Danza árabe, medio de liberación y aprendizaje de vida. Este baile ha abierto otros espacios tanto profesionales como humanos antes desconocidos.

Diana Araceli Bautista Castro es licenciada en Contaduría pero también, bailarina, coreografa y maestra de danza árabe, una disciplina que abrazó, y que además de ofrecerle un espacio de desarrollo profesional ha sido medio de liberación y aprendizaje de vida, y por tanto, una de sus pasiones.

Blanca Bautista se inició en la danza árabe en 2004, pero fue producto de su divorcio que se dedicó de lleno a aprenderla y practicarla. Este ejercicio formó parte de una liberación del “no”, al que las mujeres se han acostumbrado en el seno familiar y que tiene como fuentes a padres, hermanos, familiares y amigos.

Ese “no” limitante sigue siendo un enemigo con el que lucha día a día, pero que dice, “las mujeres tenemos que aprender a quitárnoslo”. La danza árabe ha sido vista en Occidente como una expresión de sensualidad, su práctica en el seno de una sociedad conservadora como la zacatecana, a la que califica de un poco cerrada, “ha sido difícil pero no imposible”, y menos aún para el caso de ésta que se considera una mujer “que sabido trascender obstáculos”.

Fue Mahamoud Reda, comenta, quien al modo de Amalia Hernández para el caso de México, incorporó en estas tradiciones desplazamientos escénicos de los que carecían, para hacer estas danzas más vistosas, e incorporó también elementos de las danzas clásica y contemporánea, para finalmente llevarla del ámbito doméstico a los escenarios.

No obstante, la danza árabe tampoco se ha deshecho de los prejuicios que la consideran un género menor al lado de otras modalidades dancísticas como la contemporánea o la clásica.

Ante ello, Bautista señala, ha logrado insertarse en los mejores escenarios del mundo, y en el caso de su academia Shahdana, la formación se sustenta en estos pilares formativos, que la han enriquecido.

Actualmente en los países islámicos, agrega, su práctica pública está prohibida para las mujeres. Y en Occidente existe el error, acerca de que este tipo de bailes son para agradar a los varones, una apreciación que señala, deben quitarse las mujeres de la mente, pues se practica para sí mismas.

Hace poco tiempo, la promotora en Zacatecas de la campaña mundial contra la violencia hacia las mujeres “Un billón de pie”, Ana Paulina García, también coreógrafa y bailarina, señalaba que el baile concientiza el cuerpo y la gente que lo practica “sabe qué quiere y que no quiere para él”.

Bautista coincide con la aseveración y refiere que luego de haber vivido ella misma violencia de muchos tipos, ha logrado con esta danza milenaria ahondar en sus problemas personales más profundos y trascenderlos. Son ciertos los dichos dice, “y muchas veces el cuerpo grita lo que el alma calla”.

Con la práctica del denominado en Occidente, belly dance –danza del vientre-, que en realidad conjunta un mosaico de expresiones culturales de Medio Oriente, Norte de África e India, ha aprendido a leer desde el cuerpo las emociones que provienen desde la niñez.

“Muchas veces un cuerpo te dice mucho. A ver ¿por qué no puedo hacer esto?, ¿por qué mi cuerpo me responde así?”.

La conexión con este arte provino para ella de una exhibición en la que participaban unas familiares suyas en Guadalajara. Fue en aquella ciudad donde inició su aprendizaje, primero mediante clases particulares con Rita Milán.

Como una de sus más apreciadas experiencias y logros, Blanca Bautista señala su ingreso y tránsito por la Arabian Dance School, también ubicada en la capital de Jalisco y que destaca como el inicio de su formación profesional.

Subraya de estos cinco años, mismos en que pudiera cursarse una licenciatura cualesquiera, el hecho de que a cada fin de cursos procedió un examen que en caso de no ser aprobado implicaba la vuelta al estudio hasta trascenderlo.

Con Amir Thaleb y Yousef Constantino, maestros de la Arabian Dance School, ambos argentinos pero de ascendencia siria y egipcia, respectivamente, obtuvo la certificación.

Blanca Bautista también expone como otra de sus grandes satisfacciones, la fundación de su grupo de danza Shahdana, motivada por la convocatoria para participar en una puesta en escena inspirada en Las mil y una noches para la que era necesaria la participación de un grupo de bailarinas de belly dance, esto en 2007 y en el contexto del Festival Internacional de Teatro de Calle.

Un año antes, y apenas uno después de su ingreso en la Arabian Dance School, ingresó a dar clases en la Casa Municipal de Cultura de Zacatecas, donde se ha mantenido en esta función hasta la fecha. Y son ya siete años consecutivos en los que participa asimismo en el Festival Cultural Zacatecas.

Dentro de su currículum se encuentra la función como coordinadora académica del Diplomado en Coreografías Contemporáneas, que para la profesionalización de los bailarines locales de diversas orientaciones, avalaron coordinadamente el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Instituto Zacatecano de Cultura (IZC) el pasado 2014.

Blanca Araceli Bautista Castro se siente agradecida con la vida misma por lo que le ha ofrecido, en particular, con la danza que le ha abierto otros espacios tanto profesionales como humanos antes desconocidos.

Seguirá, dice, luchando para que en Zacatecas haya en este contexto eventos de calidad y para que la disciplina se profesionalice, de manera que localmente esta danza milenaria siga viva y la sociedad zacatecana elimine sus prejuicios hacia ella.

“Porque yo sé que cada mujer que la conoce y llega a tocarla, cambia muchos aspectos fundamentales de su vida. Esta danza es liberadora…”.

Ante los “noes” sociales, Blanca Bautista se ha propuesto afirmativamente, aprendiendo a decir sí “a algo que me gusta, algo que quiero hacer, a algo que a lo mejor mucha gente no entiende pero que es totalmente bello y con lo que yo congenio. Y lo voy a seguir haciendo. Y hablo de la lucha interna y luego con los demás…hasta que yo pueda”.

Created By
Ahtziri Vázquez
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