MISS ECO EGIPTO - AFRICA

Entre arena y agua.

Egipto es un destino perfecto para los amantes del agua, Sharm El Sheik, la ciudad más turística del país, es reconocida por ofrecer el mejor buceo del mundo. Cuando me sumerjo a un mundo tan desconocido: el fondo del océano, tan real y vivo, mi mente empieza a analizar la vida de manera evolucionada. Nado dentro del mar rojo, siento una sensación de plenitud por estar viva, también siento miedo por lo extraña que encuentro mi existencia, estoy lejos de casa en una competencia de belleza. Debajo del mar yo soy la especie diferente. El snorkel es un deporte que encuentro asombroso; sin la necesidad de exponer mi cuerpo al límite puedo sorprender a mis ojos con maravillosas creaturas que habitan este submundo. Lo más increíble es que al sumergirme lo único que puedo oír son mis pensamientos, las palabras humanas y el ruido se quedan afuera, en el otro mundo.

Foto cortesía de Missology, fotógrafo oficial de Miss ECO

Es lindo lo que conlleva crear vida. Al observar la selva marítima recuerdo la historia de un amigo, Peter quería una mascota, pero su piso en la ciudad de Madrid era tan chico que apenas tenía espacio para una pequeña pecera. Lo curioso es el proceso que realizó para propiciarle a los pececitos un lugar habitable. Primero, tuvo que llenar el tanque solamente con agua y echarle bacterias por un mes mientras el agua iba adquiriendo las condiciones necesarias que necesita para la vida. Al siguiente mes introdujo el filtro para luego meter los peces. Al principio, se le morían muchos, unos se enfermaron, otros se comían entre ellos, uno se murió por exceso de comida. Peter los fue remplazando uno a uno hasta que por fin, luego de varios meses de intentos fallidos, logró crear un ecosistema apropiado, los peces se adaptaron y llegaron al equilibrio.

La salinidad del mar muerto es tan alta que floto sin ningún esfuerzo y me preguntó cómo ha sido posible que toda la vida que estoy descubriendo exista. En Egipto empezó una de las grandes civilizaciones del mundo. Pasaron plagas, hambrunas, esclavitud y muchas transiciones hasta llegar al día de hoy. Tal vez a Peter se le morirán algunos peces más y él los seguirá remplazando, al igual que la vida seguirá cambiando, las generaciones futuras también se transformaran. Lo importante es no olvidar de dónde venimos, saber que somos un ciclo, hacemos parte de uno más grande y que tal vez un día Peter se aburra y no compre más peces, a la vez que un día Alá, su dios, no le apueste más a todas las formas de vida que veo. Pero bueno, eso no lo sé. El ciclo de nadar también termina cuando ya has recorrido todo el coral y me he preguntado sobre la existencia como nunca antes. Es hora de volver al bote con las otras reinas y maravillarme con el poderoso contraste que el paisaje desértico y el vasto océano ofrecen.

Después de quince días en un reinado, conviviendo con unas de las culturas más antiguas del mundo, puedo decir que me siento afortunada de haber nacido en Colombia y de vivir en un país que a veces subestimo por tercermundista pero que, al compararlo en el extranjero, comprendo que algunos términos políticos solo existen para estigmatizar diferencias culturales más no tanto económicas o políticas.

El carácter de los árabes es fuerte. La fama que tienen los hombres de groseros y machistas la sentí desde el instante en que pisé el aeropuerto. Sentí su aura conflictiva. Llevaba en mi maleta un vino Gato Negro, para compartir con mis compañeras de cuarto, pero el guardia fue drástico al decirme “¡Eso no puede entrar al país!” Es un detalle importante y que descuidé al no investigar con profundidad sobre los musulmanes y sus normas, sin embargo, me pareció que no justificaba su dureza. Me hizo sentir como una joven occidental alcohólica que llegó a corromper su territorio.

En Egipto el alcohol es ilegal, tanto para los locales como para los turistas. Las mujeres deben vestir la burka: un vestido que las cubre de pies a cabeza y solo les permite divisar sus ojos. A pesar de que con la diversidad cultural que ha llegado a Egipto hay más tolerancia ante las mujeres que no la utilizan, los locales reconocen que no se casarían con una mujer que no cumpla con las leyes de su religión y no la usen. En un instante fue incomodo el sentir de estar en una competencia de belleza, exhibiendo mis atributos físicos en un país donde ven el exhibir el cuerpo femenino como algo inmoral.

El caos vehicular no tiene ni punto de comparación con el Bogotano. En Cairo no hay normas de tránsito, los pitos te aturden, la gente zigzaguea como loca, además, no hay sistema de transporte masivo. Los hombres fuman como si sus pulmones se beneficiaran al hacerlo, se puede fumar en todas partes: en lugares cerrados, abiertos, en baños, cocinas, bares, habitaciones de los hoteles… Por esta razón, todos tienen los dientes de un tono amarillo verdoso que encuentro muy desagradable. El lenguaje árabe es muy sonoro y los diálogos que escuchó en las calles suenan muy parecido a insultos, como si se gritarán. El comercio informal invade la ciudad, en cualquier rincón te están ofreciendo cosas para comprar. Los vendedores son expertos en el engaño, te piden 300 libras egipcias por algo que terminan vendiendo en 3. Al final del regateo te sientes tan aturdido que no sabes realmente si pagaste mucho o poco. Por otra parte, si los escuchas y no les compras nada, en un español chamuscado, pueden expresar su ofensa por el tiempo perdido.

El tahine y el tabule son solo una entrada al espectacular mundo de los sabores que la costa del mar rojo ofrece. Uno no puede quejarse. La variedad de vegetales preparados con diferentes especies, las salsas, los panes, los quesos, las berenjenas y las carnes son hechas con una rica y extraña receta que puede convertirse en una adicción a las calorías y carbohidratos, no es de gratis los 3 kilos de más que tengo ahora en el trasero.

Hipnotizada, como si yo fuese una serpiente que danza bajo los sonidos de una flauta, encontré los ritmos árabes fascinantes. No es de extrañar que la mujer más sexy del mundo por dos años consecutivos, según la revista People sea egipcia, una bailarina de danza de vientre. El sonido de los instrumentos desenfrena los cuerpos y hace culto a nuestra sensualidad. ¿Cuánta dualidad en un mismo lugar? Porque mientras unas se cubren enteramente con una burka, las otras bailan casi desnudas, ante ansiosos espectadores.

Dudo que vuela a visitar la momia del faraón Tutankamon y su máscara de 18 kilos de oro en las pirámides de Giza, en Cairo, en Egipto, en África porque una sola visita ha sido suficiente para llenarme de arena para siempre. Así que cada lugar: Cairo, Sharm El Sheik, Alexandria y Dahab son destinos a los que no volveré pero que disfruté al máximo y se quedarán para siempre en mi memoria. También dudo que vuelva a participar en otro reinado, con ese fue suficiente para saber que no tengo que probarle a nadie que soy bella más que a mí misma. Ahora me importa resaltar una belleza diferente, la interna.

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