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ALBERTINA DELGADO Valiente, persistente y luchadora

El oficio de “gomero”, en el que una persona repara o cambia llantas dañadas de vehículos, es visto como una actividad única para hombres; sin embargo, Albertina Delgado decidió desafiar este estereotipo hace cuatro meses. Actualmente ella se ha convertido en una “gomera” y sus habilidades son muy solicitadas en el sector oeste de la ciudad.

En una zona llena de varones “gomeros”, entre el kilómetro 6 y 9 de la avenida Capitán Víctor Ustáriz, Albertina es la única mujer que hace este trabajo y clientes no le faltan.

Pese a que realiza un trabajo duro que demanda mucha fuerza y habilidad, Albertina no deja de lado su rol de madre y esposa. Cuando no tiene clientes cocina y ayuda a sus pequeños con las tareas de la escuela.

“Ahora estaba preparando un segundito con verduritas y las papitas que ya las he pelado”, contó mientras reparaba la rueda pinchada de un vehículo.

Ella llegó a la ciudad de Cochabamba desde el municipio de Colomi el año 2005, cuando tenía solo 15 años, en busca de un trabajo para mejorar su calidad de vida. No tuvo otra opción que realizar labores de empleada doméstica. “A veces limpiaba, lavaba ropa, ayudaba en una pensión y esas cosas hasta que le conocí a mi esposo”, recordó.

Cuando cumplió 18 años se casó con el hombre que por más de 10 años está a su lado. En ese camino de la vida nacieron sus tres hijos que ahora tienen 11, 8 y 5 años.

“Cuando ya me casé tuve que cuidar a mi primer hijito pero había que seguir trabajando y yo seguía trabajando (lavando ropa y como empleada). No se ganaba mucho y después tuve mis otras dos wawas (hijos)”, dijo con tono cansado y mientras usaba dos palancas para colocar un neumático al aro de un auto.

Pese al poco dinero que ganaban, ella como empleada y su esposo como “gomero”, Albertina cuenta que su familia era muy feliz hasta que ella no pudo más con un dolor persistente en sus piernas. A principios de este año fue diagnosticada con várices y una intervención quirúrgica era su única opción por el avance de la enfermedad.

Tras la operación en mayo pasado, los médicos recomendaron a Albertina que evite actividades que la mantengan muchas horas de pie. En ese momento su esposo decidió que debía dejar de trabajar para cuidar su salud, pero ella cuenta que no podía ver a su pareja cargar con todo el peso para mantener una familia de cinco personas.

“Me he prestado platita y he pagado clínica (privada) como 8 mil bolivianos de la cirugía pero ahora ya estoy mejor (...). Tenía siempre que volver a trabajar para pagar también la deuda pero el doctor me dijo que no podía estar mucho tiempo parada y lavando no más estás hartas horas parada, hasta para limpiar la casa tienes que estar mucho rato parada”, manifestó.

Recuperó fuerzas y decidió aprender el oficio de gomero. Su esposo se encargó de enseñarle todas las técnicas y las primeras semanas de julio Albertina ya estaba parchando y cambiando llantas de motos, autos pequeños e incluso minibuses.

“Mi marido me ha enseñado, él trabaja en otro lado como gomero igual y yo atiendo en las mañanas y él me ayuda en la tarde, desde hace cuatro meses que ya estoy en mi taller. Grave me ha costado, al principio no podía sacar ni una ruedita ahora ya saco y arreglo de moto, auto, trufis más”, detalló.

Es así que Albertina, como muchas mujeres bolivianas, logró superar adversidades y estereotipos para salir adelante. Nunca dio un paso al costado y ahora ella es una digna luchadora con una historia que merece ser contada.

Redacción y fotos: Christian Burgos Gallardo

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LOS TIEMPOS
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