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La rabia: incurable y MORTAL Conoce una enfermedad que causa miles de muertes al año. La buena noticia es que se puede prevenir.

Mercedes González Fernández de Castro
La rabia no es solo un estado de ánimo de enfado o furia: es una enfermedad mortal que todavía está presente en muchas zonas del mundo. Todavía queda mucho trabajo por hacer.

Aquí ya no tenemos memoria...

En España, las generaciones más jóvenes no recordamos ni tenemos conciencia del peligro que podría suponer un perro desconocido vagando suelto por la calle. Pero los mayores aún recordaban lo que era un caso de rabia, qué síntomas presentaba el perro afectado y qué peligrosa era la mordedura porque podía transmitir la enfermedad, que se desarrollaba muy rápidamente, los síntomas eran terribles, y no había cura. Así que de niños nos enseñaron a no acercarnos a los perros callejeros desconocidos porque podían mordernos y podríamos ponernos muy enfermos. Sin embargo, en España se considera erradicada la rabia salvaje desde 1966 a pesar de un brote en 1975 que se logró controlar y extinguir, pero no debemos olvidar que continúa presente en Marruecos, que Francia y Portugal tienen casos esporádicos, que todavía existen países europeos donde la rabia sigue activa, y que los murciélagos también son animales que la transmiten y el virus está presente en nuestro país (aunque otra variedad diferente a la rabia furiosa transmitida por perros, pero existe un plan preventivo para evitar contagios). A pesar de todo esto, las medidas de protección y prevención que se llevan aplicando desde hace décadas han demostrado ser eficaces y por el momento podemos afirmar que nuestra población canina, y por tanto la humana, se encuentran protegidas, aunque las autoridades sanitarias deben conocer los protocolos de actuación en caso de aparición de un brote, y se deben seguir aplicando las medidas de profilaxis que veremos más adelante.

Hay que tener mucho cuidado con los perros desconocidos que muestran señales de agresividad.

Etiología: ¿cuál es la causa de la rabia?

La rabia está causada por un virus del género Lyssavirus, que a su vez pertenece a la familia Rhabdoviridae. Son virus con una forma característica de bala, y tienen un genoma compuesto por ARN que está encapsulado por una glicoproteína que presenta espículas en su superficie. La enfermedad se conoce desde hace siglos, pero el primero que identificó un virus como causa de la rabia fue Louis Pasteur en 1880.

Esquema de la estructura y composición del virus de la rabia (fuente: CDC)

Epidemiología: ¿en qué lugares está presente la rabia? ¿Cómo se transmite?

Situación epidemiológica

La rabia está presente en aproximadamente 150 países y territorios, aunque cada seis meses se publica el mapa epidemiológico de las zonas afectadas para monitorizar cambios en la evolución de la enfermedad, situaciones de control, aparición de nuevos brotes o dispersión, etc., para reconducir las estrategias de disminución de la incidencia. Esto supone que las dos terceras partes del mundo todavía están infectadas, especialmente los países de Asia y África, donde se producen decenas de muertes anualmente. El 40% de las personas mordidas por un animal del que se sospecha que padece rabia son niños menores de 15 años (Organización Mundial de la Salud, OMS). El 80% de los casos se dan en zonas rurales, que suelen tener poco acceso a las campañas informativas sobre las medidas de prevención, y más del 95% de los casos de rabias en el ser humano se debe a las mordeduras de perros (Organización Mundial de Sanidad Animal, OIE). Otros animales que pueden transmitir la rabia en zonas endémicas son los mapaches, los murciélagos, los zorros, y otros pequeños mamíferos como las mofetas, los visones o los hurones, por lo que también deben formar parte de los planes de control y erradicación. Los perros o los animales salvajes que son portadores del virus pueden transmitir la rabia al ganado, que también puede desarrollar la enfermedad y tiene capacidad infectiva, aunque en menos proporción que los perros, que son los principales transmisores.

Modo de transmisión y patofisiología

El principal modo de transmisión es a través de la mordedura de un perro que puede llevar infectado desde catorce días antes de manifestar síntomas hasta cinco días después de ser sintomático, y porta altas cantidades de material vírico infectivo en las glándulas salivales. El virus penetra en el organismo de la persona a través de la herida producida por la mordedura cuando se rompe la piel. También es posible la transmisión a través de aerosoles cuando hay altas concentraciones víricas (por ejemplo, en cuevas de murciélagos poco ventiladas), o a través de las mucosas (la ocular, por ejemplo), pero jamás a través de la piel intacta. Cuando el virus ya ha penetrado, comienza un periodo de incubación cuya duración media es de cinco días a un año, con un promedio de veinte días. Tras una probable replicación en el tejido muscular adyacente a la herida, el virus pasa al tejido neurológico periférico, replicándose y diseminándose a través de los axones en dirección central hacia el encéfalo. La velocidad de diseminación y de desarrollo de la enfermedad es más rápido cuanto más cercana esté la mordedura al encéfalo. Finalmente se produce una encefalitis rábica, con edema cerebral, afección del tronco del encéfalo, alteración de pares craneales, parálisis progresiva, coma y muerte por apnea.

Heridas por mordedura de perro en la pierna, con pérdida de solución de continuidad de la piel y riesgo de penetración del virus de la rabia.
Mapa de la distribución mundial de la rabia durante 2018. Los códigos de colores indican los países donde está ausente y presente (fuente: OIE).

Síntomas de la rabia en los perros

En los perros, la transmisión de la rabia también es por mordedura entre ellos. Una vez que el virus está presente en el encéfalo, pasa a las glándulas salivales a través de los nervios, donde quedará acantonado aunque activo y será transmisible a otros animales o a las personas a través de una mordedura. Los síntomas de la rabia en los perros pueden ser de dos tipos:

  • La rabia furiosa: cambia el comportamiento de los perros y se vuelven más ansiosos, responden con alta sensibilidad a los estímulos sonoros, táctiles o visuales, muestran una alta agresividad y la alternan con periodos de depresión. Esta es la forma más peligrosa, ya que al perder el control de su conducta son propensos a los ataques a las personas. Después van sufiendo una parálisis progresiva que termina en la muerte.
  • La rabia muda o paralítica: en estos casos, los perros tienden a sufrir parálisis, depresión o una docilidad inusual. La parálisis suele afectar sobre todo a la cara y el cuello, por lo que son incapaces de tragar y muestran sialorrea o exceso de salivación que no pueden tragar y se puede mostrar en forma de espuma en la boca. Las patas traseras se ven afectadas en primer lugar, por lo que el animal se ve incapaz de desplazarse, después la parálisis continúa avanzando hasta que desemboca en coma y la muerte.

Este vídeo muestra los síntomas de la forma furiosa de la rabia en un perro:

Síntomas de la rabia en los seres humanos

La enfermedad aún tiene una tasa de mortalidad del 99%. Aunque se recomienda que después de sufrir una mordedura de un perro sospechoso es fundamental lavar la herida lo antes posible con agua y jabón, inyectar inmediatamente inmunoglobulinas y aplicar una vacuna antirrábica durante el periodo de incubación, dado que la mayoría de los casos se dan en países y territorios donde estos recursos no suelen estar disponibles, en general por mucho que se intente, la persona mordida suele estar condenada a sufrir una enfermedad terrible e inevitablemente mortal. Tras un periodo variable de incubación que dura entre una semana y un año con una media de 1-2 meses, el paciente suele sufrir fiebre y malestar general,nauseas y vómitos, mialgia, dolor, parestesia y fasciculaciones en la herida producida por la mordedura. La enfermedad progresa cuando aparece la encefalitis, alternando fases de excitación y depresión, agresividad y alucinaciones, espasmos y convulsiones, aumento de la sensibilidad a la luz, los sonidos y al tacto, y sialorrea, entre otros síntomas. En la fase final hay un deterioro rápido con parálisis facial y disfagia, que junto con la sialorrea produce el efecto de espuma en la boca, hidrofobia (contracción involuntaria y violenta del diafragma, los músculos laríngeos y faríngeos y respiratorios auxiliares que se desencadenan cuando se degluten líquidos). Finalmente el paciente entra en coma y fallece por parálisis de la musculatura respiratoria de origen central.

En el siguiente vídeo se muestra la evolución de un caso de rabia en un paciente humano:

La clave está en la prevención: la vacunación salva miles de vidas

La OIE recomienda las siguientes medidas de prevención y control de la enfermedad en las áreas endémicas:

  • Vacunación de todos los animales, incluso en los países o áreas donde no esté presente. Por ejemplo: España está declarada como libre de rabia, pero la vacunación e identificación es obligatoria.
  • Es una enfermedad de declaración obligatoria: se debe vigilar la aparición de casos sospechosos, y declarar su aparición.
  • Programas de seguimiento y control de rabia en los animales salvajes, incluyendo la vacunación.
  • Programas de control de población y vacunación de animales vagabundos.

En los perros, los planes preventivos se basan sobre todo en la vacunación de las poblaciones caninas, para lo que resulta fundamental realizar primero censos, identificación de los individuos y programas de control de la población. Estos objetivos se plantean involucrando a los colectivos veterinarios locales dotándoles de los medios adecuados, pero también concienciando a la población mediante conferencias y material educativo.

Un ejemplo de los materiales educativos que entrega la OIE en los países en desarrollo donde la rabia es endémica
Ejemplo de cartel de concienciación ciudadana para recordar a los propietarios la importancia de la vacunación de los perros en una región de España (país libre de rabia)

Para prevenir los casos de rabia en los seres humanos, las campañas preventivas se enfocan en la prevención de mordeduras, sobre todo en los niños. También se educa a las poblaciones sobre la responsabilidad de mantener perros en las comunidades y los cuidados que necesitan, y cómo actuar en caso de enfrentarse a perros sospechosos y en caso de mordedura.

Celebración del Día Mundial de la Rabia en India, con jornadas educativas para niños.
Campaña de vacunación y educación en Tanzania

Es muy interesante este vídeo sobre la estrategia de la OIE (Organización Mundial de Salud Aninal) en el que se explica cómo desarrollan los bancos de vacunas de la rabia para los países que lo necesitan:

El 28 de septiembre se celebra cada año el día internacional de lucha contra la rabia, durante el cual se celebran jornadas especiales de educación y sensibilización, especialmente en los países de mayor riesgo, aunque siempre se anima a la población a organizar eventos educativos en cualquier parte del mundo. Estos actos, junto con el resto de la estrategia global de lucha contra la rabia, persigue el objetivo de lograr CERO CASOS para 2030. Dado que las medidas preventivas son muy sencillas y tienen un beneficio espectacular respecto al riesgo de la enfermedad, las personas de las zonas endémicas suelen colaborar con mucho entusiasmo y se va logrando reducir la incidencia de casos. Para las jornadas formativas, la OIE proporciona a todos los que quieran participar materiales como los que se muestran en la página web, y anima a todos a compartirlos en las redes sociales usando los hashtag #Rabies #Zeroby30 #WorldRabiesDay

Referencias

Créditos de las imágenes

  • Daniel Andrés Forero
  • Víctor Iglesias
  • dimitri_c
  • bandak
  • n_u_t
  • cparks
  • www.missionrabies.com
  • cynoclub
  • user6740038
  • meaw.za.9
  • OIE
  • OMS
  • Yoenten Phuentshok
  • Sarah Cleaveland
  • ScienceDirect
Created By
Mercedes González
Appreciate

Credits:

Daniel Andrés Forero, Víctor Iglesias, dimitri_c, bandak, n_u_t, parks, cynoclub, user6740038, meaw.za.9, OIE, OMS, Yoenten Phuentshok, Sarah Cleaveland, ScienceDirect

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