Plan de contingencia ante posibles lluvias Por José Supera

No queda mucho tiempo. El pronóstico dice que para los próximos días se esperan ráfagas de vientos fuertes provenientes del sureste con probabilidad de chaparrones. Antes no leía el pronóstico, pero ahora que pienso en el futuro sí lo leo.

Pero ahora el clima cambió y la verdad es que si la última vez que vi a al doc, me dijo que escribir un cuaderno, una bitácora, me podía hacer bien, yo creo que está absolutamente equivocado. Primero, porque escribir no me va a salvar una mierda, acá se necesitan acciones concretas, ante una realidad concreta. Segundo porque a las palabras se las lleva el viento, pero también el agua. En la inundación perdí la totalidad de los clásicos, los Premio Nobel flotaban en la cocina entre tapas de comics de los 90. Un dolor recordar eso. No me está haciendo bien escribir. Se lo tengo que decir al doc.

Hace un rato me volví a meter en el pronóstico. Al principio tenía una aplicación, toda muy linda, muy piripipí, pero una garcha la aplicación: porque hubo unas semanas que llovió varias veces y yo me metía en la aplicación, con el agua repiqueteándome en la cabeza y en los recuerdos y en el techo de chapa, pero la famosa app no mencionaba lluvias, ni para el día que había pasado, ni para los posteriores. Otras veces me había pasado que estuviera donde estuviera, la abría, y miraba al cielo celeste con alguna nubecita por allá, y la muy puta anunciaba Lluvias y lloviznas. Por esas cosas era que se me aceleraba el pulso y volvía a casa y ponía en marcha el plan de contingencia.

Me generó bastantes disgustos esa aplicación mentirosa. Un día tuve que llamar al doc Samson y me atendió una de las secretarias que tienen ahí en esa clínica y le dije que era por lo de la app y no le pude explicar mucho más y ella no quiso pasarme con el doc, porque el doctor estaba atendiendo a otros pacientes, y ahí le dije que era por la medicación que lo llamaba, no por ninguna app, y le pregunté si podía tomar dos en vez de una y ella hizo un silencio enigmático y después dijo que llamara a las doce, pero a mí con el silencio me alcanzó, porque pude entender, hay cosas que son más simples de lo que parecen: por ejemplo, si generás mucho calor, la atmósfera se condensa y después cae el agua.

Ahora me meto en la página del Servicio Meteorológico Nacional, que si bien no es 100% confiable, es la que más se le acerca. Ellos son los que juran que unos días se esperan ráfagas de vientos fuertes provenientes del sureste con probabilidad de chaparrones. No usaron la palabra jurar. Pero dan un índice de probabilidad. Y para mí, dar un índice alto, sea del tema que sea, eso es jurar. Acá y en la China.

Antes la lluvia tenía poemas y era romántica, le daba vida a las pasturas, a las siembras, pero hoy la lluvia es diluvio, violento y potente, y cuando te querés dar cuenta, toda la ciudad está anegada, como esa vez, que no esperábamos lo que después vino. Llovió como nunca antes. Una hora lo que llueve en un año. No quiero ni acordarme. Quizás escribiéndolo me lo saque de encima. Hago flotar las palabras, cómo flotaban las cosas. Vi pasar un perro hinchado como un globo, duro como una piedra. Vi autos arrastrados por la corriente. Esa noche quise llamarlas pero no tenía señal. El cable se había cortado. Adentro de mi casa el agua empezaba a entrar a baldazos. Cuando abrí la puerta fue peor.

Tengo las acequias siempre limpias y si se juntan unas pocas hojas enseguida las saco porque uno nunca sabe, un viento, unas hojas que caen, un chaparrón en la noche, y otra vez flota tu vida. Rejillas y desagües permanecen todo el tiempo OK.

El secreto es adaptarse. Si hay cambio en el clima, hay cambio en la realidad, y por ende, en los cuerpos. Por eso todos los días me sumerjo en la bañera y aguanto la respiración abajo del agua. Bajo mi ritmo cardíaco, mis pulsaciones, aguanto cada vez más. El record mundial lo tiene un catalán que estuvo 24 minutos sin respirar, el hijo de puta. Yo apenas llego a 3.47 minutos, pero es un gran avance considerando que hace dos años aguantaba apenas 57 segundos. Cambios, cambios. Debería empezar a escribir todo esto en cuadernos, y no en esta computadora, ya que una probable inundación haría que la máquina se llene de agua y deje de existir. El cuaderno permite que yo pueda guardarlo en un lugar alto y seguro. La lluvia en algún momento para, por más que la sensación que tengas, cuando diluvia, sea que no va a parar nunca. Además, cuando diluvia, cortan enseguida la luz y no puedo escribir y son esos los momentos de más desesperación, donde uno necesita escribir y escribir, como ahora, que escucho los primeros goteos fuertes sobre el techo, porque si no llueve, no escribo. Es la tara que tengo. Espero no se corte la luz. Tengo que empezar a escribir con cuaderno. Aunque no tengo cuaderno. Menos lapicera. Tengo que adaptarme a los cambios. Sólo los que se adaptan sobreviven. Por ahora sigo con esta máquina. Salir de lo digital y pasarme a lo físico, al cuaderno, es lo que más cuesta. Llueve con ganas. No debo tener miedo, no debo tener miedo. Es agua. No perder el control es la clave. El doc Samson me dijo que cuando sienta que todo está por

Me estoy dando cuenta que muchos archivos de texto que escribo, después no los guardo. Doc Samson tampoco me dio esa indicación. Me dijo que pruebe escribiendo una bitácora. Aunque no sé si usó esa palabra o dijo solamente que escriba. Tampoco sé muy bien si dijo que escriba. Usó una palabra más bien técnica, y después hizo referencias a la búsqueda de alguna actividad artística. Puede que haya insistido en este tema más de una sesión. Y que una vez hay dicho una cosa, y otra vez, otra. La cuestión es que yo sufría más que nada por la lluvia. Ahí era cuando perdía el control. Y ahí era cuando tenía que hacer esto, lo que hago ahora, que no sé si es exactamente lo que dijo el doc Samson. Tengo que empezar a hacerle menos caso al doc Samson. Todo el día me lo nombro. A veces imito su voz, como si estuviera acá conmigo. Tengo que empezar a dejar de lado el pensamiento del doc.

No siempre que escribo quiere decir que precisamente esté lloviendo. Muchas veces siento que llueve y me despierto en la noche todo agitado, pero salgo al patio interno y escucho que ladran los perros pero las baldosas no están mojadas ni nada. A lo que voy, más de una vez sentí que la lluvia está acá adentro y no afuera, incluso que la lluvia estaba acá antes de que existiera ese gran diluvio que mató a varios de nosotros y nos transformó a todos como sociedad.

Esto podría ser un gran fucking game en el que me preparo para la llegada del Jefe Final. Los niveles a ir superando son las lluvias. Misiones cada vez más complicadas donde hay que salir de una ciudad inundada por completo. La gente se vuelve zombie y depredadora y a medida que se avanza en el juego, la lluvia es cada vez más fuerte e intensa. Tengo la idea para un juego online. Debería buscar a esa gente que se encarga del desarrollo de juegos. Contarles esta idea. Seguro prende. Cuando llueve me pongo más creativo.

El plan de contingencia consiste en subir a la terraza que tengo en mi casa. La casa es de mis padres. Mi madre vive con mi hermanastra. Tengo prohibición de verlas. Cada vez que llueve, llueve más fuerte, y cuanto más fuerte, más desesperado me pongo, por eso trato de hacer algo con esto, pero tendría que pasar al papel, porque si no pasa como la otra vez que ante el primer chaparrón se corta la luz y tengo que dejar de escribir y hacer todo el plan de evacuación en plena penumbra y sabiendo que lo que acababa de escribir va a quedar en la nada, porque cada vez que escribo, es un documento nuevo, y por más que me salga el cartelito que dice recuperar archivo yo no quiero recuperar nada porque lo que es escurre en el pasado, ahí se va, se pierde, y no me pertenece más. A lo que voy, esto es un ejercicio que dura un momento. Todo gracias a las lluvias. Que son cada vez más seguidas.

El otro día estuve parado en la terraza durante todo la tarde. El cielo se volvió negro y yo abrí los brazos diciéndole al cielo que no le tenía miedo, que era solo agua. Después no llovió. Apenas cayeron unas gotas pero eso no era lluvia. Lo escribo porque me causa gracia. No todo es un tormento.

Ahora, da la casualidad, que los señores del Servicio Meteorológico Nacional dicen que para los próximos días se espera nubosidad variable y vientos de no sé qué sector. Del alerta, ni noticias. En la página me fije si había algún número de alguna dependencia para llamar pero no había nada, apenas un mail administrador. Mandé varios mail preguntándoles qué había pasado con ese alerta taaaan importante que venían anunciando. Hasta el momento no responde ninguno.

Los gases del efecto invernadero, el deshielo del ártico. Todo se calienta. Pienso en eso en las noches de calor. En las de frío también pienso. Todo con más fuerza. No lo vimos venir. Y por eso pasó lo que pasó. Lo de la carpeta psiquiátrica fue por otra cosa. En unas semanas tengo que ir a ver a doc Samson devuelta y con lo que diga el doc, ir al departamento de Sandidad. Pero eso no será hasta después del alerta, que ahora, mágicamente, lo vuelven a anunciar. Descreo cada vez más. Escribo cada vez menos.

El plan de contingencia nunca me falló hasta el día de hoy. Lo puse en práctica muchísimas veces. Tengo el chaleco salvavidas, comida en latas, agua. La linterna es fundamental. Estoy cerca de mi marca más alta. 4.02. Esta semana no estuve muy bien de los pulmones por un resfrío que me agarré por la última lluvia en la terraza. La semana que viene intentaré aguantar uno o dos segundos más.

Diluvia right now. El sonido de las teclas se confunde con el repiqueteo de las gotas. Tengo que empezar a escribir en papel. No quiero no puedo no deseo perder el control. Perder el control sería volver al principio de todo otra vez. Y me pregunto: ¿Quiero volver al principio otra vez? No, definitivamente no. Por eso escri

No entiendo por qué cada vez que diluvia se corta la luz. Supongo que debe ser para que la gente no se electrocute en sus casas. El diluvio al final no fue gran cosa al final. Los diarios dicen que lo peor pasó. Pero para mí no pasó una mierda lo peor. Los del Servicio Meteorológico Nacional mantienen el alerta. Yo creo que esto es una señal de dios. Lo dijo la Biblia una vez, lo dice ahora dos veces. Hay que saber leerla. La Biblia es uno de los elementos que tengo guardados en el baúl que tengo en la terraza.

Vuelve a diluviar. Cuando me quiero meter en la página del Servicio Meteorológico Nacional me doy cuenta que se cortó Internet. Lo mismo el cable. Es el atardecer y todo está negro y a mí la lluvia no me moja ni me amaina. Yo soy la lluvia. Voy a ir a recibirla a la terraza. En cualquier momento se corta la luz.

Ayer cuando fui a ver a doc Samson, le conté que estaba escribiendo la Bitácora de la Salvación y me miró con cara extrañada y yo me di cuenta por su cara y le dije que ahora que escribía cada vez que me ponía nervioso porque el clima se ponía pesado, y uno, con esa pesadez, intuye lluvias. Sonrío. Escribió unas líneas a mano sobre una hoja membretada. Después me la dio junto con la nueva receta de la nueva medicación. Es la hoja que tengo que presentar en Sanidad la semana que viene. Antes de que me vaya dijo algo así como que pensara en la posibilidad de dejar de usar el impermeable. Cuando salí me olí y tenía un poco de olor a chivo. La posibilidad de dejarlo sigue ahí.

Un día de estos voy a dejar de escribir la bitácora. Doc Samson no me había pedido tal cosa. Ahora entiendo y recuerdo que lo que me había pedido era que probara haciendo algo creativo que me calmara. Pero ya no me calma. Me pongo más nervioso cuando escribo. Escucho el sonido de las teclas y pienso en el sonido de la lluvia. Tengo parar con este sonido. En cualquier momento voy a salir a comprarme un cuaderno. Cuando cese el alerta lo voy a hacer.

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José Supera
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hydrothunder.tumblr.com Visit

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