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La historia de uno de los colombianos que sobrevivió al atentado del 9/11 Por: Andrés morales jiménez

Aparte del trágico hecho del World Trade Center, Jaime Munevar también pudo salir ileso de otros dos atentados terroristas en Bogotá.

En la vida a veces se presentan situaciones en las que una pequeña acción puede significar la diferencia entre vivir o morir. Ya sea salir cinco minutos antes de algún lugar o preferir tomar el metro en lugar de caminar, estas acciones pueden determinarlo todo.

Ese concepto lo entiende a la perfección Jaime Munevar Pinilla, de 66 años, pues él más que nadie sabe lo que es sentir tener a la parca de cerca y sobrevivir para “echar el cuento”.

En el año 1989 Munevar trabajaba en un laboratorio en la ciudad de Bogotá, el ingeniero químico recuerda que el martes 5 de diciembre su jefe de ese entonces le pidió como un favor personal que sacara un certificado de paz y salvo en las oficinas del DAS.

Al llegar a las instalaciones solo contaba con el carnet del laboratorio, pues había dejado sus documentos personales en un saco en la oficina, le manifestaron que tenían que consultar si era posible su ingreso solo con esa identificación de lo contrario tendría que ir al siguiente día a la misma hora para ser atendido.

Por fortuna para Jaime pudo ingresar sin saber que el 6 de diciembre en la hora en la que lo iban a citar estallaría un carro bomba cargado con 500 kilos de dinamita.

El 12 de mayo de 1990 Jaime se encontraba con su hija, que tenía 7 años en ese momento, en el centro comercial Bulevar Niza esperando que unos amigos los recogieran para ir a un partido de fútbol, pero al ver el retraso de sus compañeros prefirió tomar un taxi e ir por su cuenta, minutos después estallaría un carro bomba cerca del sector donde estaban.

Como si se tratara de un desafío de perseverancia, la vida le pone un nuevo reto a Jaime. En 1995 migra a Estados Unidos porque la esposa fue diagnosticada con lupus eritematoso.

Una vez se radicó con su familia en el país norteamericano Jaime tuvo que “volver a nacer”. Como sucede con muchos migrantes que llegan a ese país tuvo que trabajar de lo que le tocara.

Jaime encontró un trabajo cerca del World Trade Center, recuerda que todas las mañanas se reunía con algunos compatriotas y otros latinos. Era un grupo que brindaba mucho apoyo a otras personas que llegaban en condiciones similares.

El 11 de septiembre de 2001, Jaime terminó su turno a las 7:30 de la mañana y como era costumbre llegó al lobby de las Torres Gemelas para conversar con sus amigos.

“Cuando me embarco en el tren para venirme a la casa en ese momento se estrella el avión en la torre. No sabía qué estaba pasando, pero me causaba curiosidad ver a la gente que se subía de estación en estación llorando. Vine a saber lo que estaba pasando cuando llegué a la casa y mis hijos me dicen lo que está pasando”, recordó Jaime Munevar en diálogo con EL HERALDO.

“Sentí una tristeza enorme cuando vi la segunda torre caer. Le pedí a Dios que me diera alas para poder ir y rescatar a mis amigos”, rememora este colombiano quien asegura que perdió seis amigos cercanos en el atentado.

Tras el atentado Jaime estuvo colaborando en las labores de remoción de escombros y ayudando a los comercios cercanos a la zona donde en algún momento estuvieron las emblemáticas torres.

20 años después de ese terrible suceso Jaime tiene en su memoria esas siniestras imágenes y asegura que su corazón se entristece cada vez que llega la fatídica fecha del 11 de septiembre. Pero en medio de la tragedia encontró una forma de hacer catarsis y buscar darle consuelo a esas familias que aún sienten viva la herida.

“Dios me dio la idea de que cada país que tuvo víctimas tuviera un sitio donde colocaran los nombres de sus fallecidos en el atentado. Tuve la oportunidad de hablar con el presidente Iván Duque en la feria de negocios del Consulado colombiano para se otorgue un sitio con los 20 nombres de los colombianos que perdieron la vida acá para que las familias puedan rendirle homenaje”, comenta Munevar.

Tras este amargo episodio en su vida, Jaime pudo plasmar su experiencia en un libro titulado ‘Sueño, pesadilla y paraíso’.

“El sueño lo hice cuando me vine que fue para salvar a mi exesposa, la pesadilla es lo que me encontré al pasar de un trabajo de ejecutivo a otras que jamás había hecho. El paraíso es haber encontrado a Dios acá y soñar con retornar a mi paraíso Colombia”, dijo.

Una deuda pendiente

Como la de Jaime Munevar hay cientos de historias de inmigrantes hispanos que trabajaron de en la Zona Cero tras los atentados del 11 de septiembre. Estuvieron en medio de las montañas de escombros, caminando entre los hierros retorcidos, expuestos a inhalar el polvo del asbesto y todo esto bajo unas condiciones precarias de seguridad.

Al no contar con un estatus migratorio la búsqueda de empleo se vuelve casi que en una misión imposible para ellos. En 2017 un proyecto de ley anunciado por el excongresista Joseph Crowley buscaba que estos trabajadores pudieran recibir un estatus legal migratorio en Estados Unidos, entre mil y dos mil personas se verían beneficiadas, pero dicho proyecto no llegó a ser votado.

“Luego de la entrega que tuvimos muchos consideramos que estos documentos representan una conciliación ante la enfermedades que muchos hemos sufrido tras el atentado”, afirma Jaime al recordar sobre el caso de algunas personas que han desarrollado problemas respiratorios e incluso estrés post traumático.

Pero mientras esa deuda social existe, Jaime también espera con añoranza poder ver realizado ese muro de homenaje en el país para las víctimas colombianas.

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Texto: Andrés Morales Jiménez