LOS INVISIBLES QUE DESAFIABAN AL ODIO UN PASEO POR LA HISTORIA Y LA LABOR DE ALGUNOS TRABAJADORES SOCIALES, LUCHADORES DE DIVERSAS ASOCIACIONES Y MOVIMIENTOS QUE DEDICAN SU TIEMPO A COMBATIR LA LACRA CRECIENTE DEL RACISMO Y LA XENOFOBIA - Por Óscar San José Herrero y William Ruiz Lema

Todos tienen la sensación de que algo está fallando. Se intuye. Si no, tal vez no harían lo que hacen. Algunos piensan que el racismo y la xenofobia son un problema en expansión y otros creen que planteamientos de este tipo han existido siempre, solo que ahora están más visibilizados que nunca. La sobreinformación puede tener su parte de culpa. En cualquier caso, con cifras y personas de por medio, la realidad está ahí. Y es muy fría para muchos. Todos ellos tienen, además de ciertas percepciones sociales, algo en común: pertenecen al invisible gremio del trabajo social.

En los últimos años, los delitos de odio han aumentado en España. También en Europa o el resto del mundo, donde el auge de los actores políticos de posiciones extremas como Marine Le Pen en Francia o Donald Trump en Estados Unidos es visible y se ha convertido ya en toda una premonición a futuro. Lo mismo ocurre en Gran Bretaña desde la aprobación del Brexit: su ruptura con la UE lo es también con la integración. Los colectivos minoritarios, como los inmigrantes, refugiados o simplemente personas de otras razas, discriminados y estigmatizados en muchas ocasiones, tal vez necesiten una protección especial en un momento puntual en el que la crisis de credibilidad del proyecto europeo y el cambio de rumbo en las políticas estadounidenses son una amenaza real para la diversidad.

En medio de tanta oscuridad, de esta dinámica del odio que parece retroalimentarse, hay una luz. Es la que portan los invisibles, trabajadores sociales de diversas asociaciones y movimientos que dedican su tiempo y sus energías –a menudo con perjuicios hacia ellos mismos y las más de las veces sin un reconocimiento merecido– a combatir la lacra creciente impulsada por los sentimientos de superioridad racial y el rechazo al extranjero. Auténticos luchadores. Un mundo desconocido para la gran mayoría que se esconde entre el barullo de la ciudad, en pequeños núcleos de actuación que son entre ellos un juego de espejos. Los unos te remiten a los otros. Se dedican a combatir, cada uno con sus armas, por la dignidad de las personas.

El baile de números

Qué es el discurso del odio (Hate Speech, en inglés) es una pregunta que tal vez se haga mucha gente. Según lo estipulado por el Comité de Ministros del Consejo de Europa, es toda aquella “forma de expresión que propaga y justifica las distintas formas de odio basadas en la intolerancia”, atentando así contra la dignidad de determinadas personas o colectivos.

Pero la definición tal vez no sea lo más importante… ¿Qué hay del baile de números? Las cifras, como demuestran los gráficos que siguen, arrojan un contexto desesperanzador. Por qué está en auge este tipo de discurso es una cuestión más difícil de responder. Lo cierto es que, sólo en el pasado año 2015, se contabilizaron en nuestro país, de acuerdo con los datos del Ministerio del Interior, 1.328 delitos de odio. Un 3,3% más que en 2014. Del total, 505 –un porcentaje nada desdeñable que supone más de la tercera parte– fueron por cuestiones relacionadas con sentimientos racistas y la hostilidad a personas extranjeras. Toda una ironía y una gran paradoja en un mundo cada vez más global e interconectado.

¿El origen étnico puede situar en desventaja laboral a dos candidatos con igual cualificación profesional a un puesto de trabajo? Mucha gente lo ha pensado. Está a la orden del día. Dentro del total de países de la UE, un 46% de los entrevistados en el Eurobarómetro 2015 piensa que sí es un factor condicionante, sólo superado por el aspecto y la edad. En España, un 45%. Cuando el color de piel o el lugar de procedencia suman o restan puntos, tal vez exista un terreno especialmente proclive a grados mayores de discriminación.

Las cifras arrojan un contexto desesperanzador

Acotando los límites

El crimen o delito de odio (Hate Crime) se puede entender como la expresión última y definitiva de ese discurso o dinámica que va in crescendo. A menudo, de hecho, significa muerte. La prueba: Memoria de 25 años de olvido, un proyecto de investigación y recopilación de crímenes de odio a partir de informaciones de la prensa. Para comprender mejor los márgenes legales –tan desconocidos– que delimitan la cuestión jurídica de este tipo de delitos, acudimos a Patricia Tapia Ballesteros, docente e investigadora en el Área de Derecho Penal de la Universidad de Valladolid (UVa).

"En el ordenamiento jurídico español, los delitos de odio y los delitos antidiscriminatorios se solapan"

Los números, nunca mejor dicho, parecen bailar al ritmo de la música del odio. Un ritmo rápido, oscuro. El volumen, siempre más alto de lo que debería, ha subido –quién sabe si al compás de la crisis, de la falta de valores sociales– y está excediendo el límite de decibelios. Letras racistas como las de División 250 campan a sus anchas en el vasto imperio de la red. Hay quien cree que esta fiesta se ha pasado ya de hora.

La resistencia

Ellos, los luchadores. Fotografías tomadas en diferentes momentos de las entrevistas

Una lluvia fina acaricia las calles de la ciudad, sumidas ya en una mezcla de tonos grisáceos más propios del otoño. Nos dirigimos a la sede central del Movimiento contra la Intolerancia de Castilla y León, en Valladolid. La humedad cerca el barrio con la lentitud de las primeras gotas. Después de un par de indicaciones que nos permiten llegar a la dirección exacta, nos recibe Olga Hurtado, coordinadora de la organización en la región. La calidez que se respira dentro, agradable y que parece emanar de una pequeña estufa eléctrica enchufada para caldear la estancia, invita a la charla sosegada de cuestiones trascendentales.

Hurtado se muestra cercana y dispuesta a ayudar en todo lo necesario. Dispone de material y experiencias a montones. Comenzó su andadura como voluntaria en labores de ayuda social a los jóvenes, entró más tarde a formar parte de la radio comunitaria Onda Verde y de ahí, a raíz de un curso de formación sobre racismo y xenofobia impartido por Esteban Ibarra –actual Presidente de Movimiento Contra la Intolerancia–, derivó a Jóvenes Contra la Intolerancia, que así se llamaba en un principio el que hoy es uno de los principales nodos de la resistencia a los avances del odio.

"Nos hemos personado en casos muy graves en España de asesinatos racistas"

Quien crea que esto es un juego, se equivoca. Es compromiso, una responsabilidad enorme detrás. Y ciertos peligros.

–¿Vuestra lucha os ha reportado problemas personales en algún momento? Amenazas...

–Sí, sí, sí, por supuesto. Yo creo que a todas las personas que luchan por los Derechos Humanos en todos los países del mundo. Nosotros a lo mejor no tenemos situaciones en que se te llega a asesinar o se queman los locales constantemente, pero en Europa sí.

No es del todo desacertado decir que el papel de los trabajadores sociales en España, al menos para una gran mayoría, está invisibilizado, realidad que se podría situar en el centro de las causas que han podido motivar esa subida de cifras de la que hablábamos antes. Menos resistencia, más intolerancia. En este tablero tan complejo, los voluntarios cobran importancia. Ellos son la nueva ofensiva. Las filas de la resistencia, parafraseando al uruguayo Eduardo Galeano, se engrosan a menudo con la suma de gente pequeña haciendo cosas pequeñas para lograr cambiar el mundo.

El caso de Alexandra Posac es diferente. Pese a no estar metida de lleno en cuestiones de lucha contra la discriminación racial, sí conoce de primera mano determinadas necesidades y sabe de la importancia que tiene en este contexto el trabajo social, en cualquiera de sus manifestaciones. Por algo forma parte de la Asociación de Voluntariado de la Universidad de la Valladolid, donde nos cita a las doce de la mañana de un jueves. El hall y la sala principal están vacíos. La puerta del despacho está entreabierta.

–Hola, buenos días –entramos–; ¿Alexandra o Alejandra?

–Alexandra, Alejandra, Sandra… como queráis. En seguida os atiendo, ¿vale? Dadme diez minutos, que ha venido un chico a informarse sobre voluntariado.

Ser la cara visible al público tiene sus exigencias. Unas cuantas mesas unidas en dos bloques agrandan el espacio de trabajo y multitud de carteles en las paredes nos distraen durante la breve espera.

"El voluntariado va ligado a una injusticia social, es bueno dar voz a los 'Sin voz'"

Finalizada la entrevista, entre los pasillos del edificio UVasociaciones que sirve de centro de operaciones del voluntariado y el activismo universitario, un cartel rojo y naranja con una foto de un grupo de niños llama nuestra atención: “Bienvenidos refugiados. Chocolatada Solidaria”. Había llegado el momento de saber un poco más de la crisis de refugiados que tanta repercusión social, política y mediática está teniendo en España y en el resto de Europa. El drama en nuestra mano, en un entorno cercano al que acudir.

El concepto del odio más básico y simplista ha tomado como foco de marginación y menosprecio a los refugiados. La sociedad, en algunos casos, se ha dejado convencer del argumento falaz del peligro que pueden tener y ya hemos podido observar las pésimas consecuencias de esta forma de pensar. Peligro inexistente en un entorno en el que los principales responsables de estos ideales son los que ponen en riesgo el principio de valores vigente en Occidente. Los refugiados, un colectivo que sufre el racismo tanto como la discriminación por su religión, tiene voz, aunque se contabilice en pocos números.

Las cifras no mienten. ¿Cuáles son los últimos datos de la acogida de refugiados en España, en relación a otros países? Estados del llamado Tercer Mundo nos superan en solidaridad.

Cartel informativo visto en la Chocolatada Solidaria en favor de las personas refugiadas que se llevó a cabo en la Plaza de España, en Valladolid, el pasado sábado 26 de noviembre

Llega el sábado y nos dirigimos a la Plaza de España. Allí, entre el sonido de una guitarra y el canto melancólico de un cantautor que intenta reflejar su denuncia ante el sistema de valores de la sociedad occidental, un pequeño grupo de voluntarios se halla en una mesa con pancartas y vasos de chocolate que ofrecer al público. Del resto de personas, unos pasan como si nada estuviera sucediendo y otros se detienen a mirar el pequeño cúmulo y dicen en voz baja: “¿Qué es esto? ¡Ah! Es por los refugiados”, pero nada más. Siguen andando.

Momento de desahogo en el reparto solidario de chocolate

Los que habían acudido allí se esforzaban por alentar a los voluntarios y sonreír a los transeúntes a pesar del frío. Entre esa gente, un hombre de avanzada edad nos sonríe. Martín Rodríguez Rojo, un hombre que se sigue movilizando en favor de toda causa social, conoce de primera mano el drama de los refugiados por su estancia en uno de los campamentos localizados en Grecia. El diálogo fluye entre nosotros. Su carisma y energía motiva a más de uno a sonreír y aplaudir ante la labor de los asistentes.

Apenas dos días después, llega el momento de hablar serenamente con Martín, por lo que volvemos a la oficina de Voluntariado de la UVa y allí está, sentado en una mesa central con un compañero de trabajo. Es el momento de conocer su trayectoria ligada a la movilización, al voluntariado, y su visión actual sobre las formas de intolerancia y discriminación. Refugiados, racismo, xenofobia…Todo ello desde el prisma de quien ha visto realidades lejanas en primera persona.

"La sociedad capitalista que se rige por los valores del 'tener' y no del 'ser' fecunda y estimula el odio"

Y de la frialdad dominante en el ámbito internacional o comunitario a la cercanía más absoluta del plano local a menudo no hay tanta distancia. Más aún cuando se trata de personas que luchan por los demás, con una oposición ferviente o solapada a la intransigencia. Da igual dónde, lo importante es hacerlo.

Son las cuatro de la tarde de un día bastante primaveral. Un lunes de falso entretiempo. No hay frío en las calles, ni ruido alguno. Nos adentramos en el barrio de la Rondilla. Con cada avance se percibe la cercanía de su gente, se conocen todos. Se respira calidez humana. Personas de varias culturas se cruzan en nuestro camino.

Vista exterior de las oficinas de la Fundación Rondilla
Fotografías tomadas en la calle del Olmo, de camino a la Fundación. El barrio se muestra en contra de los Centros de Internamiento para Extranjeros y de las fronteras

Después de alguna vuelta al no saber localizar el establecimiento, caminamos intuitivamente por la calle Nebrija. Se vislumbra un pequeño cartel: Fundación Rondilla, de la Asociación Vecinal Rondilla. Nada más empujar la puerta, varias personas nos devuelven la mirada desde una antesala. Se escuchan diferentes lenguas dentro de ese pequeño lugar y, entre todo el sonido, quienes están allí sonríen y saludan a todo aquel que entra por la puerta.

Todos tienen un objetivo común: la integración social en uno de los pequeños barrios de la capital vallisoletana. Desde allí, Asunción Herrero y Carmen Quintero asesoran a la población extranjera en materia jurídica, social y laboral. Contribuyen a que la gente de fuera tenga los mismos derechos y posibilidades que el resto. Colaboran por una integración desde dentro, empezando con los barrios como ejemplo de sociedad sin prejuicios. Su forma particular de decir ‘no’ al odio.

Las posibilidades son enormes allí dentro, pero el espacio muy limitado para nuestra entrevista. De cualquier forma, encontramos un pequeño rincón en el que hablar. La conversación empieza entre el ruido que llega de la sala de espera, en un lugar en el que el trato cercano y la amabilidad están por encima de todo.

"En determinados sectores todavía hay cierto racismo; en ofertas de trabajo, hay veces que te piden que no sea negra, que no lleve pañuelo..."

Los avances de la lucha son notorios, aunque tal vez no a corto plazo, ni a medio. Porque como se desprende de las propias palabras de Martín Rodríguez Rojo, todo cambio a mejor en un sistema estructurado de desigualdades es "labor de siglos". Porque lo medios son limitados. Porque el odio es libre. Siempre queda, no obstante, la esperanza de lo incierto de su premonición, como quedará para el recuerdo el trabajo desinteresado y digno de quienes se levantan cada mañana dispuestos a enfrentarlo.

¿Quieres saber más?

¿Sabes cómo actuar ante la presencia de una dinámica de odio?

  1. Si estás al tanto de un caso de intolerancia y discriminación, acude a la Oficina de Solidaridad más cercana o llama al 901 10 13 75 (teléfono y servicio gratuito).
  2. Si has sufrido agresiones o amenazas, puedes recoger los testimonios de gente que lo haya presenciado, datos sobre los agresores y poner una denuncia en la comisaría de policía más cercana o el Juzgado de Guardia de tu localidad.
  3. Si has sufrido una agresión física violenta, dirígete a un Centro Médico, pide el informe y presenta una denuncia a partir de él.

¿Conoces la simbología racista y xenófoba más habitual en los estadios de fútbol españoles?

Si estás interesado en profundizar en esta realidad, puedes acudir a los siguientes documentos...

¿Tienes curiosidad por saber lo que escribió la gente para los refugiados?

La Chocolatada Solidaria que organizó el Colectivo Indignado de Valladolid en la Plaza de España el pasado sábado 26 de noviembre tuvo muchas cosas buenas. Entre ellas, una libreta. Sí, una libreta. Se dejó un pequeño cuaderno en la mesa donde se repartía el chocolate para que los asistentes pudiesen dedicar unas palabras a los niños refugiados y éstas son algunas de ellas:

Si quieres contactar con nosotros, puedes hacerlo a través de las siguientes direcciones de correo electrónico: sanjoseherrero@gmail.com y willruizlema@gmail.com

Created By
Óscar San José Herrero
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