Para qué trabajar si podemos disfrutar

“Soy feliz porque todos estos años me han pagado por hacer lo que amo”.

Éstas fueron las palabras de Xavier López “Chabelo” en un homenaje que le hicieron por los numerosos años que lleva conduciendo un programa de televisión.

¿Tú podrías hacer una declaración como ésta? Si es así, estás en un afortunado y reducidísimo grupo de élite en el mundo.

Desafortunadamente, la inmensa mayoría de las personas que trabajan, sea en una empresa o sea por su cuenta, no podría decir eso ni cercanamente.

Como parte de nuestro trabajo, estamos en contacto con muchos jóvenes en posición de decidir la actividad a la que se dedicarán en su vida, generalmente, el estudio de una carrera universitaria.

A la pregunta “¿Qué quieres estudiar?” sigue una respuesta abrumadoramente mayoritaria de “No sé, lo que sea, pero que deje lana”.

¿No tiene importancia si te gusta o no? les preguntamos a continuación y la respuesta es casi siempre la misma “Pues si se puede, bueno, pero lo importante es que me deje lana”.

Y si bien existen estadísticas de algunas universidades acerca de carreras con porcentajes de egresados que ocupan puestos altos en empresas, la realidad es que no hay una carrera que con el puro hecho de estudiarla pueda garantizar el obtener mucha lana.

Si alguna carrera se promoviera como tal, haría un compromiso imposible de cumplir porque no sólo depende de la carrera sino de la combinación de diversos factores, entre los cuales, la carrera es uno importante, aunque no el más importante.

“La voz del mundo”, como le decimos en los talleres que tenemos con los jóvenes, nos ha propuesto un modelo de éxito que ha permeado en todos los niveles.

El éxito, nos grita esa voz, es tener mucho dinero y poder para estar en posición de tener acceso a todo el placer que puedas.

Aquel que no lo tiene es simplemente un loser y no vale la pena ni voltear a verlo.

Desde luego que ningún joven quiere ser considerado como tal.

Por ello, lo primero es garantizar que va a tener ese éxito.

Debido a que es prácticamente imposible saber cuál es la carrera que les dejará lana, la que les garantizará el éxito, los jóvenes se encuentran ante un reto formidable que los deja ansiosos y angustiados, como en un callejón sin salida.

Sin embargo, cuando van más allá de esto y de otras cosas que los limitan y se deciden a oír su voz propia, entonces descubren que, si bien es vital la importancia del dinero en sus vidas, enfocar todas las baterías a ello es sólo una de las posibilidades que tienen.

Porque entonces toman conciencia de que también pueden elegir hacer aquello que está en lo profundo de su corazón, aquello para lo cual han nacido, su vocación, y que esto no excluye la posibilidad de hacer dinero, mucho dinero si se quiere.

Podrían dedicarse a estudiar algo que les dejara lana aunque no les gustara y pudiera ser que efectivamente ganen mucho dinero, pero también pudiera ser que no lo ganen.

Por otra parte, podrían dedicarse a aquello que les apasiona y ganar mucho dinero, aunque también podrían no ganarlo. ¿Por qué escoger la primera opción si la segunda apuesta tiene mayor ganancia?

Buena parte de la respuesta está en los padres de los jóvenes.

Por un lado, hay muchos papás, generalmente aquellos que tienen éxito económico, que cuando oyen esto comentan que son puras idioteces e ideas románticas, que lo importante es hacer mucho dinero y eso les va a permitir después dedicarse a lo que quieran.

Sin embargo, aun cuando esto también es una posibilidad, ya hemos comentado que dedicarte a tu vocación no excluye el hacer dinero.

Es tan importante el qué como el cómo.

Por otro lado, hay papás, generalmente aquellos que no tienen una buena situación económica, que creen que si el joven decide seguir su vocación vivirá condenado a la pobreza, aunque esto es más un reflejo de la poca confianza de los propios papás en ellos mismos.

Estamos ante la oportunidad de impulsar a nuestros jóvenes a vivir una vida diferente y más plena a la que el mundo les plantea.

Esto fue lo que vio Sam Keen cuando expresó “Una sociedad en la que la vocación y el trabajo se separan en la mayoría de la gente, crea gradualmente una economía que es a menudo carente de espíritu, que llena con frecuencia nuestros bolsillos a costa de vaciar nuestras almas.”

Escrito por: José Antonio Rivera Espinosa

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