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Ramiro Huanco Alegre y con esperanza

Gritos y golpes, en la penumbra de una calle apenas iluminada, es la última imagen que vio Ramiro Huanca la noche del lunes 6 de agosto de 2007.

Ramiro, de 21 años, iba camino a cenar cuando se topó con unos pandilleros que estaban en medio de una disputa, él intentó huir, pero fue pateado y atacado con un arma blanca. Perdió la vista de manera instantánea. Este hecho trágico le cambió la vida para siempre y hoy decidió contar su historia a Los Tiempos.

Antes del incidente, Ramiro se dedicaba por completo a su trabajo en un taller de metal mecánica industrial. Trabajaba desde las 5 de la mañana hasta las 20:00. En ocasiones también distribuía cemento. Después del incidente cambiaron muchas cosas.

Sus familiares y amigos se alejaron. "A veces cuando tienes plata o tienes algo, tienes amigos, pero en las malas cuando pasa algo difícil, no están. Eso pasó con mi familia y con mis amigos, que tenía ese tiempo", cuenta Ramiro.

"Dentro de eso algunos parientes me apoyaban, hasta hoy sigo agradecido a mis tíos, vivo con ellos, me apoyan en lo que pueden", relata Ramiro, que decidió superar la tragedia.

"Yo, antes, me dedicaba a trabajar no a mi felicidad"

"La discapacidad me da la felicidad que vivo porque vivo en otro ambiente. Al no ver, no me siento mal, me siento más feliz. (Estoy) viviendo en la oscuridad, pero viendo con la mentalidad más abierta", reflexiona.

Para enfrentar la oscuridad en la que vive, Ramiro se apoyó en el deporte: natación fútbol de salón, goalball y atletismo.

A las cinco Ramiro ya está de pie preparando su desayuno con algunas frutas. Luego se dirige a su taller donde tiene una máquina que adaptó para hacer los bastones blancos que usan las personas con discapacidad visual para guiarse. Es su forma de sustento y de ser independiente económicamente.

"Así hago mis trabajos para mantenerme, también sustentarme como cualquier persona, un trabajo digno es bueno y con eso también puedo apoyar al deporte", señala.

Trabaja un poco más de tres horas y sale a entrenar. "Por ahora estoy entrenando natación de 10 a 11 de la mañana. Hago el calentamiento en mi casa nomás", cuenta.

En las tardes, se dedica al atletismo cerca de la laguna Alalay, hasta que se termine la refacción en el estadio Félix Capriles y pueda retornar a entrenar en la pista de atletismo. El sábado se reúne con sus compañeros para practicar goalball y fútbol de salón.

Goalball es un deporte que fue desarrollado en la Segunda Guerra Mundial como un medio de rehabilitación para los soldados que perdían la vista. El juego consiste en la formación de dos equipos de tres integrantes que protegen un arco rectangular. Para su práctica se usa un balón especial que contiene cascabeles.

Deportistas realizando goalball. | Foto: Addcc

Desde el 2009, cuando Ramiro se interesó en el deporte como forma de rehabilitación y terapia, ganó 70 medallas entre oro, plata y bronce. Las medallas doradas son en atletismo, salto largo y natación.

"Como no he estudiado, más me he dedicado a trabajar, pero ya después las cosas cambiaron y hoy puedo sentir más felicidad porque estoy con más actividades. Me siento más feliz con mi discapacidad porque puedo viajar con las delegaciones y también sentirme orgulloso de la discapacidad que vivo porque puedo demostrar a la sociedad que estoy con las condiciones para sobresalir", señala con una sonrisa.
Los sueños crecen

"Ramiro está prestó a colaborar a quien lo requiera, está enfocado en generar actividades que permitan la inclusión e independencia de sus compañeros", describe Gabriel Fernández, un artista y escultor que trabajó con él elaborando pizarrillas del sistema braille para el museo inclusivo de San Carlos en Yapacaní, del departamento de Santa Cruz.

Gabriel Fernández en el museo de Yapacaní. | Foto: sancarlos.gob.bo

Desde 2014, Ramiro es el presidente de la Asociación Departamental de Deportes para Ciegos de Cochabamba (Addcc) y para motivar a sus compañeros, en los campeonatos daba como premios los bastones que elaboraba.

Durante un par de años, Ramiro pudo costear los regalos sin embargo hoy ya no puede hacerlo por razones económicas, pero desea en un momento retomar su iniciativa.

Los bastones y sobretodo las pizarrillas son difíciles de encontrar en el mercado local, estas últimas suelen ser importadas de España o India. Pero Ramiro se las ingenió para realizar la producción de estos elementos y así ayudar a otras personas.

Ramiro Huanco muestra el bastón que le sirve de guía y que el mismo fabricó. | Gerardo Bravo

Durante años se dedicó a apoyar a sus compañeros y en una ocasión tuvieron que empeñar un trofeo para costear el viaje para una competencia. En ese entonces la Addcc no pudo obtener apoyo económico de las autoridades porque no tenía personería jurídica.

Sin embargo, Ramiro cuenta que apoyó económicamente, con lo que pudo, para realizar los trámites.

Ahora, afirma que el Servicio Departamental de Deportes (Sedede) los apoya con material deportivo. "Por lo menos yo puedo decir que tenemos un apoyo económico, de material de competición e indumentaria", señala.

Pese a esta colaboración, aún se necesitan otros elementos como camisetas y buzos de arquero, ya que goalball se juega prácticamente con las rodillas en el piso. Además, que este año tienen el sueño de participar en la Copa América de fútbol de salón en Perú.

También necesitan voluntarios que toquen silbatos durante los entrenamientos. Es una manera de delimitar la cancha.

"A veces (los chicos) se olvidan que no ven, se salen de la cancha y se chocan con los postes", cuenta.

Por el momento, la mayor motivación de Ramiro Huanco está centrada en la organización de un campeonato nacional que se llevará a cabo en noviembre en Cochabamba. Luego de este evento tiene planeado dejar su cargo en la Asociación y su carrera deportiva para destinar su tiempo a estudiar.

Ramiro, que ahora tiene 32 años, culminará el colegio este año y quiere estudiar Administración de Empresas.

Tras perder la vista, la ilusión de formar una empresa familiar se frustró, pero ahora está motivado en retomar su anhelo. "Dentro mío tengo sueños", señala.

"Un sueño no tiene que morir, siempre, el sueño debe tener un futuro largo. Yo estoy agradecido con todas las personas que me apoyan, que me motivan y siempre he sido agradecido en el deporte, los voluntarios que nos ayudan".

"Yo veo mi discapacidad más allá… para mejorar la calidad de vida. Y a un futuro crear una institución donde nos podemos formar como personas ya sea económicamente o deportivamente".

Mientras caminamos por la calle cuenta que aprendió a confiar en las personas y en Dios. Ya que necesita de la honestidad de los otros, incluso para marcar las cifras de los billetes que con tanto trabajo le cuesta ganar.

Al concluir su visita a Los Tiempos, nos topamos con una barrera, como las muchas que Ramiro enfrenta en la ciudad diariamente.

Al cerrar la plazuela Quintanilla para los trabajos del corredor, quedó a un costado de la calle del edificio una especie de pasaje que los vehículos usan como parqueo, incluso sobre la acera.

"Cuando me pasa esto, pienso que estoy en calle", manifiesta sonriendo. Lamentablemente ya se acostumbró a la desconsideración de algunos ciudadanos.

Ramiro guarda en su memoria la imagen del pueblo donde nació, Tiraque, y las imágenes de las calles y lugares de la ciudad que vio antes de perder la vista. Muchos paisajes cambiaron en estos 11 años, pero deja claro que perder la vista le dio la libertad de percibir con la mente. Ahora, cuida más su felicidad y sus sueños. No tiene esposa ni hijos, pero considera que por el momento está bien así.

Texto: Yvonne León

Fotos: Accdd y Gerardo Bravo

Vídeo: Gerardo Bravo

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LOS TIEMPOS DIGITAL
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