El Sembrador salió a sembrar La semilla entre espinos

Introducción:

A) El Sembrador salió a sembrar y parte de la semilla cayó entre espinos.

B) En este tercer terreno vemos un terreno lleno de yerbajos y de malezas.

“ Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto… Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.” (Marcos 4:7, 18-19).

La semilla entre espinos

Los tres espinos a considerar el día de hoy bajo este tema son los siguientes; 1) Los afanes de este siglo, 2) el engaño de las riquezas, y 3) las codicias de otras cosas (según Marcos) o los placeres de la vida (según Lucas).

I. Los afanes de este siglo

A) Primeramente veamos que el ocuparnos y ser diligentes ante Dios es nuestro llamado cotidiano y principal que tenemos de Él como mayordomos que somos;

  • Dios nos llama a ocuparnos para Su gloria en la área que Él nos ha colocado; En Génesis 2:15 leemos “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.”
  • Incluso posterior a la caída debemos servir a Dios en el estado que nos encontramos; “Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede.” (1 Corintios 7:20).
  • Esto implica que seamos diligentes con lo que Dios nos ha dado; “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.” (Eclesiastés 9:10).
  • Es así que somos siervos en todo lo que Dios nos ha dado que es para la Gloria de Dios y de Su Nombre; “Oh Jehová, ciertamente yo soy tu siervo, siervo tuyo soy, hijo de tu sierva.” (Salmo 116:16).

B) Sin embargo, son las preocupaciones fuera de nuestro control y de nuestro alcance que ahogan la palabra y la hace infructuosa.

  • “Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.”

C) Por lo tanto, es precisamente un reenfoque en la Palabra de Dios que corrige nuestro deber a lo que está realmente a nuestro alcance y obligación, como el saber y entender quién está en control de todo en última instancia lo que nos hará estar libres de ansiedades y afanes;

  • Eso es precisamente lo que Pablo nos dice; “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:6-7).
  • Como el propio apóstol Pedro cuando dice; “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” (1 Pedro 5:6-7, leer Lucas 12:22-31).
"estos son los que fueron sembrados entre espinos"

II. El engaño de las riquezas

A) Muchas veces en el lugar que Dios nos ha colocado para que le sirvamos, Él añade muchas bendiciones para que aumentemos nuestra mayordomía y servicio con el fin de glorificar Su Nombre y excelencias.

  • Deuteronomio 28:1-14.
  • E incluso Dios es Soberano de remover todo para trabajar en nuestro carácter como leemos con Job cuando dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.” (Job 1:21-22).

B) De este modo vemos, que son las riquezas codiciosas fuera de la provisión divina que ahogan la palabra y la hace infructuosa.

  • “Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.”
  • Es a esto lo que Jesús se refería al decir; “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Lucas 16:13).
  • El propio apóstol Pablo escribió al joven Timoteo: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” (1Timoteo 6:9-10).

C) Por lo tanto, es precisamente un reenfoque en la Palabra de Dios que corrige nuestra visión de lo que ya tenemos y poseemos en Cristo como las bendiciones que le acompañan al hecho de estar en Él;

  • “Porque en [Cristo] habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.” (Colosenses 2:9-10).
  • “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.” (Juan 1:16).
  • “Mas por [Dios] estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.” (1 Corintios 1:30-31).
"los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.”

III. Los placeres de la vida

A) En sí mismo el placer o deleite en algo no es malo o pecaminoso, como por ejemplo;

  • Cuando Pablo habla del amor cuando dice que; “[el amor] no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.” (1 Corintios 13:6).
  • O, “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.” (Romanos 12:9).
  • O cuando el evangelio es predicado incluso por hermanos que lo hace de por pretexto; “¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.” (Filipenses 1:18).
  • E incluso cuando nos gozamos en las victorias por ejemplo Jetro que celebró la victoria de Israel; “Y se alegró Jetro de todo el bien que Jehová había hecho a Israel, al haberlo librado de mano de los egipcios.” (Exodo 18:9). Entre otros.

B) Son entonces los placeres pecaminosos los que ahogan la palabra y la hace infructuosa.

  • “Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.”
  • “La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto.” (Lucas 8:14).
  • Nada hay más hostil y miserable en uno que aquellos deseos mundanos que no son detectados y combatidos, como también perseguidos incansablemente para derrocarlos de nosotros, sino todo lo contrario, son abrazados, detenidos y mantenidos, llevándonos a placeres pecaminosos y aborrecibles ante Dios.
  • Santiago nos exhorta cuando dice; “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.” (Santiago 4:4).

C) Por lo tanto, es precisamente un reenfoque en la Palabra de Dios que corrige nuestras motivaciones como también nos da las fuerzas necesarias para hacer morir todo placer pecaminoso de nuestra vida.

  • Y el apóstol Pablo escribiendo a los hermanos en Galacia dice; “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.” (Gálatas 5:16-17).
  • Y el apóstol Juan nos dice; “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” (1 Juan 2:15-17).

Conclusión: Nuestro Catecismo de Heidelberg Día del Señor 33, P/R 90 pregunta: ¿Qué es la vivificación del nuevo hombre? Es alegrarse de todo corazón en Dios por Cristo, y desear vivir conforme a la voluntad de Dios, así como ejercitarse en toda buena obra.

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Iglesia Reformada Cristo Redentor
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