AMOR DE HERMANAS Cantan juntas desde niñas y cada una tiene su propia banda. Martina 'la peligrosa' admira tanto a su hermana, adriana lucía, que la considera su gran maestra de vida. así es la relación que las une.

Por: Flor Nadyne Millán

Twitter: @NadyneMillán

Apenas se llevan cuatro años, “pero parecen 15 porque somos muy distintas”, apunta Adriana Lucía. “Sí, somos como el agua y el aceite”, afirma con picardía Martina mientras se acomoda un diminuto top que le deja ver sus curvas. Las diferencias son evidentes. La menor de los hermanos López Llorente no tiene problema en posar en unos diminutos shorts y soltarse con facilidad frente a las cámaras. Adriana Lucía, en cambio, busca entre el stock de la producción fotográfica una falda larga porque no le gusta mostrar las piernas. Martina no tiene reparos en revelar su lado más sexi, y su hermana, la que puso de moda entre los millennials el Porrock (así se llama su nuevo álbum musical, algo así como porro rocanrolero), prefiere no mostrar más de la cuenta. “Yo soy más desparpajada, parezco un niño, me gusta andar en tenis y jeans y mis amigos me llaman 'Perrito'. En cambio, mírala a ella (y la señala estirando su boca pintada de rojo encendido), prefiere estar en tacones. A mí me gusta llenar mi casa de amigos, ella es más reservada”, agrega Martina.

“Mi hermana se ha transformado tanto que quienes la conocieron en la época que fue corista en mi banda, ahora la ven y me preguntan si se trata de la misma persona”, repara Adriana Lucía. Y ¿cómo era antes? “Tímida, casi no hablaba y era hasta dormida”, dice entre carcajadas.

“Pero con el auge de las redes sociales se abrió. Siempre ha sido la chistosa entre los amigos y la gente de la casa. No es que haya adquirido una nueva personalidad, sino que como era en lo íntimo se volvió en lo público”, agrega la mayor.“Pero con el auge de las redes sociales se abrió. Siempre ha sido la chistosa entre los amigos y la gente de la casa. No es que haya adquirido una nueva personalidad, sino que como era en lo íntimo se volvió en lo público”, agrega la mayor.

Camisas azul oscura y blanca, de Pink Filosofy. Jeans Boyfriend, de Stradivarius.

Adriana Lucía tiene 35 años y Marta o 'Martina la Peligrosa’, como la bautizó uno de sus abuelos, a quien le encanta poner apodos, está próxima a cumplir 31. Además de ser hermanas de sangre reconocen que tienen en común su conexión con la música, su profunda creencia en Dios, el amor por la familia y la tierra, el respeto por las mujeres y ¡pare de contar! Bueno, también las identifica ese desparpajo y alegría de la gente de Santa Cruz de Lorica (Córdoba), donde nacieron.

Para Martina, su hermana es su gran maestra, le admira esa sabiduría que mostraba desde niña y le agradece que haya sido su profesora de música y de cocina. Eso sí, en lo que aún no puede emularla es en su buena mano con las matas. “Alguna vez le dejé un bonsái naranjo. Lo bautizó 'el hermano', pero me lo dejó morir de sed”, añade Adriana Lucía.

Martina, la tercera de tres hermanos (Luis, el mayor, es el percusionista de las bandas de ambas), "la consentida, la chiquita, la apartada, como la Maggie Simpson”, recuerda que con los años aprendió a compartir más con su hermana mayor. Un momento clave fue cuando llegó a Bogotá hace poco más de una década para acompañar a Adriana Lucía en una tusa. “Me dio muy duro porque, tú sabes que no hay cosa que más le guste a una mujer que el hombre que no le conviene; me metí en el lugar equivocado”, repara Adriana Lucía. ¿Un amor prohibido? “No. Fue un mal noviazgo”, aclara de inmediato la cantante.

Amigas y cero rivales

Entre ellas no hay celos ni envidias. La misma Martina, que acaba de lanzar Alma mía, su primer álbum musical, reconoce que presumía cuando le decían. ¡Ey, ¿tú eres la hermana de Adriana Lucía?! Ahora ha cambiado el referente. “A mí me dicen, ¿tú eres la hermana de Martina 'La Peligrosa'?, y soy absolutamente feliz”, dice Adriana Lucía.

¿En qué son agua y aceite?

M.L.P.: En muchas cosas que son de esta generación y ella no comparte. Yo me amoldo o soy más tolerante, por ejemplo, en el cambio de la industria de la música y en las letras de las canciones modernas. Pero nos parecemos en que ambas rechazamos las canciones ofensivas o que ridiculizan, maltratan o exponen de alguna manera a la mujer... Yo soy un poco feminista.

¿En qué no concilian?

M.L.P.: En las redes sociales.

A.L.: A mí me han dicho que ponga más historias en Instagram y se me olvida.

Parte de la fama de Martina es por su éxito en las redes sociales...

A.L.: Sí; y ahora recuerdo que cuando éramos chiquitas no teníamos WhatsApp, ni notas de voz o teléfonos con cámara; a duras penas había celular, que era una panela...

M.L.P.: Vivíamos en El Carito, un corregimiento de Córdoba, donde todo llegaba un poquito más tarde.

A.L.: ¡Perdóname!, pero nosotras teníamos celular desde el día uno. Me acuerdo que en el colegio todo el mundo se pasaba mi celular panela y decía: '¡Ohhhh!' (y hace una reverencia como si acabara de ver a Dios).

¿Es cierto que Martina grababa su día a día en casetes y se los enviaba?

A.L.: Sí, además tenía una amiga loca con la que cantaban y grababan y me enviaban el casete a mi casa por correo. Así fue su inicio como youtuber (risas).

Top y chamarra imitación piel, de Bershka. Top tejido plateado, de Zara. Minifalda en imitación piel, de Stradivarius.
"Las redes sociales son de cuidado. Como youtuber, estuve a punto de sufrir una parálisis facial a causa del estrés que me generaron los ataques de las seguidoras de una chica que reemplacé para dar trucos de maquillaje": Martina.

¿Por qué dicen que la industria musical era más difícil en el pasado?

A.L.: Porque, por ejemplo, para sonar en Ecuador tenías que enviar antes un disco. Hoy, mandas un link que lo descargas en dos minutos y, además, tienes YouTube.

Ustedes hablan de momentos difíciles y cómo cada una ha estado para la otra, como un muro de contención...

A.L.: Sí, tenernos nos ha sostenido en los momentos difíciles. Si una tiraba la toalla, la otra la halaba, y hoy en día nuestra manera de trabajar con nuestras bandas está inspirada en eso, en que parecemos todos hermanos, pero eso no significa exigirnos menos.

M.L.P.: Por eso nuestra música tiene ese toque de alma. No hay nadie en mi equipo de trabajo a quien no quiera como si no fuera parte de la familia.

Top y cinturón,de Jaiver Zaraza. Falda en corte sirena, de María Elena Villamil.
"A los 14 grabé mi primer álbum. No viví mi adolescencia cuando tocaba. A los veintipico tuve mi postadolescencia, pero fue sana": Adriana Lucía.

Días en los que han querido tirar la toalla...

A.L.: Yo hice vallenato en mis inicios, pero cuando cumplí 18 años quería tener autonomía y fue una época muy dura. ¿Qué les pasaba a las disqueras? Me trataban muy mal, me desbarataban mis sueños y me decían: 'Usted no da más de ahí, se acabó su cuartico de hora'. En ese momento mi hermana fue vital.

Pero las crisis fortalecen...

A.L: Sí, eso me formó el carácter; siento que fueron tiempos de mucha debilidad mía a nivel espiritual, que después se fortaleció porque a ambas nos enseñaron en casa a creer en Dios. Eso es fundamental.

M.L.P.: Nacimos en una familia católica y nuestra profesora de canto era una monja. De esa conexión espiritual le debo un montón a mi hermana. Escucharla hablar de un Dios distinto a un dios castigador y señalador: de esa fuerza a la que uno puede aferrarse siempre, es superbonito.

¿Qué les ha enseñado la fama?

M.L.P: Que con estas carreras es muy fácil despegar los pies del piso y creerse el cuento. Por eso es fundamental aferrarse a Dios.

A.L.: Que nadie está preparado para la fama por más años que lleve en un oficio. Es que escuchar todo el día: '¡Eres linda, divina!' enferma el alma y daña la mente.

"Nadie está preparado para la fama": Adriana Lucía.
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Created By
Maru Lombardo
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Credits:

Texto: Flor Nadyne Millán Montaje digital: Maru Lombardo

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