Credits:

Miriam Torres

Made with Adobe Slate

Make your words and images move.

Get Slate

Report Abuse

If you feel that this video content violates the Adobe Terms of Use, you may report this content by filling out this quick form.

To report a Copyright Violation, please follow Section 17 in the Terms of Use.