La genética al servicio de los derechos humanos

La genética forense se ha utilizado en algunos países de América Latina para esclarecer casos de identificación de relaciones de parentesco de víctimas de la violación a los derechos humanos, mediante el uso de técnicas desarrolladas para tal fin.

Por: Patricia Blanco Picado | patricia.blancopicado@ucr.ac.cr

Maximiliano Menna Lanzilotto, un médico homeópata de 40 años, hijo de Domingo Menna y Ana María Lanzilotto, dirigentes políticos secuestrados por los militares el 19 de julio de 1976, fue el nieto 121 que recuperó su verdadera identidad en octubre pasado. Como él, alrededor de 500 niños, hijos de desaparecidos políticos en Argentina, fueron apropiados y dados en adopción durante la década de los años 70 por la dictadura militar que imperaba en ese momento en este país del sur del continente.

El primer caso identificado fue en 1983 y se trató de Paula Logares Grinspon, quien fue secuestrada junto a sus padres en 1978 en Montevideo, Uruguay, en donde se encontraban viviendo como consecuencia de la persecución política. La niña fue inscrita como hija propia por el subcomisario de la policía de Buenos Aires.

Gracias a la incansable búsqueda de la organización Abuelas de Plaza de Mayo en las últimas cuatro décadas, a la fecha se han logrado identificar a 121 nietos, hijos e hijas de desaparecidos.

“Vos podés ser uno de los nietos que estamos buscando. Si naciste entre 1975 y 1980 y tenés dudas sobre tu origen, consultá aquí”, reza un mensaje en la web de abuelas.org.ar.

El Dr. Víctor Penchaszadeh, médico argentino especializado en pediatría, genética médica y bioética, visitó la Universidad de Costa Rica (UCR) y según explicó, la apropiación de niños formó parte de un plan preconcebido por los militares. La idea provino de la España franquista, en donde durante los años 30 se implementó de forma sistemática la sustracción y supresión de identidad de hijos de mujeres republicanas presas por razones políticas.

La dictadura de Franco justificó esa política para “evitar la degeneración de la raza”, pues se sostenía que el marxismo degeneraba el biotipo; es decir, el genoma.

El Dr. Víctor Penchaszadeh participó en la creación del “Índice de abuelidad”, que ha permitido la identificación de hijos apropiados de desaparecidos políticos en Argentina. (Foto: Laura Rodríguez).

Ayuda de la genética

¿Cómo se ha logrado en Argentina la identificación de hijos de personas desaparecidas por razones políticas? La genética forense ha desempeñado un papel fundamental. Con la ayuda de esta disciplina se han podido realizar las comparaciones genéticas y comprobar la filiación biológica con bastante éxito.

“La genética forense sirve para aplicarla a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario en conflictos bélicos, masacres, catástrofes y accidentes”. -Víctor Penchaszade.

El primer paso que las Abuelas de Plaza de Mayo dieron fue recurrir a la genetista estadounidense Marie Claire King, quien desarrolló una técnica de identificación y el “Índice de abuelidad”, que consiste en una fórmula estadística que establece con total precisión la probabilidad de parentesco entre un abuelo y su nieto, utilizando el ADN mitocondrial y HLA (marcadores genéticos tomados de muestras dentales).

El caso que abrió la admisión de esta prueba fue el de Paula Logares, ya mencionado. Las técnicas desarrolladas por King han servido también para identificar a más de 750 niños y adultos de la masacre de El Mozote, en El Salvador, ocurrida en 1981 durante la guerra.

Una vez restablecida la democracia en Argentina, se creó el Banco Nacional de Datos Genéticos, donde se custodia material genético y muestras biológicas de familiares de personas que fueron secuestradas y desaparecidas por los militares.

Su objetivo es garantizar la obtención, almacenamiento y análisis de la información genética necesaria como prueba para el esclarecimiento de delitos catalogados como de lesa humanidad por las Naciones Unidas.

“La genética forense sirve para eso, para aplicarla a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario, más que todo en conflictos bélicos, en masacres, en catástrofes y en accidentes. Sirve para garantizar el derecho a la identidad”, manifestó Penchaszadeh, quien fue uno de los creadores del primer “Índice de abuelidad”, junto a King y otros científicos.

Las pruebas de ADN empezaron a utilizarse en Argentina a finales de los años 80. Anteriormente se hacían las pruebas de paternidad pero con base en análisis de grupos sanguíneos.

“El análisis genético se basaba en antígenos de compatibilidad por análisis serológico (análisis de suero sanguíneo) y se reconstruían los genotipos de los desaparecidos con base en la información genética de sus padres y parientes colaterales. Luego se cotejaban los genotipos del niño con los de posibles familiares”, expresó el experto.

Explicó que las pruebas a niños eran ordenadas por un juez. Años después empezaron a llegar al Banco solicitudes de adultos que dudaban de su identidad, y otros recibieron una notificación judicial por sospechas de ser hijos de desaparecidos.

Algunos se opusieron a las pruebas genéticas, pero con el tiempo aceptaron hacerse el análisis, y posteriormente se estableció una jurisprudencia al respecto.

Para los adultos la Corte Suprema de Justicia dictaminó que es una obligación del Estado argentino realizar las pruebas y para no violar la privacidad de las personas, se usan métodos indirectos, por ejemplo, prendas íntimas, peines, entre otros.

“El nieto número 121 fue el último que apareció y tardó varios años pensando si se hacía la prueba”, comentó Penchaszadeh. De este número, se identificó a la mitad mientras eran niños y a la otra mitad durante la adultez.

De la eugenesia a la genética

La genética en sus orígenes no se conocía como disciplina científica. Se le llamaba eugenesia y su fin era el mejoramiento de los rasgos hereditarios mediante métodos selectivos de humanos.

Durante los siglos XIX y XX, por razones sociales, políticas y económicas se defendieron prohibiciones reproductivas y esterilizaciones forzadas a personas con características supuestamente indeseables, basadas en prejuicios, en países como Estados Unidos, Alemania, Suecia y Japón.

“En la historia de la genética, cuando esta no se conocía como disciplina, se cometieron graves violaciones a los derechos humanos”, aseguró Víctor Penchaszadeh.

Según expresó, el racismo y el eurocentrismo se basaron en la clasificación de las razas humanas, y en la justificación para la estigmatización y discriminación de las personas “diferentes”. Los nazis le llamaron a esta práctica higiene racial, después se le empezó a denominar limpieza étnica, ante la idea dominante de que había características genéticas superiores a otras.

“La mayor parte de los genocidios del siglo XX en el mundo han sido justificados en nombre de la genética”, aseguró el experto argentino.

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C+T | Suplemento de Ciencia y Tecnología
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