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Ullupaku Dominatrix: transgredir lo trans MOVIMIENTO MARICAS BOLIVIA /// Apthapi: reflexiones en torno a las identidades indígenas y diversidades sexuales y de género

Laura Libertad Alvarez Mollinedo: Ullupaku Dominatrix es quechua, ingeniera agrónoma, integrante y representante legal de OTRAF

“¿Qué comprende lo normal?”, se pregunta Laura mientras mira hacia atrás, hacia su vida “normal”. La normalidad ajena a ella: la de un varón incomprendido que no aceptaba su ser mujer. Por este motivo vivía conflictuado desde la niñez; porque Laura coexistía clandestina, oculta, íntima en su soledad.

Lo demás fue lo normal: el matrimonio y el divorcio, el trabajo y los encuentros sexuales, la carrera universitaria, el colegio, la escuela, la familia, la vida repitiendo infinitamente la normalidad.

“¿Qué comprende lo normal?”, se pregunta Laura mientras desata los recuerdos de sus ocho años: el niño que se sentía bien ensayándose encajes, corpiños y batas, cuando nadie estaba en su casa, y tenía a su disposición toda la ropa de las tías y las primas.

Toda la felicidad expresada en ese “sentirse bien”. Tan sencillo y tan difícil para un niño que usaba labiales frente al espejo entre la excitación y el miedo, entre la culpa y la felicidad de ser también una niña.

“Mi familia crió a una niña y no quisieron percatarse de aquello”, dice Laura mientras relata el episodio del abuelo comentándole a la abuela: ¿kay chi’ticito huarmicita jina y? (¿este chiquito como mujercita nomás es no?) y la abuela respondiendo con una sonrisa mientras la observaba como tejiendo una complicidad femenina entre ellas.

Lo normal para Laura sería identificarse como mujer trans. Pero esa categoría no la identifica, porque prefiere no encasillarse en ninguna y antepone la defensa de su autonomía -política, corporal, sexual, de género- que encontró en su autoidentificación como Ullupaku Dominatrix.

Ullupaku es un neologismo en lengua quechua utilizada por Laura para autodenominarse como “mujer con pene”. Es parte de su identidad de género y autoidentificación cultural indígena. Ullu significa “falo, pene” y sipaku “buena moza, mujer joven, casadera, de buen aspecto y buenas cualidades”.

¿Qué se sabe de la población trans en las culturas prehispánicas, anteriores a la conquista?

En las culturas prehispánicas casi no hay una referencia concreta de la transexualidad porque no se puede saber (con exactitud) cómo expresaban su sexualidad estas culturas. En el diccionario (aymara) de Ludovico Bertonio no hay términos como transexual, travesti, transgénero, son muy modernos.

Tal vez, incluso, el término q'iwsa o q'iwa sigue siendo colonial, porque en lo prehispánico no había. Todo se remitía a un mundo con prácticas de sexualidad diversa, lo que hoy podría ser llamado homosexual.

En Perú se han hecho algunas excavaciones y no han hallado cuestiones de lo trans, pero sí del mundo homosexual. Algunas vasijas y estatuillas prehispánicas dan lugar a interpretaciones diferentes cuando se ve a dos figuritas teniendo relaciones sexuales anales.

Ya cuando llegan los españoles recién se nombran (estas prácticas, homosexuales y transexuales) porque la iglesia se ocupa de cuestionar esto y lo oculta. En esta medida, lo sanciona y lo invisibiliza.

"Los perros de Balboa contra los indígenas sodomitas". Tomado de Americae Pars Quarta, Ámsterdam, 1592

¿Hay lugar para las personas trans, hombres y mujeres, en las comunidades indígenas de hoy?

Cualquier persona homosexual o transexual que nace y vive en una comunidad indígena difícilmente podría expresar su sexualidad, porque está muy arraigado el ser macho o hembra, ser hombre o mujer. Además, la cultura misma está muy sexualizada.

En el mundo indígena el carácter macho y hembra está muy enraizado, está naturalizado.

En las investigaciones que he logrado hacer, cuando trabajaba mi tesis de licenciatura en Agronomía, logré evidenciar que el territorio sufre y ha sufrido una sexualización, por eso el territorio se separa en un lado hembra y otro macho.

El lado hembra es el lado donde se produce más, hay más verdor, más humedad y más agua. El lado árido, pedregoso, pajoso, es el lado macho.

Ahora, ¿qué hacemos con esos dos lugares donde se expresa la sexualidad y el género en la naturaleza, en el territorio? Hay margen para que puedas jugar en la época de siembra, para que puedas construir tu casa en cualquiera de esos dos lugares. Si quieres disfrutar de las piedras o quieres que no te asalte el agua, te vas al lado macho, pero si quieres aprovechar la sombra de los árboles, o tener riego a mano, te vas al lado hembra. Estás sexualizando tu territorio.

Y digo "sexualizar" porque le da un carácter de macho y hembra. Entonces, (el respeto) a las personas con orientación sexual e identidad de género diversa en el mundo indígena ha sido muy difícil porque la iglesia se ha ocupado de ocultarlo. El mundo homosexual ha sido totalmente oculto y el mundo transexual peor. Ahora, que a ese lugar macho yo lo quiera convertir en hembra es muy difícil, pero se puede y en la modernidad se ha hecho.

Cuando en un lugar macho donde hay piedras, árido y pedregoso, se construyen terrazas y (hay) un proyecto de arborización se vuelve hembra, porque se llena de verdor. Y si por alguna sequía a ese lado hembra le toca estar seco se volvió macho, transmuta. Se puede jugar con el carácter sexual en el campo.

Con el ganado también se hace lo mismo. Un burro que denota un carácter macho se puede volver hembra, no (hablo) del carácter del sexo genital, sino en el ejercicio que se hace de este animal. Si ese burrito es medio delicado y no puede soportar carga ya se ha vuelto hembra; si esa burra, hembra, es fuerte y soporta carga se vuelve macho, animal de carga.

La misma comunidad en el campo ha hecho que se pueda jugar con la naturaleza. Esta sexualidad del territorio no es estática; el género tal vez sí, porque está delimitado y además que es un constructo social.

La aceptación a la población homosexual y transexual es muy difícil, yo he logrado ver mujeres transexuales en Lahuachaca1. Sin embargo, les cortan las trenzas, les obligan a suspenderse las polleras, las exponen, además que se aprovechan porque juega mucho el morbo de las autoridades y de la población masculina en general.

Todos estos indicadores de territorio macho o hembra, de la mama phaxsi y el tata inti, ya han sexualizado al ser genérico. No obstante, hay gente que expresa (su diversa orientación sexual o identidad de género), pero, como no es aceptado, no está considerado (en la comunidad).

¿Qué hace entonces el homosexual o la transexual indígena? Se viene a la parte urbana, a la ciudad. Aquí se vienen a la ciudad de El Alto, a Quillacollo en Cochabamba, a Montero en Santa Cruz. Primero “transicionan” en el lugar donde está mezclada lo indígena y lo campesino. Cuando se animan a ser “más urbanos” recién se van a Santa Cruz, La Paz o Cochabamba.

En Yacuiba lo propio, en las zonas fronterizas el ser indígena con diversa orientación sexual o identidad de género hace de que se vayan del país. Se pasan directo a Argentina.

En la frontera con Brasil se van a Rio Branco, a Brasileia o se pasan hasta Porto Alegre, donde ya pueden expresar su sexualidad y su género.

El indígena se vuelve migrante, la mujer trans indígena se vuelve migrante y se va a otro lugar y no quiere saber nada de su comunidad.

Ahí es donde sufre un riesgo lo indígena porque se sacrifica toda su raíz, se moderniza. La mujer trans quiere ser Barbie, se vuelve rubia, quiere tener ojos azules, se hace muchas cirugías para decirle a este mundo que es mujer, pero un estereotipo de mujer.

Tiene que tener la piel blanca, se decolora la piel, ya que el ser morena no es aceptada fácilmente porque denota una raíz indígena, todavía “bajeada” e indiferenciada. Tiene que ser blanca, poderosa, rica, mejor si es modelo o miss. Entonces, el mundo de las mujeres trans está sufriendo esa pérdida de su raíz cultural.

Dentro de las discusiones de las identidades indígenas y la transexualidad tú planteas lo Ullupaku, ¿qué significa y cómo interpela esa lógica estereotipada de lo trans?

Los términos homosexual y transexual son términos médicos que han surgido en un contexto de patologización de la diversa orientación sexual e identidad de género. A su vez, estos términos fueron implementados por el discurso médico, desde la Organización Mundial de la Salud y eso es, precisamente, lo que cuestiono.

Cuando yo me autodenomino como una mujer con pene, estoy rompiendo con ese discurso médico, porque el sistema de salud no va aceptar una mujer con pene. La mujer para el sistema de salud tiene vagina y el hombre debe tener pene. Si no es así, ese cuerpo es calificado de defectuoso.

Cuando les digo “soy mujer con pene” se rasgan las vestiduras. Las mismas compañeras trans dicen “no pues Laura, se supone que eres transexual, somos transgénero, somos mujeres”. Ahí es donde interpelo la genitalidad del género binario y le doy un carácter político, porque quien habla es el cuerpo, están hablando los cuerpos trans.

Cuando dos gaís tienen relaciones sexuales, están cuestionando aquel tipo de relación donde el pene y la vagina son protagonistas, peor si esos homosexuales tienen relaciones coitales anales. La medicina dice no, la psicología dice no, “ahí no se mete nada, eso solo tiene uso fisiológico”. Si unas lesbianas quieren usar la lengua en la vagina, también: “la lengua es para hablar y para comer”.

Cuando yo me autodenomino una mujer con pene, estoy diciéndole a este mundo que el carácter sexual, genital no te define. Yo modifico mi cuerpo y digo que mi cuerpo es el que hace ejercicio político en la sociedad, no hay otro que haga ejercicio político en este mundo y para el mundo trans el cuerpo habla.

Yo he modificado mi cuerpo, me he puesto tetas, me he puesto siliconas, tomo hormonas. Cuando me dicen “¿por qué no te sacas el pene?”, yo respondo “¿y mi placer sexual, qué podemos hacer sin placer sexual?”. Yo no puedo sacrificar eso en pos de que un par de médicos o psiquiatras me digan que para ser mujer tienes que cortarte los testículos y el pene, o abusar de hormonas.

Ahora, al ser ullupaku yo le he dado ese carácter del idioma quechua; ullu significa pene y la mujer que dice ser joven y activa sexualmente se llama sipaku, es la mujer que todavía puede hacer ejercicio de su vida sexual. Entonces, yo soy una ullupaku, vivo mi placer sexual gracias a mi pene, yo le doy ese carácter. Si el ser homosexual (o transexual) incomoda, yo estoy incomodando más al decir soy una mujer con pene.

No solo incomodo a la sociedad, sino a la población de mujeres trans. Me dicen “oye no pues, somos mujeres, no podemos estar diciendo al mundo que tenemos pene”. Yo respondo: “pero si la mayoría de las mujeres trans tenemos pene”. Las privilegiadas son las que se han puesto vagina, porque pagar 30 mil o 50 mil dólares es un privilegio.

Y en el mundo indígena no hay información de hormonas, no hay cirujanos, una mujer trans tiene que vivir como mujer con pene, ullupaku nomás.

Por eso me autodefino como ullupaku y dominatrix, porque ejerzo esa práctica sexual sadodominante, hago ejercicio de la sadodominación-humillación. Todo lo que planteo incomoda socialmente.

Tampoco quiero arriesgar mi corporalidad, si bien el cuerpo es el ejercicio político de la sociedad, también hablo del placer sexual, que es muy importante en la vida de las personas. Se nos ha vuelto seres humanos solamente reproductivos y yo no quiero ser objeto solo para reproducirme en la vida.

Entonces, estamos interpelando a la sociedad, desde nuestro ejercicio de sexualidad y de género, como homosexuales, lesbianas, transexuales, travestis, ullupakus. Estamos en lucha y estamos visibilizándonos.

¿Cuál el activismo de OTRAF actualmente y qué se plantean a futuro?

OTRAF (Organización de Travestis, Transexuales y Transgéneros Femeninas de Bolivia) se ha fundado el año 2007. El activismo que hacemos es de incidencia política y visibilización. Hacemos eventos de belleza, pero no desde la lógica de objetivización del cuerpo trans, tampoco para asimilar el cuerpo trans a la sociedad de consumo. Planteamos corporalidades que han tenido la capacidad, el valor y la autodeterminación de transformarse en función del género (autopercibido) y que se enuncian como trans.

Una elección, convencional de Mis Bolivia o Mis Universo no tiene la necesidad de decir que es una elección de mujeres, se sabe que son mujeres, está naturalizado. En la elección de Miss Transexual Bolivia apelamos a la importancia de nombrar lo trans como una incorrección política. Estamos trabajando desde ese espacio para hacer entender a las chicas que persiguen un estereotipo de mujer, corporal y de sumisión a roles sexistas la incorrección de ese mundo heteronormado, heterosexualizado.

El activismo de OTRAF sirve para cuestionar eso. Ya le hemos dado otro carácter teórico, vamos a seguir haciendo los “misses” para mostrar la corporalidad trans y decir a los medios de comunicación, sociedad en general y gobiernos de turno, que “yo he tenido la capacidad de modificar mi cuerpo por mi autodeterminación como persona trans, eso dice la autonomía de mi cuerpo”.

Valoramos la autodeterminación de nuestras sexualidades, de nuestros cuerpos y géneros. “Yo defino si quiero ser trans o no, no una ley”.

Ahí está esa ley que nos han dado con bombos y sonajas, la hemos trabajado y todo, igualito nos la han quitado. Hemos retrocedido 20 a 30 años atrás y estamos sin derechos otra vez.

Que digan que el matrimonio y la adopción son solo para heterosexuales es la negación de un ejercicio político y de ciudadanía. Eso es muy peligroso en una sociedad que se dice que está cambiando.

(Porque) sigue habiendo machismo, misoginia, transfobia. Entonces, ¿de qué nos sirve el discurso de desarrollo y progreso si siguen asesinando a compañeras trans? Por eso tenemos que seguir luchando, mujeres trans, maricas, travestis -como queramos llamarnos o categorizarnos-, tenemos que decir quiénes somos, qué hacemos y qué queremos.

Cuando la sociedad nos mira, lo hace con lastima y pone restricciones a nuestras sexualidades que terminamos por creer y eso es muy riesgoso.

Performance Fotográfico: AJAYU TRANSEXUAL