Foto de fondo: "Ávila" de Mairet Chourio

450 primaveras

Pintada por los mejores pinceles, entre ellos los de Manuel Cabré; cantada por poetas, como Juan Antonio Pérez Bonalde y los icónicos techos rojos; narrada por célebres escritores, como Guillermo Meneses; musa de músicos y compositores, como Billo Frómeta; la originalmente bautizada Santiago de León de Caracas suma este martes 25 de julio 450 años de su fundación por parte de Diego de Losada.

A los pies del imponente cerro Ávila, y cruzada de oeste a este por un río que la marca como una herida abierta, este verde valle que se levanta al norte de América del Sur, de cara al muy azul mar Caribe, guarda entre sus calles, esquinas y rincones valientes y hermosas historias que la ennoblecen y mantienen erguida como los robles.

La Sultana del Ávila encaja los años con la vitalidad que imprime ser testigo vivo de capítulos históricos de Venezuela. Hoy en pleno Siglo XXI sigue encarando los desafíos de una urbe de altos contrastes, donde por igual convive la más hermosa gama de verdes y la precariedad de las viviendas en los cerros; la algarabía de las guacayamas y el silencio del éxodo, la jovialidad de su gente y la agresividad de la violencia.

La capital más al norte del sur que inspiró a tantos poetas y artistas, que abrió sus brazos a todo aquel que huía de guerras y dictaduras en busca de un mejor horizonte; esa misma que "al parecer, su destino es igual al de muchos seres humanos de gran estirpe, que no pueden ser amados, sino por quienes sean capaces de padecerlos", como escribió García Márquez, es el eje de este especial que Efecto Cocuyo en alianza con la Fundación Cultura Urbana les regala a todos los caraqueños.

Caracas450Primaveras ofrece nueve historias de habitantes de a pie, cuyas vidas suman en total el aniversario de la ciudad cumpleañera y permite un acercamiento a los sueños, expectativas, logros y esperanzas de su gente

Inmigrantes, "adoptados", oriundos... pero indudablemente caraqueños. Nuestros protagonistas son el vivo testimonio del pasado y el presente. Y sus edades suman 450 años

Con el sello de los europeos

Angelo Burgazzi

95 años de edad - Agrimensor - Veneto, Italia.

Texto: Zandy Aliendres - Fotos: Mairet Chourio - Video: Miguel Rodríguez

“Los que modificamos Caracas fuimos nosotros los extranjeros, sobre todo los españoles, italianos y portugueses. Caracas no era la ciudad de ahora”

Hubo un tiempo en el que la superficie urbanizada de Caracas no pasaba de la Plaza Francia de Altamira. Era la década de los 40, una época de cambios no solo en Venezuela, sino también en el resto del mundo.

En 1948, mientras una junta militar tomaba el control del país petrolero, en Europa muchos barcos zarpaban con dirección a Sudamérica, en barcos cargados de personas que buscaban sanar las heridas de la Segunda Guerra Mundial y encontrar al fin la paz y estabilidad económica que perdieron en sus tierras devastadas.

Angelo Burgazzi fue uno de ellos. Oriundo de Veneto, una población ubicada al norte de Italia, subió a un buque en Génova junto a su cuñado. El puerto de La Guaira estaba ya lleno, así que en Puerto Cabello fue donde pisó tierra firme.

Foto: Mairet Chourio

“Mi cuñado tenía un amigo en Roma que trabajaba con la embajada venezolana y dijo que estaban buscando gente, entonces fuimos a Génova que es el sitio de embarque. Yo recuerdo que me dijeron ‘¿Qué haces tú?’ Y yo ‘bueno, yo soy agrimensor’. No, allá no se necesita’, dijeron ellos y yo dije -Yo también soy albañil”.

A sus 95 años de edad, don Angelo tiene bien grabado en su memoria los recuerdos de esa Caracas de antaño.

Se calcula que entre 1948 y 1961, ingresaron a Venezuela 920.000 inmigrantes, de ellos 300 mil eran italianos, seguidos por los españoles y portugueses.

Burgazzi recuerda que él y sus paisanos fueron trasladados a la hacienda El Trompillo, en el estado Carabobo. Allí eran censados para conocer sus capacidades laborales. Muchos trabajaron en el área de agricultura, pero él hizo lo propio en la construcción.

Tras vivir un año en Maracay, llegó a Caracas. En la esquina Marrón había un restaurante llamado Barcelona que era atendido por unos italianos y en la parte de arriba tenía lugares para quedarse.

“Yo he vivido muchas aventuras”, dice entre risas al recordar varias anécdotas de su llegada a la capital y muchas otras de la época previa, cuando fue tomado por los nazis y llevado a un campo de trabajo del que pudo escapar junto a unos venecianos cuando los alemanes abandonaron el lugar tras perder la guerra.

Sus estudios en agrimensura no solo salvaron su vida durante el conflicto bélico, sino que también le abrió las puertas en Caracas, donde le tocó urbanizar o, como él dice, “formar una ciudad de la nada”.

Después de Altamira, solo había haciendas cafetaleras y quebradas. Con la empresa donde trabajó durante 30 años participó en la formación de las urbanizaciones La Floresta, Chuao y Club de Campo. También en la construcción de edificios en Caracas, Valencia y en el levantamiento de urbanizaciones en Charallave, estado Miranda.

Foto: Mairet Chourio

Tras dos años en el país caribeño, don Angelo pudo traerse a su esposa con quien tenía muy poco tiempo de casado antes de radicarse en Venezuela. Con ella tuvo seis hijos que le dieron a su vez 11 nietos y un bisnieto.

“Yo estuve muy bien. Cuando vino mi esposa, ya tenía un apartamento que había conseguido cerca de Los Caobos, por donde ahora pasa la Av. Libertador. Debajo del edificio había un carnicero italiano y ella siempre iba a buscar los hígados de pollo”, recuerda con una sonrisa.

Burgazzi fue testigo de la modificación de Caracas. El edificio donde se ubicaba su primer apartamento fue demolido para construir la Av. Libertador. Luego, se mudó a La Florida.

Allí, en ese lugar vivió el golpe de Estado que derrocó a Marcos Pérez Jiménez. No habla mucho sobre la política de ese entonces, solo dice que “se fue en el avión y ya está”.

Prefiere recordar sus viajes a la playa con su familia, cuando iban a Macuto vía teleférico, los carnavales y la calidez del caraqueño. Dice que el país “era muy acogedor, era muy tranquilo”.

Al ver la ciudad de hoy se impresiona, sobre todo por grandes edificaciones como las torres de Parque Central, pero no deja de mencionar la participación de los europeos en la formación de la ciudad moderna.

Los que modificamos Caracas fuimos nosotros los extranjeros, sobre todo los españoles, italianos y portugueses. Caracas no era la ciudad de ahora”, reitera.

Foto: Mairet Chourio

En los años 60 se planteó la posibilidad de volver a su tierra, pero estando en Italia pensó que lo tenía todo en Venezuela así que regresó.

Actualmente, sus hijos y nietos nuevamente le hacen la propuesta de volver a Europa, pero en perfecto castellano se niega porque, aunque nunca se nacionalizó, se siente criollo.

“Todo el mundo quiere que me vaya; pero no, yo estoy bien aquí. No me quiero ir. A pesar de que soy todavía italiano, yo soy más venezolano que mucha gente, porque me trataron bien”, afirma.

Tan bohemia como guapachosa

Judith García Roberths

74 años de edad - Locutora / Asistente de Producción - Asturias, España.

Texto: Zandy Aliendres - Fotos: Mairet Chourio - Video: Miguel Rodríguez

“Todo tiene que desarrollarse, todo tiene un futuro. Si nos quedamos en el pasado no se hace nada"

Sentada en el Gran Café de Sabana Grande, Judith García Roberths confiesa su plurinacionalidad: española, por haber nacido en Asturias; colombiana, gracias a su padre neogranadino; y venezolana, por haber hecho de Caracas su hogar.

Judith pasa por el emblemático bulevar capitalino como una peatona más, pero pocos saben que llegó a ser una de las asistentes del animador Amador Bendayan, uno de los presentadores más queridos de la televisión venezolana.

“Nosotros siempre salíamos los sábados a tomar por aquí mismo y eso era whisky. Como él (Bendayan) no bebía, yo me tomaba los dos míos y los dos de él”, dice entre risas pícaras.

Pero antes de llegar a Venevisión, y ser una de las primeras locutoras en off de lo que hoy se conoce como FM Center, fue estudiante de filosofía en la Universidad Central de Venezuela y, entre sus pasatiempos favoritos, estaba ir con sus amigos al Gran Café.

Ese lugar es más que un simple local donde tomarse un guayoyo. Su historia se remonta hace décadas y es conocida en muchas partes del mundo.

Foto: Mairet Chourio

En 1946, un francés llamado Henri Charriere compró la quinta Cristal, ubicada en la Calle Real de Sabana Grande. Lo que pocos sabían era que aquel hombre había escapado de una prisión que tenían los franceses en la Isla del Diablo, a 11 kilómetros de la Guayana Francesa, y de la que se decía nadie podía escapar gracias a las fuertes corrientes marinas que la rodeaban.

Con una bolsa llena de cocos y convertida en balsa, zarpó hacia la libertad. Llegó a Caracas y montó su propio negocio. Todos lo llamaban Papillon porque tenía una mariposa en su pecho y en su local caraqueño, empezó a escribir sus memorias que luego fueron llevadas al cine por el director Franklin J. Schaffner.

Ese café se volvió el lugar más cosmopolita de este valle. Allí se sentaban a charlar escritores, artistas, periodistas, políticos y poetas. “Esto era espectacular, esto era muy bohemio. Aquí venía mucha gente intelectual (...) Había mucho café concert, personas con una guitarra cantando, otro leía poesía; nos tomábamos un té o algo. Había muchos intelectuales aquí. Esto era llenísimo, a las 2:00 de la mañana esto era como si fuera de día”, recuerda Judith hoy a sus 74 años de edad.

Durante los años 70 y 80 también acudía a los locales nocturnos cercanos a una de las calles comerciales más grandes de la ciudad. En aquel entonces, Sabana Grande era el centro de los carnavales más pintorescos y un sitio ideal para comerse un helado sin temer a la delincuencia. Ella, que trabajó con muchos artistas, cuenta que los invitados internacionales eran paseados por diversas zonas de Caracas y por las discotecas más exclusivas. Si se pedían guardaespaldas, era para evitar a fanáticos enardecidos, no antisociales.

En los años 90 y a comienzos del Siglo XXI, el bulevar de Sabana Grande se llenó de comerciantes informales. Los puestos improvisados llegaron a ser tan grandes que se instalaron toldos con peluquerías improvisadas, algo que culminó gracias a la remodelación que hizo Pdvsa La Estancia en 2011.

García Roberths considera que ahora la zona es "muy sobria" y le apena que la indigencia y la inseguridad estén presentes nuevamente en los espacios recuperados.

El brillo del espectáculo capitalino

Foto: Mairet Chourio

En Caracas están los principales medios de comunicación del país. Hace décadas, las producciones de Radio Caracas Televisión y Venevisión eran referencia para el resto de la región y la dinámica cultural del país hacía de la ciudad una parada obligada para los artistas más famosos de entonces.

Judith, quien comenzó su carrera en Grabaciones Requena, hasta que se le dio una oportunidad en Sábado Sensacional, pudo acompañar a estrellas como el cantante español Raphael o la brasileña Simone.

“Era muy movido todo, se viajaba mucho. Viajábamos a Aruba, Curazao, Maracaibo, Mérida, Barquisimeto. A donde viajaba Sábado Sensacional ahí íbamos nosotros con todas las de la ley y la comodidad del caso”, narra sobre sus días como parte del equipo de producción del show sabatino. Y recuerda con simpatía las veces que trabajó junto a Joaquín Riviera, uno de los productores más respetados del Canal de la colina.

Aún continúa en los pasillos de esa planta televisora, esta vez como asistente de producción en Super Sábado Sensacional conducido por Henry Silva y Fanny Ottati. Disfruta de su trabajo, pero extraña el “tanto brillo" de antes.

“Yo no lo veo muy feliz (el espectáculo local) porque antes tenían muchísimas oportunidades. Había canales que hacían muchas novelas y competían en calidad tanto de novelas como en espectáculos, ahora no existe eso. Entonces la gente tiene que emigrar y lo poco que queda está con las uñas, dando fuerte para poder resistir”, afirma.

Foto: Mairet Chourio

Pero en la Caracas actual ha visto un avance en comparación con aquella de la que se enamoró cuando era muy joven. En el mundo donde se desenvolvió conoció muchas personas pertenecientes a la comunidad LGBT, que, cuenta, no eran aceptadas en algunas empresas, entre ellas canales de televisión. “Te miraban todo, hasta las uñas”, apunta.

“Ahora hay más libertad, más apoyo, no solo aquí, sino en otros países donde han aceptado hasta el matrimonio (igualitario)”.

Recuerda que en otras regiones, hasta la adopción de niños por parejas del mismo sexo es visto como algo normal, un tema impensable en la Caracas del Siglo XX y aún sin discusión en lo que va del XXI por estas tierras.

¿Cómo será Caracas en el futuro? No lo tiene muy claro, pero sí que la sociedad evolucionará.

“Todo tiene que desarrollarse, todo tiene un futuro. Si nos quedamos en el pasado no se hace nada, entonces siempre vamos a vivir en lo que fue mas no en lo que va a venir. Vamos a tener el mismo movimiento de producción, también estoy completamente segura que sí vamos a tener”, sentencia.

Mercado de Quinta Crespo sabe y huele a Caracas

Manuel Rosales

72 años - Contador / Comerciante del Mercado de Quinta Crespo - Boconó, Trujillo.

Texto: Zandy Aliendres - Foto: Mairet Chourio - Video: Miguel Rodríguez

“Aquí hay muchos que nacieron aquí y siguen permaneciendo en el mercado porque tienen mucha fe"

Al entrar al Mercado Municipal de Quinta Crespo se respira parte de Caracas. El aroma de las hortalizas y vegetales frescos se une al de las especias y las frutas para narrar la historia de una ciudad que en su gastronomía habla sobre el mestizaje que la distingue.

En la Caracas colonial el mercado principal estaba en la Plaza San Jacinto, hoy conocida como la Plaza El Venezolano, pero con la modernización de la capital el centro de compras fue desplazado.

Unos terrenos donados por el presidente Joaquín Crespo al Concejo Municipal de Caracas fueron los ideales para levantar, décadas después, una estructura más moderna que fue inaugurada por Marcos Pérez Jiménez en 1951.

Este mercado sigue siendo hoy día referencia en Caracas. Por sus pasillos han buscado ingredientes amas de casa, profesionales, cocineros, artistas, chefs y hasta figuras de la política nacional. Así lo recuerda Manuel Rosales, un contador que desde hace 27 años se dedica a trabajar en uno de los casi mil concesionarios de Quinta Crespo, que están distribuidos en las áreas de charcutería, víveres, carnes, pescados, hortalizas, frutas y ropa.

Fptp: Mairet Chourio

Rosales fue uno de los trabajadores que estuvo en el área administrativa del mercado cuando era dirigido por una asociación civil, pero en 2009 el Estado tomó el control de los mercados municipales.

Ahora, junto a su esposa, hija y yerno, vende aguacates, limones, panelas de papelón, entre otros productos. Sin olvidar los “años dorados” del mercado, sostiene que su historia y el trabajo duro de su gente hace que siga siendo el principal mercado de la ciudad de Caracas.

“Aquí vienen muchos políticos. Últimamente, el que más visita el mercado es el que fue Alcalde (de Libertador), Freddy Bernal. Ese acude casi todos los fines de semana y hace su mercado aquí. También (Henry) Ramos Allup lo hacía, pero por cuestiones políticas ahora no puede venir al mercado porque fue agredido. Aquí vienen muchos artistas, sobre todo cuando Radio Caracas Televisión estaba aquí al lado de nosotros, venían todos los artistas famosos, venían a comprar”, recuerda.

Hoy las ventas continúan, pero el mercado “ha decaído mucho” por la escasez y los altos precios, dice Rosales.

En la sección de carnes, por ejemplo, al cierre de esta nota un kilo de pollo tenía un costo de 11 mil bolívares. Asimismo, no se veían productos regulados de la cesta básica, sin embargo, fuera del mercado no faltaban vendedores ambulantes que los ofertaban con cierta discreción para no ser captados por la policía.

A las 5:00 am ya las puertas están abiertas para el público y los trabajadores de los restaurantes son los primeros en llegar para adquirir los ingredientes más frescos. Sin embargo, estos no consiguen muchos productos importados que son necesarios para preparar los platos más exquisitos.

Foto: Mairet Chourio

“Este mercado se caracterizaba por tener aceitunas, alcaparras, pasas, frutas exóticas de todo tipo. Hoy en día usted no consigue nada porque no hay importaciones, nos dejan traer tampoco. Aquí hay personas que están en capacidad de hacer sus importaciones directamente, pero no los dejan”, asegura Rosales.

El descenso de la algarabía decembrina

Diciembre es la época dorada para todos los comercios de Caracas, en especial para el mercado de Quinta Crespo, uno de los más concurridos para comprar los ingredientes de las hallacas.

Sin embargo, con el paso de los años, los costos se han elevado a tal punto que las ventas han bajado progresivamente. En 2016, el diario El Nacional publicó que para el inicio del mes de noviembre de ese año, la elaboración de cada hallaca tenía un costo entre 1.400 y 1.600 bolívares, dependiendo de la receta, costo que incrementó a finales de ese mes cuando se calculó que en promedio, hacer cada pastel tendría un precio de 2.150 bolívares.

Rosales recuerda con nostalgia y lamenta que, aunque el mercado sigue siendo muy visitado cuando se acerca la Navidad, las cosas no son como antes.

Foto: Mairet Chourio

“Ahorita el mercado se llena, aquí viene gente a comprar; pero anteriormente, los diciembres aquí eran bellos, muy bellos. Aquí había de todo tipo de productos, hoy en día usted va a comprar un kilo de bacalao aquí y no hay bacalao. Anteriormente, el mercado de Quinta Crespo se caracterizaba por vender ese tipo de productos, bacalao, aceitunas, pero no una aceituna, aquí había variedades de aceitunas y frutas exóticas".

Pero para el comerciante nacido en Trujillo y criado en Caracas, no todo está perdido. “Aquí hay muchas personas valiosas. Aquí hay muchos portugueses, muchos españoles y siguen permaneciendo en el mercado porque tienen mucha fe y mucha esperanza. Ellos no se han ido del país y sus hijos se han criado aquí, sus nietos están aquí trabajando. Tenemos la esperanza de parar nuevamente el mercado”, reitera.

Ciudad de oportunidades

Germán Rodríguez

61 años - Comerciante - Campechano, Falcón.

Texto: Zandy Aliendres - Fotos: Mairet Chourio - Video: Miguel Rodríguez

"Más que vecinos, éramos familia todos. Eso lo añoro hoy en día donde la gente está más encerrada"

Germán Rodríguez era un muchachito cuando emprendió su camino a la capital venezolana. Con tan solo 17 años dejó Campechano, estado Falcón, para buscar oportunidades de crecimiento en Caracas. Recuerda muy bien ese día: fue el 30 de abril de 1975.

En su pueblo natal las casas eran muy humildes y no contaban con servicios tan básicos como el de electricidad. Su encuentro con los grandes edificios y anuncios con luces de neón a todo dar lo deslumbraron hasta sobrecogerlo.

En aquellos días, Caracas era mucho más que “la ciudad de los techos rojos”; era considerada una urbe cosmopolita donde los venezolanos y los turistas extranjeros tenían la oportunidad de comprar y vender dólares sin problemas en las casas de cambio.

El presidente de ese entonces, Carlos Andrés Pérez, anunció un mes antes que comenzarían los trabajos para la construcción del sistema Metro de Caracas, mientras que el resto del país murmuraba sobre las implicaciones que podría traer la nacionalización del petróleo.

Rodríguez poco sabía de esos temas. Para ese momento solo quería trabajar y sabía que en el sector de la construcción había muchas oportunidades, no obstante, comenzó sus labores como ayudante en una carpintería en Sarría.

Foto: Mairet Chourio

De allí pasó a una fábrica de maletas en la Esquina de San Rafael, luego al terminal de pasajeros del Nuevo Circo, cuando de allí salían autobuses a lugares tan lejanos como Maracaibo. La dinámica en la ciudad era distinta a la de ahora.

“La Caracas de esa época era extraordinariamente dinámica y sobre todo muy sana. En mi trabajo que hice en el terminal de pasajeros del Nuevo Circo yo tenía que estar a las 4 de la mañana en el terminal y tomaba un autobús en Los Mecedores, que hacía la ruta Mecedores - Cementerio y a esa hora muchas veces el único pasajero era yo y jamás vi atracos o este tipo de situaciones que se viven en la Caracas de ahora”, recuerda.

Después de esta experiencia, consiguió trabajo en el Banco del Comercio. Fue en esta entidad financiera donde comenzó su carrera en la banca, se preparó gracias a convenios con instituciones educativas y disfrutó de los beneficios que las empresas ubicadas en una ciudad pujante ofrecían.

"Yo me casé apenas llegué. Una pareja joven sencillamente podía optar por una vivienda Caracas o en las zonas aledañas, en Los Valles del Tuy, en Guarenas, en Guatire. Era relativamente fácil obtener vivienda”, comenta.

Las oportunidades en la "Venezuela Saudita"

Germán conoció una Caracas de puertas abiertas. Así como él, muchos venezolanos del interior del país dejaron la provincia para buscar una mejor calidad de vida en la capital, mientras que varios extranjeros huían de las dictaduras que azotaban sus países. En 1975, la escritora chilena Isabel Allende también se instaló en la cuna de Simón Bolívar y la hizo su hogar durante 13 años.

Durante los años 70, el auge económico hizo que el país caribeño fuese reconocido como "la Venezuela Saudita" y Caracas fue el epicentro del desarrollo. La población total era de 12 millones 622 mil 721 habitantes y en la capital estaba concentrado el desarrollo. En 1974, las exportaciones de hidrocarburos aumentaron en más de un 140% con respecto al año anterior, llegando a los 10.762 millones de dólares.

El comerciante asegura que nunca fue tratado diferente por venir de un pueblito y que actualmente se siente hijo de la ciudad. “Caracas me adoptó”, afirma.

Foto: Mairet Chourio

“En la zona donde viví, primero en La Pastora y luego en El Valle, tuve grandes amigos. Noté que, por ejemplo, en La Pastora la convivencia era en la calle donde nosotros vivimos; más que vecinos, éramos familia todos. Eso lo añoro hoy en día donde la gente está más encerrada, pero en esa época se compartía, la calle estaba abierta en temporada de Navidad para la celebración de todos, eran otros tiempos”.

Vivió 22 años en Los Jardines del Valle y considera esa época como de las mejores. “Era seguro. Me llamó la atención siempre, quizás por la cercanía del mercado de Coche y el mercado de El Valle, que siempre había de todo. Todo lo conseguíamos en la cuadra donde vivíamos y sobre todo que en comparación con ahora, era muy seguro”, relata.

Recuerda que, como paisano y fanático de Alí Primera, un día reconoció en El Valle a la viuda del cantautor, Sol Musset, y se ofreció para “darle la cola” a sus hijos Servando y Florentino al colegio. Los recorridos hacia la escuela duraron todo un año, luego los hermanos Primera crecieron y alcanzaron la fama.

Aunque extraña la época en que la ciudad era más festiva y tranquila, considera que aún queda algo de aquella mágica urbe.

Han pasado décadas desde que Germán Rodríguez llegó a Caracas. Ha visto a la ciudad con sus mejores galas, pero también con sus peores fachas. Siente lamento por los jóvenes que no han encontrado las mismas oportunidades que él, como ir a las tascas de La Candelaria o caminar a altas horas de la noche por el bulevar de Sabana Grande sin problemas, sin embargo, cree que el país está próximo a levantarse.

Foto: Mairet Chourio

Hoy, después de consolidar una carrera en las finanzas y jubilarse para dedicarse al comercio, disfruta de su esposa, sus tres hijas y sus dos nietos en un valle que extraña cada vez que viaja.

Como Caracas no hay para vivir”, asevera.

La Concepción Palacios, un verdadero parto

Gloria Alvarenga

56 años de edad - Abogado - Caracas.

Texto: Zandy Aliendres - Fotos: Mairet Chourio - Video: Miguel Rodríguez

“Hay muchos muchachos preparados, eso te da la esperanza. Caracas va a cambiar. Luchemos para que los muchachos sigan trabajando, estudiando”.

En 1983 ocurrieron diferentes sucesos que marcaron la historia de Venezuela y Caracas fue el escenario principal de muchos de estos. En la ciudad se inauguraron el Teatro Teresa Carreño, la Plaza Caracas y la línea 1 del Metro; también se celebraron los IX Juegos Panamericanos, se vivió la devaluación monetaria más grande -hasta ese entonces- recordada como el Viernes Negro y se eligió nuevo presidente.

Sin embargo, para Gloria Alvarenga todos estos hechos quedaron en segundo plano, pues se preparaba para la llegada de su primer bebé.

Tenía 24 años de edad, trabajaba y estudiaba, pero aún así tenía tiempo para acudir al curso de parto psicoprofiláctico que se dictaba en la Maternidad Concepción Palacios.

“En esos tiempos, se puede decir que esa era el centro de salud donde se podía, con seguridad, traer a luz a un bebé. Hicimos un curso psicoprofiláctico, era el primero en esa materia e inclusive nos filmaban todos los días a las primerizas. Nos asesoramos sobre cómo íbamos a recibir a ese primer bebé, hacíamos los ejercicios, eso marcó pauta para ese momento”, recuerda la abogada de 56 años que hoy tiene cuatro hijos y una nieta.

Foto: Mairet Chourio

La Maternidad Concepción Palacios es el hospital más emblemático de Caracas. Allí, por ejemplo, se registra quién fue el último caraqueño en nacer antes de terminar la Nochevieja y el primero en llegar con el Año Nuevo.

Fundado en 1938, el centro asistencial es el testigo del crecimiento de la población capitalina. Tan solo en 1972 obtuvo el récord mundial al registrar en un solo año 47.757 casos atendidos.

Allí Alvarenga tuvo a tres de sus cuatro hijos: Laura, Ada, e Indira. Asegura que en aquellos días, cuando gran parte de las pacientes eran atendidas, en lo que hoy se conoce como “la maternidad vieja”, recibían cuidados de primera; no faltaban recursos y tanto la madre como el bebé tenían un trato único.

Su segundo parto fue en 1985, pero ya las cosas no eran igual. No pudo hacer el curso, donde se le daba atención médica y psicológica a las mujeres para que pudieran disfrutar del hecho de traer una vida al mundo.

“Ya estaba empezando la atención a menguar, no por los médicos sino porque había crisis en ese tiempo. Tuve una experiencia fuerte con ese parto de mi hija Adita porque yo parí muy bien, muy feliz, pero cuando yo me iba a levantar no podía pararme, no podía caminar y después que me hicieron los exámenes resulta que me habían dejado media placenta adentro”.

Dos años después trajo al mundo a su tercera hija y la experiencia no se pareció a la primera, por lo que en 1993 decidió tener a su único varón en el Hospital Clínico Universitario.

Foto: Mairet Chourio

La Maternidad Concepción Palacios ha sufrido cambios en su infraestructura. En 2010 se inauguró el edificio Anexo Negra Matea para incrementar la capacidad del centro y a finales de 2016 se hicieron trabajos de rehabilitación en algunas áreas.

Sin embargo, el mantenimiento ha sido insuficiente. El primer semestre del año pasado se reportaron 166 muertes infantiles. De estos decesos, cinco fueron causados por microcefalia, enfermedad que ocupó el décimo lugar en los registros de malformaciones congénitas en esa maternidad.

“Yo tuve la oportunidad de ir a esa maternidad. Las enfermeras, los medicamentos se podían conseguir, el control médico que recibía la parturienta era excelente, sobre todo las primerizas. Ahora, para empezar no hay dónde parir, a las mujeres las tiran en una camilla”.

En marzo de 2017, la Sociedad Médica y de Residentes del centro asistencial denunció la falta de materiales para atender de forma adecuada a las pacientes. Para ese entonces, el personal tenía dos meses sin tubos para tomar muestras de sangre, gasas para limpiar heridas, reactivos para hacer pruebas de VIH ni dotación regular de antibióticos. Asimismo, detallaron la falta de amonio cuaternario, un desinfectante necesario para el aseo de las camillas.

La situación irregular se ha mantenido en lo que va de año. En junio pasado, galenos de la Maternidad Concepción Palacios, junto a otros médicos de diferentes hospitales públicos, protestaron en varios centros comerciales de Caracas para denunciar el estado crítico del sector salud.

A esta complicada situación, se le suma la malnutrición de las mujeres embarazadas y la falta de suplementos como el calcio y el ácido fólico, este último indispensable para el sano desarrollo del feto.

Foto: Mairet Chourio

Aún con este panorama, Gloria prefiere ver el vaso medio lleno. Reconoce que actualmente es mucho más complicado traer caraqueños al mundo en estas condiciones, pero cree que el sistema de salud en Caracas y el resto del país puede mejorar gracias al talento humano existente.

Hay muchos muchachos preparados, eso te da la esperanza. Caracas va a cambiar. Luchemos para que los muchachos sigan trabajando, estudiando”.

Al ritmo de San Agustín del Sur

Rebeca Plaza

31 años - Archivólogo - Caracas

Texto: Zandy Aliendres - Fotos: Mairet Chourio - Video: Miguel Rodríguez

“Aquí hay tanta gente queriendo hacer tantas cosas buenas ¿Por qué no nos unimos?"

Según el libro CABA Cartografía de los barrios de Caracas 1966-2014, la mitad de la población capitalina vive en asentamientos informales, en los cuales se cuentan al menos 400 habitantes por hectárea.

San Agustín del Sur es uno de los tantos barrios que se han formado en el Municipio Libertador. Allí vive Rebeca Plaza, una joven que ha sido testigo de los contrastes que se perciben en este sector popular.

Vive en casa con su madre, pero gran parte de su zona ubicada en El Manguito está habitada por su familia materna que es numerosa, calurosa y fiestera, pero, sobre todo, trabajadora como muchos de sus vecinos.

" Hay de todo, uno ve de todo (en el barrio). Ve la gente que trabaja, ve la gente que estudia. Aquí vienen muchos muchachitos de liceo que están por aquí para pedirme libros prestados (...) ves muchas ganas de la gente de salir adelante, sobre todo los que están en la adolescencia. Ves muchos chamitos que se esfuerzan, que tienen una visión diferente y también ves al que va mal encaminado. Es increíble todo lo que uno puede aprender de cada persona que vive aquí”, comenta Plaza, quien es archivóloga egresada de la Universidad Central de Venezuela.

Foto: Mairet Chourio

En su opinión, la Caracas de hoy se mueve a un ritmo distinto al que ella conoció. Detalla que específicamente en su parroquia se pueden ver avances y retrocesos que afectan a la comunidad. Cree que la implementación del sistema Metrocable ha sido de beneficio para muchos de sus vecinos, pero la delincuencia y la menor presencia de cultura en la zona merman mucho los esfuerzos por mejorar la calidad de vida.

“Aquí en el barrio había mucha proyección cultural. Nosotros aquí casi que cada 15 días se hacía un evento, había como cinco escuelas de danza en el sector, la mayoría de las niñas bailaban en las escuelas, teníamos manifestaciones folclóricas. Teníamos una biblioteca espectacular, la Leonardo Ruiz Pineda. Yo pasaba medio día en la biblioteca y ahorita no tenemos. Lo único que queda de ese San Agustín de entonces son las escuelas de percusión que todavía siguen siendo buenas. La generación siguiente no está viendo nada de eso”, comenta.

Foto: Mairet Chourio

A sus 31 años de edad no ha podido independizarse, pese a tener título universitario, diplomados y un empleo estable. Esta realidad le ha hecho decidir irse del país, tal como lo han hecho casi 2 millones de venezolanos, según cifras del Laboratorio Internacional de Migraciones.

“Es un plan a mediano plazo porque efectivamente no tengo el dinero para hacerlo, porque la única manera de moverte en Caracas de tu lugar de vivienda es irte del país. Yo trabajo en una constructora y manejo precios de apartamentos, se cómo se mueve el mercado inmobiliario”, afirma.

Según el informe anual del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal (CCSPJP) de México publicado en mayo de este año, Caracas es la ciudad más violenta de Latinoamérica con 130,35 homicidios por cada 100.000 habitantes. En los sectores populares se ve muy de cerca esta realidad de muchas formas.

Rebeca asegura que, aunque su zona es tranquila, ha visto “cómo los malandros abusan” al tener prioridad a la hora de adquirir alimentos de las cajas Clap. También cómo se repiten ciclos y, los niños de hoy, terminan siendo los antisociales del mañana.

“Mi cuñado me decía ‘estudia; tú tienes que estudiar, tienes que echar pa’ lante'. Ahora yo le digo eso a un muchacho aquí y me dice: 'Ajá, pero tu sigues aquí, tanto que has estudiado, te has preparado, tanto que estudias y sigues viviendo aquí. En cambio el malandro que vive aquí en la esquina, que vende drogas, que secuestra se ha movido, tiene carro, tiene el mejor teléfono, la mujer se viste de marca’. Hay un impacto muy negativo”, comenta.

Foto: Mairet Chourio

Pero pese a esta cruda realidad, prefiere apostar a la esperanza. Dice que la vista del Ávila la reconforta y la sana, mientras que otras personas que trabajan en organizaciones sin fines de lucro le enseñan que la ciudad puede mejorar.

“Aquí hay tanta gente queriendo hacer tantas cosas buenas ¿Por qué no nos unimos?, ¿por qué no logramos hacer una red de caraqueños que realmente queremos rescatar a Caracas y hacer todos un poquito? Porque de repente lo que tú haces yo no lo sé hacer y si entre todos nos juntamos de repente hacemos una ciudad maravillosa”, concluye.

Bella por todos lados

Joseph Hidalgo

26 años - Mototaxista - Caracas.

Texto: Zandy Aliendres - Fotos: Mairet Chourio - Video: Miguel Rodríguez

"El poder adquisitivo que se ha perdido nos hace ver un poco lo que es feo y por eso es que muchos se han ido; pero si te pones a ver, vivimos en el país más hermoso del mundo”.

La congestión vial es un mal de las grandes ciudades, sin embargo, no muchas superan a Caracas, pues la capital venezolana figura en el puesto número 12 del top 15 de las urbes con el peor tráfico del mundo.

INRIX, una firma de análisis de datos de transporte, llegó a esta conclusión tras realizar un estudio el año pasado en el que se evaluaron los desplazamientos urbanos, la condición del tráfico y la sonoridad en más de 1.064 ciudades en 38 países.

El análisis determinó que los caraqueños pasan 62,6 horas al año metidos en una cola.

Sin embargo, el capitalino no tiene tiempo que perder, por lo que la figura del mototaxista es cada vez más necesaria.

Joseph Hidalgo, de 26 años, es uno de los tantos hombres que se dedican a este oficio que, asegura, llegó para quedarse. Él forma parte de la línea Plaza Express, ubicada en Plaza Venezuela.

Foto: Mairet Chourio

Este joven comenzó hace seis años a ganarse el pan con carreras a toda velocidad, pero no siempre fue así. Antes su sustento era provisto mediante otro sistema de transporte: el Metro de Caracas. Joseph rapeaba en los vagones a cambio de aplausos y “la colaboración”. Así pudo comprarse su primera moto.

“Poco a poco fui reuniendo y me compré un jaguarcito (moto Jaguar) blanco y me puse a mototaxear por La Silsa, luego me vine a piratearla por aquí -como decimos nosotros- por Plaza Venezuela y poco a poco fui conociendo panas y me integré a la línea”.

Para 2011, la Integración Nacional de Motorizados calculaba que tan solo en Caracas había 800 cooperativas dedicadas a este servicio.

Aunque el uso de una motocicleta permite movilizarse mejor en la ciudad, asegura que no es tarea fácil en una ciudad sobrepoblada con altos niveles de delincuencia y un deterioro notorio de las calles.

“Uno arriesga mucho y ahorita con los repuestos caros, te podrás imaginar. Las motos están muy caras y el hampa las pide a gritos”, apunta. Calcula que su primera moto costó unos 3 mil bolívares, lo que cuesta hoy una empanada o la carrera mínima.

En medio de todo el caos en las avenidas y autopistas de Caracas, Joseph ve esperanza. Dice que la necesidad lo llevó a ser mototaxi, pero cree que no será para siempre. Confía que con trabajo podrá adquirir un carro y una casita.

“Caracas es bellísima por todos los lados que la ves. Yo creo que el venezolano se acostumbró a como es Caracas (...) parece que nos acostumbramos mucho a esas cosas y siempre seguimos viendo a Caracas bonita. El poder adquisitivo que se ha perdido nos hace ver un poco lo que es feo y por eso es que muchos se han ido; pero si te pones a ver, vivimos en el país más hermoso del mundo”, sentencia.

Foto: Mairet Chourio

Antes de emprender otra carrera en su jornada, Joseph imagina lo que pudiera darle a Caracas en su cumpleaños número 450.

¿Qué le regalaría a Caracas? Le regalaría un mejor futuro, una firma, un nuevo presidente, mejores opciones, más asfalto para las calles, más comida para los anaqueles, le regalaría más vida para los niños".

Siempre volver a la odalisca rendida

Claudia Ayala

20 años - Estudiante universitaria / Directora de teatro - Caracas

Texto: Zandy Aliendres - Foto: Mairet Chourio - Video: Miguel Rodríguez

"Creo que si Caracas fuese una persona, sería una persona muy culta, de estas que pueden hablar contigo y que saben un poquito de todo”

Claudia Ayala disfruta de Caracas tanto como puede, en medio de las limitaciones que tiene vivir en una urbe tan agitada. “Las colas en Caracas son horribles (...) pero a mi me encanta el caos de la ciudad”, confiesa.

Esta joven de 20 años de edad se refugia en las cosas positivas que encuentra de la capital venezolana, muchas de ellas ligadas a la forma de ser del caraqueño y a la movida cultural.

Al hacer un ejercicio de imaginación, recrea a su ciudad natal como si este valle fuese una mujer.

“Caracas sería una persona super extrovertida, amiga de todo el mundo, que habla con todo el mundo, que echa broma con todo el mundo. También creo que sería una persona culta, de estas que pueden hablar contigo y que saben un poquito de todo”, afirma.

Fptp: Mairet Chourio

Para Claudia, no es difícil hacer esta comparación pues la inventiva y creatividad son vitales para lo que hace: estudia tercer semestre de Educación Preescolar en la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), dirige el taller de teatro de las niñas del Colegio Mater Salvatoris y forma parte del grupo de teatro Fábula.

Es en las artes escénicas donde ha encontrado su mayor satisfacción, un sector que no escapa al impacto de la inseguridad en Caracas.

Al igual que muchos jóvenes de su edad, Claudia desea salir del país, aunque ella no quiere vivir en el exterior permanentemente. No se ve fuera de su ciudad natal por mucho tiempo, porque la considera "una tierra de oportunidades". Su meta principal es prepararse en la producción teatral y luego regresar con "todos los conocimientos aprendidos" y trabajar en las tablas caraqueñas.

Según un estudio del Departamento de Migraciones de la Universidad Simón Bolívar hecho en 2016, el 88% de los jóvenes egresados de las universidades Central de Venezuela, Ucab, Monteávila y Simón Bolívar tiene la intención de emigrar.

Foto: Mairet Chourio

De toda esta población, poco se sabe de cuántos están dispuestos a volver, sobre todo en una época en la que muchos de esos venezolanos salen del país para conseguir una mejor calidad de vida en otras tierras.

La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) informó que 27.000 venezolanos presentaron solicitudes de asilo en todo el mundo, una cifra que ha ascendido hasta los 52.000 durante el primer semestre de 2017.

Tan solo en España, de las 15.755 solicitudes hechas en 2016, 3.960 son de venezolanos; supera los casos de Siria (2.975 peticiones) y Ucrania (2.570).

Argentina, otro país muy atractivo para el criollo emigrante, registró durante el primer trimestre de 2017 un total de 7.611 trámites para solicitud de residencia. Se calculan que más de 30 mil venezolanos residen en el país sureño.

¿Qué es lo que hace que Claudia quiera regresar aun cuando la gran mayoría de sus amigos del colegio ya no están en el país? La gente. La calidez de los caraqueños, el color de la ciudad, donde sus habitantes, a pesar de la crispación, salen al cine, van al teatro, sonríen y disfrutan de tardes soleadas.

Foto: Mairet Chourio

Un retorno que dos siglos atrás lo describió el poeta Pérez Bonalde en uno de los poemas más sentidos y celebre de la lírica venezolana, Vuelta a la Patria:

(...) No hay peña ni ensenada que en mi mente

no venga a despertar una memoria,

ni hay ola en la arena humedecida

no escriba con espuma alguna historia

de los alegres tiempos de mi vida,

Todo me habla de sueños y cantares,

de paz, de amor y de tranquilos bienes,

y el aura fugitiva de los mares

que viene, leda, a acariciar mis sienes,

me susurra al oído

con misterioso acento: “Bienvenido”.

(...)

De pronto, al descender de una hondonada,

“¡Caracas, allí está!” dice el auriga,

y súbito el espíritu despierta

ante la dicha cierta

de ver la tierra amiga.

Caracas, allí está; sus techos rojos,

su blanca torre, sus azules lomas

y sus bandas de tímidas palomas

hacen nublar de lágrimas mis ojos.

Caracas, allí está; vedla tendida

a las faldas del Ávila empinado,

odalisca rendida

a los pies del sultán enamorado.

El valle desde la punta de los pies

José Pignatiello

15 años - Estudiante / Jugador de la Sub15 del Caracas FC.- Caracas.

Texto: Zandy Aliendres - Fotos: Mairet Chourio - Video: Miguel Rodríguez

“Lo que encuentro bonito sería la forma de ser de la gente (...) En Londres no puedes encontrar gente que sea pana contigo".

La familia de José Pignatiello es fanática del béisbol y tiene las cosas muy claras: en esa casa se sigue a los Leones del Caracas.

Así ha sido siempre, sin embargo, desde hace unos años los temas de conversación sobre el diamante local o la gran carpa han sido reemplazados por los relacionados con un deporte cuya afición crece cada día más en Caracas y el resto del país: el fútbol.

José es en parte el motivo de este cambio. Luego de coquetear con el tenis, se dedicó al balompié y hoy juega como defensa central en la división Sub-15 del Caracas FC. Aunque continúa considerándose fanático del “deporte rey”, ahora prefiere asistir junto a los suyos a los partidos de "Los rojos del Ávila" para gritar y saltar con la estruendosa barra conocida como “los demonios rojos”.

"La barra del Caracas FC es algo por lo que más me gusta ir al estadio, porque tu ves la barra y es algo que nunca para. Siempre es algo que ellos han seguido, es algo especial del Caracas".

Pero más allá de disfrutar del deporte como fanático, Pignatiello espera ser protagonista. Para conseguirlo requiere disciplina, dedicación, trabajo y oportunidades, las cuales asegura se consiguen gracias a las escuelas de fútbol que sirven como el boleto para llegar hasta las alineaciones mayores.

Foto: Mairet Chourio

“Todas las escuelas te dan la posibilidad de hacer pruebas y si ven que tienes talento, puedes quedar allí y pueden darte hasta una beca”, detalla.

Existe la disposición de los equipos de formar a nuevas generaciones de futbolistas, pero hay dificultades que ponen cuesta arriba la tarea, entre ellas el insuficiente número de estadios y su deteriorado estado.

Según cuenta el jugador, aunque su equipo posea la ventaja de tener su propio complejo deportivo, el Cocodrilos Sport Park, otros no tienen esta oportunidad. Muchas escuelas de fútbol, el primer escalón de un deportista de alto nivel, se preparan en canchas donde la infraestructura está dañada y en lugar de grama tienen tierra.

Esta realidad no solo alcanza a los equipos pequeños, sino también a los profesionales, pues varios de ellos han tenido que buscar opciones en campus universitarios o privados para las jornadas de preparación ante de los encuentros.

Mientras que en Bogotá, la capital colombiana, hay seis estadios para disputar partidos de fútbol profesional, en Caracas solo hay dos: el Estadio Brígido Iriarte y el Estadio Olímpico de la UCV. Este último fue remodelado en 2007 por motivo de la celebración de la Copa América, para lo cual el Gobierno nacional invirtió 40 millardos de bolívares.

A diez años de estas mejoras, la edificación deportiva no está en óptimas condiciones; en ese terreno entrenan, además de varias oncenas profesionales, algunas de menor división y equipos femeninos.

En el Brígido Iriarte, ubicado en El Paraíso, la realidad no es muy distinta. Algunas sillas están rotas y la grama se desgasta fácilmente pues se practican varias disciplinas deportivas.

Aún con este panorama, Pignatiello ve el futuro con ilusión. Sostiene que después del triunfo de la Vinotinto Sub-20, al ser subcampeón del Mundial de Corea 2017, “ha habido más esperanza en el fútbol local”, y debería prestársele más atención al balompié.

Foto: Mairet Chourio

Además de sus retos como deportista, José también tiene que asumir realidades en una ciudad como Caracas.

Recuerda que ha tenido altas y bajas: disfruta de la simpatía del caraqueño, que, afirma, no se compara en el mundo.

“Lo que encuentro bonito es la forma de ser de la gente porque puedes estar por Caracas y ver que siempre es muy alegre; a pesar de todo, uno busca estar bien (...) En Londres no puedes encontrar gente que sea pana contigo. En Londres la persona es más fría, no es tan agradable, que tu puedas chalequear o cosas así que haces acá en Venezuela”.

Como a muchos chicos de su edad, se le ha planteado irse del país; sin embargo, no quiere hacerlo.

Yo en lo personal prefiero quedarme y seguir viviendo en Venezuela, en Caracas y seguir disfrutando”, añade.

Foto: Mairet Chourio

Recuerda que así como ha visto el lado amable de una Caracas, que le permite ir a cines o parques, también ha sido testigo del lado más duro de la capital, pues la delincuencia no solo le ha llevado celulares, sino la libertad de hacer más cosas sin que su familia sienta temor.

A sus 15 años, José Pignatiello tiene varios sueños: desea que Caracas sea más segura, mejores campos para su deporte favorito y que la crisis económica y política quede en el pasado. Entretanto, continúa sus estudios y su entrenamiento para llegar algún día a un equipo capitalino de primera división sin perder de vista el anhelo de formar parte de la Vinotinto.

Created By
Efecto Cocuyo
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