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El reto de la telemedicina en la tercera edad ¿Qué pasaría si, a partir de ahora, las consultas con su médico tuvieran que ser telemáticas?

Si es por una llamada de esas de vídeo, no sabría ni por dónde empezar. Si es por teléfono, bueno, si no queda otra…

Carmen Gómez, 82 años

Por teléfono, fatal, necesito el contacto. Por lo menos por videollamada ves a la persona, pero seguiría prefiriendo ir personalmente.

Ramón González, de 80 años

Yo soy asmática y creo que para mi caso no es lo mejor. Puedo tener algo que no se ve ni se oye por una llamada.

Julia Sanz, de 65 años

Por teléfono me parecería raro al principio, porque nunca lo he hecho, pero me acabaría acostumbrando. Por videollamada no creo que pudiera manejarme bien porque nunca he hecho una. Mi marido está enfermo, tiene demencia, así que dependería de mí o de otra persona para poder hacer eso.

Goyi Castilla, 76 años

Brecha digital generacional

La Organización Mundial de la Salud (OMS) muestra la telemedicina como “la prestación de servicios de salud (en los que la distancia es un factor determinante) por parte de profesionales sanitarios a través de la utilización de tecnologías de la información y la comunicación (TIC), con el objetivo final de mejorar la salud de la población y de las comunidades”. Teniendo en cuenta esta definición, la telemedicina puede aportar grandes beneficios, pero ¿qué ocurre con aquellas personas que no tienen acceso ni manejo de las TIC?

“Si bien hace tiempo que se vienen promoviendo los beneficios de las TIC para la salud y se han observado importantes ventajas desde su adopción, es evidente que continúa la brecha digital, tanto dentro de los países como entre ellos”, destaca Joan Dzenowagis, especialista en política sanitaria internacional de la OMS.

La brecha digital existente en nuestra sociedad se ceba especialmente con las personas más vulnerables.

Esa brecha a la que se refiere puede darse tanto a nivel económico como educacional, social, generacional, etc. A un lado de este ‘abismo’ se encuentran las personas mayores que no han adquirido la habilidad para hacer un uso correcto de los recursos digitales, aquellos cuya renta económica no les permite tener acceso a estas herramientas, habitantes de zonas rurales con infraestructuras de telecomunicaciones insuficientes y pacientes con discapacidades y/o enfermedades que les impiden manejar ciertas tecnologías, como problemas auditivos, de visión y de demencia, entre otros.

Mientras el mundo digital avanza a una velocidad vertiginosa, estos grupos corren el riesgo de quedarse atrás. Tal y como señalan desde el Comité de Bioética Español (CBE), “el avance de la digitalización ha cobrado un gran impulso durante la pandemia de la Covid-19, si bien está poniendo de manifiesto la brecha digital existente en nuestra sociedad, que se ceba especialmente con las personas más vulnerables”.

La aceleración digital causada por la emergencia sanitaria es evidente en todos los ámbitos, incluido el sanitario. Aunque la telemedicina ya existía, la irrupción de esta emergencia sanitaria, en marzo de 2020, provocó la implantación, en muchos casos ‘obligada’, de esta nueva modalidad asistencial. Dado que “tenemos una población muy envejecida en España que, a lo mejor, ni tiene ni sabe manejar los dispositivos para la teleasistencia”, según el doctor Ángel Gil, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) de Madrid, cabe tener en cuenta cómo puede afectar a los pacientes geriátricos esta ‘nueva realidad’.

Cifras de la problemática

El director asistencial de Atención Intermedia en el Hospital de la Santa Creu Jesús-Tortosa, en Tarragona, y vocal de Tecnologías de la Información y Comunicación de la Sociedad Catalana de Geriatría y Gerontología (SCGiG), el doctor Francesc Riba, asegura que, “según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), solo el 23 por ciento de los mayores de 75 años ha utilizado Internet en los últimos tres meses”.

En 2020, la Unión General de Trabajadores (UGT) informó de que, a fecha de enero de 2021, “un total de 26.767 poblaciones con más de 10 habitantes” todavía no tenían acceso a Internet y “alrededor de 13 millones de personas estarían afectadas por esta falta de cobertura”, según los últimos datos publicados por la Secretaría de Estado para el Avance Digital, dependiente del Ministerio de Economía.

Sin embargo, si nos centramos en el caso concreto de los problemas en el acceso a la telemedicina en España, actualmente no existen datos sobre ello. Por su parte, el estudio ‘Evaluación de la predisposición de la telemedicina entre los adultos mayores en los Estados Unidos durante la pandemia de Covid-19’, publicado en la revista médica JAMA Internal Medicine, estima cuántos adultos mayores pueden quedarse atrás en la migración a la telemedicina en Estados Unidos.

“La telemedicina no es inherentemente accesible y su uso obligatorio deja a muchos adultos mayores sin acceso a su atención médica”, indica el autor principal del estudio, el doctor Kenneth Lam, investigador clínico de Geriatría en la Universidad de California en San Francisco (UCSF).

La investigación, realizada con datos de 2018, define seis criterios de “discapacidades o inexperiencia con la tecnología: dificultad para escuchar lo suficientemente bien como para usar un teléfono (incluso con audífonos), problemas para hablar o hacerse entender, demencia posible o probable, dificultad para ver lo suficientemente bien, no poseer dispositivos habilitados para Internet o no ser consciente de cómo usarlos y, por último, no usar el correo electrónico, los mensajes de texto o Internet en el último mes”.

Los resultados del trabajo muestran que el 38 por ciento de todos los adultos mayores de Estados Unidos “no estaban listos para visitas de vídeo, principalmente, debido a la falta de experiencia con la tecnología”, aunque esa cifra baja al 32 por ciento si se tienen en cuenta los pacientes que tienen algún tipo de apoyo, por ejemplo, familiar, para configurar la vídeo-consulta.

“Las visitas telefónicas pueden llegar a más pacientes. Sin embargo, se estima que el 20 por ciento de los pacientes mayores no estaban listos para visitas telefónicas debido a dificultad auditiva, dificultad para comunicarse o demencia”, confirma el estudio.

Esta investigación de Kenneth Lam también concluye que “la falta de preparación era más prevalente en pacientes que eran mayores, hombres, no estaban casados, eran individuos negros o hispanos, residían en un área no metropolitana y tenían menos educación, menores ingresos y peor salud auto-reportada; en total, el 72 por ciento de los adultos que tenían 85 años o más cumplían los criterios de falta de preparación”.

Antes de empezar, saber cuándo y con quién

En este sentido, el director médico del Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid y director de la Unidad de Innovación del Instituto de Investigación Sanitaria San Carlos (IdSSC), el doctor Julio Mayol, que ofreció una ponencia sobre telemedicina en el ‘Simposium Digestocovid’, de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), destaca que “la relación con la telemedicina depende del grado, tanto de capacidad física y mental como de la accesibilidad a recursos y la presencia, además, de cuidadores o familia que facilite la relación con el médico”.

“Esto es muy variable, no se puede generalizar. La telemedicina hay que utilizarla en función de las preferencias de los pacientes y la disponibilidad de recursos que haga que se aumente la accesibilidad a una asistencia de calidad”, señala Julio Mayol. El coordinador del Grupo de Trabajo Nuevas Tecnologías de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), el doctor Javier Sanz, coincide con estas palabras al declarar que “la telemedicina es una herramienta más en la consulta, no tiene que ser toda la consulta, y hay que saber a qué pacientes destinarla”.

Así, el despacho de abogados DS Legal Group, especializado en Derecho Sanitario, explica que se debe tener en cuenta que “los servicios que cuentan con respaldo legal y sí se pueden realizar son los de teleconsulta, pero en los que no se dé un diagnóstico, salvo ciertas especialidades, como Dermatología u Oftalmología; y los de seguimiento de patologías crónicas o monitorizadas”. Además, este bufete aclara que “la teleconsulta no puede, en ningún caso, sustituir a la consulta presencial”.

Tal y como argumenta Javier Sanz, que ejerce como médico de Familia en el alicantino Departamento de Salud de Alcoy, “hay una barrera tecnológica generacional, por la cual existen determinadas personas para las que hay que mantener la consulta presencial. Hay muchos problemas de sordera en la gente mayor, no te entienden igual a través de un teléfono que mirándote a la cara y leyéndote los labios. Hay pacientes también con cataratas, y más con las listas de espera en las que nos vamos a meter después de la pandemia, lo cual es un problema con la pantalla. La tecnología no es para todos, hay que saber cuándo y con quién utilizarla”, remarca.

Por tanto, es necesario “conocer lo que es valioso para las personas y, a partir de ahí, construir el sistema. No consiste en construir la actividad antes de definir qué es lo importante. No podemos utilizar la telemedicina para hacer más de lo mismo”, insiste, por su parte, Mayol.

Desafíos reales

A raíz de la implantación del sistema de telemedicina en Aragón a causa de la pandemia, la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza (FABZ) se hizo eco de las consecuencias negativas que estaban teniendo estas medidas para ciertos sectores de la población.

El responsable de la Comisión de Salud de esta organización, Juan Andrés Pinilla, cuenta que “llegó un momento en el que empezamos a detectar disfunciones”. “Por ejemplo, en algunos casos, el médico pedía a los pacientes que mandasen fotos de lo que les pasaba, y esto no es tan sencillo. Muchas veces, los pacientes consideran que es necesario que el médico les vea presencialmente”, puntualiza.

Juan Andrés Pinilla

“La gente mayor está muy agobiada. Desde octubre de 2020, empezamos a tener quejas de citas telefónicas programadas que no se realizaban. En cuanto pasa la fecha de la cita, aunque no se haya producido, desaparece de la base. Así que tienen que volver a pedir cita y esto se vuelve muy problemático y provoca ansiedad, que se suma al hecho de que, muchas veces, tardan en cogerte el teléfono desde el centro de salud”, reseña el representante de la Comisión.

Tal y como expone, “los hijos se están teniendo que volcar muchísimo con sus padres para estos temas. Mis suegros tienen 97 y 94 años. Mi suegro, hasta los 90, se manejaba con el móvil, pero ahora ya casi no ve, entonces, son mi mujer y su hermana las que se están encargando de gestionar las citas telefónicas. Tienen que conseguir que el día de la cita telefónica puedan estar en casa con sus padres y contarle al médico cosas que a sus padres se les puedan olvidar y el propio médico no pueda ver”, como ciertos síntomas, comenta Juan Andrés Pinilla. “La gente mayor que no tiene tecnologías y no tiene familia cercana tiene un problema grande”, subraya.

Teleasistencia y problemas de privacidad “Es curioso el caso de un niño de 12 años al que le aparecieron manchas en el glande. A la familia le chocó que el médico les pidiera unas fotos y dijeron que era necesario que lo viera en persona”, relata el representante de la Comisión de Salud de la FABZ, haciendo hincapié en los riesgos que puede conllevar una telemedicina no protocolizada y cómo los pacientes los perciben.

Carmen Gómez, con 82 años, explica que, con el móvil, se maneja “en lo básico”, pero nunca se ha enfrentado a una teleconsulta, ni siquiera a trámites administrativos a través de Internet. “En eso tengo el ‘chollo’ de tener a mi hija, que vive cerca. Ella se encarga siempre de esas cosas, para mí y para mi marido”, señala.

Por su parte, Fernando Silva, de 85 años, destaca que tuvo que estar confinado por contraer la Covid-19 y, durante la cuarentena, su médico de cabecera le hizo un seguimiento telefónico. “Tuve suerte porque es un buen médico y me hablaba muy despacio y alto, que es lo que necesito, porque tengo el oído fatal. Nunca llegamos a hacer una videollamada, quizás podría hacerla si alguien me explica cómo, porque así, de primeras, no sé cómo se hace. Tampoco he pedido nunca una cita por Internet, así que también necesitaría que alguien me lo explicase, porque siempre lo he hecho por teléfono o he ido directamente al centro de salud”, comenta Fernando, que insiste en la importancia de que la persona que le atienda tenga en cuenta su problema de sordera.

Buscar el punto medio

La Federación Aragonesa de Comarcas, Municipios y Provincias (Famcp) también recibió algunas quejas e incidencias relacionadas con afecciones o sintomatologías que los pacientes consideraban que “era necesario que les vieran en el momento, no telemáticamente”, explica el presidente de este organismo y alcalde de Zuera, en Zaragoza, Luis Zubieta.

“Efectivamente, hay una parte de la población poco familiarizada con lo digital. Ese es uno de los problemas de la asistencia telemática. Por supuesto, entendemos que habrá que hacer un esfuerzo de asistencia directa con este colectivo”, expresa el alcalde. Para Luis Zubieta, es imprescindible llegar “a un punto medio, con soluciones que sean operativas, pero teniendo en cuenta que, con este colectivo, la atención tendrá que ser, en muchos casos, presencial”.

Luis Zubieta

“En Aragón, que es muy amplio y sufre despoblación en algunas zonas, la telemedicina puede ser beneficiosa en algunos casos. Pero, por supuesto, hay que seguir invirtiendo en la asistencia presencial. No podemos centrar la inversión solo en telemedicina, que puede resultar, en teoría, más sencillo, porque, al final, es tecnología. Hay que seguir apostando por una asistencia sanitaria presencial de calidad”, asevera Zubieta.

En la misma línea se manifiestan desde el Comité de Bioética, cuyos miembros resaltan que, “en el ámbito de la asistencia sanitaria y de los servicios de salud, en el que la telemedicina ofrece ya importantes oportunidades y ventajas, no debe olvidarse que el contacto humano es uno de los aspectos fundamentales del cuidado humano”.

Alzheimer y telemedicina

El Alzheimer y otros trastornos neurocognitivos asociados a la edad tienen un gran impacto en la población, cada vez más envejecida. Por ello, la relación de estos pacientes con la telemedicina merece especial atención.

Según explica la presidenta de la Confederación Española de Alzheimer (CEAFA), Cheles Cantabrana, “una persona con Alzheimer suele acudir acompañada de su familiar cuidador/a a la consulta médica, por lo que, similarmente, en la telemedicina, se necesita la intermediación de la persona cuidadora o familiar”.

“En fases preclínicas y tempranas, nuestros pacientes no sufren, en general, mayor brecha digital que el resto de personas en contextos sociales similares. A medida que la enfermedad avanza, va resultando más compleja la comunicación. El papel de las personas familiares cuidadoras es fundamental en estos casos. Por eso, en CEAFA siempre hablamos del binomio paciente-persona cuidadora como objeto de atención. Habrá que diseñar los sistemas de acceso y uso de acuerdo a estas características”, remarca la presidenta de la organización.

Así, Cheles Cantabrana opina que “la eficacia del acto médico va a depender del diseño que se haga desde la Sanidad para poder comunicarse por ese medio con perfiles diversos, heterogéneos”, y, en este sentido, cree esencial “disponer de herramientas tecnológicas y protocolos de actuación muy bien diseñados, así como formación adecuada de las y los facultativos para que adquieran las nuevas competencias necesarias para atender sus consultas de forma eficaz y sin perder la necesaria empatía”.

No obstante, las características del Alzheimer y sus consecuencias sociales y económicas “favorecen el aislamiento social”, como confirma Cantabrana, y ello se suma a que “la interacción telemática resta mucha información no verbal”, agrega. La telemedicina “introduce un tipo de distancia que puede resultar insoslayable”, por lo que “habrá que valorar si afecta a la eficacia del acto médico, a la comunicación y al bienestar psicológico de los y las pacientes”, plantea.

Usabilidad, una asignatura pendiente

Los autores del estudio ‘Diseño de sistemas de telemedicina para pacientes geriátricos: una revisión de los estudios de usabilidad’ confirman que “un área en la que la telemedicina puede resultar altamente efectiva es en la prestación de atención médica a la población geriátrica, un grupo de edad que se prevé que represente el 20 por ciento de la población en un futuro próximo”.

Sin embargo, “aunque la telemedicina tiene ciertas ventajas, la usabilidad de estos sistemas con esta población merece investigación”, subrayan. Con ello se muestra de acuerdo Francesc Riba, que sostiene que “la usabilidad de los sistemas de telemedicina en la población geriátrica es fundamental para obtener buenos resultados. Se requiere de más investigación para identificar qué características, interfaces y métodos de recopilación de datos son más aceptables y útiles para las personas mayores”.

Los diseñadores de sistemas de telemedicina, que, según Riba, “todavía no consideran a este grupo de edad como potenciales usuarios”, deben tener en cuenta “los problemas relacionados con la edad en la cognición, la percepción y el comportamiento de los pacientes geriátricos al diseñar aplicaciones de telemedicina”, manifiestan los autores de la investigación.

“Para abordar el reto del envejecimiento, resulta imprescindible e inaplazable colaborar en la investigación e implantación de la telemedicina como herramienta que contribuye a la eficiencia, sostenibilidad y equidad del sistema sanitario”, matiza el vocal de Tecnologías de la Información y Comunicación de la SCGiG.

La ayuda de los cibervoluntarios

Luis Bengochea es profesor honorífico de Ciencias de la Computación de la madrileña Universidad de Alcalá de Henares (UAH) y voluntario en la Fundación Cibervoluntarios, concretamente, dentro del programa ‘Expertclick’, a través del cual se forma a personas mayores en la utilización de dispositivos electrónicos, como ordenadores, móviles y tablets. A estos cursos asisten personas “con unos 70 años, de media”, a través de sus centros sociales, según comenta Bengochea.

“Les contamos desde lo más básico, como la manera de instalar aplicaciones, por ejemplo, la de la cita médica en la Comunidad de Madrid, en la que pueden ver, gracias a la tarjeta sanitaria, quiénes son su médico y enfermera de cabecera, solicitar cita o tener información sobre la Covid-19. Además, les enseñamos aplicaciones para gestionar los medicamentos que se toman, a ponerse alarmas para recordárselo y a llevar un diario de sus dolores. Les hablamos de relojes inteligentes y de otras aplicaciones sobre nutrición o que incluyen los prospectos de los fármacos y hacemos prácticas de videollamadas”, detalla el voluntario.

Bengochea asevera que se encuentra “con personas a las que su hijo les ha regalado el teléfono viejo de la empresa y se lo da tal cual, con las aplicaciones de la empresa”, por lo que empiezan “desde cero”. “También, les cuento cómo escribir un mensaje dictándoselo al móvil, por si no ven bien el teclado, y les muestro aplicaciones que amplían la pantalla o que te simplifican el escritorio del móvil”, añade.

El profesor honorífico de la UAH constata que, efectivamente, “las personas mayores están discriminadas en esta nueva sociedad cada vez más digitalizada. Pero el problema no está en las personas que vienen a nuestros cursos, que muestran un interés por apuntarse, sino en la cantidad de personas que no quieren oír hablar de esto, lo rechazan. Sé de muchas personas mayores que, incluso en mi propio grupo de amistades, no quieren aprender sobre esto. El reto es lograr que esas personas, que se niegan a usar la tecnología, muestren interés”, plantea.

“Con las ayudas europeas, se avecina una transformación digital en las empresas y las Administraciones y esto, para las personas mayores, va a ser un problema. Porque, por ejemplo, en los cursos no hablamos del certificado digital, no se les cuenta que, con él, pueden acceder a su historial médico, las prescripciones, etc. En estos cursos no llegamos a ese nivel. Pero es importante que las personas mayores no se queden atrás, porque la sociedad avanza hacia una digitalización a pasos gigantes y ellos sufren un déficit de formación”, concluye el voluntario, cuya labor consiste en intentar paliar esas carencias.

Soluciones para salvar las barreras

Los distintos especialistas y agentes implicados en la salud de la población plantean diferentes propuestas para que los beneficios de la telemedicina lleguen a la mayor parte de los pacientes y, de esta manera, no acentuar las desigualdades en cuanto a la atención médica.

Así, el director clínico ejecutivo de la Office of the National Coordinator for Health Information Technology del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, el doctor Andrew Gettinger, apuesta por “la banda ancha universal”, es decir, como un servicio público, y “apoyo para los adultos mayores” a través de “un asistente digital”, por ejemplo.

Asimismo, Lam defiende que, “a medida que la telemedicina se vuelve omnipresente, los dispositivos de telecomunicaciones deben ser cubiertos como una necesidad médica, especialmente dada la correlación entre la pobreza y la falta de preparación para la telemedicina. Además, las adaptaciones de accesibilidad, como los subtítulos para personas con discapacidad auditiva, deben extenderse a las visitas virtuales”, valora, aunque para pacientes con demencia y aislamiento social, recomienda “las visitas a domicilio”.

El coordinador del Grupo de Trabajo Nuevas Tecnologías de Semergen mantiene que, dado que “hay más personal de Enfermería y auxiliares que médicos de Primaria, se podría empoderar a la enfermera o al auxiliar para instruir al paciente en el uso de estas herramientas. Al igual que a los pacientes se les enseña a insulinizarse, por ejemplo, se les puede instruir en nuevas tecnologías”.

Curso online de la Comunidad de Madrid para enseñar a las personas mayores a usar el móvil El Gobierno de la Comunidad de Madrid ha lanzado el curso online ‘Apprende a usar tu móvil’, para que los mayores de la región puedan sacar partido a estos dispositivos. Entre otros objetivos, el curso pretende enseñar a manejar aplicaciones que pueden facilitar la vida de este colectivo, como las que permiten pedir citas médicas o aplicaciones bancarias, y “eliminar así la brecha digital”, detallan desde el Ejecutivo regional. Se trata de un taller gratuito, ya disponible, impartido en colaboración con la Asociación de Voluntariado Sénior SECOT en el marco del Programa de Envejecimiento Activo de la Comunidad de Madrid.

El alcalde de Zuera se inclina por alternativas “telemáticas fáciles y prácticas que el usuario pueda entender rápido y que pongan en comunicación con el centro de salud”, similares a “los llamados para emergencias que ya han incorporado los Servicios Sociales en domicilios de Aragón”.

Riba confía en que “el futuro pasa por los sensores, como los que hay en nuestros teléfonos o pulseras. Tecnología diminuta e integrada que permite obtener datos de las personas en tiempo real sin tener que preguntarles constantemente”.

Por su parte, Joan Dzenowagis insiste en que “las innovaciones en cibersalud no podrán llegar muy lejos si no se hacen inversiones en infraestructura, educación, políticas y servicios para garantizar un acceso equitativo y de bajo costo a las TIC para la salud. Es preciso reforzar las políticas nacionales cuando proceda para enfrentar los retos de la era de la información”.

El impacto de la brecha digital generacional en la telemedicina es, por tanto, un reto para la expansión plena y ecuánime de esta modalidad asistencial que, bien utilizada, puede aportar grandes ventajas a los pacientes. No obstante, no son pocas las soluciones para que esta forma de atención a la salud alcance a las personas mayores que no manejan o no tienen acceso a la tecnología necesaria, y es en estas propuestas donde debe ponerse el foco, ya que, a pesar de que se requiera tiempo, recursos y voluntad, como dice Dzenowagis, “es imposible volver a atrás”.

El reto de la telemedicina en la tercera edad

reportaje realizado por María Fernández Arconada