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La agonía de los bosques interandinos bolivianos REDACCIÓN: BRENDA MOLINA / CARLOS ESPINOZA / SANTIAGO ESPINOZA

El limitado personal de control, la extracción de áridos y la explotación hidrocarburífera, entre otros factores, amenazan la vida de estos bosques en áreas protegidas de Tarija y Chuquisaca. La reforestación resulta insuficiente para salvaguardar los ecosistemas que en ellos existen.

Una lenta desaparición, entre la indiferencia y la desinformación, pone en peligro la existencia de los bosques interandinos de Bolivia. Los pocos esfuerzos de recuperación forestal volcados solo en las zonas amazónicas.

La deforestación y pérdida de bosques nunca había sido tan evidente en el país como en los últimos 10 años, en los cuales expertos ambientalistas califican las cifras como críticas y alarmantes. Particularmente, de 2019 a 2021 se calcula que dicha reducción se triplicó en promedio, de 250.000 a 750.000 hectáreas por año aproximadamente.

Las zonas más afectadas por esta actividad ilícita son los bosques amazónicos, a causa de la tala indiscriminada y otros rubros, seguidos por los chiquitanos y chaqueños, que a su vez son los de mayor extensión en el país.

BOSQUES OLVIDADOS

La seguridad y subsistencia de los bosques secos interandinos se ve amenazada por al menos cuatro problemas: incendios, tala, pesca indiscriminada y pocos recursos para su cuidado y preservación. A esto se suma la ausencia de planes que vayan más allá de la reforestación.

Así lo relatan los directores de las cuatro áreas protegidas al interior de estas regiones: Tariquía, Aguaragüe y Sama en Tarija y el Iñao en Chuquisaca.

TARIQUÍA

La directora interina de la Reserva Nacional de Flora y Fauna Tariquía, Carmen Ortega, celebra el número reducido de incendios registrados esta gestión ene este espacio. Sin embargo, destaca el hecho de que el control de estos eventos se hace efectivo gracias a la coordinación y trabajo conjunto con las comunidades que residen al interior de esta área protegida, toda vez que los guardaparques que trabajan allí son 15, para el cuidado de alrededor de 246.870 hectáreas.

Los trabajadores del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap) cuentan con un par de camionetas, dos motocicletas y suelen movilizarse también a caballo en algunos campamentos. Muchas veces la extensión de este espacio juega en contra.

Ortega subraya la necesidad de estudios técnicos que ayuden a las comunidades de Tariquía a ser autosuficientes.

"Necesitamos que personal técnico nos ayude a captar recursos y desarrollar el tema productivo, para que también las comunidades aprendan a mejorar su condición de vida y posteriormente evitar la migración. A veces los pobladores que sufren mucha necesidad económica caen en la tala y pesca ilegal, pero la mayoría son conscientes de que viven en un área protegida", indica, a tiempo de mencionar el desarrollo de la apicultura con gestiones de la Empresa Boliviana de Alimentos (EBA).

RESERVA DE SAMA

Con una extensión de aproximadamente 108.500 hectáreas, la Reserva Biológica de la Cordillera de Sama tiene siete guardaparques y un jefe de protección.

El director de esta reserva, Marcelo Ruiz, subraya como un problema constante la contaminación producida por visitantes que dejan gran cantidad de basura al interior de este espacio. "Es complicado ir por detrás de la gente para que no ensucie. Cuando termina la hora de ingresos, los guardaparuqes tienes que recoger toda la basura que deja la gente y dejar limpio".

La extracción de áridos y material vegetal también son problemas constantes contra los que tienen que lidiar.

"Tenemos un poco de la extracción de áridos, de los ríos y quebradas que tenemos, hay los volqueteros que acarrean material como piedra, ripio y arena, sin consentimiento. Hay extracción de material vegetal también, como en la comunidad del Rincón de la Victoria, hay Guayabo y la gente lo comercializa para arreglos florales en la ciudad”, dice.

Ruiz asegura que los incendios ya no forman parte de los grandes conflictos que se enfrentan al interior de esta reserva, aunque después de uno de los siniestros más graves que tuvo lugar en 2017 se realizaron distintas actividades de reforestación con apoyo de instituciones de Gobierno y otras privadas.

AGUARAGÜE

El jefe de Protección de la Serranía del Aguaragüe, Danis Vaca, reporta que los pequeños focos de calor registrados tanto al interior del área protegida como en las afueras son controlados gracias al trabajo conjunto de los guardaparques con los comunarios que habitan al interior de la zona.

En esta área protegida hay 14 guardaparques y un equipo técnico de cinco encartados que se encargan del cuidado de alrededor de 111 mil hectáreas.

"El personal de protección tiene, dentro de sus actividades, reuniones con las comunidades que viven dentro del área protegida para trabajar con ellos, porque sería imposible que nosotros con un grupo de 14 personas podamos frenar las actividades ilegales dentro del área sin el apoyo de la gente local. Fruto de esta coordinación con las autoridades locales existe esta situación controlada", asegura.

Asimismo, reporta la reducción de conflictos en torno a actividades como la tala y otros ilícitos, respecto a las cuales se realizan trabajos de control y charlas con todos los municipios que forman parte y son colindantes con la reserva.

IÑAO

El Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Serranía del Iñao es, quizá, una de las áreas protegidas que presenta mayor número de conflictos debido a la gran extensión que abarca cuatro municipios chuquisaqueños, Monteagudo, Villa Serrano, Villa Vaca Guzmán y Padilla.

El director de esta área protegida, Guido García, indica que "las dificultades tienen que ver con la protección de los recursos naturales y la gran biodiversidad que se albergan en estas áreas. Siempre vamos a tropezar con conflictos sociales con los comunarios que están en el interior".

"Como tenemos bastante madera y fauna, el trabajo de control es difícil. La pesca indiscriminada en las dos cuencas, de Río Grande y Azero, es una amenaza. La expansión agrícola es una demanda constante de los comunarios porque tienen que producir para sobrevivir. Tenemos que lidiar con este interés", explica.

Respecto a los incendios, todavía lamenta la gran aceptación causada por uno de los siniestros más grandes, que se registró en 2020 y consumió cerca de 9 mil hectáreas. "Esta gestión nos enfocamos en la prevención y control de incendios forestales. Fue una tarea bastante ardua con todas las comunidades donde tenemos incidencia por el tema de los chaqueos y sobre todo cuando no toman las medidas de prevención".

Indica que la capacidad de recuperación de la zona es bastante rápida, y sumado a ello se realizaron algunas campañas de reforestación. Esta área protegida cuenta con el trabajo de 11 guardaparques y un jefe de protección.

"Tenemos también algunas limitaciones logísticas y de recursos para poder hacer el trabajo de manera mucho más eficiente. Sin embargo, buscamos la forma y gracias a la cooperación de los gobiernos municipales y otras organizaciones estamos logrando cumplir la gestión de manera satisfactoria a diferencia del año pasado que hemos tenido muchas dificultades", agrega.

Más allá de lo que a primera vista luce como un área seca, sin vida ni aporte alguno, los bosques secos interandinos son de los más ricos y albergan especies que son endémicas e incluso su existencia depende de la continuidad de estos espacios, cuya extensión alcanza varios departamentos de la zona central y sur del país, Tarija, Chuquisaca, sur de Cochabamba y parte de Potosí y Santa Cruz.

Los bosques secos interandinos cubren una extensión aproximada de 44.805 kilómetros cuadrados, es decir cerca de 4.5 millones de hectáreas, que representaría casi el 8.5% del total de bosques a nivel nacional.

Con los años, algunas zonas que se hallan dentro de estas regiones pasaron a ser reservas biológicas y áreas protegidas.

NECESIDADES URGENTES

La necesidad de mayores recursos logísticos, estudios técnicos y de personal es evidente en estas áreas, en las cuales los guardaparques y responsables se ven en la necesidad de recurrir a la ayuda de los comunarios que también los habitan.

Los directores consultados, de las cuatro áreas protegidas en zonas interandinas, coinciden en que las reuniones y charlas que sostienen con los miembros de las comunidades son una de las formas más provechosas de concientización acerca del grave daño irreversible que la deforestación y las quemas representan para estos pulmones bolivianos.

En el caso de Tariquía, se manifiesta con mayor énfasis la necesidad de realizar estudios técnicos y sociales que ofrezcan a los comunarios nuevas alternativas económicas para que estas familias puedan subsistir, toda vez que la crisis muchas veces los obliga a dañar los bosques y recurrir a la comercialización de distintos elementos naturales.

Otra de las alternativas que plantean estas autoridades es el fortalecimiento de las campañas educativas para generar identidad, empoderamiento y apropiación en todo el país, con respecto a los bosques interandinos.

"Pienso que así las personas podrían dejar de ver estos daños como ajenos o como si no tuvieran graves consecuencias", señala Ortega.

DETERIORO Y EFECTOS

El aumento general las temperaturas, tanto en áreas rurales como urbanas en todo el territorio nacional, es solo parte de un efecto terriblemente acelerado con la reducción de los bosques secos interandinos.

El ingeniero ambiental Rodrigo Meruvia explica que los efectos del daño a los bosques secos interandinos son variados y que van más allá del aumento de las temperaturas, toda vez que cumplen un papel importante en cuando a la regulación de la humedad del entorno.

Asimismo, estos bosques tienen características ecosistémicas muy diferenciadas a las altiplánicas y tierras bajas, ya que tienen predominancia endémica una gran variedad de fauna y flora, cuya existencia depende de la subsistencia óptima de estas zonas.

"Lo principal también es el tema de las cuencas, para lo que es la recarga acuífera, el acceso al agua, ya sea para el consumo o la producción. Entonces, son sumideros muy importantes de agua a nivel de todo nuestro territorio", indica.

Realizar actividades de tala indiscriminada, por ejemplo, no solo es un daño a la regulación del clima, sino también la destrucción de cientos de aves y especies que habitan en este sitio.

En el caso de los algarrobos, por ejemplo, la concentración de estos árboles incluye muchos ejemplares que podrían ser incluso centenarios. "Un incendio acaba en unas horas con un tesoro de un siglo".

HIDROCARBUROS

Meruvia advierte que muchas de las áreas de regiones interandinas, que albergan bosques y zona protegidas, son susceptibles a la exploración hidrocarburífera en busca de reservas de gas, que en caso de confirmarse pasarían a ser susceptibles de explotación.

"Se trata de unas áreas reservadas que coinciden con zonas para la exploración y (posiblemente) posterior explotación, en Chuquisaca, Tarija y Santa Cruz. Serían áreas susceptibles, solo que aun habría que probar si realmente hay reservorios de gas", señala.

También coincide con los conflictos de asentamientos urbanos, expansión agrícola, actividades de extracción de hidrocarburos y otros materiales, además de los incendios.

ENFERMEDADES COMO OTRO EFECTO

Meruvia agrega que, dentro de los terribles efectos, también pueden resgistrarse incremento en cifras de algunas enfermedades e incluso rebrotes, como dos casos en concreto que son el dengue y el antavirus en Bolivia.

En el caso del dengue, los anfibios y murciélagos cumplen el papel de controladores biológicos del principal transportador de esta enfermedad, el mosquito. Sin embargo, al haber dañado tantas zonas húmedas y de recarga acuífera, así como cuevas y otros espacios de hábitat natural de estos animales, no tienen otra alternativa más que migar e incluso alterar sus ritmos de alimentación.

Esta es una causa para la sobrepoblación de algunos mosquitos e incluso su fortalecimiento que, como ya es evidente, llevó el dengue incluso hasta departamentos del área andina, como La Paz y Potosí.

Por otro lado, el brote del antavirus en tierras bajas puede tener como uno de los principales factores la reducción en las poblaciones de felinos como el jaguar, que suelen incluir en sus dietas a los roedores, así como las aves rapaces que al ver sus hábitats destruidos recurren incluso a invadir comunidades y alimentarse de animales de corral, causando conflicto entre los comunarios.

MÁS ALLÁ DE LA REFORESTACIÓN

A criterio de Meruvia, las actividades de reforestación tras los incendios, parecen ser el plan predilecto de las autoridades y otros organizaciones de protección de bosques que proceden a ello incluso sin realizar los estudios pertinentes.

"Sabemos que hay estudios que pueden demorar mucho tiempo en concretarse, pero son necesarios para lograr realmente restablecer los ecosistemas en los parques afectados por incendios", manifiesta, a tiempo de reiterar que incluso una especie que es plantada en un hábitat no correspondiente puede causar serios desequilibrios.

Los testimonios recogidos de cuatro responsables de áreas protegidas en la región interandina evidencian la carencia de planes que abarquen estrategias formuladas más allá de la forestación y reforestación de sitios afectados por incendios.

Asimismo, la secretaria de la Madre Tierra en Cochabamba, Maricela Rodríguez, indica, por ejemplo, que se trabajan planes de forestación y reforestación después de los siniestros en distintas áreas del departamento.

"Hay que hablar de procesos de restauración donde se trabaje el tema de flora y fauna también, pero también en el área de educación. Falta identificarnos con estas áreas, apropiarnos y empoderarnos, de alguna forma dejar esas ideas equivocadas que dejan en la insignificancia estas áreas interandinas", agrega.

Por otro lado, el cumplimiento de los procesos penales a las personas que atentan contra el bienestar de estas áreas no se cumple. Tanto así, que la realización de un juicio a un grupo de acusados por el incendio del parque Tunari en Cochabamba, en 2019, es un hecho inédito a nivel departamental, así como detención preventiva de un acusado de iniciar un incendio en la laguna Alalay.

En la década de los años 90 hubo un solo programa que se ocupó explícitamente de estos bosques, denominado Probona (Programa de Bosques Nativos Andinos) en el que se pudo conocer su relevancia y aporte socioambiental, con iniciativas de un manejo comunal a pequeña escala. Sin embargo, al ser un apoyo de la cooperación internacional con poco involucramiento estatal, se perdieron loS avances de entonces.

Por otro lado, se ha trabajado la sistematización de experiencias de forestación y reforestación en el área andina de Bolivia ejecutadas en el periodo 2010 – 2016, a través del Programa Nacional de Forestación y Reforestación (PNFR), con proyectos como “Planta Arboles, Salva el Planeta” y “Planta Arboles, Cuida la Madre Tierra”. Este estudio refleja el aumento de la cobertura boscosa en una superficie de 23,554 hectáreas El documento fue entregado al Ministerio de Medio Ambiente y Agua, siendo capitalizada por el programa de FyF, dentro de la iniciativa Misión Madre Tierra, en la campaña nacional de forestación y reforestación 2018 – 2019.

A nivel técnico, se Instalaron parcelas permanentes de monitoreo en el Herbario Nacional de la Paz, Bolivia, y se colaboró en el desarrollo del Curso Internacional de Ordenación territorial y recuperación de formaciones vegetacionales degradadas del CONAF/AGCI en Chile, con una participación de 5 representantes de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú.

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