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Una fuerte llamada a la conversión personal, comunitaria e institucional

Las Preferencias no nos llaman a empezar a hacer cosas inauditas. Pero sí nos invitan a convertir nuestra manera de ser apóstoles en todo lo que hacemos, integrando todo en una visión más profunda de nuestro servicio como colaboradores de la misión en el mundo de hoy.

1. A Al comenzar mi oración, pido la Gracia: de dejarme convertir por la acción del Espíritu en mi vida.
2. Escucho a Jesús dirigiéndose a mí ahora. Y deseo la libertad de Pablo.

“El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” (Mc 1: 15)

Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo alcanzado ya; pero una cosa sí hago: me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, y me extiendo hacia lo que está adelante; ¡prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús! (Flp 3: 13-14)

3. Con esta actitud, considero el tipo de conversión a la que nos llaman las PAU.

“se ha vivido como una fuerte llamada a la conversión personal, comunitaria e institucional. Recibir las preferencias significa iniciar de inmediato su puesta en práctica cambiando los estilos de vida y trabajo que obstaculizan la renovación de las personas, comunidades y obras comprometidas en la misión.”

“las preferencias son un instrumento para profundizar el estilo de vida-misión indicado por la CG 36 cuando ésta nos invita a la renovación espiritual y apostólica, incorporando el discernimiento, la colaboración con los demás y el trabajo en red en nuestra vida cotidiana.”

“Hemos sentido con fuerza que las preferencias ayudarán al cuerpo apostólico de la Compañía si mantienen claramente la unidad entre vida y misión; si las entendemos como orientaciones que van más allá de “hacer algo” y llegan a transformarnos como personas, como comunidades religiosas y como obras e instituciones apostólicas en las que colaboramos con otros.”

“Las preferencias apostólicas universales nos llevan a superar toda forma de auto-referencialidad o corporativismo y así convertirnos en auténticos colaboradores en la misión del Señor compartida con tantas personas dentro y fuera de la Iglesia.”

  • ¿Cómo está mi deseo de conversión? ¿Cuáles son las resistencias más fuertes que siento?
  • ¿Qué puede significar para mí una conversión en el ser más que en el hacer?
Considero estas preguntas y hablo de ellas con el Señor.
4. Después de mi oración, releo la sección III de la carta del P. General, La necesaria conversión personal, comunitaria e institucional (p. 8-10), resaltando especialmente la llamada a la profundidad espiritual e intelectual, al discernimiento comunitario y a la profundización de la colaboración.

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