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Los urus claman para que la vida regrese al lago Poopó La fe de los hijos del lago que tienen la esperanza de que el próximo año volverán a pescar.

Juan Carlos Véliz M.

Félix Mauricio se postró de rodillas en el suelo seco y quebradizo de lo que alguna vez fue el fondo del lago Poopó y comenzó a recitar algunas plegarias en su idioma para que la madre del lago (Quchamama) y Dios puedan restaurar el agua y la vida.

Félix Mauricio guió el ritual en el lago Poopó. Foto: CEPA

Otro comunario uru también se puso de rodillas y juntos levantaron las dos cajas en las que se prepararon ofrendas como pago a las deidades que en el pasado llenaron de agua lo que ahora es una planicie agreste.

Después del ritual de arrepentimiento por el mal uso del recurso hídrico, ambos pobladores ataviados con ponchos blancos se separaron de los demás pobladores y caminaron con los pies descalzos con el propósito de encontrar algo de agua en proximidades del río Desaguadero conocido como Ujpata willi willi.

El otrora lago que tenía una extensión de 2.337 kilómetros cuadrados ahora es un desierto salino. Foto: CEPA

No obstante, la búsqueda finalizó con un charco de no más de cinco centimetros de agua turbia. Ambos nuevamente se pusieron de rodillas para pedir a los espíritus que inunden la planicie otrora llena de peces, patos y decenas de especies. Levantaron las cajas de las ofrendas hacia el cielo, después la virtieron en la escasa agua y rociaron vino dulce para que la Quchamama alivie su dolorosa agonía.

Los urus entregan la ofrenda a la Quchamama. Foto: CEPA

"El lago nos dejó hace 15 años atrás por la sequía, por esa razón estamos recordando al Dios Grande y Poderoso para que nos pueda dar esa bendición, con toda fe hemos cumplido" afirma Pablo Flores, alcalde mayor de Puñaca Tinta María.

El mallku de los urus del lago Poopó, Luis Valero, recuerda que los padres de este pueblo indígena del departamento de Oruro llegaron por el río Desaguadero que conecta con el lago Titicaca y se asentaron en las islas y riveras de lo que fue el segundo lago más grande de Bolivia.

"Los urus estamos sobreviviendo, estamos en el río Desaguadero que llega del lago Uru Uru, sólo en este lugar hay agua y más allá, en el mismo lago, no existe agua en este momento por eso nosotros estamos sobreviviendo a la sequía, el lago era nuestra fuente de vida que nos heredaron nuestros padres y ahora estamos pidiendo a Nuestro Dios Creador para que pueda hacer caer lluvia en este lugar" relata el dirigente a los periodistas que acudieron al lugar para constatar la dramática situción el jueves 19 de agosto.

"Los urus estamos sobreviviendo, estamos en el río Desaguadero que llega del lago Uru Uru, sólo en este lugar hay agua y más allá, en el mismo lago, no existe agua en este momento por eso nosotros estamos sobreviviendo a la sequía, el lago era nuestra fuente de vida que nos heredaron nuestros padres y ahora estamos pidiendo a Nuestro Dios Creador para que pueda hacer caer lluvia en este lugar"

Valero demandó a las autoridades municipales, departamentales y nacionales para que puedan preocuparse de la situación de los urus. "No tenemos territorio, no tenemos tierra, esto (el lago) era nuestra tierra, nuestro lago, nuestra fuente de vida, somos cazadores y pescadores como nuestros padres que salieron de las totoras pero ahora con la sequía las totoras también están desapareciendo", lamenta.

Las comunidades urus están condenadas a desaparecer como el agua del lago y como las totoras advierten sus autoridades porque no tienen otras alternativas económicas. Muchos integrantes del pueblo indígena dejaron las comunidades para dedicarse a la albañilería u otros oficios en la ciudad porque no cuentan con tierras para el cultivo o pastoreo de ganado.

El ritual más allá de la búsqueda del favor de Dios y la madre del lago fue una interpelación a las autoridades para que puedan ayudar a la supervivencia de las comunidades uru.

Félix Mauricio, el que propició el ritual, relata que el lago de los urus tenía hasta 12 metros de profundidad pero ahora el agua desapareció y en su lugar hay un desierto salino desolador que angustia a los hijos del agua ahora asentados en tres comunidades como Puñaca Tinta María.

En 2015 la noticia de la desaparición del segundo lago más grande de Bolivia dio la vuelta al mundo, centenares de reportajes se hicieron entonces y se hicieron muchas promesas, e incluso se pusieron en marcha millonarios planes de remediación ambiental y de apoyo a los urus, las principales víctimas del desastre.

No obstante, la situación no ha cambiado y sus habitantes no pierden la esperanza y la fe de que el próximo año, 2022, las aguas volverán a su casa y con ellas las parihuanas, peces y otras especies.

"El lago es nuestra fuente de trabajo desde hace años pero ahora nos ha dejado huérfanos pero tenemos fe de que volveremos a pescar" afirma Pablo Flores.

Los botes que antes eran usados por los urus quedaron desechados en Puñaca Tinta María. Foto: CEPA
"El lago es nuestra fuente de trabajo desde hace años pero ahora nos ha dejado huérfanos pero tenemos fe de que volveremos a pescar"