Loading

El Imperio de las Aves y su lucha por la supervivencia Este es el trabajo periodístico que el equipo de EL HERALDO se encontraba realizando el pasado 15 de enero cuando fue asaltado en Soledad. El fotógrafo Hansel Vásquez logró recuperar el material tras pedirle al ladron que le permitiera extraer la memoria de la cámara. Esta acción delincuencial no impidió la publicación de esta pieza

Por: Javier Mendoza - fotos: Hansel Vásquez

Como un ave fénix, Carmen Berdugo ha tenido en varias ocasiones que renacer de las cenizas debido a las adversidades que ha tenido que superar al dirigir la danza de relación El Imperio de las Aves.

Desde 1983, la mujer de 73 años emprendió el que considera como el vuelo “más importante” de su vida.

Una de las maniobras más difíciles que ha tenido que sortear es la de lidiar con los problemas sociales que han intentado enjaular a esta manifestación cultural, pues el terreno donde ensayan los integrantes del Imperio está rodeado por aves de “rapiña”, que en el menor descuido son capaces de arrasar con lo que sea. En la fresca y soleada mañana del 15 de enero, mientras los danzantes preparaban su baile en un sector vulnerable de Soledad, en una cuadra del barrio La Candelaria que limita con el barrio Villa Sol, al que muy pocos se atreven a entrar por miedo a lo que les puedan hacer los delincuentes, nuestra labor periodística no fue ajena al peligro que se vive en la zona.

Tal cual como si fuésemos unas golondrinas en medio de un bandada de aves, tres ‘gavilanes’ armados irrumpieron nuestro vuelo para hurtarnos nuestros elementos de trabajo ante la mirada atónita de los miembros del Imperio de las Aves, quienes se quedaron enjaulados en la impotencia al observar cómo a quienes fuimos a cumplir una función social se nos despojó de todo el material. Pero eso sí, con la agilidad y visión de un águila, el fotógrafo Hansel Vásquez rescató la tarjeta de memoria extraíble al pedirle a uno de los ladrones que le permitiera sacarla de la cámara.

Como pudimos presenciar, en La Candelaria existen líneas imaginarias y zonas que esconden “gavilanes” que atentan contra “aves” que buscan volar hacia un futuro mejor por medio del arte y la cultura, pero que terminan siendo presas de esos depredadores que ponen en riesgo las manifestaciones culturales del lugar debido a la estigmatización. Esa es otra de las barreras que debe derrumbar Carmen junto a sus danzantes.

Carmen Berdugo, dirige la danza desde hace 37 años. Reflexiona sobre su retiro y ya visualiza a una de sus hijas como su sucesora.

“Yo lloro por mi danza, me desvivo por ella”, indica la gestora cultural. En muchas ocasiones la angustia de no tener al personal completo o no contar con los implementos necesarios para salir en Carnaval le ocasiona un dolor de cabeza, pero siempre, de alguna u otra forma, encuentra una solución.

Carmen aceptó cargar sobre sus hombros la responsabilidad de una danza inspirada en la naturaleza, pero fortalecida por la amistad de su padre Pedro Berdugo con Pedro Barreto, quienes en 1930, en la vieja calle La Esperanza con callejón de Porvenir y Buen Retiro —donde hoy se ubica la calle 11 con carreras 30 y 31 del popular barrio Rebolo— decidieron empollar un huevo del que retoñó lo que hoy se conoce como El Imperio de las Aves.

Historia de la danza
Un 7 de febrero, este par de amigos se paseaban por los alrededores del mercado de Barranquilla y mientras miraban al cielo se acordaron de sus tiempos de infancia cuando veían en el campo el vuelo de las aves. Los Peyos, como se les conocía popularmente, empezaron a simular el movimiento de los pájaros y se percataron de que tenía mucha similitud con la coreografía de un baile. Además, analizaron que en ese entonces en los desfiles propios de la manifestación cultural no aparecían danzas con pájaros por lo que acordaron sacar esta danza junto a otros conocidos del mercado y sus familiares.

Cuando dio sus primeros “aletazos” lo hizo bajo la dirección de Barreto y el nombre de Danza de los Pájaros, ya que desde el principio se le empezó a rendir tributo a son de vallenato a cotorros, canarios, cardenales, entre otras aves de llamativos colores que adornan la naturaleza. Con ese nombre emprendió su vuelo hasta 1936, cuando Berdugo la bautizó El Imperio de las Aves.

Berdugo se dio a la tarea de posicionar esta danza en el folclor carnavalero con pasión, disciplina y entusiasmo. Su entrega fue clave hasta los últimos días de su vida. En 1978 falleció y el mando lo tomó Zoila Campis, quien de igual forma trabajó por mantener la estabilidad de la danza.

Zoila, también apasionada y amante del Carnaval, no quiso dejar desamparada la danza y empoderó a Carmen para que asumiera sus riendas en el momento en el que ella tuviese que dejar el nido, debido a esas mismas dinámicas naturales por las que atraviesan todos los seres vivos sin importar si tienen plumas o no.

Curiosamente, Carmen se empoderó de todo, menos de las ganas de vestirse. La actual directora de la danza confiesa que mantiene vivos los recuerdos de cuando era niña y se escondía debajo de la cama porque no quería ponerse ninguno de los atuendos representativos de esta danza de relación.

A los 9 años se vistió de jardinera, uno de los personajes que componen el argumento de esta danza. No lo quería hacer y se escondió debajo de la cama, pero cuenta que le tocó porque su papá la buscó y le pegó hasta que ella aceptó. Eso sí, cuando se acabó la presentación, sin pensarlo dos veces, se quitó el traje y lo devolvió.

Hoy mantiene esa consigna y continúa sin hacer parte de los personajes del relato, que son: Doña Instancia, una pareja de jardineros, un perro, un cazador y 10 parejas de aves.

“Doña Instancia contrata a al cazador, al perro y a una pareja de jardineros, estos últimos son tan flojos que dejan que los pájaros se coman todo. Entonces la dueña de la finca coge rabia y los despide a todos”, relata la gestora cultural.
Dios mío que mira, que ven mis ojos

Estos cuidanderos flojos por tener tanta pereza han dejado hacer destreza a los pájaros antojos

Después de todo este montaje los demás personajes recitan sus versos, siguen el baile y al terminarlo aparece el cazador para matar a las aves.

Su visión al participar en el Carnaval era la de lucir unos vestidos llamativos que captaran la atención del público, y por ello en 1983 decidió modificar el traje para darle mayor vistosidad a sus presentaciones.

Ese fue uno de los primeros cambios que aplicó al llegar a encabezar a esta “bandada” de bailarines. Tres años después notó algo que a ella le parecía ilógico. “Yo veía que las demás agrupaciones tenían sus parejas y esta no. Fue entonces cuando decidí, con el respeto de los veteranos, incluir mujeres en la danza”, indica Carmen.

Pero su plan de renovación no se quedaba solo ahí. Para ella también era importante un cambio generacional por lo que llevó, poco a poco, al Imperio de las Aves a convertirse en un nido de juventud con la participación de más jóvenes.

Carmen admite que el recorrido de esta danza no siempre ha sido placentero. Hace 10 años la situación económica estuvo a punto de ‘cortarle’ las alas porque no tenía dinero para confeccionar los trajes ni retocar las máscaras, le tocó caminar y pedir, casi que de puerta en puerta, a varios colaboradores para que le ayudarán a sacar la danza adelante. No fue mucho lo que logró recolectar, pero fue lo suficiente para hacer unos atuendos moderados y seguir con su participación ininterrumpida en el Carnaval.

Las nuevas generaciones esperan heredar de manos de Carmen Berdugo una de las manifestaciones con más “vuelo” del Carnaval.
Yuri Martínez, hija de Carmen, aunque describe a su madre como “una mujer pujante”, ya la ha notado desgastada por el trajín de estar pendiente a la danza y a la familia. Los años no vienen solos y la misma Carmen lo reconoce. Ya son 37 guiando un vuelo y siente que le está llegando la hora de hacer relevo. Al igual que las aves cuando tienen un viaje largo y vuelan en forma de V, quien va a la cabeza cuando ya se empieza a sentir sin energías da un movimiento al costado para que otra ave lidere el grupo.
Son 9 décadas las que cumplirá esta danza y Carmen tiene un deseo puntual: que su imperio no se acabe, que ese vuelo que empezó su padre junto a su amigo supere los 100 años y proteja a sus aves de cualquier riesgo que las ponga en peligro de extinción.
Created By
Hansel Vásquez
Appreciate

Credits:

Fotografías y edición Hansel Vásquez Redacción Javier Mendoza Daza