Que la fuerza te acompañe: la de voluntad

"Quien mueve montañas empezó apartando piedrecitas." Confucio

Estoy en un parque cercano a mi trabajo. Son las 7 de la mañana del primer día laboral, después de las fiestas decembrinas. Una gran cantidad de personas se dispone a hacer ejercicio.

Por todo el lugar se pueden observar relucientes pants, tenis y conjuntos deportivos nuevos.

Al día siguiente a la misma hora, causa sorpresa ver cuánto se ha reducido el número de los ejercitantes.

¿Se perdieron al tratar de llegar al parque? ¿Los cobertores de sus camas estaban muy pesados? Cualquier cosa podría haber pasado.

Para el tercer día, el número de los deportistas se ha reducido aún más. A lo mejor decidieron esperar hasta que les dieran lavados los pants que usaron el lunes.

Quién sabe.

Para el siguiente lunes, los que se están ejercitando son los mismos que lo han hecho desde hace ya varios meses o años y no queda prácticamente nadie de aquellos que abarrotaron el parque la semana anterior.

La escena se repite cada año.

¿Cómo poder hacer de manera constante aquello que nos proponemos?

Existen muchas cosas que pueden ayudar, pero entre todas ellas sobresale la fuerza de voluntad.

La fuerza de voluntad es nuestra capacidad para elegir realizar las acciones que nos llevan a alcanzar nuestras metas más importantes, en lugar de aquellas que son resultado de nuestros impulsos iniciales, generalmente más instintivos y/o más inconscientes.

Desde luego, esto supone saber cuáles son las cosas verdaderamente importantes para nosotros, aquellas que nos van a hacer crecer, aquellas que nos hacen más plenamente humanos.

Pongamos el caso de una persona que decide hacer ejercicio tres veces por semana, a las 6:30 de la mañana, durante 30 minutos cada uno de esos días. Al momento de sonar el despertador, está confortablemente acostado, descansando. Su cuerpo le va a pedir realizar la acción de seguir durmiendo. Sin embargo, si la persona ha descubierto que el hacer ejercicio redundará en tener una mejor salud y fortalecerá su autoestima, y eso es realmente importante para ella, entonces su fuerza de voluntad lo llevará, después de un gran esfuerzo para ir más allá de su impulso inicial, a levantarse y ejercitarse.

Puesto en estos términos podríamos exclamar como los niños cuando les piden hacer algo que les parece fácil,

“Aaaay, qué regalado”.

¿De verdad es tan fácil? Desde luego que no.

Cuando vemos a personas que tienen una gran fuerza de voluntad, puede llegar a parecernos que son personas con una predisposición especial o un chip que nosotros no tenemos.

Sin embargo, la fuerza de voluntad, como si fuera un músculo, es algo que necesitamos ejercitar para que crezca.

Se trata de ir obteniendo pequeñas victorias que nos fortalezcan y mantener siempre en nuestra mente y en nuestro corazón la verdadera razón por la que estamos haciendo lo que estamos haciendo.

Si nuestro foco está puesto en lo que nos cuesta trabajo, en la dificultad, entonces nuestro cerebro tenderá a no hacerlo. La fuerza viene de conectarnos con lo que es importante para nosotros. Inicialmente, logrando objetivos pequeños, pero siempre logrando. Es un acostumbrarnos a decir

“elijo lo que es importante para mí”.

Finalmente, nos damos cuenta de que lo que antes representaba un gran esfuerzo ahora es un hábito y lo hacemos casi automáticamente.

Las personas exitosas tienen su piedra filosofal, aquella que convertiría cualquier metal en oro, en su capacidad de fortalecer su voluntad hasta hacerlos invencibles. Por eso, parafrasearé a los Jedi para desearte que

la fuerza de voluntad te acompañe siempre.

Podemos tener fuerza de voluntad muy grande para un aspecto de nuestra vida, por ejemplo, levantarnos temprano, pero carecer de ella para evitar caer en los brazos de un fondant de chocolate. Y es que en los tiempos que nos toca vivir, los resultados inmediatos es lo único que cuenta. Aquello que requiera un proceso, un desarrollo hasta lograr el resultado, estará condenado a desaparecer o a ser visto como inútil o poco práctico.

Porque una vez que las tenemos claras, el elegir hacer una cosa, aun cuando implique un gran esfuerzo, en lugar de hacer otra que sería mucho más fácil e inmediata, tiene un sentido y un soporte mucho más fuerte.

Escrito por José Antonio Rivera

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