La caza del elefante blanco Reseña del proyecto del Puerto de la Música de Rosario, la obra que nunca fue. Durante ocho años se sucedieron disputas entre los gobiernos provinciales y nacionales. ¿Era posible su realización? ¿Cuáles fueron las razones que frenaron el asunto? ¿Es factible su continuación en el futuro?

Pasó el tiempo y parece que nada hubiera avanzado. Seguramente cualquier ciudadano que haya vivido en Rosario en la última década escuchó mencionar el mega proyecto del Puerto de la Música, un lujoso anfiteatro ubicado a la vera del río Paraná. Pero de aquella idea impulsada por Hermes Binner en 2008, momento en el que estaba al mando del Poder Ejecutivo provincial, poco se ha sabido o se ha hecho saber en el último lustro.

Es natural que ante un tema olvidado y relegado de la agenda del día a día, ante la mínima mención surja el interrogante de qué sucedió. Y ante la pregunta, las respuestas son difusas. Todos saben poco y dicen menos que eso.

Comenzó como el punto culmen de un proyecto de remodelación de la zona portuaria. ‘Elefante blanco’ para unos; reposicionamiento internacional para otros. Como fuere que se quiera observar el vaso, las dos partes tenían sus argumentos. Cada uno, apoyado en una ideología partidaria diferente, porque como es habitual, a los hechos se los analiza según cómo afecte el flujo de agua hacia su molino. No es para menos: la ambición de la obra obligaba a la intervención de distintos niveles de fuerzas políticas. Pero ni el objetivo primordial era la presencia de un espacio cultural per se, como intentaron instalar el gobierno provincial y el municipal, aunque así se presentara. Ni el conflicto mayor era el alto costo en el que se debía incurrir para su construcción.

Puerto de la Música proyectado en el Plano Urbano de la ciudad
El interior del anfiteatro apuntado por su capacidad reducida (Foto: Plano Urbano Rosario 2007/17)

La verdadera razón era política. Ideológica. Nadie está dispuesto a ceder nada, y desde ambas partes, gobierno provincial y nacional, con una relación cada vez más tirante de por medio, concebían a la obra como un foco de conflicto. Para el gobierno provincial significaba un monumento a la gestión. Pasaría a ser el ícono con el cual se asociaría al Socialismo y a la ciudad, y mostraría una señal de poder y rebeldía ante el gobierno nacional, que desde la asunción de Cristina Fernández de Kirchner se alejaba cada vez más del consenso con la provincia. Pero la última palabra la tuvo y la tendrá el gobierno nacional, que utilizó distintas armas para dilatar la situación. Las fuerzas de choque en la ciudad y la provincia y la falta de autorización presupuestaria fueron las principales herramientas utilizadas para encandecer una pelota que, cuando se la tiraron nuevamente a Santa Fe, ya les quemaba las manos a los dirigentes políticos, que no encontraron mejor opción que aprovechar la cercanía costera para hundir todo en el río y esperar que el fuego se apague. Con el correr de los años, la llama es cada vez más tenue. Hay quienes consideran que siempre estará encendida esperando que alguien vuelva a sacarla de las profundidades; para otros, simplemente, sigue su curso natural hasta apagarse completamente.

La génesis

El proyecto denominado Puerto de la Música se plasmó en el año 2008 durante la gestión provincial de Hermes Binner como terminación de la transformación de la zona costera que había comenzado en la ciudad. Como consta en el libro de Planeamiento Urbano de la ciudad 2007/2017, se trataba de un “megacomplejo con salas de conciertos y escuela de música”, con una superficie cubierta de 20.900 metros cuadrados y una superficie total de 50000 m2. Otro punto clave era la participación del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer en lo que hubiera sido su primera obra en el país. El fin, como explica el propio libro, es el de “impulsar el desarrollo integral de la ciudad y su región e instalarla como una de las capitales culturales de Latinoamérica”. Monumento de semejante magnitud no iba a pasar desapercibido por la opinión pública y desde el vamos comenzó a sumar adhesiones y detractores.

A partir de allí acontecieron los primeros conflictos. Para el arquitecto Marcelo Bella, docente de la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño y Secretario de Infraestructura Edilicia y Planificación, “el problema fue que hubo mucha oposición interna de la obra; los detractores decían que tenía muy poca capacidad para la inversión que demandaba”. La cuestión era atendible: en su parte cubierta, la capacidad máxima era de 2500 espectadores, aunque el propio Niemeyer alegaba que podía llegar a 30000 en caso de que se moviera el escenario. Pero esto ya no sería un recinto cerrado como se pregonaba desde los orígenes. Por otra parte, el arquitecto Pablo Barese, Coordinador de Proyectos Metropolitanos dentro de la Secretaría de Planeamiento de la Ciudad de Rosario, y, en el momento en que la obra se proyectó, Director del Plano Urbano de la ciudad explicó que en un principio el anfiteatro había recibido el apoyo de la plana cultural de la ciudad y también de parte de la opinión pública. Pero después, las críticas no tardaron en aparecer. La razón principal era económica, y el porqué de la necesidad de erogar tanto dinero cuando hay otras cuestiones por priorizar. “Las grandes ciudades deben solucionar los problemas del día a día y pensar también en el largo plazo”, adujo Barese defendiendo el proyecto. Por su parte, Raúl Negri, director del Centro de Negocios Internacionales del ENAPRO (Ente Administrador Puerto Rosario), manifestó con gestos de decepción que en estos casos “las urgencias van tapando las ideas”.

Los primeros conflictos

Uno de los primeros inconvenientes tuvo que ver con la disponibilidad de los terrenos. En todo el país, los puertos son potestad del Estado nacional, y cualquier decisión que se tome con ellos debe ser avalada por la Nación o, en el caso de Rosario, por el ente que está a cargo de su administración, el ENAPRO. La zona en la que el proyecto iba a ser realizado comprendía la intersección entre el río y la prolongación de calle Ituzaingó, propiedad del puerto de la ciudad, lo que generó gestiones ante la Nación. “Implicó diálogos ante el gobierno nacional, ante Dirección de Vías Navegables y ante el Puerto, porque hasta el propio plan decía que era propiedad del puerto, pero los gremios fuertes del puerto se opusieron fuertemente a eso”, manifestó Barese. En ese momento, los titulares gremiales eran muy cercanos a Hugo Moyano, Secretario General de la CGT (Confederación General de los Trabajadores), quien a su vez se mantenía muy cercano políticamente a la gestión de la presidente Cristina Fernández de Kirchner. “Eso fue generando una serie de tensiones al proyecto que hizo que el gobierno Nacional pusiera en duda la decisión de ceder los terrenos del puerto”, agregó Barese.

De esos gremios a los que hace alusión el ex Director del Plano Urbano, uno de los que puso el grito en el cielo fue el Sindicato Unidos Portuarios Argentinos de Rosario (SUPA). El actual Secretario General del gremio César Aybar, quien por aquel entonces se definía simplemente como un “activista sindical”, argumentó sus razones: “Donde se quería emplazar la obra es un muelle que tiene seis hectáreas de tierra y generaba 350 puestos de trabajo directo, ni hablar de los indirectos que son parte la cadena logística”. Desde allí se posicionaron desde el sindicato para no dar el brazo a torcer ante los embates del gobierno provincial.

Por otro lado, aunque desde la Casa Gris en un primer momento se mostraron positivos con una posible adhesión del gobierno nacional al proyecto, la necesidad provincial de endeudarse dispuso otro de los problemas con la Casa Rosada. “Se pensó que la situación podía ser más favorable, pero luego se convirtió en un conflicto fuerte, en el sentido de que no había manera de solucionarlo”, contó Barese esbozando un suspiro y bajando su mirada, en clara señal de decepción.

La voz del gremio

“Está prohibido hablar de ese tema acá, es un tabú” dice el actual tesorero del SUPA Héctor Aybar, hermano del secretario general, en la sede de calle Juan Manuel de Rosas 1729. Desde el sindicato la opinión es firme: están completamente en contra de la realización de la obra. No sólo por la situación de los puestos de trabajo, sino también porque obligaría a una reestructuración territorial y económica del puerto. Por esta razón, César Aybar arremetió contra la gestión provincial de aquel entonces: “Hicimos una serie de cuestionamientos, a los cuales hicieron oídos sordos. Ellos decían que la empresa tenía que hacer un muelle nuevo, pero no hay una zona portuaria activa hoy donde pueda hacerse”. Para lo económico, el Secretario General explicó: “Sería un error estratégico condenar a una provincia agroexportadora y de cargas generales como la nuestra a no tener una herramienta fundamental como es el puerto”.

Pero el verdadero trasfondo es otro. Porque se puede discutir y debatir si el perjuicio económico que generaría la primera etapa de construcción y deshabilitación del puerto pueda ser contrarrestado por beneficios futuros. Pero en sí existió una cuestión de falta de confianza. Una descreencia en las palabras de los dirigentes políticos de la provincia de aquel entonces con los que no se llevaban para nada bien. De hecho, desde la sede del sindicato resaltan que hoy en día los lazos con la intendencia y la gobernación son más fuertes. Por decantación, se esclarece que anteriormente no lo eran. “Había muchas promesas en el viento pero nada escrito, lo cual a nosotros no nos daba ningún tipo de garantía de que pudiéramos recuperar esa zona. Ya nos pasó algo similar en la zona de Puerto Norte”, se defendió apesadumbrado César Aybar.

Pero toda pata debe tener un sustento, algo en qué apoyarse. La resistencia no podía basarse meramente en un capricho o en una descreencia. Ese amparo estuvo en la Ley 24.093 de Administración de Puertos Nacionales, mediante la cual las provincias le cedían el control a un ente privado (Enapro, en Rosario). “Ese contrato sirvió para defendernos del tema Puerto de la Música. No se podía expropiar el terreno para hacer otro emprendimiento que no sea portuario, solamente se pueden usar las hectáreas del puerto para actividades económicas, logísticas y portuarias, no para este tipo de actividades recreativas”, alegó el Secretario General del SUPA. Sin embargo, en la vigente ley en ningún artículo se hace expresa referencia a que lo mencionado por César Aybar sea así. Porque si bien el artículo 7 clasifica a los puertos como comerciales, industriales o recreativos, el siguiente apartado, el artículo 8, anuncia que “el destino de los puertos podrá ser modificado con autorización previa y expresa de la autoridad de aplicación”. Y la misma tiene desde su creación una estrecha relación con el gobierno provincial. “La provincia designa al presidente del Ente y en el directorio hay un representante de la municipalidad, por lo que hay una interacción permanente”, aclaró Negri.

Si la interacción es permanente y de su voluntad dependía el cambio de clasificación de la terminal portuaria, pierde fuerza el alegato expuesto en el sindicato del amparo de su posición explícito en la ley. Más bien, todo hace indicar nuevamente que fue la relación compaginada con la CGT y con el gobierno nacional el mayor instrumento de defensa con el que contaron los trabajadores del puerto para que se pusiera un freno al avance de la obra, porque si de esa ley hubiese dependido solamente el sí o el no de la realización, hoy se estaría discutiendo solamente de qué color tapizar las butacas.

El cambio de gestión

Desde el 10 de diciembre de 2011 Hermes Binner dejó su cargo en la gobernación de la provincia en manos de Antonio Bonfatti y, también, gran parte de las posibilidades de construcción del Puerto de la Música. Era el proyecto que había presentado por cuenta propia y por el cual había realizado muchas gestiones. “Al cambiar de nombres la cosa cambió” sentenció Barese. Esto no significa que Bonfatti haya estado en contra de la realización, pero no estaba entre sus prioridades, a diferencia de la gestión anterior. “Binner viajó mucho a Brasil a entrevistarse con Niemeyer a hacer un seguimiento del proyecto, por lo que los dos estaban altamente comprometidos” agregó Barese. Por lo tanto, su ausencia, sumada al fallecimiento de Niemeyer en 2012, fueron puntos determinantes en el estancamiento de la obra.

Por otro lado, además de la coyuntura provincial, estaba la tirante relación con la Nación de por medio. Si bien en ese sentido, no habían cambiado los principales intérpretes, porque Cristina Fernández de Kirchner había sido reelecta en esas elecciones de 2011, los conflictos externos a la obra fueron sucediéndose en demasía, en detrimento de la posibilidad de la realización del Puerto de la Música.

Bella destacó que “la crisis en la que entró el país más la decadencia del Socialismo en Santa Fe hicieron que el proyecto naufragara”. En su opinión, la calidad de los funcionarios del gobierno provincial no era suficiente como para pelearle al gobierno nacional por un proyecto de semejante envergadura. Barese elucubró que desde el Socialismo no se quería sumar un nuevo conflicto a una convivencia que iba barranca abajo. “A Bonfatti le tocó una relación muy complicada con el gobierno Nacional, al punto que evaluaron intervenir la provincia. Con lo cual no estaba en condiciones de sumar más debates y conflictos”. De cualquier modo, el tiempo fue dilatando una situación que había comenzado torcida desde su concepción.

Empero, en 2015, y luego del resultado confirmado de la contienda electoral y la continuidad del Socialismo en las gestiones provincial y municipal, el gobierno intentó realizar una última cruzada por el Puerto de la Música, la cual fue nuevamente repelida desde Balcarce 50. “Voy a insistir con el pedido de una audiencia, obviamente pasados ya tres años y medio no se puede plantear lo que queríamos plantear al comienzo de la gestión”, había expresado en aquel entonces el gobernador Antonio Bonfatti. Pero las puertas fueron cerradas nuevamente. “El año pasado no fue un mal momento, no era tan compleja la relación entre provincia y Nación, pero me parece que eso no alcanza. Eran dos gobiernos que ya estaban alcanzando el final de su gestión y esa toma de decisiones hay que hacerlas cuando uno está llegando al gobierno”, adujo Pablo Barese ante la afamada audiencia de junio de 2015.

La situación actual

Con el cambio de signo político en el gobierno nacional tras la asunción de Mauricio Macri la construcción de la obra arquitectónica más importante para la ciudad se congeló. Sólo algunos dejan viva la tenue llama de la incertidumbre. Por un lado, porque para Miguel Lifschitz no está entre sus prioridades, lo cual alivia al sindicato de portuarios de Rosario. Para ellos, el gobernador desistió de continuar con la obra y sienten que la relación con la provincia está en vías de mejora, sobre todo cuando alegan que la obra más conflictiva del último tiempo quedó en el pasado. “Fue un respaldo muy fuerte del gobierno provincial para los trabajadores portuarios, muy a contramano de lo que venían haciendo los gobiernos anteriores”, opinan en el SUPA sobre la asunción a la gobernación de Lifschitz.

Para Marcelo Bella tampoco hay chances de que reflote, aun con la consideración de que municipio y provincia comparten los mismos colores políticos, el hecho de que no cuente con los fondos necesarios ni la autorización de la Nación condenan al ostracismo al proyecto. “Lógicamente, si no tenés el dinero y a nadie le interesa que se materialice la obra, no la vas a poder hacer, porque no tiene una rentabilidad inmediata”, afirmó tajantemente.

En la vereda opuesta se sitúan quienes están ligados al gobierno de turno como Negri y Barese. Para el hombre del ENAPRO el proyecto sigue en pie y solamente una mera cuestión de prioridades políticas lo mantiene en stand-by. Para Barese es “un proyecto ambicioso que le falta un golpe de oportunidad y decisión”. Sin embargo, el propio Coordinador de Proyectos Metropolitanos confiesa que el pequeño monto que se destinaba en el presupuesto anual de la provincia a una posible continuación del anfiteatro fue suprimido en la actual partida presupuestaria.

¿Entonces? Es una pregunta sin una respuesta contundente. Nadie puede aseverar en su totalidad ni el sí ni el no. Pero los que dejan la ventana abierta se dividen entre aquellos que tienen la esperanza de ver la concreción en el futuro y los que asuman como una derrota admitir la imposibilidad de su realización. Para los que den por cerrado el tema, lo dan como una utopía del mandato socialista de Hermes Binner. “Son gobernantes que ya no tienen talla desde el punto de vista político para bancarse una obra de este tipo”, dice Marcelo Bella sobre los funcionarios actuales. Para los optimistas, será lo que deba ser con el paso del tiempo, pero sus argumentos se hacen cada vez más difíciles de sostener.

El elefante blanco se encuentra a la deriva. Desolado y en vías de extinción. Y los cazadores furtivos acechan, para darle el golpe final, aunque algunos crean que el normal ciclo de la vida se lo va a llevar. Lucha contra el olvido para ser el que alguna vez imaginó, pero nadie lo ayuda. Su destino parece ser el de los libros y el de las historias de boca a boca. Su grandeza e imponencia quedará como un producto más de la mitología. Uno más entre tantos.

Created By
Lisandro Busti
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