El dolor ha sido un gran maestro. por Iria F. Suárez

Hoy que mi cuerpo esta hundido en dolor, intento encontrarle un sentido...

Pasamos la vida huyendo del dolor. Nos perdemos la lluvia, un atracón de helado y el amor. Nos perdemos el amor!

Todo ese miedo a ser heridos nos lleva a escondernos de la vida. Nos han enseñado que el dolor es algo que debemos evitar como el llanto y el enojo. ¡Corre! ¡escóndete! que no te encuentre el amor, porque romperá tu corazón.

Lo cierto es que como todo, el dolor te persigue hasta ponerse frente a ti y te grita ¡Mírame! ¡También soy parte de la vida!

Yo me escondí del dolor físico, pero me encontró y ha resultado un gran maestro. Hoy puedo verlo a los ojos, estoy lidiando con el. La filosofía budista nos enseña que el sufrimiento se da cuando no aceptamos lo que vivimos. El dolor está en rechazar el dolor. Cuando logramos sumergirnos en nuestra pena y realmente nos permitimos vivirla, esta va bajando su nivel de intensidad. Todo esto lo comprobé hace años pero el dolor físico me ha enseñado de manera diferente.

Cuanto tienes verdadero dolor, tu mente no puede ir a ningún lado, ni atrás ni adelante, solo esta ahí de lleno en tu cuerpo. Es una consciencia absoluta en el presente. Te enseña a estar aquí y ahora, no puedes escapar. Lo racionalizamos, sabemos que solo es un mensaje eléctrico del cuerpo para que pongamos atención y le demos lo que necesita. Incluso he comprobado que si realmente conectas con tu cuerpo y le haces saber que has captado el mensaje, este deja de enviar el impulso. Pero tu mente se distrae, deja entrar otra cosa y de nuevo recupera tu atención con un dolor intenso. Solo es tu cuerpo tratando de comunicarse contigo.

He logrado estar presente, más que meditando, más que con yoga, totalmente presente aquí en mi cuerpo sintiendo el dolor. Se ha convertido en una práctica de meditación en donde le permito estar y agradezco su mensaje. Pero también me ha hecho revalorar la vida, poner en perspectiva lo que significa "estar bien".

Estar bien toma otra dimensión que no puedes ver cuando siempre has estado "bien". El valor de tu cuerpo, de tu movilidad, de la vida misma y todo lo que implica (incluso el dolor) cobra un nuevo sentido.

He encontrado disfrute en ver la naturaleza y aislar el sonido, concentrarme solo en las sensaciones físicas.

Pasé un buen rato viendo una máquina moviendo tierra mientras me deleitaba al sentir en mis manos su peso, su textura áspera.Miré un pájaro con otros ojos, unos que podían tocar la humedad de sus plumas. Sentí la piel de las personas que amo y me llené de dicha sabiendo que sigo aquí y tengo el privilegio de disfrutar la vida con un cuerpo físico que acaricia y besa, que se raspa y sangra.

Hoy le pido a la vida que esta experiencia intensa no pase en vano, que me deje una huella profunda, que no olvide lo que ha venido a decirme. Quiero poder estar siempre presente, no olvidar lo que realmente es importante. Quiero amar sin temor a salir raspada, quiero mojarme, reír a carcajadas, llorar como una loca y sentir el enojo a flor de piel. Quiero recordar siempre que la vida es un todo, luz y sombra, dolor y placer. Porque así el placer se disfruta más, sin límites y se ama más, sin miedo. Si te encuentro en mi camino déjame llorar, deja que mi enfado se libere, déjame amarte, abrazarte y besarte como una niña. Porque el dolor cobra sentido cuando puedo sentir con toda intensidad todo lo que la vida me da.

Iria R. Suárez es psicóloga y coach especialista en procesos de cambio en mujeres.
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