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Voces de logos EscrituRa en las nubes: Para crear en libertad

Portada No. 2

EDITORIAL

La escuela no solo es un espacio para la formación de ciudadanos y profesionales, sino que, también, es uno de libertad creativa, tanto para los docentes como para los estudiantes. Concebir a la institución educativa solo como un lugar de rectitud y enseñanza dejaría de lado su gran potencial creativo e imaginativo. Por ello, a un año de haber salido de las aulas, nos apropiamos del espacio, físico o telemático, para escribir en las nubes, para crear en libertad desde nuestras aulas virtuales que se han solidificado en nuestras salas, cuartos o comedores. Después de un ciclo escolar a distancia, queremos mostrar las creaciones de estudiantes y profesores, así como de invitados, para dejar en el papel la potencialidad creativa de nuestra comunidad, demostrando así que el encierro no aplica para quienes ya viven en las nubes, quienes se viven en libertad.

Por parte de los miembros del claustro de Lengua y Literaturas de Logos, se hace la cordial invitación a la comunidad escolar para que se sumen con sus textos, sus sueños y creaciones que han llevado a cabo durante el presente ciclo escolar y así impulsarnos a retar a las estrellas en el porvenir.

COLEGIO DE LENGUA Y LITERATURAS HISPÁNICAS

Entre más plumas, mejor se vuela

En esta sección de nuestro segundo número, enhorabuena llamado Escritura en las nubes, encontramos textos pertenecientes a diversos géneros, los cuales confabulan para dejar una suma heterogénea de escritos en donde sólo la juventud y el afán de narrar algo único son los ejes que rigen su cauce. Aquí soplan letras que ponen de manifiesto la libertad, los sentimientos, la creatividad, la memoria y el libre albedrío de quienes las han plasmado en el papel virtual.

Léale, léale; tenemos una deliciosa crema sazonada con poesía, cuento, experimentos narrativos y hasta con una crónica deportiva. Todo aquí es tan ecléctico como la vida misma.

Estudiantes de tercero de secundaria y de cuarto de preparatoria nos dejan estas narraciones para regocijo nuestro. Andemos entonces por las nubes a través de la naciente literatura logoíta “and let’s fly, let’s fly away…”, como dice la canción.

Sin más, esperamos que disfruten de estos escritos, con el ánimo de que más plumas jóvenes se sumen próximamente a nuestra revista Voces de Logos.

...porque entre más plumas, mejores serán las alas.

Jorge Lavalle

Textos recuperados de tercer año de secundaria y cuarto de preparatoria

Quentin Pemberton

Por integrante de cuarto año de preparatoria

Quentin Pemberton llevaba casi doce años viviendo en la residencia Bethlem. A decir verdad, odiaba vivir ahí. Su departamento era diminuto, apenas cabían dos catres y una pequeña cómoda, la ventana estaba cubierta por gruesos barrotes; a Quentin no le molestaba tanto el reducido espacio o la poca luz que lograba colarse por entre los barrotes, no tanto como el hecho de que la puerta de entrada tuviera una pequeña ventana, lo suficientemente grande como para enmarcar un rostro humano.

Todos los días se asomaban aquellas personas de bata blanca por la condenada ventana, en especial por las noches, pasaban largos minutos observando y tomando notas en una especie de tabla con hojas de papel sujetas a ella. Quentin nunca se atrevía a abrir la puerta y salir a reclamarles, les tenía mucho miedo.

En la residencia Bethlem había gente muy extraña; estaban las personas que vestían con sus largas batas blancas y otros que iban completamente de azul. La gente como Quentin vestía con camisones largos que generalmente tenían manchas de comida.

Quentin se mudó a Bethlem porque su hermano Angus se lo pidió. Dos años antes de mudarse, Quentin se quedó sin empleo, perdió su casa y apenas le alcanzaba para comer; fue ahí cuando decidió pedirle ayuda a Angus, le pidió asilo.

Quentin vivió en casa de Angus y su familia por más de un año; toda la familia estaba harta de tener que hospedarlo, daba muchas molestias. Un día de esos, Angus llamó a Quentin para hablar con él, fue una charla muy corta en realidad, Angus le habló de Bethlem.

-Compré un pequeño apartamento, tiene muchas comodidades, incluso hay comedor, ya pagué todo, así que no te preocupes por el dinero- Quentin permaneció en silencio por unos momentos, parecía confundido.

-¿Me compraste un apartamento? -Angus asintió con la cabeza.

Unas semanas más tarde, Quentin se mudó a Bethlem. Angus lo ayudó a instalarse y le explicó cómo funcionaban las cosas en la residencia.

-Las personas que van vestidas de azul, como esa chica que va ahí -dijo señalando a una mujer de estatura baja que pasaba frente a ellos-, te van a ayudar con cualquier cosa que necesites, les puedes pedir comida, agua, que te saquen a pasear y al baño.

-¿Son cómo sirvientes?- preguntó Quentin.

-Mmm, algo así -respondió Angus tratando de adoptar un tono convincente.

En ese momento un hombre alto y fornido cruzó el umbral, su cabello negro contrastaba con lo pálido de su piel y el resplandeciente color blanco de su bata.

-Casi lo olvidaba, él es el señor Archer, uno de tus vecinos -El señor Archer le extendió una de sus pálidas manos a Quentin.

...

Aquel primer día en Bethlem fue el último día que Quentin vio a Archer. Nunca más fue a visitarlo. Para suerte de Quentin, el señor Archer iba a visitarlo todos los días sin falta; nunca nadie se había interesado más por la vida de Quentin que el señor Archer, siempre le preguntaba qué había comido, cómo se sentía, qué tal había dormido…

Quentin tenía otra amiga en la residencia, la había conocido en la sala común, se llamaba Elizabeth Westenra. Para Quentin, Liz no era como los demás residentes de Bethlem ni como la gente que vestía con batas blancas o trajes azules, ella resaltaba entre ellos. Su piel era como la de ningún otro ser humano en el planeta, era muy pálida y extremadamente lisa. Todos le decían al pobre Quentin que estaba loco por estar enamorado de Liz, pero él hacía caso omiso a los comentarios.

...

Eran aproximadamente las dos de la tarde, usualmente a esa hora en la sala común, los enfermeros sacaban a los pacientes a que se entretuvieran un rato. Aquel día no fue la excepción. Había un único paciente acompañado por un doctor, todos los demás iban acompañados por enfermeros.

El doctor Archer guió a Quentin Pemberton hasta una butaca y se retiró a una de las esquinas de la habitación.

Quentin comenzó a hablar con voz temblorosa:

-Liz, tengo que decirte algo, es algo importante -no obtuvo respuesta-. En el fondo creo que ya lo sabes... mmm, verás, te he amado desde que te conocí, eres una persona increíble, no sabes lo que ha dolido amarte, siendo tú tan fría y distante, eres lo único bueno de esta residencia de mierda, eres lo que me mantiene vivo -su tono de voz iba en aumento- eres objeto de deseo de muchos hombres aquí, estoy consciente de eso, pues te he visto salir de las habitaciones de algunos de ellos, por eso sé que no soy nada para ti, pero quisiera que me dieras una oportunidad -nadie le respondió.

La escena sí que era triste, un pobre hombre confesándole sus sentimientos a una mujer hecha de reluciente plástico. Sólo era posible que el maniquí contestara a sus palabras dentro de su imaginación.

-¡Responde, te lo ruego! -Quentin parecía darse cuenta de que no iba a obtener ninguna respuesta, las lágrimas comenzaron a brotarle poco a poco hasta transformarse en un llanto desgarrador- ¿Por qué no me respondes?

El doctor Archer estaba por intervenir, cuando Quentin se abalanzó sobre su amada y comenzó a golpearla violentamente por todas partes. El pobre Quentin se dedicó a destrozar lo que más amaba, al menos en su imaginación, porque el plástico seguía intacto.

Quentin veía sangre en sus manos, en el piso. Veía el rostro humano de su querida Elizabeth. La historia se repetía, aquel rostro de proporcionados y hermosos rasgos lo perseguiría para siempre, la sangre de Liz corría por sus manos.

Quentin llegó a la conclusión de que aquella Liz que yacía sin vida en el suelo era la misma a la que había asesinado veinte años atrás.

NI MUY MUY NI TAN TAN

Por María Sofía Sánchez Barraza, de tercero de secundaria

Gymnopédie No.1 Erik Satie

REPRODUCIENDO…

Se despierta, abre los ojos, pero le llega la sensación de que ya había estado despiertx desde hace mucho tiempo sintiéndose como nunca antes

… sin emoción.

Voltea a la ventana, ve una gota de lluvia deslizarse por la ventana.

-¿Qué se sentirá ser una gota de lluvia ?

No lo sabe, ni siquiera yo lo sé.

-Si tan solo pudiera volver a sentir la sensación del frío en mi cuerpo, esa sensación de sentir que tu nariz tiene frío, sentir la brisa del aire pasar por las manos y llegar hasta la espalda, admirar a los pájaros y a las palomas revolotear en el parque.

-Creo que nunca me había percatado de la falta que me haría la naturaleza si esto no hubiera pasado.

-¿Si qué?

-Nada

Quién lo diría, ahora me siento más sensible de lo que nunca me había sentido en la vida, por primera vez quiero tan solo sentir. Sentir cualquier tipo de clima.

Ya ni siquiera recuerdo cuándo empezó a adoptar este tipo de sentimiento que parece nunca irse, es como ese frío interno que siente al pasar su mano por esas paredes a las que suele llamarles hogar, es ese frío que no percibe con su cuerpo, sino con su mente.

Ayer escuché que su tía había muerto, y por primera vez en su vida sintió esa tristeza que no se siente con el cuerpo; no fueron lágrimas, fue el corazón, cuando enfermó repentinamente se le vino a la mente un sentimiento de nostalgia, de ésa que de repente se va pero regresa más fuerte que la de la vez anterior.

Realmente no sé qué le pasó, tal vez no está leyendo esto realmente.

-Ahora solo está viajando en sus pensamientos, pero de pronto se siente un poco cansadx, le duele el cuerpo, tal vez le dio gripa o algo así, debe de ser el frío…

-Rápido, dame fragmentos de té helado, se están terminando…

Suite for Cello & Jazz Piano trio III. Galop, Claude Bolling, Yo-Yo Ma

REPRODUCIENDO…

-Enojo, mucho enojo, hay sonidos, voces o detalles que nos sirven para entender o para rodearnos de la situación que se está sintiendo.

Muchos de estos detalles ayudan a sentir que algo se aproxima, en su caso, eso sucederá todo el tiempo, son gestos que el promotor ejecuta para hacerse notar sin necesidad de usar las palabras.

Si eres una persona que los percibe fácilmente, notarás cada una de estas señales con rapidez, en ese caso podrás hacer o no algo al respecto, en mi caso (por ejemplo) desgraciadamente nunca se puede hacer algo, solo se puede esperar a que se termine.

Esa flama, fuerte y perseverante flama, puede ser que estés ahí para darme inspiración o quizá simbolices muchas cosas dependiendo de tu causa, al principio existes para que me recuerdes qué sucede, eres la base de la melodía, llevas la pauta de la emoción, no eres nada pero a la vez lo eres todo.

Flama, flama, ¡qué pasa, dime qué debo hacer!, no solo me recuerdes que hice mal, no sé qué eres, qué me quieres decir, hazte escuchar, grítame algo, manifiéstate, pudo ser casualidad o tal vez solo una señal, porque en…

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la flama se apagará…

Oh, flama, ¿quién eras?, quizá ya no existes porque te has llevado todo de mí; así, es el caos, el malestar,

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olvídalo, tal vez interpreté mal

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¡tal vez no!

-Ahora todo está en la calma, yo ya no lo siente, pero no se manifiesta de ninguna manera, parece estar en lo suyo.

Quizás el sentimiento ha sido tan fuerte que ahora solo termina en desesperación al no ser escuchadx a tiempo.

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No esperes que todo esto se haya terminado, prepárate para el último ataque de esta flama que aunque ya no esté, aún está más tensa que nunca y esto es por “la palabra”, parece ser que todo este enojo silencioso deja más huella que ninguna molestia verbal, ésta es de esas huellas que están en mí, las siento, pero no puedo identificar por qué siguen aquí, qué haces, es aquí cuando parece haberse ido de mi ser, pero sin duda, por ahora se ha ido a descansar debido a la situación, aunque en realidad solo se ha ido para agarrar más energía que nunca, eso significa que dentro de poco tiempo se apoderará de mí, lo digo en serio, sé que no me hace bien ni a ella ni a mí, y que en este momento, si a ella le está afectando de una manera ansiosa, en quién sabe cuánto tiempo me estará matando a mí.

Es una asesina silenciosa que advierte, pero que su advertencia no se comparará en nada con la caída que me causará psicológicamente a mí.

No usa palabras, no usa gestos, pero los sonidos que me advierten acerca de las pocas palabras que faltan me condenan a sentirse peor que nunca.

-¿Ya terminó?

-Creo que ya.

Copa Giro

Por Clara Casanova Anchondo, de tercero de secundaria

La Copa Giro es un torneo de fútbol para puras niñas que la verdad está muy bien organizado, yo nunca había escuchado de ese torneo hasta que unas amigas me invitaron y formamos un equipo. Nos llamábamos 1991, la verdad no sé el porqué, pero yo no puse el nombre, así que no sé el significado, pero eso no es lo más importante. Así que nos preparamos y entrenamos todos los viernes hasta empezar el torneo.

Ese día, me desperté temprano y solo podía pensar en el primer partido. Al llegar, nos juntamos todas y empezamos a calentar y a ver hacia adelante, nos metimos a la cancha y el primer balón era nuestro, yo hice el primer toque hacia atrás. El partido estaba reñido, hasta que yo rebasé la media cancha y con un pase me la dieron directo hacia la pierna derecha, entonces di dos pasos más y la portera se acercó, de pronto, con un toque mío, bastante preciso, tiré con un zurdazo y… ¡Goooool al primer poste!

Al segundo tiempo todo iba bien, yo tenía la pelota. Vi que mi compañera Julia estaba prácticamente sola en el área chica, así que le mandé un pase hermoso y a la primera la metió al primer poste y corrimos y nos abrazamos. De esa forma terminó el primer partido. Nos fuimos felices a platicar un rato porque seguía el siguiente partido, en el cual metí dos golazos. Además seguíamos invictas. Más tarde fuimos a comer y terminó todo por ese día, pero faltaba el siguiente día, en el que tendríamos tres partidos -si es que ganábamos los dos primeros-, teníamos que ganar o ganar, porque ya empezaban a descalificar a varios equipos.

Así que a la mañana siguiente llegamos a calentar. En el primer partido, el equipo contrario puso a rodar el balón, sin embargo, nos fue muy bien, ya que el marcador quedó 11-0 a nuestro favor, fue demasiado fácil ganar.

Ése fue un resultado un tanto impactante en el que metí casi la mitad de los goles, 5 hermoso goles; pero ese marcador no significaba que nos pudiéramos relajar. Apenas pasábamos a la semifinal contra Las Yankees, un equipo que me cayó bastante gordo. También les ganamos y les metimos dos goles, pero la forma en la que ellas jugaban era irritante; cada vez que el balón era nuestro, se ponían a gritar como locas y eso me hartó. Aún así, no perdí la calma. Le dije al árbitro que ésa era una conducta antideportiva, aunque no me hizo caso. Les expresé mi molestia a Las Yankees con respecto a su forma de jugar, pero tampoco les importó, lo que importó es que de todos modos ganamos y de esa manera pasamos a la final. Teníamos que salir a la cancha a dar lo mejor de nosotras.

Empezó el partido… todo estaba muy reñido e intenso. Teníamos oportunidades, pero las fallamos hasta que mi compañera en la media cancha, Isa, me mandó un centro perfecto hacia la cabeza, y de espaldas, le di con el mejor cálculo que pude; entonces, el esférico cayó rodando por la red y entró de manera hermosa en la portería. Con ese gol ganamos el torneo de la Copa Giro. Saltamos de alegría, nos abrazamos, nos dimos la mano con el otro equipo y fuimos hacia la premiación para nuestras medallas de oro. Me llevé una grata sorpresa al recibir mi trofeo de campeona goleadora. Nos compramos un helado y fuimos a festejar y a hablar sobre todos los partidos y de muchas otras cosas.

Después de haber ganado el primer torneo, al siguiente año decidimos volver a participar, sin embargo, no éramos ya la mismas jugadoras, así que nuestro equipo se llamó diferente. Esta vez nos pusimos Las Jokers. Yo siempre quise que el equipo se llamara Las Merengues, como referencia al Real Madrid, pero no muchas le iban a este equipo, así que no se pudo, pero bueno, tampoco estaba tan mal el nombre.

También decidimos entrenar todos los viernes que quedaban. Los entrenamientos estuvieron bien, solo que al lado de nuestra cancha había otras jugadoras del mismo torneo, aunque no eran de nuestra categoría, de forma que a veces jugábamos contra ellas, pero no era un desafío justo y equilibrado, ya que resultaba muy sencillo ganarles. De cualquier modo, esta situación nos dio un poco más de confianza y práctica para trabajar en equipo. Pero eso de ganarle siempre al equipo de al lado, formó un ambiente no muy bueno, pues al acabar el entrenamiento, escuchábamos que la alineación contraria susurraba algo de nosotras, cosas no muy agradables. Así que yo me acerqué y les dije que si había algún problema. Ellas solo se callaron y se fueron, estuvo raro, de todas formas me cayeron súper mal, pero eso no es lo que vine a contar.

Al día siguiente empezaba el primer partido, jugábamos contra Las Scuinklas. Fue un partido relajado; nos fuimos con un gol mío de zurda, así que estuvo bien. Luego fuimos a caminar un rato y a prepararnos para el siguiente partido, calentamos y nos mentalizamos para tener un buen juego que, en efecto, así fue. Tuvimos un gran partido para todo nuestro equipo, y sobre todo para mí, ya que me fui con 3 golazos, no es para exagerar, pero fueron buenos goles que nos dieron la ventaja. Estábamos bien puestas en el primer lugar de la tabla.

De este modo nos fuimos calmadas para el siguiente día, que nos tocaba contra las Violet Stars, un buen contrincante, pero un partido no tan importante. Ese partido solo definiría si las Violet Stars seguirían en el torneo. Nosotras seguiríamos en primer lugar, este juego solo les daba el pase a las Violet Stars, así que no estaba tan preocupada, de todos modos queríamos ganar.

Empezamos el partido con el balón de nuestro lado. Todo el primer tiempo estuvo súper reñido, estuvo muy parejo todo hasta el último minuto, en el cual nos metieron un gol y terminamos perdiendo con un “h” en nuestra contra. Una compañera mía hizo un gran drama por la derrota, a pesar de que yo ya le había explicado que nosotras seguiríamos adelante pasara lo que pasara, supongo que no me había entendido, pero bueno, nos teníamos que preparar para los octavos. Si ganábamos, íbamos a la final, de suerte que calentamos y comenzó este nuevo juego, el cual fue un pase fácil a la semifinal con 2 goles a favor míos, por supuesto, ja, ja, ja.

En la final, ahora íbamos contra unas buenas contrincantes llanadas las Rolling Stones, que fueron muy buenas jugadoras y nos dieron una buena pelea, aun así, ganamos con un gol de Isa y otro de Pau, con asistencia mía; fueron buenos goles también, pero lo importante es que íbamos a la final contra Las Scuinklas, es decir, contra las que ya habíamos jugado al principio. Les ganamos el primer juego; claro que no nos podíamos confiar, teníamos que dar los mejor de nosotras. Entonces hablamos para motivarnos y dar lo mejor, y cuando íbamos de camino a la cancha, nos topamos con algunas de Las Scuinklas en el camino y nos dijeron que nos deseaban suerte, yo les dije que gracias, y ellas se quedaron como esperando a que les dijéramos lo mismo, pero pues por qué les desearíamos suerte si no queríamos que nuestras rivales nos ganaran, y además en la final.

Nos pusimos a calentar. El balón empezaba a favor de Las Scuinklas, de forma que procuramos jugar lo mejor posible, aunque al final del primer tiempo, nos metieron un gol. Yo me frustré mucho, pero me controlé. En el siguiente tiempo todas estábamos un poco inquietas, pero nos teníamos que tranquilizar para lograr ganar; así que nos mentalizamos y empezó el segundo tiempo, el cual estaba muy reñido, hasta que en un tiro de esquina que dio mi compañera Isa, que fue un centro perfecto -porque fue excelente para mi salto y mi remate de cabeza, con el cual el balón rodó dentro de la red de una forma maravillosa-, logré anotar el gol del empate, el cual nos quitaba un peso de encima y nos motivó para seguir luchando con todo. Sin embargo, durante el resto del partido nadie logró desempatar, así que pitaron y se acabó el juego. Eso significaba que íbamos a irnos a penales.

Los penales a nadie le agradaban, al menos, no así. Tuvimos que tranquilizarnos primero y el entrenador nos puso el orden de las tiradoras. Yo fui la que abrió la ronda de penales. Coloqué el balón, me concentré, vi a la portera y a los pocos segundos sonó el silbato y… ¡Gooool! Tiré al ángulo con firmeza y potencia, aplaudí, pero no festejé mucho; todavía faltaban todos los demás penales.

Ahora venía el turno de Las Scuinklas, y adivinen qué… ¡La paró Samy, nuestra portera! Eso puso nerviosas a Las Scuinklas, y todas las de mi equipo metieron el penal. De esta manera logramos ganar el torneo de la Copa Giro. Otra vez nos abrazamos, le hicimos bolita al entrenador, festejamos y nos fuimos a la premiación. Por segunda vez logré ser la campeona goleadora. Me fui con un nuevo trofeo de campeona goleadora y una medalla del torneo.

La brisa y el fuego

Por María José Coronado Rodríguez

Hace mucho tiempo hubo una brisa veraniega, olía a miel.

Le gustaba pasearse por aquí, mientras yo estaba escribiendo con papiros y tinta.

Le gustaba quedarse un rato e impregnarse en ellos.

Había veces en que la ventana se quedaba abierta para darle paso libre, pero no aparecía.

Con el tiempo, la brisa veraniega se volvió fría y me helaba, así que poco a poco la ventana se fue cerrando, hasta que las estaciones cambiaron y ya nunca más volvió.

Volví a suspirar mientras agarraba papiros nuevos y mi sangre para cargar mi pluma.

La puerta poco a poco se fue quemando, inundando mis pupilas mientras admiraba ese fuego rojo y ardiente, le dejé quedarse.

Quemaba mis escritos pero calentaba mi corazón.

Había veces donde el fuego se hacía más chiquito o más grande, haciéndome sonreír.

Nunca se fue, siempre había chispas por el lugar.

Un día, la ventana se abrió, dejando pasar a esa brisa que se había marchado meses atrás, ya no olía miel... olía amargamente y me dolió verla en ese estado.

Quise hacer algo para arreglarla, pero con el tiempo, su tristeza me la transmitió a mí y lloraba por los rincones.

El fuego y la brisa no se llevan bien.

Son muy diferentes, pero en algún punto cerré los ojos y las confundí.

Hasta que aprendí más de cada una y disfruté de su compañía individualmente.

Hace días que le llevo pidiendo a la brisa que se marche, que me llena de rabia su presencia, pero ahí sigue, viéndome con esa sonrisa burlona.

La puerta volvió a quemarse, la brisa volvió a irse.

Los papiros vuelven a hacer nuevos y mi pluma se llena de lágrimas.

El pelo se me cae, las uñas se me quiebran, los ojos se cierran para disimular.

Me pongo en la esquina de la regadera para que el agua fría caiga y me dé hipotermia.

Tal vez el fuego quiera calentarme... pero no llega.

Así que cierro los ojos y se acaba la historia.

Alas de escritura

En la escritura existe algo que recompensa el alma; la hace fuerte y débil a la vez; deja a su paso el brío y la nostalgia; se alimenta de nosotros y nosotros de ella. La escritura surge de un gran regocijo y una gran angustia mezcladas simultáneamente y es sorprendente que su producto sea todo aquello por lo que hemos atravesado, leído y conocido, tanto con los sentidos como con el corazón.

No fue fácil seleccionar entre los tantos textos de las alumnas y los alumnos que abrieron, valientemente, las puertas hacia lo desconocido; pues la escritura suele ser, inicialmente, un pantano profundo antes de ver florecidos los esfuerzos primarios contra los miedos más esquivos. Agradezco infinitamente a cada alumna y alumno sus esfuerzos mostrados durante esta pandemia, pues con sus propias herramientas han hecho de las nubes su libertad.

Valeria Ramírez Bazán

Textos recopilados del primer y segundo año de secundaria

El Flaco

Por Gonzalo Paredones Pérez, alumno de primero de secundaria

Lomas de Cocoyoc aún tenía en ese entonces muchos lotes baldíos. Mis papás tenían una casa a la que viajaban desde la Ciudad de México todos los fines de semana. A mi mamá y a la abuela les gustaba salir a hacer una caminata por las mañanas andando por las calles más lejanas, así que no era extraño toparse de repente con conejitos, iguanas, coatíes o gatos. Pero ese sábado se encontraron con un perro casi totalmente negro, salvo la parte inferior de las patitas que eran de tono beige. Tenía una mirada muy vivaz, aunque estaba casi en los huesos, y tenía también una forma curiosa de abrir el hocico, pues parecía que se estaba riendo.

A la abuela le dio miedo que el perro fuera agresivo; a mi mamá le preocupaba no poder encontrar una forma de ayudarlo. Con mucho cuidado reanudaron su camino, tratando de ignorar al perrito. Él se escondió entre unos arbustos cuando ellas pasaron cerca, pero en cuanto se alejaron un poco, comenzó a seguirlas. El animal las seguía con prudencia y caminó tras ellas el kilómetro que faltaba hacia la casa. Al llegar, mi mamá sacó un plato con croquetas y uno con agua y los puso en el baldío frente a la casa, asegurándose de que los viera el perrito. Entró a la casa y se olvidó (o quiso olvidarse) del asunto.

A la mañana siguiente mi mamá y la abuela salieron a su caminata y, entonces, el perrito negro apareció repitiendo la misma rutina. Mi mamá también volvió a poner comida y agua para él. Regresaron mis papás y mis abuelos a la ciudad y, como era costumbre, volvieron a Cocoyoc el siguiente fin de semana. El sábado por la mañana encontraron de nuevo al perrito negro que, a partir de ese momento, empezó a ser conocido como El Flaco. La rutina de alimentar al Flaco los fines de semana continuó un par de meses.

Aclaro que mis papás ya tenían una perrita labrador y mi papá no deseaba tener otro perro porque pensaba que era ya mucho compromiso. Ellos iban a salir de viaje por un mes, pero les encargaron a mis abuelos que alimentaran al Flaco los fines de semana. Durante el viaje, mi mamá por fin convenció a mi papá de adoptar al Flaco. Al regresar del viaje, preguntaron por él, pero mi abuela les contestó que no lo habían visto desde hace dos semanas; mi mamá se preocupó de que algo hubiera pasado.

El siguiente fin de semana justo estaban llegando a la casa de Cocoyoc cuando vieron al Flaco, estaba más delgado que nunca y tenía la pata trasera izquierda totalmente doblada. Era claro que había sufrido un accidente, casi seguramente lo habían atropellado. Decidieron llevarlo al veterinario, pues la adopción ya era más que un hecho. Mi mamá lo quiso tocar, pero la pata del animal parecía dolerle. Entonces, una amiga de mis papás, que estaba de visita, lo cargó y lo puso en la cajuela de la camioneta. Pienso que el Flaco necesitaba que alguien le transmitiera mucha seguridad para dejarse cargar.

Tuvieron que recorrer cuatro veterinarias en Oaxtepec porque no lo querían aceptar. Al ver que no era un perro de raza pura, pensaban que lo iban a dejar ahí abandonado; pero, finalmente, llegaron con el mejor veterinario que podían haber encontrado, el doctor Hugo. Él tenía una gran conexión con los perros y pidió quedarse una semana con el Flaco para valorarlo. A mis papás les pareció perfecto.

El doctor Hugo dijo que no le gustaba el nombre de ´Flaco´, porque se veía que el perro tenía un gran espíritu, así que para él era ´el Flash´, pues el Flash fue operado de su pata en una cirugía tremendamente complicada. El doctor Hugo le puso unos clavos y tuvo que darle rehabilitación, así que se lo llevó a vivir a su casa seis meses, hasta que su recuperación fue total y se lo entregaron a mis padres.

Una vez en la casa de Cocoyoc, el Flaco extrañaba la libertad. En más de una ocasión se le escapó al jardinero o a Estela, la señora que nos ayuda en la casa. Y cuando ella llamaba a mis papás para avisarles, ellos se lanzaban a Cocoyoc después de la oficina para ir a buscarlo. Cuando llegaron ya era de noche y tenían que llevar sus linternas y recorrer los antiguos caminos del Flaco, hasta que por fin daban con él y lo llevaban de vuelta a la casa.

Mi mamá se enojaba mucho de que dejaran abierta la puerta del jardín, no tanto por el viaje que tenían que hacer a media semana, sino porque temían que el Flaco se fuera a perder, aunque él ya tenía su collar y su placa, pero un día mi mamá vio con sus propios ojos que no era descuido del jardinero, sino que el Flaco era un “auténtico Houdini”, como decía mi papá. El condenado perro había aprendido a trepar la reja, así que se escapaba, daba una vuelta y regresaba de nuevo a la casa.

El Flaco dejó de ser flaco muy pronto, ¡pero ya ni modo de cambiarle el nombre! Entendía muy bien cuando lo llamaban. Era un guardián muy activo y corría muchísimo, así que se puso fuerte y hermoso. Nunca viajó a México, sólo iba a Cuautla a ver al doctor Hugo cuando le tocaban vacunas; se notaba que ambos se alegraban de encontrarse. A mí me tocó convivir con él sólo en mis primeros tres años, así que la verdad no lo recuerdo tanto. Flaco vivió nueve años, hasta que enfermó de cáncer gravemente y tuvieron que llamar al doctor Hugo para que lo durmiera, porque no querían que sufriera. Nos dieron sus cenizas en una cajita que guardamos hasta hoy con mucha gratitud: él fue un gran perro.

Luciano, el niño asombrador

Por Luciano Pino del Valle, alumno de primero de secundaria.

Cada mañana mi mamá y yo éramos los últimos en salir de casa porque al ser yo el más chico de los hermanos, mi entrada al kínder nos permitía convivir sin los demás miembros de la casa durante casi una hora. Yo era siempre el primero en levantarme, me gustaba bajar de mi cama e ir a meterme entre las sábanas calientitas del cuarto de mis papás. Por lo general elegía acurrucarme en el regazo de mi mamá, supongo que era una costumbre que me había quedado de la época de cuando era bebé.

Ella nunca protestaba a pesar de que en algunas ocasiones mis visitas matinales eran más bien de madrugada, sin embargo, siempre me aceptaba a su lado. Después tocaba el desayuno. Mi favorito era pan francés con canela y azúcar glass. Me gustaba recoger el polvito blanco que había quedado espolvoreado en el plato, a veces me chupaba el dedo índice que usaba como un pincel para hacer dibujitos.

Algunos días también pedía quesadillas y cuando mi mamá se metía a la regadera a mí me gustaba sentarme sobre la tapa del escusado y terminar mi desayuno acompañándola y así platicar con ella mientras se bañaba. Solía poner un banquito para apoyar los pies pues en esa época todavía me colgaban al sentarme, no tenía las piernas lo suficientemente largas como para que mis pies tocaran el suelo. La verdad es que era muy impaciente y una máquina de hacer preguntas:

—Mamá, ¿a dónde se va el calor de un plato caliente de frijoles?, ¿cuando la luna está en México, de qué tamaño es el hoyo que deja en el cielo de Madrid?, ¿a dónde van las nubes grises después de la lluvia?, ¿por qué la abuela no se baña todos los días como tú?, ¿yo a que edad sabía mi nombre, Ma?, ¿sabes meditar? Todas esas preguntas las podía hacer simplemente sentado o a veces mientras llevaba un arsenal de juguetes de mi cuarto al baño.

No sé por qué tenía que acomodarlos en el baño si también podría haber jugado en mi cuarto, pero a mí me gustaba la cercanía con mi mamá. Era nuestro momento a solas, en el que ni mi papá ni mi hermano ocupaban su atención. Esos ratos de la mañana ella era solamente mía, no tenía que compartirla con nadie. Me gustaba el vapor que se iba formando durante el tiempo que ella se demoraba al bañarse, a veces recorría la cortina y mi mamá me salpicaba con algunas gotas de agua en la cara o me compartía un poquito de la espuma del shampoo que coronaba su cabeza. Para mí ella era una reina, la más linda del mundo.

A veces para entretenerme, cantábamos canciones o inventábamos adivinanzas. Me acuerdo que una mañana fría de enero yo quise escribir una carta para los Reyes magos. Mi mamá se sorprendió porque nosotros no festejábamos esa costumbre, los regalos nos los traía Santa, pero yo insistí, quería darles las gracias.

—¿Las gracias… de qué? —me preguntó.

—¿Cómo que de qué, mamá? Quiero decirles que les quedó muy rico el pastel, aunque por mí podrían quitarle las tiritas verdes, esas si no me gustan nada.

Pero la mañana que ella y yo guardamos con más cariño en la memoria fue aquella en la que para entretenerme, me sugirió que le hiciera un dibujo. Acabé muy pronto, antes de que hubiera siquiera empezado a enjabonarse, abrí la cortina para mostrárselo.

—Oye, te quedó muy bonito— me dijo al verlo. ¿Le podrías dibujar un sol por favor?

Salí en dirección a mi cuarto para cumplir con la misión, cuando regresé al baño, ella ya tenía un turbante en la cabeza y limpiaba el vapor del espejo para ponerse crema en la cara. Le entregué el dibujo:

—Mamá no sé hacer un sol, pero te dibujé una cucaracha.

No entendí por qué ella soltó una carcajada y después me levantó en brazos para llenarme de besos. Me quedé embarrado de una crema blanca que olía muy bien.

Caldo de setas

Por Emiliano Struck Aguilar, alumno de primero de secundaria

Los Jones eran una familia adinerada y poderosa del sur de Reino Unido en Westminster, esta estaba conformada por el matrimonio de Charlie Jones y Emili Brown, ellos tenían dos niños Jacob y Harry los cuales tenían una relación muy cercana con su cocinero Oliver. Los dos hermanos a la hora de comer siempre se sentaban en la cocina y, mientras platicaban con Oliver, se deleitaban con todos los deliciosos sabores y aromas de su comida. Una mañana como cualquiera los niños bajaron a desayunar y sus padres les dieron una noticia muy dolorosa. Oliver había muerto por una intoxicación con un caldo de setas, algunos decían que había sido envenenado, pero la mayoría afirmaba que simplemente la comida estaba en mal estado, de cualquier forma la muerte había sido muy extraña.

La noticia afectó mucho a los dos pequeños, no solo porque disfrutaban mucho de su comida sino porque habían formado una estrecha relación con él. Sus padres que tenían mucho poder y, debido a la reciente pérdida, hicieron algunos tratos; al día siguiente se publicó en el periódico la noticia de que la familia Jones Brown estaba en busca de un cocinero para que sirviera a su familia. A la mañana siguiente se presentaron todos los candidatos a la gran puerta de madera de la casa de los Jones y fueron pasando de uno en uno a prepararle un platillo a la familia.

Primeramente pasó un cocinero un tanto despistado, a la hora de cocinar puso la comida en el sartén mientras picaba algunas verduras para su guiso y cuando revisó la comida ya estaba quemada; luego paso una cocinera la cual hacía muy buena comida, pero a la hora de que Jacob y Harry probaron su comida no les agradó tanto. Así fueron pasando diversos cocineros, pero ninguno lograba transmitirles esas sensaciones como lo hacía la comida de Oliver. Cuando ya no había nadie en la puerta de su gran casa, la familia se levantó de la mesa para ir a la cama; pero, justo en ese momento, tocaron la puerta...

El padre fue a la recepción a abrir y se encontró con un señor alto con una gabardina larga y unos lentes oscuros que no dejaban ver sus ojos. El señor se presentó, se llamaba Thomas Johonson, dijo que quería cocinar para su familia y el padre, que ya no tenía nada que perder, lo dejó pasar y los dos niños volvieron a la mesa nuevamente.

Thomas no tardó demasiado en preparar la comida, pues en unos veinte minutos estaba en su mesa un platillo de carne de cordero que emanaba un olor cálido y hogareño; los dos niños probaron el platillo y Jacob, el mayor, soltó una pequeña lágrima: la comida sabía igual a la de Oliver, en el rostro de los dos hermanos se podía ver reflejada su felicidad y los padres al instante lo contrataron.

Thomas que, por cierto, era un hombre de muy pocas palabras y un tanto misterioso, cada día deleitaba más a los pequeños e igualmente a los padres con su deliciosa comida. Una noche la familia bajó a cenar a las siete en punto como lo acostumbraban hacer y en sus mesas estaba servido un humeante y exquisito caldo de setas…

Secretos

Por Alondra Guiedani Coss López, alumna de segundo de secundaria

Después de varios meses mi hermano saldrá del psiquiátrico, nos informaron que tuvo un gran progreso y creen que ahora se encuentra mentalmente estable, pero que no bajemos la guardia. Por ser navidad lo dejaron tomar unas pequeñas “vacaciones” con mi familia, pero lamentablemente solo se quedará una semana con nosotros.

Todo iba de maravilla, mi hermano parecía una persona nueva, mis padres volvieron a confiar en él. Hasta parecíamos la familia perfecta. Todo eran risas, abrazos, regalos y felicidad, pero todo eso llegaría a su fin muy pronto. A la mañana siguiente encontraron en el bosque al gato del vecino muerto y a su dueño gravemente golpeado, había perdido mucha sangre; es un milagro que lo encontraran a tiempo.

Mi madre inmediatamente sospechó de Nicolás, mi hermano. Estuvieron varias horas haciéndole preguntas; pero, en todo ese tiempo, no dijo ni una palabra, ni siquiera se esforzó en defenderse. Mi madre lloraba desconsolada, pues, creo, ya se estaba acostumbrando al papelito de la familia perfecta. Con lágrimas en los ojos decidió llamar al psiquiátrico.

—Nos gustaría que regresaran a Nicolás de inmediato al psiquiátrico.

—Señorita, ¿se encuentra usted bien?, suena un poco asustada, ¿sucedió algo malo?

—No, todo está bien, no se preocupen, solo no me siento segura.

A pesar de lo asustada que estaba logró sonar bastante convincente.

—Entendemos a la perfección, en unos minutos mis compañeros irán a recogerlo, no se preocupe no tardaremos mucho.

Y fue exactamente como dijo, después de 15 minutos una camioneta blanca, con el logotipo del psiquiátrico, se estacionó frente a la casa. Tocaron la puerta y mi madre los recibió con alivio; sabiendo lo que seguía le di un fuerte abrazo a mi hermano, acto seguido lo apartaron de mí y lo llevaron a la camioneta.

Es una lástima que se lo llevaran porque Nicolás es realmente una persona muy importante en mi vida; sabe guardar secretos y callar cuando yo se lo pido. Tal vez debí esforzarme más escondiendo el cuerpo.

El chico de los mil talentos

Por Elisa Ramírez Aranday, alumna de segundo de secundaria

Había un chico que lo podía hacer todo: era un músico, deportista, escritor, actor, se interesaba en las ciencias y las matemáticas, cantaba, esculpía, bailaba, pescaba... Todas estas habilidades se habían manifestado mientras crecía: regalos divinos de un dios desconocido. Él disfrutaba y se enorgullecía de cada una de estas habilidades, encontraba satisfacción en todas ellas, pues eran como súper poderes a los cuales podía recurrir cuando quisiera.

Desde siempre sus días habían sido una locura: levantarse temprano, desayunar algo pequeño, ir a la escuela y poner atención ocho horas diarias, salir y dirigirse agotado hacia algún taller o a alguna práctica de deportes, regresar a su casa, estudiar música, escribir, seguir estudiando, leer un fragmento de un nuevo libro, dormir, despertar y repetirlo todo. Aun cuando él y todos los que lo rodeaban consideraban sus distintas habilidades un regalo, una bendición, en algunas ocasiones éstas se convertían en una condena.

Sin embargo, el solo hecho de pensar en abandonar alguna de sus distintas actividades lo aterraba, ya a su temprana edad estaba más que agotado, pero no quería arriesgarse a perder alguno de los dones que tanto amaba. Nunca había sido una persona muy sociable, para él sus habilidades eran sus únicas y grandes amigas y, aún cuando no podía conversar con ellas, podía sentirlas; cada vez que realizaba alguna de sus actividades una energía cálida y reconfortante lo invadía, se sentía comprendido, en paz, y eso era suficiente.

Probablemente si renunciara a una de sus actividades no sucedería nada, podría seguir con la gran vida que alguien tan peculiar como él, probablemente, estaba destinado a tener, pero ¿a quién le gusta perder a un amigo? Por lo tanto, al vivir en un mundo donde el día tiene 24 horas, la semana 7 días, el año 52 semanas y la vida un final, el chico no lograba elegir a qué dedicarse durante su limitada existencia.

—Es inevitable —decía su padre. —Algún día tendrás que decidir qué hacer con tu vida, pero procura que sea algo realista.

—Y que lo disfrutes, pero que ganes dinero suficiente para poder mantenerte —decía su madre.

Así que debía escoger una, quizás dos si tenía suerte, ¿cómo podría dejar a sus demás talentos morir? Así que cuando el tiempo se terminó y llegó la hora de preguntarse “¿A qué te quieres dedicar?” ya no fue una actividad infantil, sino una duda importante y adulta; con el cuerpo cansado y los ojos pesados, pero con mente decidida, únicamente respondió:

—Quiero serlo todo.

¡Y vaya que al principio así fue! Estudió seis distintas carreras al mismo tiempo, practicó más de 3 deportes diferentes y trabajó en la redacción de un libro, dos composiciones musicales y en una colección de pinturas y esculturas. Si durante su infancia su extraordinario y extraño abanico de habilidades había sido bastante llamativo, ahora la atención que recibía era explosiva; no por parte de instituciones importantes, sino de psicólogos, psiquiatras y de su preocupada familia, pues no era complicado darse cuenta del decadente estado mental que el joven comenzaba a presentar, era como si éste viviera en una impenetrable burbuja.

Sin embargo, para el joven esto era irrelevante, conforme iban pasando los años se encontraba menos tiempo y espacio en su mente para pensar en cualquier cosa no relacionada a sus variadas ocupaciones; siempre tenía un lugar a donde ir, algo por hacer. Pero poco le importaba eso, sus actividades lo llenaban de energía y saciaban su apetito, lo aconsejaban mejor que cualquier médico y lo apoyaban más que cualquier familiar: lo hacían seguir adelante.

Pasaron los años y el brillante joven envejeció, los doctores y familiares habían dejado de intentar ingresar a su burbuja y se habían retirado de su vida silenciosamente. El ahora viejo había intentado desesperadamente no alterar su rutina en lo absoluto a pesar de la edad, seguía haciendo todo tipo de cosas; sin embargo, los extraños efectos que tenían sus talentos sobre su cuerpo y su salud habían comenzado a deteriorarse, su cuerpo fue haciéndose más frágil y lento, sus sentidos habían empeorado considerablemente y su respiración era cada vez más accidentada: la flor de su vida había comenzado a marchitarse.

Una fría mañana de invierno mientras el mundo daba comienzo a su día, el cuerpo del viejo, exhausto por las décadas de trabajo interminable, inició con un último respiro su eterno y silencioso descanso. En aquel cuerpo —que yacía apoyado en un escritorio cubierto de pinturas, papeles y notas— ya no quedaba ni un destello del característico talento que su dueño tanto se había preocupado por conservar.

Al breve y silencioso funeral se presentaron unas cuantas personas, familiares que habían asistido sobre todo por compromiso y no se molestaron en emitir sonido alguno durante toda la ceremonia. Aún menor fue el interés mostrado hacia los diversos trabajos del viejo, los cuales aunque variados en técnicas y temáticas, eran semillas plantadas que nunca habían podido germinar por falta de tiempo, por falta de atención, tantas semillas habían sido plantadas y, sin embargo, a ninguna se le había dado la oportunidad de florecer.

Todo el talento murió ahí, en ese desolado cuarto.

Así, el chico que lo quería ser todo, al final, no fue nada.

Nuestras ciudades invisibles

La literatura siempre ha tenido una esencia sinecdóquica, es en sí misma la más bella metáfora de la totalidad, la creación de un universo que rebasa a autor y lector y se contiene entre dos tapas, blandas o duras, maleables o decoradas, pero nos dan la ilusión de un principio y un final.

Así, el libro es un mapa de algo que sabe todo, o quizá un poco más, de nosotros mismos. Por ello durante este ciclo escolar decidimos emprender un viaje a través de las letras hispanoamericanas, un viaje que no necesitó más que un boleto a la imaginación y adentrarnos en nuestras casas, quedarnos en ellas y así ganar tiempo para poder soñar. Después de este esfuerzo titánico que representó la estadía en los hogares y la educación a distancia, alumnas y alumnos de sexto año de preparatoria nos presentan aquellas ciudades que pudimos encontrar en aquel viaje, uno que espero nunca tenga una razón para finalizar.

Santiago Salinas

Textos recuperados del sexto año de preparatoria

Blu

Roberta Suárez Acuña, alumna de sexto de preparatoria

Una ciudad azul.

Una ciudad cotidiana: nubes que habitan ventanas de jacarandas.

Días y noches donde lo único que se respira es topacio aterciopelado.

Blu: ciudad de vidrio.

Blu: ciudad tormenta.

Blu: ciudad cristal.

Ciudad de azulejos, marcadas por el calor de la leña y el café de olla.

Ciudad de la melancolía.

De la tristeza asentada.

Ciudad con tierra fértil: árboles de mar.

Un lugar donde sembremos nuestra espera.

Esperanza azurita, supongo.

Ciudad cobalto: intoxicada ante la tormenta.

Blu: ciudad de niebla.

Humedad: transpiración de deseo.

Un lugar donde gris se pierde en azul.

Vivo en gotas: dosificada, anublada, sorda por deseo.

Ciudad de albercas, océanos, cuerpos de agua.

Vivo en una azurita: anublada, sorda por deseo.

Me hundí en mi propio golfo,

ahogué en apneas el amor que nunca te tuve

y recibí a cambio un teatro sin luces.

Blu: donde el tiempo es ciclo del agua.

Donde el ayer se ha convertido en rocío,

el hoy en río,

y el mañana arropado en nieve.

Blu: fundada por mis amigas las ballenas,

migrando entre todas las lágrimas del mundo.

Blu: tus cimientos entre nieblas

aseguran la inquietud de mi tristeza.

Blu: ciudad de la resistencia,

porque cada que alguien se besa

un arrecife recupera su fuerza.

Blu: el acto de mudarse

[nortearse en vaso marino]

es nadar contracorriente,

hacer casa en alberca abandonada.

Es tarde

mis encuentros con el mundo son pocos

abandono mi cuerpo

y lentamente

flotando

me acerco a Blu.

  • Blu es mi ciudad invisible. Al escribir sobre ella, tuve presentes las lecturas de Elena Garro, María Luisa Bombal y Alfonsina Storni que realizamos a lo largo del ciclo escolar. A través de sus narraciones, las escritoras influyeron en mis perspectivas (y concepciones) de la melancolía, la nostalgia, la tristeza y la espera. Blu, aunque todavía es un pequeño lunar en mi cuerpo, intenta dar hogar a todas las sensaciones, sentires y preocupaciones que las palabras leídas han hecho casa en mí. (Nota de la autora)

Más allá del Kan

Santiago Martínez Ibarrola, alumno de sexto de preparatoria

Ciudades inexpugnables

Entre Santiago de Cuba, Kingston y Puerto Príncipe hay un triángulo tan explícito que pocos navegantes han sentido la necesidad de trazarlo. Y es precisamente este escondite a plena vista lo que ha hecho a Lucerna Occidental una ciudad libre. Refugio de esclavos. La isla sobre la cual fue construida se desplaza si se siente amenazada. Ningún alma es presa más que de su propia libertad en una isla donde lo real se extiende cuanto sea necesario para que toda explicación se le ajuste.

Cuentan los ancianos que Napoleón logró escapar de Santa Helena y se refugió en una residencia construida por él en la más pequeña de las provincias. Llamó Paulina a ambas, como su sobrina. Los europeos le inventaron la muerte porque era menos humillante que el destino que tomó.

Lucerna Occidental es un lugar para los reencuentros, la realidad es otra, tan indescriptible como su prevalencia libre. En esta isla, como en Sildavia, el tiempo pasa tan despacio que cada persona vive lo suficiente como para volver a encontrarse con quien desee. La realidad es maravillosa, nada prevalece ni se crea sin la inexplicabilidad que la caracteriza. No es cuestión de suerte para los desventurados soñadores el llegar a Luçocc, es la ciudad la que los encuentra.

Y es que las descripciones de una ciudad irreal son tan imposibles como su existencia, ante unos ojos que no la han podido ver, no se podrá jamás reflejar la realidad de una ciudad inconquistable incluso para las palabras.

Ciudades indeseables

Hay un lugar en alguna parte del norte, donde las lenguas cambian, en donde habitan nombres. Joseph's Ville es una masa gigantesca, comparable en tamaño a las más grandes ciudades posibles de imaginar, pero a diferencia de estas, su señalización geográfica no es exacta, sus bordes no son claros, pero se mantienen en crecimiento. Hecha por nombres, no tanto por quienes los llevaron, esta ciudad alberga la mayor concentración criminal de la historia, así como, quizás, la mayor impunidad. En Joseph’s Ville se alojan multitud de nombres que, fuera de sus fronteras, serían quemados en multitud de hogueras.

Las calles llevan nombres de personas ilustres: Videla, Kissinger, Himmler, Pol Pot, Castro. Es una ciudad que choca contra sí misma. Los habitantes vandalizan las calles y monumentos de los indeseables. Boko Haram fue vandalizada recientemente por miembros del Klan. El memorial a los nazis muertos durante la liberación de los campos de concentración está resguardado por un muro de las dimensiones del que hay en Gaza.

Joseph’s Ville es dolorosa. Es una ciudad donde se para todo criminal de guerra y conviven entre sí. Si un individuo o un grupo hicieron algún daño irreparable en la historia de la humanidad, esta ciudad le habrá construido un monumento. Aquí persiste la ira, el odio y la intolerancia. Hay comunidades europeas muy grandes, multitudes estadounidenses y japonesas. Sus calles son rojas sangre, hay esvásticas en los letreros acompañadas del águila calva norteamericana.

No hay persona suficientemente humana que pueda pasar más de un par de minutos en paz en lo que a menudo se catalogaría como el mero infierno, pero también está colmada de curas, papas y reyes católicos a los cuales multitudes acudirían sin sospecha en busca de ayuda.

Cuentitos de ciudades

Anónimo, alumno de sexto año de preparatoria

Templo Menor

Alexander llegó al Templo Menor por vía marítima. Era ésta la última ciudad en el largo itinerario de su viaje de exploración, que lo había llevado a recorrer una diversa cantidad de remotas y excéntricas tierras. Había sarpado de La Coruña, con la visión de cualquier adolescente adinerado de su época, concluir sus estudios con un viaje en calidad de expedicionista naturalista y poner en práctica las más recientes ideas del liberalismo y de la ilustración en las colonias al otro lado del mar. No obstante, después de tantos kilómetros recorridos, había decidido superar tan rutinaria perspectiva científica por una más acorde a su edad, la romántica.

No necesitó muchos días en el Templo Menor para darse cuenta de las singulares condiciones de la zona. Tampoco necesitó recopilar gran cantidad de datos sobre la meteorología, la orografía, la cultura, la flora y la fauna, como había venido haciéndolo a lo largo del continente. La atmósfera no podía medirse con los cánones europeos. Advertía la inestabilidad de las estructuras naturales y políticas. La región escondía una crisis circunstancial e identitaria. Estuvo presente al momento del derrumbe del techo sobre las ruinas del Viejo Templo Menor, como consecuencia de una tormenta descomunal. Luego, la ciudad era hostigada por una sequía. Una semana después, presenció la caída de un puente, que dejó una lastimosa suma de fallecidos, y críticas a un mal manejo de los recursos por parte de las autoridades peninsulares.

Entonces Alexander comprendió que el Imperio estaba ya demasiado lejos del Templo Menor. Él que venía de las ciudades donde todo ese desarrollo comenzó veía con miedo su futuro en los escombros de esta ciudad, y sentía avecinarse una revolución. Regresó a su tierra natal, sin darse cuenta que su crónica quedaría para terminar de separar al Templo Menor de la dominación colonial, reconociendo sus diferencias con el resto del mundo y otorgándoles un nacionalismo propio.

Novísima Grandeza Mexicana

“La ciudad vive y sobrevive en sus amantes” escribió Carlos Novísimas poco después del funeral de Salvador Renovado, el más famoso cronista de la ciudad durante la primera mitad de siglo. No era una frase romántica. Esta relación de amantes, como cualquier otra, implicaba peleas y reconciliaciones. Con el pero de que es prácticamente imposible distanciarse de la ciudad que se habita. También como en cualquier otra relación de amantes existían diferentes versiones. Salvador Renovado sentía las calles por sus pisadas, así como la ciudad sentía sus pisadas por sus calles. Una historia pintada a lo largo de avenida Francisco Sosa, donde compartían su casa. Miradas fugitivas a las paredes y las puertas y una infinidad de encuentros y recuerdos.

La ciudad acababa de salir de una relación complicada y era cruel con él. Hacía alianzas para ponerlo celoso. A veces pintaba hombres fuertes y viriles que lo humillaran. Otras lo dibujaba a él con orejas de burro tirado en cuatro patas. Sin embargo, la ciudad aprendió nuevas maneras de relacionarse a su lado. Repintó sus muros, cambió los nombres de sus calles, resistió, tembló, construyó, reprimió, censuró, se manifestó, aprobó, festejó, se encerró y volvió a salir. Sigue viviendo y sobreviviendo en sus amantes. Es una nueva ciudad, novísima ciudad, renovada ciudad. Es un collage, un anagrama de todos los amores y desamores que en ella han ocurrido, y siguen ocurriendo.

La Culpa es de las Hipotecas

Cuentan la leyenda los ancianos del poblado de Muuch’ Xiimbal, que los dioses levantaron los valles y montañas del mar primigenio y crearon plantas y animales, pero no satisfechos, decidieron crear seres que los adoren y ofrenden. En los primeros intentos fallaron; en el cuarto intento logran su propósito y crean a los humanos, a partir del mamey. Luego les mandaron al dios Kukulcamlo para que los gobernara con su sabiduría. Les enseñó las ciencias más difíciles y las artes más bellas. Era amado y admirado por su pueblo.

No obstante sucedió un día que el malévolo dios Taak'in descendió de los cielos con intenciones de adueñarse del pueblo de Muuch’ Xiimbal. Se disfrazó de hechicero y se presentó ante Kukulcamlo alegando que tenía el licor de la inmortalidad. Pero lo que traía no era más que un brebaje que emborracharía a quien lo bebiera. Kukulcamlo al ser tan noble confió y bebió hasta caer rendido. Cuando despertó, no se acordaba de nada, pero había ofendido a todos aquellos que lo amaban tanto. Apenado, decidió abandonar el pueblo con la promesa de que volvería algún día.

Un milenio estuvo esperando Muuch’ Xiimbal su regreso para saldar su deuda. Entonces arribó un sujeto pidiendo perdón por la vergüenza y todas las injusticias que habían tenido que sufrir durante aquél tiempo. El pueblo se alegró inmensamente creyendo que era el retorno de Kukulcamlo, y le demostraron todo su apoyo. Sin embargo, sus penurias no acabaron ahí; al poco tiempo dejó entrar gente extraña a la comunidad y entregó los recursos que aún les quedaban. Se dieron cuenta que seguía controlado por el malvado Taak'in, que los había engañado para terminar de apoderarse de tierra. El pueblo se sintió traicionado, dolido y sin ninguna esperanza a la vista.

Las ciudades y los libros

Mateo María Graham, alumno de sexto año de preparatoria

Amotlein

Después de caminar al garete por tres días logré llegar a lo que parecía un pueblo, pero uno al que no llega nada, olvidado por la civilización creciente. Todas las casas parecen estar abandonadas, mas al ver a la gente que habita asomada por las ventanas, viendo al forastero caminar por sus calles, me doy cuenta que este pueblo está todo menos abandonado, pero claramente algo anda mal.

Me acerco a un vagabundo que está tirado en lo que supongo es la calle principal, pero no hay nadie más que este hombre si hogar, y le pregunto qué pasa con este lugar, ¿por qué está vacía la calle principal en pleno sábado de primavera? Un día perfecto para pasear y relajarse de una semana de trabajo, el hombre me voltea a ver, está extremadamente pálido y asombrado de que alguien haya llegado a su pueblo a la mitad del desierto. El hombre se hace a un lado y me ofrece un asiento en su pedazo de cartón y comienza a hablar:

-Verá joven, un día llegó un disque general a “salvarnos” de la miseria, pero todo lo que hizo fue instaurar una pequeña dictadura, llegó con promesas de salvarnos de como nos dejó la guerra y nomás convirtió a nuestro pueblito en su pequeño reino.

-Pero a ver, ¿él dijo que nadie podía salir?

-Sí, es que es el día para que salga su amante y es receloso el señor, tons si alguien la ve desde la ventana o sale, los guardias que van con la muchacha lo fusilan en el momento

-¿Y usted?

-Pues como no tengo casa no me hacen nada, además estoy ciego joven, ni que fuera a ver nada

En ese momento aparece en la esquina de la calle la mujer más hermosa que he visto en toda mi vida, me sonríe y escucho gritar a un hombre, ¡Peguenle un tiro!

Intento correr pero suena el disparo y caigo al suelo, supongo que es el castigo de Dios por haber presenciado la verdadera belleza.

El “Paraíso”

Mis calles duelen, pero no es un dolor físico, si no en el alma. Es curioso, me duele el alma porque mi mente no logra entender como hay gente que sale a defender la vida, en las mismas calles en las que hay miles de niños, con vida, que viven como si no fueran personas. Me pregunto si esta gente que dice defender la vida simplemente ignora a los niños o como ya están vivos y salen de sus intereses; no les importa que les suceda. La verdad es que lo único que me importa es que todas las personas que vivan conmigo estén seguras, sanas y salvas, ya que esto fue para lo que fui creada, para salvaguardar a las personas de lo que la naturaleza les pudiera hacer, resguardar sus vidas e, igualmente importante, su bienestar. Pero conforme aumentaron mis calles, crecieron mis edificios y llegaron más personas, solamente unas cuantas se quedaron con este bienestar. Lo que más me duele de todo es como personas que han acaparado tanto bienestar, dicen defender la vida cuando su misma existencia significa la miseria de otros, nunca lo entenderé. He sido calificada como un centro turístico de renombre mundial, con grandes hoteles y edificios, un océano precioso a mi lado, todo esto en las faldas de mis montañas donde se ha acumulado el bienestar; en cambio, al subirlas, queda poco y nada, un lugar que nadie visita porque le duele verlo, pero al mismo tiempo nadie hace nada para arreglarlo, solo se concentran en sus propios ideales ignorando la realidad, creo que jamás entenderé a los humanos.

Ciencias sociales

Nuestros alumnos de sexto año en sus materias de ciencias sociales realizaron proyectos de reflexión social y política con dimensión en la rama de la psicología. En este aparatado juntamos tres de los mejores ensayos obtenidos.

Psicología de masas

Por Alberto Díaz Albert, alumno de sexto año de preparatoria

Introducción

Tan solo a principios del siglo XXI nos encontramos con un mundo completamente distinto al de antes. La revolución tecnológica avanza más rápido que nunca, el internet se volvió algo accesible para casi la mitad de la población mundial, y se convirtió en algo tan llamativo y esencial que hasta un niño de cinco años sueña ahora con él y no con juguetes. Hay muchas cosas en internet dignas de ser cuestionadas por los problemas que generan en el mundo, pero si alguna de estas de verdad ejerce poder sobre la realidad, se trata de las redes sociales. Espacios donde encontramos una segunda vida, o en lamentables casos una vida principal, que nos trae muchas sonrisas e información cada día, pero también encontramos una decadencia de la conciencia colectiva.

Antecedentes históricos

Desde siempre han existido las masas, la turba, los grupos sociales; pero si buscamos un antecedente histórico de las redes sociales, tenemos un indiscutible ganador: la televisión. Un medio de comunicación masivo, “accesible”, gráfico, disponible las veinticuatro horas del día por siempre, para siempre.

Ya existían medios de comunicación parecidos anteriormente, en especial la radio y el periódico, la televisión se encargó de mezclar dos factores de estos medios, y esto fue lo que la hizo trascender. Lo gráfico del periódico, imágenes de todo que, sumándole el video, la hizo algo espectacular para cualquiera. Y la constancia del radio, una programación infinita que la hace un medio que se puede consumir en cualquier momento.

¿Cuál era el papel de las masas? Para empezar, muchos programas de la televisión de presentaciones, o los ahora conocidos “reality”, tenían un público físico en sus lugares de grabación. Como era de esperar, todas estas personas estaban manipuladas por los técnicos de producción para generar reacciones en masa que mejor le sirvieran al show. Pero como espectador, estas reacciones no son más que gritos de aprobación “si toda esta gente le gusta el programa, ¿por qué a mí no?”.

Y este mecanismo resultó tan efectivo, que en algunos casos se volvió la esencia del programa, ¿alguna vez has visto una sitcom sin las risas de fondo? Pero, ¿dónde está el control o fenómeno real de las masas? En que la televisión amigable, la televisión de caricaturas, deportes, películas, series, es un engaño, una fachada que esconde su verdadero propósito: la propaganda.

¿A quién le gustaría sentarse a ver comerciales en una pantalla por horas? A nadie, por supuesto, pero… Si mezclamos estos comerciales con programación “libre”, ¿qué obtenemos? Casi todos los que vivimos una infancia en la primera década del siglo XXI crecimos con caricaturas en la televisión, y estos canales (Cartoon Network, Nickelodeon, etc.), tenían la misma programación con base en horarios de treinta minutos por capítulo. Suena bien, ¿no? Pero de estos treinta minutos, sólo diez eran destinados a la caricatura en sí, los demás, comerciales.

En estos comerciales encontramos de todo, desde un amigable anuncio de colchones con un llamativo jingle, hasta campañas políticas, y en algunos países invitaciones directas a unirse al ejército, en horario “familiar”. ¿Pero de qué subsistían estas terribles estrategias de marketing? ¿Robo a los ciudadanos? ¿Control represivo y militar? Sorprendentemente no, los únicos responsables de perpetuar esta cadena de vicio que no llevaba a ningún lado eran los espectadores.

Y este modelo de dictadura, parecida al planteamiento de Un mundo feliz de Aldous Huxley, esta “dictadura de la felicidad”, con orígenes que se remontan hasta la construcción del palacio de Versalles, es uno de los elementos que dominan al mundo hoy en día. Encontramos esta dictadura en todo, pero especialmente, en las redes sociales.

Descripción del fenómeno

Las redes sociales nos traen estas mismas estrategias que llevaron al éxito a la televisión, pero mezclada con una más, que las convirtió en el pináculo de la sociedad, la “libertad” que hay en ellas. Uno no podía escoger qué caricatura pasaban, a qué hora ver su película favorita, si te perdías del partido de baloncesto te lo perdiste y ya. En una red social, tú decides, a qué hora ves a tu youtuber favorito, puedes ver tu partido favorito en cualquier momento, qué canción escuchar.

Y no solo se limita a eso esta famosa “libertad” en las redes sociales, hay un factor clave y es el siguiente: las redes sociales son un medio para consumir y crear contenido, es decir, tu usuario, ahora tienes el poder de crear contenido de manera “gratis” con las mismas oportunidades que tendría una gran televisora o noticiero.

Tenemos un país de las maravillas al alcance de nuestros dedos, horas y horas de contenido online llamativo (comida, películas, deportes, noticias, memes, pornografía, etc.), y nosotros podemos ser creadores. Las masas son manipulables y en general suelen seguir a un líder fuerte, es por esto que se puede desarrollar resentimiento hacia el líder y en algunos casos derrocarlo, el control de la masa sigue siendo algo complicado por que existe una jerarquía marcada ¿pero si le das a todos los individuos de la masa la oportunidad de ser líder?

Este es uno de los principios de las redes sociales, la falsa promesa de que puedes llegar al estrellato, a formar parte de ese 1% que recibe comida gratis por mencionar marcas en su tik tok. Generas una masa que cree que es libre, pero esta libertad, es otra sucia herramienta de la dictadura de la felicidad, porque no somos libres. Ni el internet es gratis, ni tu perfil es anónimo, ni tus datos son privados, ni las cosas que ves las decides tú. Y si crees que eres libre, date cuenta de como spotify te recomienda siempre los mismos cincuenta artistas, como facebook identifica a las personas que salen en tus fotos, como las redes te “escuchan” cuando estas hablando fuera de ellas.

Tienes una masa más junta, por el sentimiento de pertenencia que dan las redes sociales “¡Ey mira, no estás solo! Todos estamos conectados en el mundo por internet”, aunque estemos más solos que nunca, porque la vida y el comportamiento en internet es de todo menos real. Tienes a tu masa unida, con individuos más leales a la masa, por el falso sentimiento de liderazgo, y le sumas un último factor, que hace al comportamiento de masas en redes sociales destacable: el anonimato.

Los individuos actúan distinto en las masas que en su individualidad, porque cuentan con el anonimato de que su voz se confunde en el estruendo de todas las otras voces, pero si tu vas en un colectivo físico y gritas “¡muera el PRI!”, igual eres rastreable dentro de la masa, alguien te pudo escuchar, o alguien reconoció tu voz. En las redes sociales, si bien es cierto que nuestros datos y perfiles están localizados por las empresas, dentro de las masas, nuestro anonimato es absoluto. Y todo esto ha llevado a las redes sociales, sobre todo a las más antiguas, a ser una plaza de la discordia. Donde reina un poder normalizador de quién es mejor líder, quién pone mejor el ejemplo.

Y se presenta una de las mayores problemáticas de hoy en día que es la “doble moral”, respaldada por el milenario paradigma del santo “a ver quién es más humilde”. Esto ha llevado a las cancelaciones en masa, y no estamos hablando del “Me Too”, si no de cosas que rayan en lo absurdo, porque “así sí soy correcto”, “así puedo meterme al colectivo”.

Y las tendencias cambian todo el tiempo, en 2010 no veías un alma en facebook que no se burlara a matar de los movimientos que, hoy 2021, rigen al mundo de las redes sociales, y estas mismas personas, prefirieron defender a la dictadura de la felicidad y a su pertenencia a las masas, que sus principios.

Conclusión

Hemos llegado a un punto de no retorno, nos tienen esclavizados, aun peor, nosotros nos buscamos esta esclavitud. Porque las cadenas que nos tienen apresados están hechas de likes, de fotos de personas hermosas, de cupones en comida rápida. Los ideales son defendidos más a muerte que nunca, porque nosotros somos los “líderes” los “creadores” de estos ideales que tanto daño hacen.

Y seguiremos perdiendo identidad, voz, libertad si le seguimos dando poder a las redes sociales por nuestra cuenta.

Debemos organizarnos para derrocar a este régimen ¿pero cómo? Si el régimen somos nosotros mismos ¿Cómo se empieza una revolución, si tus soldados a reclutar son lamebotas del rey? Debemos concientizar nuestra individualidad, cuestionar los ideales de las redes sociales pero no desde lo colectivo “¿pero qué dirían mis seguidores de esto?”, hay que recuperar la confianza en nosotros mismos, más que nunca, aunque nos duela alejarnos de las redes sociales. Nunca serás un líder en las redes sociales, pero ¿quién sabe? Tal vez si siguieras más tus propios principios, llegues un día a serlo de verdad.

La Matanza de Acteal

Por Samuel Segrera Rabadán, alumno de sexto año de preparatoria

Supuestamente, para 1996 se había llegado ya a un acuerdo de paz entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el Estado Mexicano, con los acuerdos de San Andrés Larráinzar. En ellos se reconocen los derechos de los pueblos indígenas a la autonomía para decidir sus formas internas de organización. Se consideró el tema de la transición democrática. Además, se le permitió al ejército zapatista mantenerse armado en zonas delimitadas, así como establecer zonas de restricción del ejército. Encontramos así en el EZLN todas las cualidades de una minoría activa con esfuerzo, autonomía, consistencia, rigidez y equidad.

Sin embargo, la violencia de los combates no disminuyó. Había 42 asesinatos de indígenas cada mes. Continuó la campaña de desprestigio a la diócesis y al obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz. Así que el EZLN se despliega, vuelve a manifestarse y marchan hasta la Ciudad de México.

En respuesta, el gobierno manda decenas de miles de efectivos militares a Chiapas, al mando del General Mario Renán Castillo, doctor en psicología militar; iniciando así literalmente una guerra psicológica. Pero como no tenían permiso de entrar en territorio zapatista, asoman grupos paramilitares, asociaciones anti zapatistas que ayudan en la búsqueda de los insurgentes y su separación de los pueblos bajo control de la guerrilla. Cortando las influencias, van cortando su poder. A la vez que mantenían protegido al ejército estatal. Le llaman guerra de baja intensidad. Para 1997, 11 mil indígenas se ven obligados a abandonar sus comunidades bajo las amenazas de violencia de los grupos contrainsurgentes.

El 22 de diciembre de 1997 se lleva a cabo un ataque a la población de Acteal, que se encontraba indefensa en oración. Hay quienes la califican de ser la mayor masacre en México de finales de siglo. Al día siguiente, durante el cortejo fúnebre, se identifican a algunos de los agresores. 42 personas son detenidas.

Los informes oficiales aparentemente intentan minimizar y ocultar los hechos. El procurador Roberto Madrazo, adjudica la matanza a conflictos entre familias, etnias o comunidades. Se crea el grupo pacifista de las abejas. El gobierno envía 5 mil soldados más, no obstante, las pesquisas se hacen en lugares alejados, convenientemente, de influencia zapatista. Ingresan en los ejidos. El EZLN se repliega.

Llega 1998 y entra un grupo nuevo a la secretaría de gobernación, liderado por Labastida, con mira a las próximas elecciones y planes de inteligencia político-militar. Brotan grupos paramilitares en otros estados como Guerrero, Oaxaca, Tabasco y Campeche. El sermón de los curas por su parte acrecientan la insurgencia. Declaran al presidente Zedillo culpable, pues es el presidente el que autoriza las propuestas de estrategas de la cúpula militar. Surgen más manifestaciones por todo el país. Algunas son duramente reprimidas por elementos de seguridad nacional.

Las consignas de los soldados demuestran una reivindicación de locura y demencia, al contrario de lo visto en clase, donde la demencia era usada para escapar de las estructuras de opresión.

Ernesto Zedillo se mantiene ratificando que “La violencia es por definición un acto criminal, y que lo ocurrido en Acteal fue un cruel, absurdo, inaceptable acto criminal, que sólo puede tener como respuesta, la aplicación más firme y severa de la justicia”. Es a final de cuentas una proclamación puramente política, como escribe Savater en Ética para Amador, “Hasta en la guerra, que es el mayor fracaso del intento de «buena vida» en común de los hombres, hay comportamientos que suponen un crimen mayor que el propio crimen organizado que la guerra representa”. (Savater, 1991, p. 3000)

También Zedillo alega que la solución no es tratar a los pueblos indígenas de manera distinta, al contrario, deben tener los mismos derechos que tienen todos los mexicanos, y que es un error pensar que los problemas indígenas se solucionen estableciendo una distinción en la Constitución para ellos, tratandolos como si no fueran iguales; haciendo una clara referencia a los acuerdos de San Andrés vistos al inicio. Trata de invisibilizar las minorías activas.

Me resulta interesante el hecho de que los zapatistas usan pasamontañas, por el asunto de la persona, personalidad, máscara. Figura la psicología social en el conflicto entre el individuo, con una cultura y herencia propia, contra la construcción de un estado llano y obediente. Zedillo apunta por una visión funcionalista utópica. No reconoce ni entiende la pluriculturalidad. Según él, no acepta interpretaciones que atenten contra la soberanía y unidad nacional, que pongan en riesgo los derechos humanos y las garantías individuales, y no acepta formas gobierno antidemocráticas, autoritarias, fueros ni privilegios excluyentes de desprecio a minorías.

Al respecto, dejo otra cita de Savater como conclusión: “Las desdichas nos ponen en manos de los demás y aumentan el poder colectivo sobre el individuo: es muy importante esforzarse por que ese poder no se emplee más que para remediar carencias y debilidades, no para perpetuarlas bajo anestesia en nombre de una «compasión» autoritaria. [...] La diversidad de formas de vida es algo esencial (¡imagínate qué aburrimiento si faltase!) pero siempre que haya unas pautas mínimas de tolerancia entre ellas y que ciertas cuestiones reúnan los esfuerzos de todos. Si no, lo que conseguiremos es una diversidad de crímenes y no de culturas”.

Uso de redes sociales

Por Maritxu García Zugasti, alumna de sexto año de preparatoria

Con este ensayo pretendo hablar sobre cómo es que nos afectan y nos vemos envueltos con las redes sociales en nuestra vida cotidiana siendo adolescentes, porque es a partir de cómo lo vivo yo. Empezaré hablando un poco sobre los antecedentes históricos de éste, a la vez que explicaré qué es la psicología de las masas y finalizaré con unas conclusiones.

Como menciona el equipo de Marketing de Contenido, las redes sociales “son estructuras formadas en Internet por personas u organizaciones que se conectan a partir de intereses o valores comunes. A través de ellas, se crean relaciones entre individuos o empresas de forma rápida, sin jerarquía o límites físicos.” Entonces como podemos ver, su principal objetivo es lograr interacciones y comunicación entre las personas, empresas, etc.

Todos cuando pensamos en redes sociales siempre se nos vienen a la mente las redes actuales, pero la primera idea que se tuvo respecto a redes sociales viene desde finales del siglo XIX por la sociología, ya que este término se utiliza para analizar interacciones entre personas, grupos, organizaciones, etcétera.

Aunque las redes sociales empezaron a surgir de forma virtual en 1990 ya con internet disponible. Todo comenzó en 1997 con el sitio web sixdegrees.com, fue la primer red que permitió a los usuarios tener un perfil, poder añadir a otros participantes y tener tu propia lista de amigos, además de intercambiar mensajes con ellos.

Luego, a principios del milenio, empezaron a surgir páginas que estaban dirigidas a la interacción entre usuarios como Friendster, MySpace y hi5, además de otras dos que siguen siendo muy populares en nuestra vida actual que son LinkedIn y Facebook.

No había tantas esperanzas respecto a que las redes sociales llegaran a ser todo un éxito y que tuvieran un gran impacto en toda la población del mundo. Ahora existe una necesidad de estar conectado todo el tiempo.

Ahora después de hablar un poco sobre los antecedentes de las redes sociales, pasaré a dar la definición de la psicología de masas, que según Wikipedia es “el estudio del comportamiento de los grupos colectivos. Es decir, esta rama se encarga de investigar por qué los individuos se contagian del comportamiento de los demás y se limitan a repetirlo sin cuestionarse nada.”

Ahora sí, pasando al tema central de mi ensayo, ya habiendo revisado tanto los antecedentes como el concepto de psicología de masas podemos darnos cuenta que las redes sociales en especial como lo he notado y vivido yo en la edad adolscente nos mantienen siguiendo tendencias, viviendo bajo mentiras, que todos nos convirtamos en la misma persona o clase de personas, sólo nos manipulan a través de un medio donde se supone que “podemos ser nosotros”, pero no es así porque vivimos las expectativas del otro, importándonos más un like, cuántos seguidores tenemos en vez de ser nosotros, porque por conseguir todas esas cosas hacemos cosas que no nos gustan y no se parecen nada a nosotros, es todo un juego de identidades falsas.

A mi parecer, nunca nos han enseñado un uso correcto de las redes sociales, lo cual debería ser primordial dado el mundo en el que vivimos ahora, creo que podrían aportarnos muchas cosas positivas a nuestras vidas pero creo que se han vuelto lo contrario: las redes sociales se han vuelto un lugar donde los adolescentes podemos resguardarnos de nuestros papás, compartir lo que nos gusta y poder conversar con personas de otras partes del mundo o hasta cercanas a nosotros pero todo a base de mentiras, como ya mencioné arriba, pie todo se basa en cuántos likes y seguidores tenemos, y eso define si somos cools frente a los demás o que seamos vistos por otras personas, pero aparentando cosas que no somos por querer ser “populares”, seguir tendencias, demostrar que podemos hacer todo lo que hagan los demás y llegar a ser famosos que al parecer es lo único que importa ahora.

Todos los adolescentes nos vemos envueltos en este mundo sin siquiera cuestionarnos por qué lo hacemos, creemos, o por lo menos yo, que si no tengo redes sociales no voy a estar al nivel que están los demás, todo se vuelve una dependencia y una competencia, hasta que llega a un punto en el que no te puedes salir y ya no sabes qué hacer. Por ejemplo, yo ya siento que las redes sociales son algo que me conforma como la persona que soy y me costaría muchísimo trabajo dejarlas.

El problema es que el ambiente de las redes sociales ya se volvió algo súper tóxico, porque a cualquier lado que vayas te las vas a topar y requerir para poder socializar y “pertenecer” a esta sociedad.

Igual con el ambiente tóxico me refiero a que continuamente comparamos nuestras vidas y a nosotros mismos por lo que vemos a través de la pantalla, lo que provoca que nos sintamos mal con nosotros mismos y empecemos a hacer cosas para cambiarlo pero por un camino que no es el adecuado, empezamos a crear identidades para parecernos a la persona que vemos a través de la pantalla y a seguir de igual manera las tendencias que muestran estas “personas famosas”, y aun peor llegamos a dañar nuestra salud porque es más importante permanecer a algún lado que ser nosotros. Las redes te hacen creer que debes ser como cierto tipo de persona y así le caerás bien a todo el mundo y alguien te querrá, creemos que debemos parecernos a alguien para poder encontrar cariño porque siendo nosotros mismos no lo lograríamos.

Ya por último para concluir, se puede decir que las redes sociales son un ejemplo de estudio de la psicología de masas porque gracias a ellas tendemos a seguir comportamientos que hacen los demás, muchas veces sin que nos demos cuenta y que luego ya es muy difícil poder llegar a desprenderse de ello porque en nuestro día a día y como es la sociedad hoy en día es imprescindible vivir con ellas.

Las redes sociales no las considero del todo negativas, pero creo que no le hemos dado el uso adecuado; podrían ser de gran ayuda porque nos ayudan a estar en constante comunicación y enterados de los que sucede más allá de nosotros, aparte de llegar a encontrar gente con intereses similares a los tuyos, pero desde mi perspectiva lo único que producen es dependencia y tener miedo a ser nosotros mismos, tener amigos que en realidad no lo son sólo por la imagen que das, se ha convertido en algo tan falso y dañino para todos, pero como me estoy refiriendo a los adolescentes en este ensayo, pues justo estamos en un momento de descubrir quiénes somos y de disfrutar la vida, no de estar en constante cambio sobre nosotros por pertenecer a algún lugar o de igual manera, sentirnos inseguros y mal con nosotros mismos porque no somos iguales a las personas que salen en redes sociales y creer que nosotros tenemos algo mal.

Como ya mencioné arriba, entiendo que estamos pasando por muchos cambios a esta edad, pero que los cambios que queramos hacer sean por y para nosotros, que ya nos deje de importar la opinión que tiene la gente respecto a nosotros y empezar a ser como somos; el mundo de las redes sociales trae muchas cosas de fondo que puede que ni sean reales, pero tú sí eres real y puedes lograr muchas cosas, deja de compararte y empieza a escribir tu propia historia.

Nota final

Agradecemos a las y los alumnos participantes en este volumen de forma cariñosa y con gran admiración. Como miembros del Colegio de Lengua y Literaturas, nos llena de orgullo la participación de nuestra comunidad en una rama tan importante de nuestra formación como lo es la creación. También extendemos estas felicitaciones a nuestras y nuestros alumnos no presentes, pero que participaron con textos que nos enriquecieron. Por último, fue para nosotros un honor haber construido y organizado el presente número, y expresamos nuestra esperanza de que sea del agrado de toda la comunidad.

Santiago Salinas, Valeria Ramírez, Jure Lavalle