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RegeNERANDO LA COMUNIDAD VECINAL En Froxán, Galicia

En este caso emblemático práctico de Sí a la Vida, No a la Minería (YLNM, por sus siglas en inglés), Joám Evans Pim, partícipe del área conservada por la comunidad vecinal de Froxán y activista de la red gallega contra la minería ContraMINAcción, explica cómo pequeñas comunidades como Froxán se enfrentan a la minería destructiva regenerando la gobernanza comunal y sus territorios tradicionales.

La minería en Galicia: Romanos, defraudadores y campos de batalla

La presencia significativa de la minería en Galicia se remonta a la invasión de la antigua Roma en la región. Esto trajo consigo la extracción de oro a una escala nunca vista y dejó profundas cicatrices tanto en el paisaje como en las sociedades indígenas.

(Galicia se encuentra en la costa atlántica al noroeste de la península ibérica (en la esquina superior derecha de esta imagen satelital).

Aunque los indígenas galaicos eran expertos metalúrgicos, hasta la llegada de los romanos los minerales con los que trabajaban se recolectaban a pequeña escala, sin dejar prácticamente ninguna huella en el registro arqueológico. Tomó casi 2,000 años tras el fin de la minería romana en el noroeste peninsular para que resurgieran desarrollos mineros de una escala comparable.

A fines del siglo XIX, varios inversores extranjeros entraron en Galicia, tras algunos cambios normativos que favorecieron la apertura de nuevas minas. Uno de estos inversores fue un antiguo curtidor y concejal de Coventry en el Reino Unido, llamado Gilbert Burbury.

Burbury se había mudado a Santander tras su detención en el Reino Unido durante la década de 1860 por cargos de fraude. En 1883, Burbury y su hijo solicitaron concesiones mineras en las estribaciones de la comunidad vecinal de Froxán. Bautizaron a sus concesiones como "Phoenicia" – que hace referencia romántica a las míticas Islas Cassitérides, donde se decía que el estaño existía en abundancia legendaria.

Un mapa de Europa según el geógrafo griego Strabo, con las míticas islas Cassitérides al noroeste de Iberia. Fotografía: Wikimedia

Durante más de un siglo, bajo el mando de varios propietarios, el grupo de concesiones iniciado por Burbury se mantuvo activo, convirtiéndose en una de las mayores fuentes de estaño y tungsteno en el Reino de España.

A lo largo del siglo XX, el metal extraído en Froxán y en las tierras de las comunidades vecinales vecinas ayudó a alimentar los campos de batalla de Europa.

En 1914, el Ministerio de Municiones británico compró la Mina San Finx – impulsada por Burbury sobre sus concesiones iniciales - como parte de los esfuerzos para privar a las fuerzas armadas alemanas de suministros de tungsteno. Luego, al estallar la Segunda Guerra Mundial, la mina cayó en manos de los fascistas españoles bajo el dictador Francisco Franco y ayudó a avivar el esfuerzo bélico nazi sediento de metales.

Durante estos conflictos, las ganancias obtenidas de las operaciones mineras se dispararon debido a la demanda de municiones. Las tierras comunales fueron saqueadas y devastadas por minas a cielo abierto que dejaron paisajes lunares a su paso.

¿Qué es el tungsteno?

Tungsteno significa 'piedra pesada' en sueco

También conocido como Wolfram ('lobo sucio' en alemán), este metal natural es el más resistente de la Tierra.

Ha desempeñado un papel central en la evolución de la tecnología militar en el siglo XX.

Por ejemplo, el tungsteno extraído en San Finx contribuyó a la fabricación de proyectiles de alta potencia con un núcleo de carburo de tungsteno, utilizados por primera vez por las fuerzas armadas nazis para perforar la armadura de los tanques británicos.

Al ser un ingrediente vital para la fabricación de una variedad de tecnologías militares, de energía renovable y de consumo emergentes, se pronostica que la demanda de tungsteno se disparará nuevamente en las próximas décadas.

Un legado de destrucción

El colapso de los precios internacionales de los metales en la década de 1980 provocó el colapso de las operaciones mineras en San Finx y otros desarrollos similares. Las minas se abandonaron, mientras que las administraciones hicieron la vista gorda ante la falta de restauración, la contaminación causada por el drenaje ácido de mina y las fosas y socavones dispersos que constituyen una amenaza a la seguridad.

Fueron comunidades como Froxán las que acabaron asumiendo los esfuerzos y gastos de la restauración, sellando pozos peligrosos y replantando con árboles áreas degradadas.

Una fotografía de la zona donde se encuentra la mina de San Finx, tomada en la década de 1990. Fotografía: Vida e Ría

A pesar de que las concesiones fueron abandonadas, los concesionarios de San Finx simularon la actividad de estas hasta el año 2000 para evitar la caducidad de sus permisos. Durante ese tiempo, los propietarios también continuaron mostrando hostilidad hacia las comunidades vecinales como Froxán, que reocuparon unilateralmente las tierras que habían sido minadas y degradadas durante décadas.

A fines de la década de 1990, el director de la mina San Finx amenazó con talar los árboles plantados en antiguos terrenos mineros, amenazando:

"Vosotros los plantaréis, pero ya veremos quién los corta".

'Minerales estratégicos: el retorno de la mina

La recuperación de los precios de los metales en la segunda mitad de la década de 2000, inmediatamente después del estallido de la burbuja inmobiliaria española, provocó una nueva oleada de actividades mineras, altamente especulativas y que hoy en día siguen en curso, con el fin de extraer minerales metálicos en Galicia. Estas actividades fueron respaldadas por algunas políticas de la UE que citaban a ciertas materias primas como "críticas", incluyendo el estaño y el tungsteno.

Fotografías del lugar donde se encuentra actualmente la mina de San Finx. Fotografías: YLNM

A medida que las operaciones a cielo abierto de dónde se extraían áridos para la construcción, como respuesta al boom inmobiliario de 1995-2008, entraron en declive, varios inversores se asociaron y crearon una empresa llamada Incremento Grupo Inversor, con el objetivo de retomar las minas metálicas abandonadas, incluidos los depósitos de San Finx, Santa Comba y Touro en Galicia.

En realidad, la empresa solamente logró extraer grandes sumas de dinero público en forma de subsidios que provenían de administraciones alineadas con el extractivismo. Incremento Grupo Inversor recaudó 2 millones de euros en solo tres años, sin hacer un progreso significativo en el proceso de reabrir las minas. Cuando surgieron las deudas, la empresa se declaró en concurso de acreedores y la mina San Finx fue entregada a SACYR, un gran conglomerado de construcción español.

Desde la reapertura nominal de la mina San Finx en 2008, primero por Incremento Grupo Inversor y luego por SACYR, las comunidades vecinales circundantes y los mariscadores y mariscadoras con sus confradías de pescadores y organizaciones sectoriales en la zona de la ría, a solo 7 km río abajo, se han enfrentado repetidamente a las empresas mineras y a la administración gallega para detener la apropiación de tierras comunes y la contaminación del río y de la ría con metales pesados.

La ría Muros-Noia, junto con las explotaciones de marciso. Los ríos que pasan a través de la mina San Finx desembocan en esta ría. Fotografía: Wikimedia

Existe un paralelismo entre estas historias de resistencia y las luchas en curso contra un nuevo 'boom' minero en Galicia, desde la exitosa batalla de Corcoesto hasta los conflictos prolongados, aún activos, en Triacastela y Terra Chá, Touro y la cuenca Ulla.

La gente de la comunidad vecinal

Agricultores y comuneros, Froxán, Galicia, 1986. Créditos: Consorcio ICCA

Froxán es una de las muchas pequeñas comunidades en Galicia que participa en una particular forma de gestión del territorio denominada Comunidades de Montes Vecinales en Mano Común. También es una de las primeras Áreas Conservadas por Pueblos Indígenas y Comunidades Locales (ICCA, en sus siglas en inglés) reconocidas en Europa.

Alrededor de la cuarta parte de la masa de tierra total de Galicia (29,574 km2) está clasificada oficialmente como montes vecinales en mano común, pertenecientes a 3,300 comunidades. Estas comunidades varían en tamaño desde unas pocas hectáreas hasta varios miles de hectáreas (el promedio es de alrededor de 200) y de una o dos "casas abiertas" - casas en las que la vive gente - hasta cientos o incluso miles, el promedio siendo de alrededor de 40 casas. En total, aproximadamente el 15% de la población de Galicia vive en casas abiertas.

¿Qué es una ICCA?

  • Un pueblo o una comunidad estrechamente conectado a un territorio bien definido;
  • Lugar donde la comunidad es el principal responsable en la toma de decisiones (gobernanza) sobre y la gestión del territorio;
  • Y donde las decisiones y los esfuerzos de gestión de la comunidad conducen a la conservación del territorio y los valores culturales asociados.

Hay diferencias considerables en cuán activas son estas comunidades. Muchas han estado inactivas durante décadas, abandonadas debido a que la tierra a la que tienen derecho ha estado bajo el control directo del gobierno o de las empresas extractivas a través de acuerdos contractuales u ocupaciones. Otras sufren la misma corrupción crónica y el control autoritario que es endémico en las estructuras locales del Estado.

Las corporaciones y los gobiernos son conscientes de que las comunidades pequeñas, envejecidas y económicamente desfavorecidas presentan muy poca o ninguna resistencia a los proyectos extractivos que les son impuestos. Reclutan a 'caciques' locales para sembrar la desconexión social y el desprecio como estrategia principal para minimizar la contestación social.

Una familia de agricultores que trabaja en las tierras de Froxán. Créditos: Consorcio ICCA

Sin embargo, por el hecho de que las comunidades vecinales poseen cierta independencia del control político del Estado, se ha visto favorecido el desarrollo de alternativas emancipatorias que desafían retos tales como la despoblación rural, la supresión de los servicios públicos y los proyectos extractivos impuestos.

Froxán, y otras comunidades vecinales como esta, mantienen prácticas tradicionales de democracia directa y toma de decisiones colectiva. También son responsables, en muchos casos, de los servicios básicos, como del suministro de agua, de la distribución de la riqueza obtenida de los bosques y del ingreso obtenido por las casas abiertas pertenecientes a los comuneros. Conservan una gran independencia.

Los montes vecinales de Galicia también representan los vínculos inmemoriales entre las personas y el territorio. Esta conexión íntima ha dado pie a una reivindicación contemporánea de "indigeneidad" por parte de las comunidades rurales tradicionales de Galicia que se sienten cada vez más amenazadas por las invasiones que desafían su capacidad para sostener la gobernanza tradicional y las prácticas de uso de la tierra que son cada vez más ajenas a la sociedad general de Galicia.

La resistencia de Froxán a la minería se rige por esta tradición emancipatoria y diferente.

Fuego y agua

En 1889, el ingeniero jefe de minas del Distrito Minero de Ourense y Ponte Vedra, el Sr. Antonio Eleicegui, se quejó de la incapacidad del Estado para enfrentar a los gallegos nativos en su oposición a las operaciones mineras de Burbury:

"Aunque el Gobernador Civil ha abordado las quejas [del empresario minero], la verdad es que los indígenas son capaces de frustrar los mandatos de la autoridad"
La gran presa de residuos mineros construida en 1939 y abandonada en 2000, es de gran preocupación para las comunidades río abajo. Fotografía: Vida e Ria

Dos años más tarde, la gente de Carbia incendió la casa del empresario minero británico, iniciando una campaña de resistencia que continuó hasta 1906, cuando el techo de la casa de Burbury se voló por los aires– irónicamente - con dinamita de la propia mina.

La resistencia popular a esta mina provocó la primera demanda ambiental conocida en Galicia, ante la contaminación de los ríos y el daño ecológico causado por la minería, en 1914.

En una de las primeras apariciones conocidas de Froxán en la prensa moderna, un pequeño aviso en la edición del 21 de mayo de 1901 de La Correspondencia Gallega indicaba que:

La mayoría de la gente de los pueblos de Froxán, Silva Redonda y Vilas, en el distrito de Lousame, se oponen a la concesión de aguas solicitada por el Sr. Henry Winter Burbury para utilizar las aguas de los ríos de Froxán y Silva".

Más de 100 años después, el nombre del Sr. Burbury apareció de nuevo en el Boletín Oficial, cuando Incremento Grupo Inversor intentó revivir su concesión de aguas concedida en 1898 para que la mina San Finx volviera a funcionar, y comenzó una nueva historia de incendios y agua.

Como ya habían hecho muchos años atrás, las comunidades vecinales afectadas por la mina se reunieron para discutir cómo resistir los planes de la compañía de volver a ocupar sus territorios. La resistencia que ha surgido para obstruir el nuevo Proyecto San Finx – tema que abordaremos con más detalle más adelante – ha sido abordada con intentos de intimidación y coacción.

Uno de los ríos que atraviesa la comunidad vecinal de Froxán.

En la mañana del 1 de mayo de 2016, los comuneros de Froxán sintieron, por el fuerte viento del noreste, que un incendio forestal había comenzado a estallar en sus tierras comunes. Momentos antes habían escuchado pasar unos quads en la zona noreste de la comunidad vecinal, y tan pronto como se vieron las primeras nubes de humo, los comuneros corrieron hacia ellas equipados con equipo básico para combatir incendios.

La intervención inmediata de la comunidad y, poco después, del servicio de incendios, logró detener el fuego que avanzaba rápidamente y que el viento empujaba hacia las casas de la comunidad. Un denso bosque de roble, que actuó como barrera cortafuegos, redujo el daño a aproximadamente 10 hectáreas (10.000 m2) de las 100 hectáreas de tierras ancestrales de los la comunidad vecinal.

Los incendios forestales, como este incendio en el 2017, pueden propagarse rápidamente y causar una destrucción masiva en los bosques de Galicia. Fotografía: The Leader.

Incluso antes de que se apagaran las últimas llamas, la gente de Froxán se dio cuenta de que el incendio había sido provocado intencionalmente en las condiciones y ubicaciones más favorables para la propagación de un fuego, con la intención de causar el máximo daño a la comunidad.

Durante décadas, el fuego se ha utilizado en las zonas rurales de Galicia como herramienta para asustar y acallar a las personas. Apenas unos meses antes de que se produjera el incendio forestal, una delegación de comuneros de Froxán y una comunidad contigua instó a los nuevos administradores de la mina San Finx, SACYR, a reunirse con ellos, exigiendo que se respetase la integridad de sus tierras.

Sarcásticamente, los ingenieros mineros respondieron:

"¡No os preocupéis, ya nos vamos!"

Resurgimiento y resistencia: ampliando los intereses comunes

Cuando se apagaron las últimas llamas del incendio de mayo de 2016 en Froxán, se debía tomar una decisión: ¿callarse o enfrentarse?

Niebla sobre las laderas boscosas de Froxán. Fotografía: Enteng Bautista, YLNM

La historia de las comunidades indígenas gallegas está basada en un tipo de resistencia caracterizada por redes “rizomáticas”- parecidas a las raíces -, ya que han permitido a esas comunidades dispersas y aisladas geográficamente trabajar colectivamente para defenderse de múltiples oleadas de antagonistas.

Inmediatamente después de los ataques, Froxán eligió el camino de la contestación y comenzó a reconectar este sistema de raíces de la organización social indígena gallega.

Mapa de la comunidad vecinal de Froxán. Fotografía: ICCA Consortium

Froxán ha centrado sus esfuerzos de resistencia en ser reconocida como una comunidad que cuida y comparte colectivamente su patrimonio; lo que resulta un anatema para el mundo privatizado y orientado al mercado de las corporaciones mineras y estados.

El pueblo ha logrado esto a través del compromiso estratégico con nuevos paradigmas en la conservación de áreas protegidas; reubicando activamente y regenerando esas tierras que fueron usurpadas por el Estado y las empresas mineras; y creando conexiones horizontales con nuevos aliados a nivel local, regional y global.

Construyendo solidaridad

El principal obstáculo al que se enfrentan las pequeñas comunidades rurales que se resisten a las grandes corporaciones, a veces multinacionales, es a la percepción de que "estamos solos en la lucha contra ellos". El sentimiento de impotencia y el temor a las represalias que surgen de esta percepción a menudo es paralizante.

Los pescadores de la ría de Muros-Noia comparten una plataforma con agricultores y comuneros en una reunión pública sobre la minería. Fotografía: YLNM

Al igual que en los ecosistemas tradicionales ahuapua’a desde las montañas hasta el mar en Hawái, surgió la idea de que era necesario crear, en respuesta a la minería en Galicia, redes de protección que fueran desde los bosques en las cabeceras de las cuencas fluviales, como los que se encuentran en Froxán, hasta las playas y los bancos de arena en la ría donde se recogen mariscos y donde los ríos que nacen en los bosques desembocan en el mar.

El círculo de preocupación ya se ha ampliado significativamente, ya que Froxán se ha unido y ha encontrado aliados en la red regional contra la minería ContraMINAccíon, y colectivos de ciudadanos y asociaciones preocupados por el agua, como Vida e Ría.

Representantes regionales de la red YLNM en la mina de San Finx en 2017. Fotografía: YLNM

La gente de Froxán también ha contactado con personas más allá de Galicia y España para ampliar sus redes. En marzo de 2017, Froxán recibió a visitantes de todo el mundo. Los delegados de la red internacional Sí a la Vida, No a la Minería, provenientes de Australia, Finlandia, Filipinas, Nueva Zelanda, Nigeria, Colombia y el Reino Unido, intercambiaron puntos de vista y facilitaron un debate entre una docena de grupos en el área de Lousame.

Conectando de nuevo con la tierra

En Froxán, a medida que el conflicto con la mina llegó a su punto máximo en 2016, se planteó la idea de abrir la comunidad vecinal a las escuelas y familias de la zona, con el objetivo de involucrar a los niños y a sus padres de manera que las comunidades se relacionen con su tierra.

La interrupción de la continuidad intergeneracional de la administración de las propiedades en las comunidades vecinales es tan amenazante como el despojo, y eventualmente lleva a la extinción de las comunidades.

En marzo de 2017, dos escuelas (aproximadamente 150 participantes) iniciaron el Programa Montescola en Froxán, restaurando un área previamente degradada por árboles de acacia y eucalipto (especies exóticas invasoras) y labores mineras.

Algunos voluntarios y jóvenes plantando arboles en Froxán. Fotografía: Verdegaia

Cada niño o niña, junto a sus padres, plantó un árbol y se les proporcionó un plano que indicaba su paradero preciso, de modo que se pudiera localizar fácilmente en futuras visitas. Los niños y sus familias regresaron en enero de 2018 y nuevamente en marzo de 2019 para cuidar de sus árboles y arrancar los brotes de acacia y eucalipto, mientras que orgullosamente portaban una insignia con la frase "Levo no coração uma árvore" ("Tengo un árbol en mi corazón”). La mayoría de ellos conocía de memoria la ubicación de su árbol y la de los árboles de otros niños que lo rodeaban. Varios de los niños y niñas que ya se habían graduado de la escuela regresaron con sus padres para renovar su conexión con los árboles, la tierra y sus amigos y amigas.

Estas iniciativas son parte de una campaña para restaurar las áreas quemadas en 2016 y más allá, y que ha tenido como objetivo plantar 10,000 árboles nativos. También es, y quizás sea lo más importante, un esfuerzo por crear un lugar para que las personas se reúnan y trabajen juntas en Froxán, expandiendo el círculo de preocupación por lo que sucede aquí.

La enseñanza mediante actividades prácticas en campo es primordial para hacerle frente a los intentos de la industria minera de representar erróneamente la historia de Galicia como una de extracción masiva, en la que la minería se presenta como una actividad cultural e histórica vital.

El lobby minero de Galicia (representado por la Cámara Oficial Minera) y los gobiernos cómplices intentan insistentemente forjar esta perspectiva histórica idílica a través de los materiales escolares y el Museo Minero San Finx. Se está realizando un cuidadoso esfuerzo para ocultar la intensidad de los conflictos sociales y negar el impacto ambiental masivo de la minería.

Cientos de niños en edad escolar visitan el museo minero de San Finx cada año. Su experiencia de aprendizaje allí no les enseña nada sobre la falla crítica de la presa relaves de la mina de 1960 que contaminó las áreas río abajo, o sobre la contaminación a largo plazo por metales pesados que afectan a las ricas áreas de recolección de marisco en la ría de Muros-Noia.

Un mariscador en la ría de Muros-Noia. Fotografía: Vida e Ría

Estas visitas, llamadas eufemísticamente "turismo escolar" por la Administración, son parte de un programa de ingeniería social diseñado para crear una "imagen positiva de la industria minera".

Irónicamente, muchos de los niños y niñas que asisten a estas visitas en San Finx provienen de familias cuyo sustento depende directamente de la recolección de marisco (más de 1,500 familias en el área de Noia) y que han encabezado recientes protestas contra la contaminación de la mina.

Estos esfuerzos de ingeniería social son un campo cada vez más importante de la contestación. El lobby minero está invirtiendo actualmente en el adoctrinamiento de los niños en un intento de suprimir las luchas por venir en los próximos 15-30 años.

ICCAs: un nuevo paradigma de área protegida

Casi un año después del incendio forestal, representantes de la comunidad vecinal de Froxán esperaban nerviosos en una gran sala del Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM), en Valsaín (Segovia).

Por primera vez, dos comunidades locales estaban pasando por un proceso nacional de revisión por pares para ser declaradas formalmente Áreas Conservadas por Pueblos Indígenas y Comunidades Locales (ICCA). Después de escuchar los informes de los evaluadores y escuchar a los comuneros, se adoptó la decisión de aprobar ambas candidaturas.

En octubre de 2017, la comunidad vecinal de Froxán ingresó en la Base de Datos Mundial sobre Áreas Protegidas (WDPA, por sus siglas en inglés) administrada por el Centro de Monitoreo de la Conservación Mundial del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, lo que la convierte en la primera ICCA que se agrega después de pasar por un proceso nacional de revisión por pares.

ICCAs

Las ICCA representan un cambio de paradigma de los enfoques convencionales centrados en el estado a la conservación de áreas protegidas, al reconocer el papel crucial de los pueblos indígenas y las comunidades locales y sus prácticas habituales en la conservación de la diversidad biológica y cultural.

Este nuevo enfoque, reconocido desde 2004 por una serie de decisiones tomadas por la Conferencia de las Partes en el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (CDB) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), también está creando nuevos caminos para que las ICCAs organicen y colaboren a escala regional y global, incluida la participación activa en el cambio de regulaciones internacionales y la creación de nuevas instituciones y procedimientos basados en el gobierno de la comunidad y la toma de decisiones.

Desde que se estableció el Registro de ICCAs en el Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación o UNEP-WCMC (por su acrónimo en inglés) varias comunidades de tierras comunes de Galicia han sido formalmente reconocidas como ICCA.

En el momento de la reducción de este documento, se han incluido cuatro ICCA de Galicia en el Registro.

(In)conclusion

In December 2017 SACYR was forced to suspend its operations in the San Finx mine after failing to obtain water discharge permits. For over a century the mine has been discharging mine drainage into the river heavily contaminating areas downstream, including the Muros-Noia estuary, with heavy metals.

El río San Fins fluye de color naranja con los residuos de la mina. Fotografía: Vida e Ría

Después de reabrir en 2008, la administración volvió a hacer la vista gorda, mientras que millones de metros cúbicos de aguas con un alto nivel de contaminación se vertían en el río. El aumento de la presión social en 2016 hizo que la situación fuera insostenible para la administración, especialmente después de que se iniciaran los procedimientos de investigación penal.

Sin embargo, en lugar de reconocer los errores cometidos y tratar de poner fin a la contaminación persistente, el concesionario y la administración elaboraron un sinfín de excusas para evitar hacerse cargo de la limpieza de la mina, tales como: los colonos míticos fenicios, el ataque legendario de Almanzor sobre las campanas de la catedral de Santiago, un supuesto fondo natural de metales pesados, o una central hidroeléctrica inexistente. Todas fueron mencionadas en un intento por negar la responsabilidad de los concesionarios sobre la contaminación y las infraestructuras críticas, como las presas de relaves mineros.

Estos problemas críticos actuales se analizan de forma clara en el documental San Finx 1960 estrenado en 2019.

Y así continúa la lucha por detener la mina, al igual que los esfuerzos para ampliar el círculo de preocupación por Froxán y fortalecer la solidaridad.

La Declaración de Compostela

En febrero de 2019, ContraMINAcción, junto con Sí a la Vida, No a la Minería, reunió a 14 plataformas y redes de sensibilización minera de toda la Península Ibérica, que a menudo enfrentan las mismas corporaciones y políticas en favor de las operaciones extractivas.

14 plataformas ibéricas se unen en Galicia. Fotografía: ContraMINAccíon

La Declaración de Compostela, emitida por unanimidad por estos grupos en la reunión, exige que las corporaciones mineras y su codicia no se coloquen sobre la voluntad y la vida de las personas y las comunidades locales, sobre la base de “especulación financiera, mentiras, fallas, negación de los impactos, propaganda falsa y sesgada e imposición”.

"La minería no es vida, sino la destrucción de la vida y del patrimonio natural y cultural. La minería también representa contaminación, peligro, precariedad, despido, inestabilidad, cierre y abandono". - Declaración de Compostela

La Declaración identifica el consumo excesivo como un motor para el extractivismo y explora cómo los movimientos de resistencia pueden encabezar una transición hacia sociedades post-extractivistas.

Estos son sin duda algunos de los mayores desafíos para un movimiento emergente que reúne a una constelación de colectivos y luchas locales. Es este movimiento el que ha confrontado enérgicamente la política de 'Galicia es una mina', creando nuevas sinergias y construyendo un poderoso discurso crítico contra el extractivismo que está impregnando lentamente a sectores más amplios de la sociedad.

Este caso emblemático es parte de la serie Sí a la Vida, No a la Minería, que examina cómo las comunidades alrededor de nuestro planeta están defendiendo exitosamente sus tierras, aguas y medios de subsistencia de la minería, y construyendo alternativas que sustentan la vida.

Lea más sobre la ecología de los montes vecinales en mano común de Froxán en el Registro ICCA.

Obtenga más información sobre los esfuerzos de la comunidad Froxán por plantar 10.000 árboles nativos y restaurar los páramos húmedos y las áreas dañadas por la minería y la introducción de especies como el eucalipto y la acacia.

Vea el documental San Finx 1960 para aprender sobre la lucha por proteger los cursos de agua de Galicia de los desechos de la mina.

Elaborado por la red global de YLNM. Dedicado a la comunidad de Froxán. Gracias a Joam Evans Pim y ContraMINAccón.