Acuacultura: LA PANACEA DEL MAR

Experto UCR desarrolla sistemas de acuacultura basados en algas y plantas comestibles con alto valor nutricional.

Por: Otto Salas Murillo / otto.salasmurillo@ucr.ac.cr

En el planeta existen 795 millones de personas hambrientas según datos divulgados por el Informe del Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo 2015, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), entidad que define hambre como sinónimo de desnutrición crónica.

La FAO advierte que Latinoamérica, África y Medio Oriente muestran un constante aumento en su población y por el contrario su producción agrícola está disminuyendo, variables que juntas podrían desembocar en una crisis alimentaria; asimismo menciona otras aristas que contribuyen a que se cumpla dicho panorama sombrío como el cambio climático, escasez de agua y degradación de la tierra.

Sin embargo, desde la Universidad de Costa Rica (UCR) se impulsa una iniciativa que ya ha sido puesta en práctica tanto en el ámbito local como internacional, que vendría a subsanar parte de los problemas por la falta de alimentos.

El Dr. Ricardo Radulovich, director de la Escuela de Ingeniería de Biosistemas (EIB) de la UCR y especialista en la utilización de agua en la agricultura, tiene 20 años de experiencia en trabajar con temas como cambio climático, escasez del recurso hídrico y más recientemente en formular propuestas para paliar las crisis alimentarias; “hemos vivido muchos años dándole la espalda al mar y es mínimo lo que se hace con este recurso, excepto sobreexplotarlo o contaminarlo”, mencionó el Dr. Radulovich.

La UCR galardonó al Dr. Radulovich con el Premio Investigador 2016 Área de Ingeniería por su contribución al desarrollo de la acuacultura (foto Ricardo Radulovich).
Conocimiento costarricense

La opción en la que se ha centrado el Dr. Radulovich junto a un equipo de trabajo en el que han participado la M.Sc. Schery Umanzor Rodríguez, M.Sc. Rubén Cabrera García, M.Sc. Rebeca Mata Barboza y M.Sc. María José Rodríguez Vásquez, todos de la EIB, es en la producción sostenible de algas y plantas marinas comestibles.

Ambos grupos de especies representan un potencial productivo de alimentos extraordinario, según comentó el Dr. Radulovich, ya que su cultivo se puede desarrollar en el mar y en lagos, “el cultivo flotante en lagos es muy simple, utilizamos macetas que tienen huecos por debajo en los que entrará el agua para que la planta viva y crezca en un entorno favorable, el truco está en tenerla flotando en un arreglo hecho a base de botellas de plástico, madera o bambú; a veces lo más simple es lo que se nos escapa”, explicó.

En el mar existen algas marinas, principal cultivo que se promueve, y plantas halófitas que significa que toleran la sal, de ahí que el Dr. Radulovich adaptó los sistemas de cultivo utilizados en lagos para que funcionen en el mar, “colocamos macetas que llevan tierra para poder colocar fertilizante, pues aunque el agua de mar tiene algunos nutrientes por lo general no tienen los suficientes para que estos cultivos se desarrollen de manera apta para producción; lo hemos probado y las plantas sobreviven pero crecen muy poco y mueren precisamente por falta de nutrientes”, describió el especialista.

También han logrado producir cultivos terrestres en el mar mediante la flotación y regados con agua de lluvia o agua purificada mediante destiladores solares; una ventaja es que este tipo de producción de plantas terrestres se da sin plagas o patógenos de por medio, por lo que el producto es orgánico, más barato de elaborar y no contamina el medio ambiente.

“Los fertilizantes los ocupamos solamente para las plantas terrestres que producimos en el mar, porque las plantas acuáticas y las algas no los ocupan, de hecho ellas limpian el agua del exceso de nutrientes y por ejemplo la marea roja es producto de ello, pero si tenemos extensas zonas cultivadas con algas marinas estaríamos limpiando el agua y eso se llama bioremediación”, destacó el Dr. Radulovich.

El Banco Mundial otorgó a esta propuesta $200 mil en el 2007 para apuntalar la investigación y desarrollar estos sistemas en el mar, además en este 2017 el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones (MICITT) aprobó un fondo de incentivo de ₡50 millones para que se lleve a cabo un proyecto en el golfo de Nicoya y en Cuajiniquil.

“Fui invitado a impartir un curso en Malaui, país africano que no tiene mar pero cuenta con un lago de 24 mil kilómetros cuadrados de extensión en donde tienen sobrepesca y sistemas de acuicultura basados en tilapia, una especie no nativa; allá logramos desarrollar un concepto de acuicultura basado en plantas flotantes como tomate y lechuga”, señaló el Dr. Radulovich.

Productos con alto valor nutricional

A partir de esta propuesta de acuacultura se pueden trabajar cultivos de algas marinas, tomate, pepino, maíz, arroz y plantas acuáticas tales como lirio y lechuga; también tienen un apartado en el que se crían peces herbívoros alimentados con algas, “hablamos de un concepto ecológicamente inteligente que fomenta la vida, no genera toneladas de excremento que va a parar a los mares o peces que se escapan y contaminan genéticamente un espacio acuático, queremos incorporar todos estos elementos en un esquema viable”, aseveró el Dr. Radulovich.

Alga café Sargaso en frijoles marineros (foto: Ricardo Radulovich).
Alga verde en lavado postcosecha (foto:Ricardo Radulovich).
Actualmente el Dr. Radulovich planteó una propuesta ante un fondo internacional para implementar esta acuacultura en Malaui, Etiopía, Bangladesh, Nicaragua y Bolivia (foto Ricardo Radulovich).

Según la publicación titulada Algas tropicales: cultivo y uso como alimento (Radulovich, Umanzor y Cabrera, 2013) las propiedades nutricionales incluyen aportes calóricos que son casi iguales a los cultivos terrestres pero con alto contenido de proteína y una composición balanceada de aminoácidos, ácidos grasos poli-insaturados, poca grasa, amplia gama de vitaminas que incluye B12, mucha fibra dietética y minerales, por lo que son consideradas excelentes fuentes de hierro, zinc y contienen además ácidos grasos omega 3 y 6.

Algunas de las algas comestibles son repollo de mar, uva de mar, pluma de mar, espinaca de mar, lechuga de mar, alga calcárea, bolitas de mar, alcachofa marina, pelo de cabra, entre otras, y se pueden preparar en ensaladas, sopas o solas como bocadillos, envueltas en huevo y como ingredientes adicionales en palitos de queso, arroz con mariscos, mezcladas con frijoles o en pizzas, “es un cambio de paradigma para toda la humanidad, pues la producción de alimentos no tendría su base en tierra, sino en el mar y en lagos”, concluyó el Dr. Radulovich.

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C+T | Suplemento de Ciencia y Tecnología
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Credits:

Ricardo Radulovich

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