DONDE LOS ÁRBOLES SE INCLINAN

Cuando tuve mi primera bici de montaña, siendo un adolescente, me veía siempre viviendo grandes aventuras y escapadas por los lugares más espectaculares que uno podía imaginar: los Alpes, los Pirineos, las Montañas Rocosas, Alaska, las Highlands de Escocia,... Lugares que destacan por sus montañas, por sus bosques de coníferas y de árboles caducifolios que durante el otoño salpican de tonos amarillos, ocres y rojizos un paisaje ya de por sí espectacular, y que son sinónimo de aventura, libertad y vida salvaje

Sin embargo, a no muchos kilómetros de donde yo vivo, tenemos un parque natural (en la provincia de Jaén) que ha representado en gran medida ese sentimiento

El Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas ha sido considerado desde hace varias décadas como un clásico y todo un referente para los amantes de la naturaleza, la montaña y los grandes espacios libres

Es un lugar para todos: senderistas, montañistas, campistas, ciclistas, o familias que van a pasar uno o varios días de relax en medio de uno de los entornos naturales más conocidos e importantes de la geografía andaluza y de toda España

Casi todas las rutas que hemos realizado a través de este parque se han caracterizado por tener largas ascensiones por pista forestal a través de sus montañas más conocidas

Cumbres como las del Banderillas, Gilillo, Puntal de La Misa o El Yelmo, presentan altitudes cercanas a los 2.000m

Sin embargo, es el pico Cabañas (2.026m) el que protagoniza la ruta de nuestra última visita al parque con una gran ascensión y un increíble descenso

Las ascensiones no sólo eran por pista forestal. También eran por caminos y senderos que se caracterizaban por ser técnicos y muy empinados. Tanto, que en muchos de ellos nos veíamos obligados a desmontar de nuestras bicis para empujarlas o cargar con ellas

También tuvimos algunos pequeños incidentes debidos a "pérdidas de equilibrio" que daban lugar a alguna que otra avería. Nuestro compañero Juanma "El Becario" nos dio un pequeño recital (aunque en su defensa he de añadir que no fue el único en cogerle "cariño al suelo" y siempre estuvo en el grupo de cabeza en cada descenso)

No podían faltar las averías técnicas...
El paisaje que se abría a nuestro paso era espectacular, con un cielo azul intenso y un sol radiante

Y ANTE NOSOTROS SE INCLINARON

Algo que caracterizó en gran medida el paisaje que contemplábamos a lo largo de los kilómetros de ruta que hicimos fueron las formas que mostraban muchos de los árboles que nos encontrábamos en los puntos más elevados del recorrido

En concreto, se trataba de ejemplares de pinos laricios o salgareños de varios cientos de años de edad (algunos de ellos son milenarios). Estaban retorcidos e incluso inclinados. Echándole un poco de imaginación, era como si se postraran ante nuestro paso haciendo una especie de reverencia e incluso como si nos mostraran qué dirección seguir

Evidentemente, la característica forma que presentaban estos pinos se debía a la fuerte e incesante acción del viento y al peso de la nieve acumulada en sus copas durante los meses de invierno, que los han ido moldeando durante siglos

Da la impresión de que formas parte de una escena fantástica o surrealista

Eso sí, no todo iba a ser duras e interminables subidas. También gozamos de buenos descensos por senderos, ya sea por espacios abiertos o por entre los árboles y densos y altos matorrales que nos obligaban a concentrarnos en el manejo de nuestras bicis

También hubo algún momento el que no nos poníamos de acuerdo hacia dónde debíamos seguir...
Afortunadamente, las indicaciones de "Becky" y su GPS fueron cruciales a la hora de coger el desvío correcto de cara al último (y el más largo) descenso del día

Este tejo milenario nos recuerda que el paso del tiempo puede llegar a ser algo muy relativo...

Y por fin, llegamos al último tramo del recorrido. Un descenso que ha sido una gozada y una auténtica delicia a lo largo de un sendero plagado de rocas, raíces y curvas de 180º y que combinaba diversión, técnica, velocidad y adrenalina a raudales

Todo ésto, a lo largo de una bajada que duró más de media hora después de llegar a lo alto del collado del Cabañas (no llegamos hasta la cumbre), el punto más alto de nuestro recorrido.

Una ruta digna de recordar y merecedora de volver a ser repetida, en un paraje espectacular y en la que disfrutamos enormemente de sus paisajes, de sus montañas, de sus bosques, de sus caminos y de un sol radiante que nos acompañó de principio a fin

FIN

Texto:

McRaul FiftyFive

Fotografía:

McRaul FiftyFive

&

Spin Photo

Vídeo:

Alberto Cabrera

Created By
McRaul FiftyFive
Appreciate

Credits:

McRaul FiftyFive & Spin Photo

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