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Capilla Virtual octubre 2019

Universidad Interamericana de Puerto Rico

Recinto de Arecibo / Oficina Capellanía

Prof. Amílcar Saúl Soto Quijano

Quiero conocer tu Dios

Son muchas las historias tristes que oímos de una guerra. La guerra es una de esas situaciones que avergüenza la razón. Llegar a la violencia extrema para defender o probar un punto una idea o una creencia demuestra nuestra falta de empatía y civilización. Sin embargo, permíteme contarte una historia hermosa dentro de este escenario macabro. Dice la historia que un capellán del ejército se encuentra un soldado muy malherido. Sabiendo que le quedaba poco tiempo de vida, el capellán se le acercó para hablarle del sacrificio de Jesús en la cruz por él. Cuando comenzó a hablarle el soldado le interrumpió y le dijo: “me podrías dar primero un sorbo de agua que tengo mucha sed”, rápidamente el capellán tomó su cantimplora y la poca agua que le quedaba se la vertió en la boca al soldado. Seguido, el mal herido soldado le pidió otro favor: “me podrías dar algo de comer tengo hambre”. El capellán sacó de su mochila un pedazo de pan que había guardado para más tarde, se lo entregó y rápidamente comió del pan. Mientras comía el capellán comenzó a hablarle de cómo Dios podía ser el salvador de su vida. Pero sin permitirle terminar el soldado hizo otro pedido: “Capellán siento mucho frío”. El capellán se quitó su chaqueta y compasivamente cubrió el cuerpo de aquel soldado. En ese momento el soldado le hizo su último pedido: “ahora Capellán quiero conocer su Dios, porque tuve sed y usted me brindó su poca agua. Cuando le dije que tenía hambre me dio su comida y su chaqueta me quito el frío”. Obedientemente el capellán le presentó el evangelio, el sacrificio de Jesús para brindarle salvación y el soldado murió en los brazos del Salvador. Hemos sido llamados a expresar y llevar el evangelio de Jesucristo a toda criatura. Además de ser expresado en forma vocal, en muchas ocasiones es más contundente cuando lo demostramos con nuestra conducta y nuestro testimonio. Hoy en día la sociedad necesita ver el evangelio más que oírlo porque ya todos de alguna u otra forma lo han oído. De nada vale hablar todos los días, a todas las horas y en todo momento del amor de Dios a través de Jesucristo por todos nosotros si nuestras acciones demuestran lo contrario. Y hasta podríamos decir que, en un mundo de tanto egoísmo, de tanta antipatía y de tanto pecado podemos presentar el amor de Dios aún sin abrir nuestra boca. Muchas de estas necesidades son del corazón y estas se puede suplir a través de nuestras acciones reflejando el amor de Dios. Comencemos a ser responsables con nuestro testimonio; el también expresa las buenas nuevas del Evangelio.

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