Gran cantidad de salas de ensayo de Rosario no están habilitadas Actualmente, la ciudad tiene alrededor de noventa salas en pleno funcionamiento que los músicos frecuentan día a día. Un número que deja a las claras la influencia musical de la ciudad, pero con la problemática de que solo dieciséis de ellas están habilitadas para funcionar.

El origen de la regulación

Según datos ofrecidos por la Municipalidad de Rosario, la ordenanza n° 6891 que admite y regula a esta categoría de locales “Salas de ensayo y/o de grabación musical” aparece en 1999, años más tarde de cuando comienzan a existir las salas en la ciudad. Sin embargo Pablo Fiorucco, dueño y emprendedor de Rock and Roll salas de ensayo, afirma que solamente desde hace seis años las salas comenzaron a tener la habilitación correspondiente.

El hecho tuvo un desencadenante: la inspección por parte de la Municipalidad a la sala de ensayo La Cueva, una de las más icónicas de la ciudad, que residía en Sarmiento y San Lorenzo. A raíz de esa intervención, su dueño denunció a las demás salas que tampoco se encontraban autorizadas. “Al mes que abrí me llegó una denuncia de que no estaba habilitada. Ni sabía que existía eso. Obviamente puse todo en regla. No podes no poner un disyuntor en la sala, estés en regla o no”, afirma Fiorucco.

Si bien desde hace veinticinco años existen en la ciudad, la primera ordenanza regularizadora de esta categoría de locales en Rosario aparece en el año 1999. Sin embargo, Pablo Fiorucco, dueño y emprendedor de “Rock and Roll salas de ensayo” afirma que solamente desde hace seis años las salas de ensayo comenzaron a tener la habilitación correspondiente.

El hecho tuvo un desencadenante, que fue la inspección por parte de la municipalidad a la sala de ensayo “La Cueva”, una de las más icónicas de la ciudad, que residía en Sarmiento y San Lorenzo. A raíz de esa inspección, su dueño denunció a todas las salas que no se encontraban habilitadas. “Al otro mes que abrí me llegó una denuncia de que no estaba habilitada. Yo no sabía ni que existía la habilitación. Obviamente puse todo en regla. No podes no poner un disyuntor a la sala, estés en regla o no”, afirma Fiorucco, dueño de la sala ubicada en calle San Luis.

De las noventa salas que hay en todo Rosario, muy pocas de ellas que tienen la habilitación correspondiente, menos de un tercio del total. “Actualmente hay sólo dieciséis salas que están habilitadas. No hay una ordenanza específica para su regulación. Lo único extraordinario que se pide es un informe acústico. Dentro de los requisitos generales que tenemos son los temas de seguridad e higiene”, asegura la directora de Habilitaciones de la Municipalidad de Rosario. A su vez, confiesa que su departamento no posee los nombres específicos de los locales que habilita con la caratula de sala de ensayo.

Con respecto a los requisitos que la municipalidad le exigía a Fiorucco para habilitar la sala de San Luis y Richieri, cuenta: “Me pedían tener seguro, tener asistencia médica en el lugar, matafuegos, los materiales que acustizan la sala. Nos pidieron que cada sala tenga un disyuntor por si hay algún cortocircuito o lo que sea”. A su vez, Fiorucco confiesa que él imaginaba que la Municipalidad le iba a pedir todos esos requisitos, ya que “tendrías que ser un inconsciente para no tener la mayoría de estas cosas al momento de abrir las salas”-dijo Fiorucco. “La mayoría de estas cosas que tendrías que ser un inconsciente para no tenerlas al abrir las salas”, observa.

El principio básico para lograr la habilitación

Hay un aspecto básico y fundamental, que no se le escapa a ninguno de los actores a la hora de tener en cuenta los requisitos para habilitar una sala de ensayo. La molestia que uno puede llegar a provocarle a las casas, edificios y viviendas que tenga alrededor. Es decir, al vecino.

Hay un aspecto básico y fundamental, que no se le escapa a ninguno de los actores a la hora de tener en cuenta los requisitos para habilitar una sala de ensayo: los ruidos molestos. Al estar rodeadas de casas y edificios, los disgustos que se le puedan ocasionar al vecino son un factor importante.

Silvina Mastrobisi, titular de Habilitaciones de la Municipalidad de Rosario asegura que es lo primero que se tiene en cuenta cuando la municipalidad habilita: “En el informe acústico se hace el principal hincapié”. Lo que se hace es enviar a un especialista que verifique los decibeles y si se mantiene estable dentro del establecimiento.

Roque Giordano, del departamento de Inspecciones de la Municipalidad, afirma: “Es el primer defecto que se encuentra al habilitar. Lo que más le cuesta a la sala es cubrir esa parte. Si no se logra la insonorización, no hay manera de que se le dé la habilitación correspondiente”. En ese sentido, Fiorucco se muestra en concordancia con lo expresado desde el lado municipal: “Lo más importante que me pidieron es que no molestemos al vecino”. Y agrega sobre el procedimiento: “Vienen a medir los decibeles. Hay que presentar planos de gas y de electricidad”.

Obtener la habilitación

De acuerdo con las declaraciones oficiales y de Fiorucco, obtener la habilitación no pareciera un trámite complicado, entonces llama la atención la poca cantidad de salas que la llevan a cabo. El problema es que hay dueños que no habilitan porque “no le dan los costos”. Sobre esto Fiorucco declara que conoce, por lo menos, 90 personas que tienen salas de ensayo. “Hay lugares en zona norte que no les dan los números para abrir. Yo pago ECO hace seis años y nunca pasó nada. Ahí es cuando te da bronca y entrás en la disyuntiva de pagar o no”, admite.

Por lo declarado, pareciera que es fácil obtener la habilitación y llama la atención la poca cantidad de salas habilitadas. El problema es que hay gente que no habilita porque hay gente que no le dan los costos. Fiorucco declaró que conoce por lo menos 90 personas que tienen salas de ensayo. “Hay salas de ensayo en zona norte que no les dan los números para abrir. Yo pago ECO hace seis años y nunca pasó nada. Ahí es cuando te da bronca y entras en la disyuntiva de pagar o no”, admitió.

Estar habilitado también tiene sus ventajas. Si no lo estás, se pierde mucha posibilidad de generar saldo. “Hay trabajos que los tenés que facturar si o sí. Vas al banco y te dan créditos, tarjetas. Si no estás habilitado y tenés todo en negro, no conseguís acceso a nada”, explica el dueño de la sala. A su vez, hay bandas que trabajan de la música y muchas solicitan factura para ensayar, porque a la hora de práctica se las paga un externo. Este es un ejemplo de los tantos que hay, en donde las salas que no habilitan están en clara desventaja. Más allá de la seguridad, que es lo principal, como negocio no se puede detallar lo que el cliente está pagando. “Podes dormir tranquilo. Tenés financiación, podes trabajar con otra gente”, culminó.

Rock and Roll salas de ensayo está ubicada Ricchieri entre San Luis y San Juan. Al entrar, se puede observar una vieja casona refaccionada en muy buen estado de higiene. Lo que se destaca, es la impresión de la habilitación correspondiente en la primer puerta que el cliente atraviesa para ir a ensayar. Cuenta con tres salas de ensayo dentro del complejo, con un patio en el centro y cocina al final de la vivienda refaccionada.

Las inspecciones en tela de juicio

Según algunos referentes del ambiente, como Eduardo Berbetoros, de la Asociación de Músicos Independientes, la cantidad de músicos por habitante que hay en Rosario supera en amplio número a Buenos Aires. Lo que también sustenta al interrogante de que solo dieciséis salas estén habilitadas en la ciudad.

El primer interrogante que surge en la investigación es el número de que solo dieciséis salas están habilitadas en la ciudad. Algo inexplicable por la cantidad de musicos por habitante que hay en Rosario, que, según algunos referentes del ambiente musical como Eduardo Berbetoros de la Asociación de Musicos Independientes de la ciudad, supera en un amplio número a Buenos Aires capital.

Roque Giordano, explica cuál es el procedimiento que llevan a cabo los funcionarios a la hora de controlar y regular los inmuebles: “Al inspeccionar es una cuestión de determinar territorios. Todos los distritos tienen distintos inspectores, entonces se va tomando por la cercanía de la zona”. Indistintamente si son salas de ensayo o tienen otra caratula de habilitación, en general “no pasa por las denuncias si no por algo formal, algo que se hace de forma rutinaria”..

Metiéndose de lleno en el caso de la regulación de las salas de ensayo, explicó la principal causa de las inspecciones municipales: las denuncias de los vecinos. “Generalmente cuando una sala de ensayo no está habilitada con condiciones aptas, se detecta rápidamente por la denuncia de los vecinos al N° 147, que se utiliza para denunciar ruidos molestos”, aclara. Allí es cuando se entiende porque todos los funcionarios, e inclusive los dueños de las salas, hacen hincapié en lo fundamental que es lograr la insonorización como primer paso para abrir una sala de ensayo.

Una vez que se detecta la denuncia, también se verifica si el edificio tiene algún tipo de riesgo edilicio. Cuando el inspector entra en contacto con el propietario de la sala se le da un plazo de diez días, para que solucione o cumpla los requisitos requeridos en función de tener una sala en perfecto estado y conseguir la habilitación. “Hay una extensión de diez días más. Si una vez cumplido los dos plazos no se pudo poner en condiciones las salas para lograr la habilitación, se realiza la clausura e inhabilitación del local”, agrega Giordano.

Además de este tipo de operaciones, rutinarias o por denuncias, se destacan los operativos especiales sobre diferentes rubros. Una vez al año se hacen controles grandes sobre uno en particular. Pueden ser armerías, bares o cualquier otra carátula que posea el local. Para finalizar con el esclarecimiento, Giordano dice: “Esos tres serían los tipos de inspecciones que la municipalidad realizan día a día”. Pero cabe aclarar que el dueño de RnR Salas de ensayo declara que “nunca en la vida vino la municipalidad a hacer una inspección o control a esta sala”.

La tragedia del Café de la Flor sigue latente

Todos los distintos testimonios al ser consultados por las distintas situaciones y detalles sobre el estado de las salas de ensayo en la ciudad, iniciaron un paralelismo con tragedias atadas al mundo de la música y del rock. Desde los dos lados, empleados municipales y músicos, concuerdan en que las tragedias suelen azotar al mundo de la música y el rock.

Eduardo Berbetoros, explica desde su posición: “En las salas de ensayo se ha tomado más conciencia a partir de lo ocurrido en el Café de la Flor. Ahora si te patea el micrófono mientras ensayas, paras y le decís al encargado que te lo cambie”. Pero a la vez, Eduardo traza una diferencia con lo que pasa arriba del escenario: “Cuando subís a un show, entre la adrenalina y todo, te lo bancas. A mí me ha pasado muchas veces que me han pegado patadas micrófonos en el Café de la Flor. Si te pasa adentro de la sala, no se la pagas y listo”.

En ese sentido, Berbetoros no repara al momento de denunciar responsabilidades en el caso. “Creo que a la municipalidad se le está escapando la tortuga, en lo que refiere a habilitaciones e inspecciones con todo lo que tiene que ver con el espacio público”, observa. Y continua analizando bajo su óptica: “No dan abasto. Hacen algunos controles, pero no hay una supervisión firme. Lo del Café de la Flor no es obra de la casualidad. Hay que informarnos de los riesgos que corremos como músicos”.

En contrariedad con uno de los referentes musicales de la ciudad, Giordano fue puntual con el funcionamiento de la municipalidad en el caso del Café de la Flor y de las salas: “La electricidad y los matafuegos lo tienen que tener todos los comercios. Después de esa tragedia sobretodo. Pero en ese caso recae sobre el inspector, en realidad el que habilita la parte electrónica es un electricista matriculado”.

En ese sentido, el integrante del departamento de Inspecciones, aclara que como los inspectores no son especialistas en el rubro electricidad, el que hace esa primera intervención es un técnico matriculado. Así como para medir el los volúmenes, decibeles y la sonoridad se envía a uno en sonido. “El especialista declara si la instalación está bien o está mal. Luego el inspector tiene el trabajo de verificar que todo esté en el estado que el especialista declaró. Eso es lo que se constata al momento de habilitar”, explica Giordano.

La creación de una Cámara de Salas de Ensayo

Fiorucco cuente que en 2010 con un grupo de diez salas de ensayo, entre las que se encontraban El Yeite, La Cueva, entre otras icónicas de la ciudad, presentaron un proyecto para crear una Cámara de Salas de Ensayo y así facilitar la regulación.

Mínimo seis o siete personas debían integrarla: presidente, vicepresidentes y tesoreros. Pero surgió la problemática. “No podía ser que más de la mitad de los dueños no tengan las salas habilitadas”, recuerda. Y agrega: “Nadie pagaba su monotributo, su propia condición física y nadie era responsable inscripto”.

Según Fiorucco, el problema radica en que a muchos no le resultaban los números. “Yo trabajo bien, tengo cuatro salas. Hay algunos que tienen una y no pueden hacer todos los trámites. Si no estás muy en regla te cuesta mucha plata habilitar”, afirma. Y concluye: “Es increíble que haya noventa salas en una ciudad que es diez veces más chica que Buenos Aires”.

Los músicos, entre la inocencia y la inconciencia

Los principales actores, que más riesgo corren entre el mal estado y la poca regulación de las salas de la ciudad, son los músicos. Nicolás Brizuela, cantante y líder de la banda under Spooks, nacida en 2011, analiza algunos detalles de su día a día en las salas: “No están muy bien en los equipamientos. No por la mala calidad del equipo en sí, sino en el maltrato que tiene el equipo. Siempre suelen estar rotos. En mi área, que es la del cantante, los micrófonos suelen estar todos absolutamente abollados, oxidados. Es de lo peor que suelen tener las salas que nosotros frecuentamos”.

Berbetoros también opina sobre la inocencia de los músicos a la hora de ensayar: “El músico no toma ese tipo de conciencia. Tiene que ver con el precio o servicio ofrecido. Lo barato, sale caro”. Fabricio Miriani, cantante de la banda de zona oeste Revuelto de Gramajo, concuerda: “Son muy chiquitas y están en mal estado. El tema es que está todo relacionado con lo que uno vaya a pagar”.

El problema radica en hay músicos que van poco a ensayar. “Hay tipos que viven de eso, como Fito Paez o Carajo, y tipos que lo tienen como un hobbie”, afirma Berbetoros. Y agrega: “El músico está dejándolo pasar. El artista piensa que es normal. Que es una actitud del rock dejar que se caiga el techo. Nadie le dice a un dueño que mañana le va hacer una denuncia en la municipalidad”.

En ese aspecto, en Argentina la cultura del rock está resignada a que sea y tenga “una estructura marginal”. Sobre esto influye que las grandes bandas, en la actualidad, son empresas y tienen controlado al máximo esos aspectos. “Las bandas profesionales hoy por hoy son empresas. Tienen una estructura atrás, que están alrededor de los que van al escenario para garantizar su seguridad. Hay que entenderlo y ser consciente de ello. Te lo digo porque soy amigo de los Carajo y conozco como se manejan”, explica Berbetoros.

Dentro de los principios básicos que el músico tiene que tener en cuenta a la hora de ensayar, Berbetoros resalta: “Mínimamente hay que fijarse si hay un disyuntor. Un músico que frecuenta mucho la sala tiene una ida y vuelta con el dueño. Si no anda un equipo se lo decís, aunque sea informalmente”.

Debido a tragedias como Cromañon o como la que ocurrió en el Café de la Flor en nuestra ciudad, las salas de ensayo tendrían que estar mucho más reguladas por el estado. Entre músicos y dueños de salas, coinciden en que la Municipalidad no toma los suficientes recaudos como para que funcionen correctamente. Se habla de que “por lo menos” 70 salas de Rosario no cuentan con una habilitación correspondiente. Si el decreto existe y el registro también, no hay explicación sobre porque no se implementa correctamente el sistema de regulación. Los músicos son los principales en correr peligro: por el ambiente cerrado y pequeño que tienen las salas de ensayo es más probable que ocurra un accidente que en un escenario. Entre la falta de regulación, la negligencia y la inocencia, o inconciencia de los actores, otro caso de gravedad podría suceder. Ejemplos en Argentina hay y de sobra. No pasa, hasta que pasa. Los ejemplos en Argentina sobran. Todos miran al costado hasta que la tragedia azota.

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