Polo. Mi Gran amigo.

Todos los días a las 2 de la tarde, tomaba el mismo recorrido camino a mi casa, salía de la preparatoria y tomaba un camión que me dejaba justo en la esquina de mi casa. Nunca hubo nada de extraordinario hasta el momento en el que llego Polo a mi vida. Siempre había querido tener un perro, pero mis papás nunca habían aceptado.

Había pasado ya bastante tiempo desde la última vez que le dije a mis padres sobre mi deseo frustrado de tener un perro. Hasta ese Martes por la tarde, cuando todo cambio. Como ya lo había mencionado antes, tome el mismo recorrido de todos los días de escuela, de regreso casa, me preguntaba si era posible que pudiera adoptar un perro en algun lugar, cuando doble la esquina de mi casa, estaba parado ahí.

El perro más mugroso y peludo que haya visto jamás. Era blanco pero parecía que no tomaba un baño hace años, eso demostró toda la mugre en su pelo. Sabía que era cosa del destino cuando él me vio y se lanzó contra mis pies, comenzó a morder la punta de mi zapato y desde ese momento caí perdidamente enamorada de Polo. Así lo llamé. Lo cargue e inmediatamente lo metí a mi casa, cortina mi cuarto y lo escondí. Mis papás no habían llegado aún, y faltaban unas horas para que lo hicieran, así que corrí al baño y me encargue de limpiar hasta donde me fuera posible. Le di algo de comida. Honestamente no fueron croquetas pero esos trozos de jamón le cayeron como anillo al dedo. El pobre los devoraba; ni hacia el intento de masticar.

Volví a llevarlo a mi cuarto y cerré la puerta, en seguida me dirigí a la tienda a comprar comida adecuada para él, cuando regresé el auto de mi mamá ya estaba afuera, corrí asustada y apresurada, y con justa razón, cuando entre ; mi mamá tenía a Polo adentro de una caja, y solo me vio y comenzó a gritar, ni siquiera podía entenderla porque tenía un taco en la boca, solo se lo pasó y me dijo; ¡quiero que te deshagas de él ahora mismo!

Quería decirle que estaba loca, gritarle, tomar a Polo y echarme a correr, pero eso solo era posible en mi mente. Así que, me senté con ella en la mesa y le dije que me diera una oportunidad para tenerlo, y demostrarle que podía cuidarlo y ser responsable, y si, suena muy fácil. Lo conseguí.

Han pasado ya 3 años y Polo sigue a mi lado, ha estado en los mejores momentos y me hace inmensamente feliz. Hoy en día mis papáslo quieren tanto como yo, y tengo al mejor amigo que pueda existir.

Polo ha alegrado mi vida en tantos aspectos y me siento sumamente dichosa de tenerlo como mascota.

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