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Mare Nostrum

Nacer en el Mediterráneo significa formar parte de él. El Mare Nostrum (nuestro mar) es canal de comercio desde los fenicios y puente de culturas entre las orillas de Occidente y Oriente.

Desde la infancia tomamos conciencia del hecho migratorio. Muchos hemos crecido con las historias de nuestros abuelos sobre travesías de inmigrantes españoles. Esos recuerdos se repiten en el presente, en la vida de miles de personas que huyen de sus países, desgarrados por la tragedia, para ser “juzgados” en las aguas del Mediterráneo.

Más de 7.000 migrantes han perdido la vida intentando cruzar este mar en los últimos dos años. Guerras, hambrunas, persecuciones… Son muchas las razones que desencadenan la huida. Y al emprender el viaje del no retorno una pregunta cíclica se repite: ¿Qué les espera?

Europa deshumaniza esta tragedia dibujando números y protegiendo sus fronteras. No querer entender las razones por las que nuestros hermanos geográficos dejaron su vida es no conocernos a nosotros mismos.

Contar esto es nuestro afán. Explicar las razones es nuestra obligación. Abordar el problema implica hacerse cargo de las causas de este desesperado viaje de guerra y éxodo.

La exposición “Mare Nostrum” es una profundización visual sobre este fenómeno. Su objetivo principal es generar en el visitante una reflexión crítica sobre la situación de guerra y sus consecuencias en la cuenca del Mare Nostrum, así como ahondar en la realidad de los refugiados desde la individualización de su desamparo. El avance narrativo de las fotografías simboliza las familias que, obligadas por la violencia, han abandonado sus hogares, y el duro camino que han de recorrer por el continente europeo.

Una de las principales razones de estas migraciones es la guerra. Por un lado el conflicto en Siria, que estalló en 2011, ha crecido exponencialmente. Una de sus consecuencias es la muerte: decenas de miles de personas han perdido la vida; y la otra son los desplazamientos: más de 4,6 millones de refugiados (datos de la ONU). Otras guerras son las de Sudán, que ha vuelto al conflicto tras cinco años de paz; Libia, hundida en la violencia desde el asesinato de Gadafi en 2011 o la República Democrática del Congo que, tras la guerra civil, ha visto cómo las violaciones de los derechos humanos en las regiones del este han dejado miles de muertos y desplazados.

Cuando las familias dejan sus casas intentando escapar de la guerra, los secuestros, la trata de personas y el hambre, llegan a las fronteras con otros países. Estos límites son a veces políticos, como las que separan a Marruecos de España, o la de Grecia con Macedonia. En estos pasos se levantan alambradas que las familias intentan saltar o atravesar con dolorosas consecuencias. En otras ocasiones las fronteras son naturales. El mar Mediterráneo, el Mare Nostrum, es la frontera que deben alcanzar y cruzar los migrantes que salen de Libia o Turquía.

La huida comienza cuando las familias se ven empujados a salir del hogar, pero la situación sostenida de desplazamiento se transforma en un éxodo masivo de personas. Entonces, una situación coyuntural, sobrevenida por una guerra, el hambre o los grupos terroristas, se convierte en un drama estructural y global que afecta a otros países a veces muy alejados de la nación materna. En ocasiones, la huida se paraliza sine die ya que pueden quedar atrapados en los campos de refugiados, ser trasladados a otros países, pueden separar o perder miembros de una misma familia, y entonces el éxodo es un embudo inmóvil en territorios desconocidos.

Las personas que consiguen sobrevivir a la guerra y los pasos fronterizos, y que han logrado salir de los campos de refugiados y terminar su huida no pueden dar por hecho su seguridad, respeto o alimento ya que por el camino pueden sufrir abusos, detenciones ilegales o secuestros. Algunos han podido huir y entrar ilegalmente en algún país europeo en el que, por su condición irregular, no podrá recibir toda la ayuda que necesita. En el mejor de los casos podrán ser acogidos legalmente en algún país del Mare Nostrum o seguir su éxodo a otros continentes, como el americano. En todo caso, la incertidumbre por su futuro a corto y medio plazo es el sentimiento más fuerte que tienen los migrantes de la guerra y el éxodo.

Esta muestra es fruto de años de trabajo en condiciones crueles para la vida y uno de sus objetivos es despertar preguntas en el espectador sobre la tragedia, las consecuencias de la guerra y la necesidad de individualizar y por tanto, humanizar, a los desplazados. Las fotografías de MeMo van más allá de la imagen como ventana y nos enseñan el drama sin filtros.

La cooperativa MeMo está formada por cinco fotoperiodistas que arriesgan sus vidas en los lugares más peligrosos y desagradables del planeta. Son la mirada reflexiva y crítica de una sociedad que los necesita, aunque no se dé cuenta de su papel clave en el mantenimiento de la delicada democracia y la justicia. Dan voz a los que sufren y nadie atiende.

Manu Brabo (España, 1981), Fabio Bucciarelli (Italia, 1980), José Colón (España, 1975), Diego Ibarra Sánchez (España, 1982) y Guillem Valle (España, 1983) han viajado, vivido y convivido con los migrantes de la cuenca del Mediterráneo, desde las guerras de las que huyen, hasta los países que (no) les acogen, pasando por el mar, las fronteras y los campamentos. Han arriesgado su vida y su salud en el mismo centro del fuego cruzado, han dormido en casas abandonadas, han sido secuestrados, liberados, heridos y abandonados. Quizás por eso, y por su profesionalidad y experiencia, conocen y entienden tan profundamente el drama de los movimientos masivos de personas que están sucediendo en la cuenca del mar Mediterráneo.

Mare Nostrum

Vestíbulo del Auditorio

Del 5 de octubre de 2017 al 7 de enero de 2018

Avda. del Zinc, s/n 33490 Avilés

Tel.: 984 835 031

Horarios

De miércoles a domingo de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00 h

Entrada

3 € general / 2,5 € reducida

Created By
Educa Niemeyer
Appreciate

Credits:

MeMo

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