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AYUTLA DE MIS AMORES

* La tía Oli muere a los 104 años

* Valentina, sobreviviente de los Andrade

* Leoncio y Estela, amor a primera vista

Por ELVIA ANDRADE BARAJAS

--Primera parte --

Olimpia Andrade Espinoza

AYUTLA, Jalisco, 19 de enero de 2020.- Vivir 104 años no es fácil, pero la tía Oli lo logró. Fue testigo de la trasformación de México desde la Revolución Mexicana hasta la era de la tecnología digital y del Internet, convirtiéndose en una de las personas más longevas de México y su pueblo, con fuerte influencia gringa, pese a estar en Jalisco, porque en las décadas de los 60-70 un alto porcentaje de sus habitantes emigraron legalmente a Estados Unidos, de donde vienen a celebraciones importantes, como el entierro de la querida tía Oli.

Ella vivió y murió en Ayutla, Jalisco, un pueblo enclavado en la sierra Madre Occidental de Jalisco, muy cerca de Cocula, la cuna del Mariachi; y de Tecalitlán, de donde son los sones, a unas horas de Tequila, más cerca de Puerto Vallarta y Colima, que, de Guadalajara.

Lo que lo hace interesante es su gente, sus tradiciones, costumbres e historias de sus habitantes, que en su mayoría emigraron hace décadas a Estados Unidos en busca de una mejor vida. Muchos se han quedado allá y otros han regresado y han muerto aquí o sus restos fueron traídos a su tierra natal .

Sus nombres están inscritos en las lápidas de sus tumbas en el Panteón Municipal, donde poco a poco se reencuentran eternamente con sus seres queridos.

“Ahora sólo viven aquí unas cuatro familias del montón que éramos. Unos se fueron y otros ya murieron, así que estamos frente a una nueva generación de habitantes”, comenta Valentina Andrade Espinoza, la última sobreviviente de una numerosa familia, que formaron Diomedes Espinoza y Domingo Andrade.

Valentina Andrade, nombre de soltera, vive desde hace 70 años en Estados Unidos, donde por las leyes americanas se llama Valentina Espinoza, ocasionalmente viene al pueblo donde nació.

El mes pasado lo hizo para asistir al funeral de la tía Oli, su hermana, quien nació el 17 de diciembre de 1915 y murió el 27 de diciembre de 2019.

Olimpia Andrade Espinoza fue hija de Diomides Espinoza y de Domingo Andrade, quienes procrearon a Luis, Martina, Manuel, Leoncio, Juan, Reynaldo, Olimpia y Valentina.

Los primeros siete nacieron en el Rancho de San Antonio de los Morán, de donde emigraron a Ayutla, a causa de la Guerra Cristera.

Valentina, la más pequeña de la familia Andrade Espinoza, fue la única que nació en Ayutla, Jalisco.

A los 20 años fue reina de la Fiestas Patrias.

Fue elegida para esa representación por su belleza y porte elegante, que representaba muy bien al pueblo, que se precia de tener habitantes muy bien parecidos.

En 1950, su rostro fue plasmado en muchos carteles en el pueblo con el anuncio de los festejos patrios.

Fue así como un ciudadano americano, Adam Espinoza, de visita en el pueblo, se prendo de su belleza y pidió que se la presentarán.

Valentina comenta:

“De inicio me cayo mal, porque se me presentó vestido de cadete del Ejército de Estados Unidos, y como quería llamar mi atención me aventó confeti en la boca. Entonces pensé, ese chaparro me la va a pagar. Y, le hice lo mismo.

“A la semana ya éramos novios y a los tres meses nos casamos”.

Valentina Andrade Espinoza y Adam Espinoza

Se la llevó a Chicago, donde viven actualmente, rodeados de hijos, nietos y bisnietos.

Han formado una gran familia y su historia de amor es conocida por todos.

Valentina remarca que en los años 60 y 70 era muy fácil emigrar a Estados Unidos de forma legal.

Les daban papeles, visa, trabajo y muchos de los pobladores de Ayutla están pensionados por el gobierno americano.

El flujo de divisas americanas es muy importante en el pueblo, principalmente en enero, cuando son las Fiestas de los Toros, y en septiembre, cuando se celebran las de San Miguel Arcangel.

En esas fechas viene mucha gente de Estados Unidos, y es común ver vehículos con placas gringas.

En los establecimientos se venden muchos productos americanos, principalmente ropa, zapatos y accesorios diversos.

Pero cuando son las fiestas, las mujeres jóvenes del pueblo lucen modelos exclusivos, la mayoría hechos por ellas mismas o por modistas que se basan en los modelos de catálogos americanos que les traen sus parientes.

La influencia gringa es muy fuerte en Ayutla, al grado que las casas, calles y avenidas están perdiendo el estilo jalisciense y adoptando el americano, alegando más comodidad y modernismo.

Sin embargo, a la tía Oli eso le gustaba poco.

Ella quería que se conservará la tradición, que de igual forma se respetara lo antiguo y lo modeno, “porque es parte de nuestra historia” afirmaba.

Valentina comenta que la tía Oli, como todos la conocían, “era una mujer muy alegre y amistosa.

“Recuerdo que cuando vivía en Guadalajara con su esposo, le gustaba mucho jugar baraja, pero como a los seis años de hacerlo diario, un día se murió una, luego otra, poquito después otra y en menos de dos años murieron todas con las que jugaba, así que ya no jugó, ya no había con quién”.

Sostiene que, como todo mundo, la tía Oli tuvo momentos difíciles, “pero en lo que cabe, fue feliz”.

LEONCIO Y ESTELA

En Enero de cada año, Ayutla celebra la tradicional Fiesta de Toros, de la que fue socio fundador Leoncio Andrade Espinoza, un hombre de tes morena con ojos verdes, de carácter recio y muy determinado, tanto que cuando tenía 16 años tomo la decisión más importante de su vida.

Contaba que un día, cuando tenía 16 años, vio a Rita Ramos, con una niña de ocho años, muy bonita de largas trenzas, y sin más le preguntó:

¿Doña Rita, ¿quién es esa bigotana?

“Mi hija”, le respondió la esposa de Pedro Barajas.

¡Apártemela, me voy a casar con ella!, le pidió Leoncio Andrade Espinoza a Rita Ramos, quien enojada e indignada le respondió “¡muchacho carbón!” y a toda prisa se llevo a su hija a su casa en la calle Hidalgo.

Siete años después, esa niña, ya convertida en una bella quinceañera salió de su casa para casarse con su eterno enamorado, quien pese a que, como todos los hombres, era ojo alegre, Estela fue su amor eterno.

En una ocasión dijo que, si volviera a vivir, no se casaría, que viviría en unión libre, porque ese es el estado ideal para el amor verdadero.

Pero, a los segundos reculó en su reflexión y dijo:

“mmmmm no, creo que no se iba a poder, porque Estela no iba a querer”

¿Cómo, si volviera a vivir se casaría con la misma mujer?

“Sí, me casaría con ella, todas las vidas que me toquen vivir”

Eso explica el porque su canción preferida era Cuatro Vidas, cuya primera estrofa dice:

Vida si tuviera cuatro vidas, cuatro vidas serían para ti

Vida si te llevas mi vida, contento moriré por ti

Alma si te llevas mi alma, contento moriré por ti

Ser si te llevas mi ser, contento moriré por ti

Corazón, en mi corazón te llevas mi alma, mi vida y mi ser.

Leoncio y Estela emigraron a la Ciudad de México fueron de los pocos que emigraron a la Ciudad de México, la mayoría lo hizó a Estados Unidos o Guadalajara.

Ellos prefirieron la capital de México..

PRESIDENCIA MUNICIPAL DE AYUTLA, JAL

Leoncio amaba entrañablemente a su madre Diomides, a quien le decía “mi chula”, y ella quería como una hija a Estela, a quien vio crecer y hacerse mujer al lado de su hijo.

El murió de cáncer, 15 años antes que Estela, a las 17 horas del 19 de enero de 1988.

Ella no se volvió a casar y era tratada como hermana por la tía Oli y por Valentina, así como por el resto de los hermanos de Leoncio, cuyo nombre original era León, pero un día en la primaria uno de sus maestros le cambió el nombre, argumentando que no lo llamaría como a un animal.

En realidad, León, le sentaba muy bien, porque era de una personalidad muy fuerte y de una voz muy potente, misma que suavizaba cuando hablaba con su suegra, a quien los primeros años no le gustaba que ese “carancho, carbón” hubiera cumplido su palabra de casarse con la bigotona.

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